domingo, 29 de abril de 2012

EMPIEZO A FATIGARME DE ESTAS COSAS…



INTRODUCCIÓN


¡Ah, los Tartufos que somos todos en este mundo! La integridad cuesta tanto y caro a los seres humanos. La hipocresía y la falsedad son gratuitas. De mala levadura pareciera que estamos hechos la mayoría de los hombres que muchas veces no podemos ser nosotros mismos, aunque afirmamos que sí. Este personaje de Jean Baptiste Poquelin Moliere, el gran dramaturgo francés de los años de La Ilustración, es un pícaro personaje que apoyándose en la inigualable maña de su retórica de sacerdote católico, seduce a Elmira, una mujer casada, con palabras místicas, ante lo cual la “buena” cristiana se suma a la cohorte de hipócritas desde el momento en que escucha y se emociona cuando Tartufo le declara: “Vuestra honra conmigo no corre peligro, todos esos galanes de la corte que vuelven locas a las mujeres son ruidosos en el hacer y vanidosos en el hablar… Tenéis conmigo asegurado el secreto, amor sin escándalo y deleite sin temor…”. Manuel José Arce  -un hombre íntegro, aunque no exento de errores-  vuelve a sentirse defraudado por la condición humana, no obstante, su falta de credibilidad en los demás, en los “amigos” sobre todo, no le hacen perder al final la fe en la vida y se recompone (como el gato lanzado de espaldas) ante el pesimismo e invoca, sin decirlo,  a la tolerancia. No se trata tampoco de cederle el lugar a la suspicacia, a la desconfianza vulgar  -como los zamarros politiqueros guatemaltecos- pues a cambio de esa actitud catódica,  preferible es el candor. Luciano Castro Barillas.









EMPIEZO A FATIGARME DE ESTAS COSAS


Por Manuel José Arce

La suciedad de los intachables. La tontería de los doctos. El interés de los desinteresados. La enemistad del amigo. Tantas cosas. Tantas máscaras. Tantas ridiculeces solemnes. Confieso que estoy fatigado. Fatigándome. Del que llega a mi casa con cara de amigo y con un cuchillo oculto para mi espalda. Del que pregona mi pobre nombre y trata de echar veneno en mi alegría. Del que vele por mis intereses y se amarga con mi tranquilidad.


Por eso un día de estos me cambiaré de nombre y apellido. Dejaré la cédula en la lista de cartas extraviadas y empezaré a hacer otra cosa. Tengo ganas de inventar un nuevo diccionario, una nueva guía telefónica, un nuevo atlas mundial, una nueva Constitución de la República.


Ocurre que cada día creo en menos cosas y en menos gentes. Ello no quiere decir que me disguste la vida. Al contrario: el mío es un escepticismo alegre, lleno de ternura. Pero no sé cómo hacer para que me vuelva a inflamar el mismo fuego de antes, la misma pasión. Sólo el amor me queda. Y eso sólo gracias a la Salvavida miagrosa. Por lo demás, los flamígeros discursos me aburren; los héroes y los apóstoles me dan sueño; los filántropos y sus trampas me parecen un chiste viejo demasiado repetido, los genios de la aldea me provocan una risa cansada con sus llantos constantes por la incomprensión atmosférica y los tremebundos intelectuales, los pozos de ciencia, los organizadores de complicados proyectos y profundas comisiones me parecen pobres payasos en busca de circo.


Y es que no puede ser de otra manera. Todo es carnaval. El delicioso apóstol de los pobres que explota la miseria con su cadena de palomares[1]; la jovencita de los aspavientos púdicos que por la noche hace la 5ª. Avenida o casi, el supervirilísimo Don Juan que, al inicio de la senilidad, necesita contrarrestar los gestos feminoides inocultables, saltando de cama en cama; la dama liberadísima que ha creado una nueva esclavitud; la institución dignísima que (en la trastienda) no es sino un comercio de los más viles; la estatua y su falsario; el himno y sus mentiras; el ateo que resulta católico de armario; el creyente de público fervor, que resulta en la intimidad un zamarro de siete suelas.


¡Tartufo! Tartufo era un niño de teta al lado de todo este lindo juego social. Y yo, pobre tonto de mí, que no puedo sino no fatigarme de todo eso. De la suciedad de los intachables. De la tontería de los sabios. Del interés de los desinteresados. Etcétera, etcétera y otra vez etcétera.




[1] Se refiere al sacerdote José María Ruiz Furlán, padre Chemita, párroco de la zona 5, quien era propietario de gran cantidad de bienes inmuebles en la ciudad capital, incluidos los palomares, tugurios indignos en los barrios populares arrendados por este peculiar y ambicioso cura.








Publicado por Marvin Najarro
CT., USA.

sábado, 28 de abril de 2012

UN MODELO DEGRADANTE DE FORMACIÓN MILITAR…




INTRODUCCIÓN


Esta entrevista fue realizada en 1987 por el periodista guatemalteco José Eduardo Zarco, de conocida familia conservadora y propietaria de uno de los principales periódicos del país (Prensa Libre). Fue autorizado a visitar la llamada Escuela de Adiestramiento y Operaciones Especiales Kaibil situada desde su fundación, en 1975, en la aldea La Pólvora, municipio de Melchor de Mencos, departamento del Petén. La escuela kaibil es conocida con el nombre de El Infierno Kaibil. De dicha visita surgió una serie de ocho artículos publicados por el periódico de su propiedad, el sexto de los cuales detalla el llamado “destazamiento de la mascota”. Esta entrevista La Cuna del Sol la hará por entregas, dada su extensión, en conmemoración de un aniversario más de la muerte de monseñor Juan Gerardi, ejecutado por esta clase de personas a los dos días de haber entregado el documento del proyecto Recuperación para la Memoria Histórica. El asesino material, por cierto, era de la aldea Río de Paz, municipio de Quesada, Jutiapa; quien por némesis divina, fue decapitado por pandilleros a raíz de un motín en la cárcel donde estaba recluido, jugando después de consumado el hecho un partido de fútbol con su cabeza -como el más terrorífico balón-, en tanto la policía tomaba el control del penal. Luciano Castro Barillas.









