domingo, 1 de julio de 2012

LOS TATUAJES DECORATIVOS…




INTRODUCCIÓN


De que los tatuajes sean para unos una forma de expresión artística o simples manchas, según otros, que afean lo que por obra del Creador Divino fue hecho a su imagen y semejanza, es asunto para la polémica. Lo cierto es que, al fin y al cabo, cada quien es libre de hacer con su cuerpo lo que la regalada gana le dé, pues es de esta manera como manifestamos nuestra libertad individual o al menos eso es lo que nos han dado a entender. El término “tatuaje” fue introducido en Europa en 1971 por el capitán de la Real Armada Británica, James Cook, al regresar de su primer viaje por los mares del sur que comprendió las costas de Nueva Zelanda y Tahití. El capitán Cook escribió sobre esta práctica: “Manchan sus cuerpos pinchando la piel con los instrumentos pequeños hechos de hueso, que estampan o mezclan el humo de una tuerca aceitosa (...) En esta operación, que es llamada por los naturales "tattaw", las hojas dejan una marca indeleble en la piel. Se realiza generalmente cuando tienen cerca de diez o doce años de la edad y en diversas partes del cuerpo".

Los tatuajes tienen un largo historial y se remonta hasta el periodo Neolítico en Eurasia, encontrándose en algunas momias egipcias con una antigüedad de hasta 7,000 años, también se les puede encontrar en las antiguas culturas china y japonesa de hace unos 4,000 años. Entre las culturas americanas prehispánicas aparecen en los aztecas.  Aunque nos es parte de la cultura cotidiana de la mayoría de la población de occidente, como algo histórico, como legado cultural milenario ya incorporado, no deja de ser considerado como algo que se asocia con la gente marginal: el hampa, presidiarios, prostitutas, mareros, etc. Los motivos para su uso pueden ser variados, desde el distintivo social, cosmética, hasta la proyección del terror como en el caso de las maras juveniles y, por qué no decirlo, de las fuerzas imperiales invasoras modernas.

Actualmente y refiriéndonos al mundo occidental, el uso del tatuaje, gracias a la cultura del consumismo, se ha extendido a grandes sectores de la población juvenil. Y, si bien es cierto que de alguna manera se le sigue considerando como algo asociado con gente marginal  -incluso satanizadas- como las pandillas juveniles, a quienes generalmente se les vincula a los circuitos delincuenciales del crimen organizado y que también hacen de él un símbolo con valor ritual, también el tatuaje paso a convertirse en un objeto más de consumo entre muchos jóvenes, como la goma de mascar o el celular. Su uso como ornamento “chic”, de categoría social y como máxima expresión de la libertad individual consumista, es algo muy reciente. Marvin Najarro





LOS TATUAJES DECORATIVOS
Y LOS TATUAJES DEL TERROR EN GUATEMALA
    
 


Por Luciano Castro Barillas


Desde 2000 años antes de Cristo los egipcios utilizaban los tatuajes, los cuales eran usados exclusivamente por las clases dominantes: nobleza, militares y sacerdotes, con fines rituales, dada la profunda religiosidad de ese pueblo. A la par de los tatuajes florecieron también los maquillajes, faciales y corporales, que funcionaban como efectivos filtros solares contra las altas temperaturas del desierto. Inicialmente los tatuajes fueron exclusivamente monocolores, es decir, blancos, verdes o rojizos. Se utilizaban óxidos metálicos negros y rojizos, como la caparrosa abundante en el municipio de Comapa, Jutiapa, Guatemala; donde sus colores son utilizados desde tiempos ancestrales en la tintorería de trajes de algodón indígenas y en la decoración de las piezas de cerámica utilitaria y ritual.

Pero algunos pueblos del pacífico sur, como los maoríes de Nueva Zelanda, tuvieron un gran repertorio cromático: hicieron composiciones primarias y secundarias de color. Los pueblos asiáticos como la India, China y Japón usaron el tatuaje no con fines rituales sino puramente decorativos, de adorno, igual que los indígenas del Brasil, Colombia y Bolivia. Pero a la par de los tatuajes los pueblos africanos y americanos practicaron una variante, digamos, más profunda; de las señas en la piel: la escarificación, la cual consiste en hacer una profunda incisión o corte sobre la epidermis para que las cicatrices sean protuberantes, lo cual confiere al propietario prestigio social. O bien se hacen como signos de duelo o rituales de iniciación entre los pueblos todavía nómadas, recolectores y cazadores de África. La escarificación tiene una aplicación todavía más brutal: la infibulación, que es la extirpación del clítoris y los labios menores en la mujer y la emasculación, que es la castración total en los hombres.

En las tribus urbanas de las grandes metrópolis, los jóvenes en su identificación, reconocimiento y cohesión social, hicieron del tatuaje un elemento de construcción identitaria y de allí se pasó a ser, sencillamente, una parafernalia del mundo criminal que hoy, por ejemplo, asuela a países como Guatemala, El Salvador y Honduras, donde los pandilleros de las Mara Salvatrucha, por ejemplo, se tatúan una colosal S, mayúscula, en la espalda, en los brazos, en la espalda o en los muslos. O los pandilleros de la Mara 18, surgida en Los Ángeles, California, que tienen como matrícula de circulación por sus territorios e impunidad un número 18. Estos tatuajes salidos del mundo popular eran, realmente, inocuos, hasta que fueron asumidos y exhibidos por asesinos que inspiran terror a los ciudadanos pacíficos, pues no solo asesinan sino torturan, mutilan y practican la antropofagia. Los tatuajes centroamericanos son los tatuajes de la muerte y el terror y nadie que se considere con un mínimo de educación y prudencia se atrevería a implantárselos en la piel.

Los tatuajes son también un problema sanitario, porque la utilización reiterada de agujas sin desinfectar como se hace en las cárceles o en los barrios populares de Guatemala o El Salvador, pueden ser causa de la transmisión de enfermedades infecciosas como la hepatitis o el sida.



                          
Nada, pues, tan distante en tiempos del neoliberalismo, de su uso ritual y del prestigio social de otras épocas. Hoy, son los signos genuinos e irrefutables de la maldad.









Publicado por Marvin Najarro
CT., USA. 

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