UN MODELO DEGRADANTE
DE FORMACIÓN MILITAR

Tercera Parte y final


Conclusiones cualitativas y cuantitativas sobre estos comportamientos aberrantes.

Sin perjuicio del análisis pormenorizado que más adelante efectuaremos sobre estos comportamientos militares a la luz de nuestro modelo, ya desde ahora, sin entrar aún en nuestro modelo analítico, cabe extraer las siguientes conclusiones sobre este tipo de conductas aberrantes:


1. No puede decirse que la antropofagia y sus derivados formasen parte de los mecanismos sistemáticos de la represión desarrollada por el Ejército de Guatemala durante los años del conflicto. Sí puede afirmarse, en cambio, que este fenómeno se dio como  subproducto de una determinada formación y como consecuencia directa de una educación militar concebida para la máxima violencia y la más extrema crueldad.

2. En el aspecto cuantitativo, estos comportamientos aberrantes  (antropofagia en sus diferentes variantes y derivaciones)  pueden considerarse estadísticamente poco significativas, muy bajos en porcentajes relativos, pero no tan escasos en términos absolutos, pues ahí está la variada casuística que acabamos de ver. Pero más que su cuantía numérica importa su extrema gravedad moral, no ya desde una perspectiva cristiana  -que también condena rotundamente estas crueldades-  sino desde una simple ética universal. Sólo una grave degradación moral puede conducir a un Ejército a este tipo de extralimitaciones, con independencia de sus creencias religiosas o de su total falta de ellas, y de que se trate de un conflicto interno o internacional.


3. La antropofagia, en las formas aquí registradas, reviste un carácter predominantemente simbólico: se muerde, o se mastica, o se traga, un fragmento del cuerpo de la víctima  -o se bebe una porción de su sangre-  como afirmación suprema de la absoluta superioridad del victimario sobre ella, afirmando, al mismo tiempo, la radical inferioridad de la víctima, reduciéndola al nivel de un animal cuya carne expuesta puede ser extraída, cortada y comida, y su sangre derramada y bebida. En otras ocasiones se acentúa esa superioridad y ese desprecio, obligando a la víctima a comer sus propios miembros amputados.

4. Es obligado señalar, en los comportamientos aquí registrados, un fuerte ingrediente racista, ya que este tipo de acciones no se dieron en el marco de la represión urbana, sino que prácticamente siempre fueron perpetrados en el ámbito rural y contra la población indígena, cuya vida y cuya integralidad física fueron despreciadas por el Ejército en un grado difícilmente comprensible, con formas de la más gratuita y abyecta crueldad.

5. Resulta evidente que la formación impartida, tanto en la escuela de kaibiles como en los ya mencionados cursos de entrenamiento de los reclutas, y de capacitación de los instructores y subinstructores responsables de la formación del soldado, incluyeron ciertos tipos de prácticas que, con el pretexto de lograr su “endurecimiento”, degeneraron en un alto grado de deshumanización y de grave perversión de la moral militar, aniquilando, hasta niveles catastróficos, ese principio básico de humanidad que debe regir la conducta de los militares, incluso dentro de los terribles escenarios de cualquier guerra.

6. Esta deshumanización se tradujo no sólo en esta serie de casos registrados de antropofagia y coprofagía (no habituales, aunque sí muy graves) sino también, y esto es lo fundamental, en miles de casos (no ya frecuentes sino absolutamente habituales y sistemáticos) de atroces violaciones de derechos humanos,  incluyendo las más abominables formas de muertes, mutilaciones y torturas, fenómeno de gravedad incomparablemente superior por su enorme extensión e inmensa crueldad. Factor categórico y central, del cual los casos registrados de antropofagia y coprofagía no fueron más que manifestaciones episódicas, dentro de un fenómeno de degradación moral de enorme amplitud y profundidad.

7. Para hundirse en esa degradación ni siquiera resultó necesario que todos los centros de enseñanza del Ejército de Guatemala impartiesen estos tipos de instrucción, y es seguro que en aquellos años existían en él otros centros académicos ajenos a estos métodos.










Publicado por Marvin Najarro
CT., USA. 

viernes, 27 de abril de 2012

UN MODELO DEGRADANTE DE FORMACIÓN MILITAR…



INTRODUCCIÓN


Esta entrevista fue realizada en 1987 por el periodista guatemalteco José Eduardo Zarco, de conocida familia conservadora y propietaria de uno de los principales periódicos del país (Prensa Libre). Fue autorizado a visitar la llamada Escuela de Adiestramiento y Operaciones Especiales Kaibil situada desde su fundación, en 1975, en la aldea La Pólvora, municipio de Melchor de Mencos, departamento del Petén. La escuela kaibil es conocida con el nombre de El Infierno Kaibil. De dicha visita surgió una serie de ocho artículos publicados por el periódico de su propiedad, el sexto de los cuales detalla el llamado “destazamiento de la mascota”. Esta entrevista La Cuna del Sol la hará por entregas, dada su extensión, en conmemoración de un aniversario más de la muerte de monseñor Juan Gerardi, ejecutado por esta clase de personas a los dos días de haber entregado el documento del proyecto Recuperación para la Memoria Histórica. El asesino material, por cierto, era de la aldea Río de Paz, municipio de Quesada, Jutiapa; quien por némesis divina, fue decapitado por pandilleros a raíz de un motín en la cárcel donde estaba recluido, jugando después de consumado el hecho un partido de fútbol con su cabeza -como el más terrorífico balón-, en tanto la policía tomaba el control del penal. Luciano Castro Barillas.








UN MODELO DEGRADANTE
DE FORMACIÓN MILITAR



Segunda Parte


Continúa la declaración del mismo testigo, explicando que todos ellos, con independencia de sus edades y formas de reclutamiento, eran sometidos al mismo tipo de instrucción, incluidas sus más extremas formas de endurecimiento, que incluían prácticas como las siguientes:

“En los centros de entrenamientos de reclutas sí se dan estas cosas (los llamados “entrenamientos salvajes”). A mí me hicieron comer carne de perro cruda y su sangre beberla. En el entrenamiento lo llaman supervivencia. Mandaron a cuatro soldados a buscar a la calle un perro, tenía la enfermedad del chino (hongos), era muy delgado y feo. Un oficial lo mató y comenzó a dar un trozo a cada uno. El oficial no comió. Todos lo comimos a puro tubo (a la fuerza). Otro paso del entrenamiento era la prueba de los sonidos y olores. Le daban a uno a oler gasolina, hule quemado… con los ojos vendados, y al final le daban estiércol humano.  A principios de septiembre cambiaron al subteniente del destacamento y enviaron a uno nuevo. Este organizó los primeros grupos de entrenamiento de reservas: obligó a 35 jóvenes mayores de 14 años a presentarse todos los sábados y domingos para ser sometidos a un entrenamiento físico que les permitiera colaborar con el Ejército en la lucha antiguerrillera, y para que los hombres, solteros y no solteros, supieran lo que sufre un soldado.

Ese aprendizaje “de lo que sufre un soldado” llevaba consigo prácticas tan intolerables como las expresadas a continuación:

“Durante el entrenamiento los jóvenes eran obligados por los soldados a tirarse al lodo, los golpeaban, los metían en los hormigueros y los acusaban permanentemente de guerrilleros. El 12 de octubre, el subteniente les comunicó a los reservistas que iban a celebrar el Día de la Raza y los envió a capturar a dos perros. Luego les obligó a degollar a los perros y chuparles la sangre; después les obligaron a pelar a los perros, les cortaban la lengua y todos tuvieron que comer un pedazo de ella. Luego les sacaron los ojos a los perros y cuatro jóvenes tuvieron que masticarlos y tragarlos. Finalmente los soldados prepararon un ceviche con la carne de perro, lo hicieron picadillo, le pusieron limón, sal y chile y les dieron a todos para que comieran. Cuando alguien no soportaba comerlo y vomitaba, era obligado a comerse después sus propios vómitos. Durante todos estos actos, los soldados los amenazaban con armas, y los golpeaban con palos y patadas”.

Si bien este acto descrito sólo se produjo en estos términos, el 12 de octubre de 1981, los militares del destacamento de El Mango siempre amenazaban a los reservistas con que les iban a enseñar a comer culebras, zopes y hasta carne humana. Como parte de su entrenamiento los jóvenes también eran usados y maltratados como bestias de carga, como se manifiesta en el siguiente testimonio:

“En otras ocasiones, el subteniente obligaba a los jóvenes reservistas a colocar sus brazos en forma de andas para que lo cargaran (transportándolo) por más de dos horas por las calles de la aldea; detrás iban los soldados, golpeando con palos a los reservistas. Mientras los jóvenes lo cargaban, el oficial los insultaba, golpeaba y amenazaba de muerte. Estas prácticas de entrenamiento duraron hasta el mes de diciembre, cuando se levantó el destacamento de El Mango”.

Pero no sólo estos adolescentes en edad premilitar, ni sólo los reclusos recién incorporados, como ya vimos, sino también los soldados ya veteranos, incluso habiendo alcanzado el ascenso a cabo y optando a la categoría de subinstructores, se veían obligados a soportar estas prácticas siniestras. He aquí el testimonio de un cabo de infantería que iba a ser nombrado subinstructor de la CAR (compañía de reemplazo).

“Los oficiales y otros galonistas subinstructores más antiguos los “bautizaron” a él y a otros dos, revolcándolos primero en un charco de lodo hasta que les entró en todos los oídos y la nariz, y se estaban ahogando. Después los ahogaban en una pileta, de modo que le hacían a uno dar gritos de desesperación, después era horrible y ya se sentía uno que se estaba muriendo. Y por fin, tomaron una bolsa de mierda y con cepillo les untaban la boca, diciéndoles: (…) ahorita vienen  ustedes al CAR. Ahorita no son cualquier soldado, pendejos. Ahorita son subinstructores. De ahorita en adelante les vamos a hacer esto para que sean pura mierda con los soldados, para que sean yucas (duros).

Pues bien, estos subinstructores, así formados y endurecidos, eran los encargados a su vez de formar y endurecer a los soldados recién reclutados que hacían el ya citado Curso de Tigres, de tres meses de duración y que se desarrollaba en Playa Grande, Ixcán, Quiché; en aquellos años culminantes de la represión militar. Curso en el que fueron formados muchos de sus protagonistas de más bajo nivel: el de la tropa encargada de su ejecución. Tropa que también requería una especial preparación psicológica y moral que la capacitara para cometer las tremendas atrocidades que implicaba la ejecución material de aquellas masacres y de aquellas terribles formas de represión.  No cabe, por tanto, sorprenderse de muchos de los excesos degenerativos examinados en las páginas precedentes cuando se ha recibido una formación tan degradada y degradante como la reflejada en los repetidos testimonios que acabamos de transcribir.










Publicado por Marvin Najarro
CT., USA.

jueves, 26 de abril de 2012

UN MODELO DEGRADANTE DE FORMACIÓN MILITAR…

INTRODUCCIÓN

Esta entrevista fue realizada en 1987 por el periodista guatemalteco José Eduardo Zarco, de conocida familia conservadora y propietaria de uno de los principales periódicos del país (Prensa Libre). Fue autorizado a visitar la llamada Escuela de Adiestramiento y Operaciones Especiales Kaibil situada desde su fundación, en 1975, en localidad de La Pólvora, municipio de Melchor de Mencos, departamento del Petén. La escuela kaibil es conocida con el nombre de El Infierno Kaibil. De dicha visita surgió una serie de ocho artículos publicados por el periódico de su propiedad, el sexto de los cuales detalla el llamado “destazamiento de la mascota”. Esta entrevista La Cuna del Sol la hará por entregas, dada su extensión, en conmemoración de un aniversario más de la muerte de monseñor Juan Gerardi, ejecutado por esta clase de personas a los dos días de haber entregado el documento del proyecto Recuperación para la Memoria Histórica. El asesino material, por cierto, era de la aldea Río de Paz, municipio de Quesada, Jutiapa; quien por némesis divina, fue decapitado por pandilleros a raíz de un motín en la cárcel donde estaba recluido, jugando después de consumado el hecho un partido de fútbol con su cabeza -como el más terrorífico balón-, en tanto la policía tomaba el control del penal. Luciano Castro Barillas.


UN MODELO DEGRADANTE
DE FORMACIÓN MILITAR


Primera Parte


Cada alumno del “curso kaibil” recibe al llegar, a modo de mascota, un pequeño cachorro de perro que a lo largo del curso debe alimentar y cuidar. Llegada ya la parte final del curso tiene lugar la ceremonia aquí referida. He aquí su descripción literal:

“A ver usted, tráigame ese perro”, le dijo (el oficial instructor) al individuo que tenía el chuchito. “¡Kaibil!”, respondió el soldado, y contra la voluntad del animal lo llevó frente a su profesor. “Cuélguenlo allí, en el tronco, y proceda a matarlo”, le ordenó. El otro agarró al perro por las patas de atrás, mientras su cuas (compañero) le apretaba el hocico para que no lo mordiera. El canino se orinaba del miedo y los gemidos que daba eran feos (…) Una vez amarrado de las patas y de la trompa, el kaibil recibió, una vez más, la orden (…), y éste, con su machete, le cortó el cuello. La sangre cayó en una olla donde habían recogido la de los otros animales muertos anteriormente, y el perro dejó de ser mascota y pasó a ser comida”.

Continúa así la descripción del ceremonial kaibil:

“Destazaron al chucho (…) y después el instructor les ordenó que pusieran el cuerpo junto con el de los demás animales que habían sido procesados. Luego se les ordenó hacer una fila, y uno a uno fueron recibiendo una porción del contenido de aquella olla, que consistía en una mezcla de sangre con hígados y vísceras comestibles, todas ellas crudas (los kaibiles no lo sabían, pero sin que se dieran cuenta se había agregado limón y cebolla al recipiente para que el sabor fuera similar al de un ceviche). (…) Las caras que hacían cuando les introducían en la boca su pedazo eran tan impresionantes como la escena de la muerte del canino, pero, según me explicó mi edecán, el comando debe perder el asco a la sangre, pues en la vida real siempre existe la posibilidad de encontrarse ante situaciones donde la sangre abunda, y en esos casos lo peor es perder el control. “Puede significar la vida o la muerte”, me indicó.

Queda demasiado claro, a la luz de los testimonios aquí referidos, que ese “perder el asco a la sangre” se convirtió, para algunos militares guatemaltecos (oficiales y soldados) no sólo en la pérdida de ese hipotético asco, sino en una predilección morbosa por ese fluido vital, que no sólo hacían derramar en gran cantidad sino que, en ocasiones, también lo saboreaban gustosamente, como ya vimos en testimonios anteriores. Hay que señalar también el dato de que, en años anteriores pero no muy lejanos (la Escuela Kaibil inició su funcionamiento doce años antes del citado reportaje periodístico), esta misma ceremonia kaibil del “destazamiento de la mascota” se efectuaba de otra forma más brutal: el perro no era degollado con machete, sino muerto a mordiscos en el cuello por el kaibil, quien con sus propios dientes tenía que cortarle la yugular y succionar su sangre, según consta en material fotográfico de la época.

Recordemos, por otra parte, que esta forma de matar al animal la efectuaba el mismo kaibil que lo había recibido, siendo un cachorro, al iniciar el curso y lo había cuidado y alimentado a lo largo de él. Si este trato y cuidado había producido un cierto sentimiento, quizá inevitable, de relativo cariño hacia el pequeño animal, este factor afectivo  -grande o pequeño-  tenía que ser brutalmente atropellado cuando la misma persona que lo cuidó tenía que morderle la yugular para desangrarlo, cumpliendo así el doble objetivo propuesto: el conseguir perder el asco a la sangre, y sobre todo, el primero y principal: endurecimiento militar de kaibil.

No resulta, pues, demasiado extraño que este tipo de prácticas formativas (en cursos como el kaibil, muy valorado dentro del ejército de Guatemala), así como otras prácticas docentes igualmente educativas que veremos a continuación, hayan degenerado en una mentalidad militar capaz de producir casos de extrema degradación. En efecto, ya hemos visto en páginas anteriores la forma en que fueron tratados los prisioneros, añadiendo a las torturas y a la muerte las más repugnantes formas de humillación. Pero estas humillaciones prácticas no se limitaban, como en los casos ya vistos, al castigo de los prisioneros: también los soldados en su instrucción (y no sólo en unidades especiales sino normales) eran obligados en sus prácticas de entrenamiento a ingerir heces humanas, según sus propios testimonios prestados ante la Comisión de Esclarecimiento Histórico.

“Seguimos sacando el curso de Tigres”, así le llaman, que es de tres meses, y al final nos hicieron una práctica, autorizada por el comandante (…) Consistía en estar preparado para hacer una serie de maniobras y, por último, de noche, había que acarrear unos tambos (bidones) en los que había popó (excrementos) de ellos mismos, y había que echarlos en unos botes, y de allí nos lo metían, y de último nos lo hicieron comer. Todo fue el campo de fútbol. Algunos vomitaban, pero más les daban para que se lo tragaran; eso fue el curso de Tigres”.

Dentro del período de instrucción se incluían pruebas como las siguientes, relatadas por un sargento segundo que, todavía como soldado, tuvo que soportarlo durante su fase de formación:

“… lloré amargamente en la última fase del entrenamiento, que se llama olores, sabores y sonidos. Debes decir el olor que sientes, el sabor que sientes y el sonido que oyes (…) Después te tapan los ojos y te dejan sólo con la nariz, y tienes que decir qué producto es. Después te tapan la nariz y nos hacen probar un montón de babosadas. La mierda es cuando me he sentido más humillado, heces humanas, uno con un palo te lo pone en la lengua, grasa, aceite quemado, tierra o lo que ellos encuentran. Después te traen en un bote una mezcla de heces y meten tu mano, y es obligatorio, y hay garrote para pegar al que no lo haga. Cuando uno siente el sabor y el olor, comienza a vomitar. Yo me tiré y me revolqué, y dije que eso es una mierda, no sentía el dolor. Ya había pasado el entrenamiento físico, los golpes en el estómago, el dolor, yo ya llevaba una buena forma física, y en esa fase, en la última, es cuando yo me sentía malísimo, humillado, lloré amargamente, es lo peor que he pasado en mi vida. Después nos llevaron a comer, esa noche no hubo comida, daba asco comer, después no comer queríamos”.

Estos entrenamientos, incluyendo estas prácticas coprofágicas forzadas, afectan a todos los soldados, incluso a los más jóvenes y recién incorporados con 17 años, ya los reclutados por la fuerza, llevados por sorpresa allí donde el ejército “les agarraba”, según su expresión más usual, incluso algunos a la edad de 16 años. He aquí el relato personal de otro testigo que padeció en sus carnes este tipo de formación:

“El entrenamiento duraba tres meses. (…) Había gente de 16 y 17 años. Había como tres de 16 y unos de 35, de 17. Uno de 16 era de Jalapa, otro de Mazatenango, que no aguantaba por su capacidad física. (…) Yo mismo tenía 17 años. En la compañía fueron muchos forzados, los de Jalapa, Retalhuleu y Quiché. De Retalhuleu había como cinco de tercero básico que estaban estudiando y los agarraron. Se lamentaban de no poder seguir estudiando. (…) Los agarraron en las calles de día, a otros en el campo de fútbol.







Publicado por Marvin Najarro
CT., USA.

miércoles, 25 de abril de 2012

MUJERES Y PODER…




 INTRODUCCIÓN



¡Mujeres al poder!  Es el canto de batalla de muchas de las feministas. Aunque es un tema muy escabroso de tratar, y uno fácilmente se puede en encontrar en una situación similar al equilibrista caminado sobre una cuerda ondulante, es algo que hay que enfrentar y debatir seria y profundamente. Es innegable que el hombre a lo largo de la historia por sus mismas condiciones físicas y el contexto histórico en el que le ha tocado actuar ha ejercido el poder de una forma mucho más abierta, aunque no siempre de manera sensata y equilibrada. Sería igualmente absurdo negar la sumisión o el sometimiento, muchas veces involuntario, que las mujeres han tenido que soportar a manos del hombre-macho. Sería también igualmente absurdo el negar, por las razones que sean, que las mujeres abierta u ocultamente no hayan ejercido el poder o no lo estén haciendo en las diferentes esferas en las que se desenvuelven. Cleopatra, la última de las faraonas egipcias, fue una mujer con gran poder e influencia que se extendió hasta la antigua Roma. La historia contemporánea nos muestra variados y múltiples casos  de mujeres que por sus dotes e inteligencia han llegado a ocupar posiciones de poder antes reservadas exclusivamente a los hombres. Y que quede claro, en la mayoría de las instancias, porque también hay excepciones, lo han hecho y lo hacen con más  aplomo y sabiduría que los hombres. En una de sus últimas reflexiones, Fidel Castro, acotaba lo siguiente: (…) las mujeres, como acompañantes o Jefes de Estado, son las que mejor lo hicieron. Una vez más demostraron que las cosas en el mundo marcharían mejor si ellas se ocuparan de los asuntos políticos. Tal vez habría menos guerras, aunque nadie puede estar seguro de eso. Marvin Najarro










MUJERES Y PODER


Por Luciano Castro Barillas


La exclusión y sometimiento de la mujer por parte del varón no siempre fue así. Hay una larga historia de sometimiento del varón por parte de la mujer, contra lo que pudieran opinar las feministas rigoristas de la izquierda norteamericana, cuyas posiciones al respecto han sido replicadas a la perfección por las mujeres latinoamericanas, sin que hayan pensado éstas últimas en algún momento las circunstancias propias del neocolonialismo cultural,  -como parece ser, aunque no se acepte- las luchas postmodernas por la igualdad de género. Hay que puntualizar sobre un asunto crucial a la hora de esta reflexión: es el izquierdismo como tal quien se ocupa con preocupación extrema en las luchas de género. En el socialismo, durante su proceso de edificación en la Unión Soviética, por ejemplo, no se suscitaron esos problemas pequeño-burgueses a nivel institucional, sino cultural, porque el Estado Socialista,  sus libertades y garantías formaban parte de la superestructura jurídico-política e ideológica. En esos Estados, en sus tiempos luminosos de aspiraciones igualitarias, las mujeres sometidas o subordinadas al varón lo eran porque muchas veces así lo habían querido a nivel de su vida cotidiana, de su “mundo real”, que pude haber sido en su vida laboral o íntima. “En la Unión Soviética, oficialmente, no hay prostitución, pero comprenderá  -le dijo Nikita Krushev al periodista norteamericano que lo cuestionaba- que hay putas de corazón y sobre ellas no podemos tener control”.  Simone de Beauvoir, la feminista y novelista francesa, partidaria del existencialismo ateo, hizo por la década de los años setenta una declaración que conmovió el mundo intelectual de esos años: “La mujer no es una categoría biológica, sino una categoría cultural”. No hay, en tanto, en esa línea de opinión, un hígado femenino, unos riñones femeninos, etc.; sin embargo, sin que ella dijera eso por instinto de mujer e intuición genial, presentía que había un cerebro femenino, tal como lo plantea hipotéticamente la neurología genética de la actualidad. Se puede extrapolar, entonces, que la propuesta postmoderna de reivindicación de género tiene mucha razón de ser en los países capitalistas y dependientes del mundo, pues sus contradicciones históricas son más profundas e irreconciliables. El capitalismo y sus ciclos es una serpiente que se muerde a sí misma la cola y no sale de su círculo vicioso de inmoralidad económica. Entendido que desarrollo no es sólo crecimiento económico, sino un impulso civilizador integral. ¿Nos entendemos? Desarrollo es felicidad material, mental y emocional del ser humano y eso no ocurre precisamente en el capitalismo, pero sí en una buena medida en la dualidad antagónica de esa realidad: el socialismo, que se esfuerza por perfeccionarse y romper el inmovilismo, para activar sus potencialidades dialécticas, creativas y agitar a su interior su energía revolucionaria.

Yéndonos hacia los tiempos profundos, primitivos de la humanidad, la mujer fue poseedora de altos y consistentes poderes: sobre la familia, la vida, la muerte y la economía. Gracias a su condición de criandera, de madre; cuando los varones iban en partidas de caza y recolección de frutos silvestres,  ella se quedaba en la cueva, no por docilidad femenina, sino por asuntos de sobrevivencia. Había que cuidar a los críos, sedentarismo que le dio lugar a muchas cosas constructivas. Pudo y tuvo tiempo de observar con tranquilidad los fenómenos de la naturaleza, en tanto el macho era todo un derroche de adrenalina enfrentándose con los mamuts o los tigres dientes de sable. De esa manera la mujer empezó a empoderarse de la vida y a descubrir, para empezar, la agricultura. De allí que los primeros agricultores fueron las mujeres. Veía que las semillas que defecaban los pájaros o sus perros germinaban, crecían y echaban frutos y que plantándose muchas semillas podía recogerse una cosecha. Los pequeños animales de su entorno encontraron una relación mutuamente beneficiosa y surgió la domesticación de las aves para aprovechar sus carnes y sus huevos y los perros, con gran instinto territorial,  para ahuyentar a los intrusos. Observar la conducta y los hábitos de la vaca, futura proveedora de leche.  Después el caballo para aumentar sus fuerzas y aligerar su esfuerzo físico. Esta realidad primitiva la hizo respetable y mucho más inteligente que el hombre porque supo poner en práctica antes que él el sentido de la observación y el análisis. Le creó prestigio social y le confirió poder, por ser  engendradora de la vida y capaz de superar a la muerte. El varón tenía fuerza, indudablemente, por la marcha constante tras las presas. Se fortalecieron sus piernas, manos y brazos por la lucha y su desarrollo cerebral fue más lento, de allí probablemente provenga la sutileza en el pensamiento de la mujer, contraria a la “abruptividad” del varón, pues como dijera un escritor machista refiriéndose a la condición de la mujer, pero atinando sin querer: (…) El silencio de una mujer pareciera un momento en que no pasa nada, pero pasa un mundo por su cabeza. Esta realidad socio-económica y cultural de la mujer primitiva y sus grandes descubrimientos para crear la civilización humana le dio un estatuto político: el matriarcado, que fue y es una institución vigente en muchos países y practicado de manera oculta como disfuncionalidad, sin serlo así,  al interior de muchos hogares del siglo XXI. En muchos hogares donde el varón tiene pocas luces es la mujer la que dirige la vida familiar y realmente me parece justo o quizá lógico y coherente.

No es sino con el surgimiento de la propiedad privada y la división de la sociedad en clases  -al quebrarse el régimen comunal primitivo-  que el matriarcado como institución social preponderante empieza una etapa de declinación por la sustitución de la inteligencia femenina por la fuerza bruta de los hombres. Quizá el mundo estaría mejor si las mujeres dirigieran como en el pasado a la familia y la sociedad, pues son menos ególatras que los machos, más valientes, más inteligentes y más disciplinadas. Han sido capaces de ser mejores estadistas   -y ejemplos hay muchos-  y de guiar a los varones atolondrados por caminos de prudencia y mesura, en condiciones de aparente subalternidad.

Sigue siendo válido, pues, el viejo refrán (con el perdón de las feministas), que detrás de cada gran hombre hay un gran mujer.










Publicado por Marvin Najarro
CT., USA.

martes, 24 de abril de 2012

LA COPIA COMO CREACIÓN




INTRODUCCIÓN


La "originalidad" es un término de amplia discusión. Ya no es un artículo de fe desde que el funcionalismo de Malinovski descubriera, por ejemplo, que en literatura de todos los tiempos y lugares, son de doce a trece temas los que han tratado los escritores, entre los que podríamos mencionar el amor entre parejas, el odio después del rompimiento, los pleitos entre hermanos, la venganza, la codicia, etc.; de alhí que la idea de originalidad está desvirtuada. La diferencia o la apariencia de originalidad la hace la manera, el modo, el estilo, de contar esa historia o de proponerla. La simple, llana y directa anécdota  -de pocas palabras-   se hace un universo de vocablos gracias a la riqueza de matices, de significados y conceptos de la literatura. Las historias, pues, son las mismas, pero el modo de contarlas es diferente. Nada nuevo hay en el mundo. Y nadie puede reclamar genialidad porque descubrió el agua azucarada. Todo está descubierto, incluso el sistema binario utilizado en las computadoras y tecnologías de punta, logro matemático inventado por los mayas e incorporado por la cibernética contemporánea como novedad epatente. El filme Everything is a remix (Todo es una mezcla) de Kirby Ferguson sí que es una propuesta original, además de un reconfortante aliciente moral al no subestimar, pues toda persona nos acogemos al método copiar-combinar-crear. Luciano Castro Barillas.







Exhiben el filme que justifica la copia como creación


Por René Martín
latercera.com


El tema de los derechos de autor está cada día más complicado. Leyes como Acta, Sopa y Sinde han hecho polémica, creado debate y puesto de manifiesto la inmensa diferencia que existe al momento de entender lo que es propiedad intelectual, ideas, territorios y lo que es y no es original. Aceptemos que no es un tema fácil, menos en un mundo que es regido más que por gobiernos, por internet y transnacionales.

Hace casi dos años apareció en el sitio Vimeo (una suerte de YouTube pro) la primera parte de un documental titulado Everything is a remix (Todo es una remezcla). Dirigido por Kirby Ferguson, poco a poco comenzó a ganar adeptos debido a los provocadores (aunque en gran medida sensatos) planteamientos que hacía: ¿Dónde está la frontera entre lo propio y lo ajeno en el mundo de las ideas?, ¿No estamos todos construidos desde la misma base, por ende, somos propensos a caminar por terrenos que ya han sido utilizados? ¿Hay algo realmente original? ¿Importa?

El chico virtual comenzó a volverse viral: la espiral empezó a correr al mismo tiempo que ciertos sitios empezaron a ser cerrados. El acercamiento de Ferguson es fascinante, intenso, adrenalínico y no exento de polémica. A la vez, quizás por su figura algo nerd no se ha ganado enemigos acérrimos y sí un estatus casi de culto. Un visionario que estudia a Tarantino, Platón, Wilde y George Lucas y que demuestra que ninguno de ellos es más original que el otro.

La génesis para Everything… fueron las supuestas acusaciones de plagio en autores como JK Rowling y Dan Brown. ¿Las obras de estas personas son o deben ser originales? ¿Las obras de aquellos que demandan de verdad no le deben nada a nadie y son una suerte de excepción a la regla? Cuando creamos, tomamos de todo nuestro archivo personal. Según el mismo Ferguson, “Copiar es la forma en que aprendemos y no podemos entregar nada ‘nuevo’ hasta no ser fluidos en nuestro lenguaje”.

Copiamos, combinamos y creamos. Ese es, según Ferguson, el método natural y único para llegar a dirigir algo nuevo. Eso no es plagio; eso es creación. Y es el método que han utilizado figuras como Henry Ford, Thomas Edison, hasta nuestros más gurús modernos como Steve Jobs y Quentin Tarantino.

En las cuatro partes de su documental, Ferguson transita con fluidez por el mundo de la música, el cine y la tecnología, entregando incontables datos de cómo lo que pensamos que es “original” no lo es tanto, pero que eso no es necesariamente un robo. Justamente este es el tema en el que ingresa en su parte final, con la problemática de los derechos de autor y patentes. Nada de lo que se está haciendo en el terreno legal ha significado más progreso y todo ha tendido a estancarse. El bien social se ha olvidado, la libertad se ha mermado y la posibilidad de creación se ha visto obstaculizada. Sin ir más lejos, este mismo documental, en un mundo sin internet, hubiera sido imposible de que existiera.

Es verdad que todo lo dicho puede parecer demasiado críptico y ajeno, pero Everything… es cautivante y de visionado obligatorio. Además, y esto no es menor, está narrado con una moral de alguien que se crió con Yahoo, googleó más de la cuenta y ahora navega en iPad. Una cinta sobre nuestros días filmada con los elementos de nuestros días. Bravo.


Tomado del sitio web  Rebelión org.










Publicado por Marvin Najarro 
 CT.,USA.

domingo, 22 de abril de 2012

LA VALENTÍA DE APALEAR ANCIANOS…



INTRODUCCIÓN


Y no podía, no puede ser de otra manera. Guatemala, país de innumerables y colosales bellezas naturales que no se reflejan en la calidad humana de muchos de sus seres. Sí que en verdad duele y duele mucho. De qué sirve tanta experiencia, tanta sabiduría acumulada en la venerable ancianidad de tantos de sus hijas e hijos, si a nuestros desalmados y corruptos funcionarios les importa un pito la deplorable situación en la que actualmente viven nuestros ancianos. De nada sirve que estos otrora dignos ciudadanos hayan dado lo mejor de su vida en beneficio de un país y de una sociedad que corrompida hasta el tuétano ahora les desprecia y les trata como seres indeseables, como estorbos, que sus mezquinos prejuicios no pueden tolerar. Razón tenía el más grande de los poetas guatemaltecos, Manuel José Arce, cuando en una de sus magistrales piezas literarias enfatizaba: “Y no quisiera ser de aquí". Escribió: (…) desde adentro de mí mismo este país  -este pequeño y cruel país- , se me hace presente, me sangra, me duele. Cuánto amor en el dolor. Cuánto dolor en el amor.  ¡Que dura eres Guatemala! Marvin Najarro










LA VALENTÍA DE APALEAR ANCIANOS


Por Luciano Castro Barillas


Hubo en México hace algunos años una asesina en serie de ancianos apodada La Mataviejitas, despiadada mujer que aprovechándose de su fortaleza física, pues había sido luchadora en la Arena México, se hacía pasar como trabajadora doméstica, circunstancia que aprovechaba para robar y matar a personas de la tercera edad. Luego de innumerables crímenes la sádica asesina fue capturada y condena a la pena máxima por esta clase de ilícitos de la legislación mexicana. En Guatemala el mataviejitos es su injusto sistema social que ha hecho que miles de ancianos salgan como personas en sus mejores tiempos a protestar por la insensibilidad con que son tratados ante un poder desdeñoso que prácticamente los considera personas inútiles, según se desprende por la indiferencia con que son tratadas sus modestas demandas, que se focalizan en dos cosas: comer un poco y tener donde dormir. Asuntos como recreación, atención a sus enfermedades físicas y emocionales, son asuntos de poca importancia.

Hacía meses que los ancianitos del asilo  del irónico nombre, Dulce Refugio, estaban en una situación de postración tal que muchos pensaron seriamente en morir, ya que literalmente estaban muriéndose de hambre. Realidad que contrastaba cuando ese día salían de rendir su primera declaración ante un tribunal dos mujeres regordetas de feas caras y con la apariencia de ser glotonas sin control, no encontrando curiosamente el corrupto funcionario judicial indicios racionales de la comisión de delito, por lo tanto, les dictó una medida sustitutiva consistente en una multa, a cambio de ir a prisión. Estas dos señoras eran acusadas por alcaldes de pequeños pueblos de haber sido estafadas con cantidades millonarias de dinero por gestionarles créditos de desarrollo para sus paupérrimos municipios. La madre y sus dos hijas ladronas salieron de la audiencia con una sonrisa torva de guasón de medio lado, sabiendo que en este país se pueden cometer los ilícitos más inquietantes sin que necesariamente pase nada, máxime si usted es o ha sido pariente de un presidente de la República. Sin embargo, la realidad para los ancianos del asilo Dulce Refugio, con edades entre los 80 y 90 años de edad, la situación era diametralmente opuesta.

Ellos forman parte de las decenas de miles de personas de la tercera edad en Guatemala que no gozan de ninguna protección social por parte del Estado. Su única ayuda han sido las solidaridades históricas entre los pobres y uno que otro familiar que no los ha olvidado. Actitud generosa a lo cual se han opuesto desde siempre las cámaras empresariales guatemaltecas con campañas disimuladas tales como afirmar que: “No contribuya a crear mendigos, no de limosna”. Gracias a la desatención de esa propuesta ideologizante los ancianos de Dulce Refugio han logrado comer mal que bien, en tristes y aciagos días donde toda vianda lo ha constituido dos delgadísimas hojaldras, casi milimétricas,  con un café escaso de café y azúcar, servidas en un vaso plástico porque los viejos  -según unos energúmenos cuidadores-  no deben usar tazas de cerámica porque las quiebran. ¡Y como no se le van a caer sus recipientes si son acomodados sobre endebles e inestables mobiliarios!

Pero los ancianitos, pese a las desventajas físicas de su edad, hombres y mujeres sorprendieron a todos los ciudadanos guatemaltecos. En horas de la madrugada, con gran sigilo,  tomaron una de las calles principales del Centro Histórico y decidieron a acampar, teniendo por casas de campaña ligeros plásticos y cartones para guarecerse del frío y el viento. Tenían pensado hacer un plantón para poder llevarse un pan o una tortilla más a la boca. Los automovilistas trasnochados y borrachos que acertaban por el lugar, molestos los insultaban, por la terrible molestia de tener que desviarse unos 300 metros de su ruta habitual, maldiciendo que “esos vetarros amanecieron jodiendo”.

La movilización tenía su origen a raíz que el indigno Congreso Nacional les quitara el dinero aduciendo malos manejos, como si ellos, precisamente, fueran el paradigma del manejo honrado de los recursos del Estado. ¡El burro hablando de orejas!

Afirman los actuales funcionarios de Pérez Molina que a los ancianos se les hizo una propuesta ante la presencia del Procurador de los Derechos Humanos y el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, testigos de honor; que los fondos fueran administrados por el nuevo Ministerio de Desarrollo Social, como lo afirmara también Francisco Cuevas, Secretario de Comunicación Social de la Presidencia. Pese a lo “acordado” y ante la experiencia y cautela con quienes se habla, los ancianitos optaron mejor por presionar a los politiqueros y esa noche tomaron las calles desoladas y frías de una ciudad cruel, quizá creyendo que por su ancianidad, por lo venerable de sus años les respetarían y los tratarían con consideración. Todo lo contrario, los policías antimotines enviados por el Ministro de Gobernación y el Jefe de la Policía Nacional Civil, en aras del orden público, con carros, escudos y batones los sacaron a empellones. Tarea fácil para personas que apenas pueden caminar, debilitados doblemente por el hambre y el abandono. Los policías, tal como piensan en tiempos de la dureza de medidas, no hubieran vacilado en repartir garrote si se les hubiera impartido esas instrucciones por sus jefes. Ganas posiblemente no les faltaron, pero un batonazo propinado a una persona de esa edad pudiera resultar mortal, porque ellos, respetables personas de voz cascada, mano trémula y ojos grises de soledad y tristeza; no piden mucho para los 13 asilos: 18 millones de quetzales, beneficio social que nunca recibieron en sus años productivos, que no se compara, claro está, con los 540 millones de quetzales ganados en un día de sobreprecio de la medicina comprada a tres farmacéuticas financistas de la campaña electoral del Partido Patriota. Este país  -Guatemala-  es un país brutal y no se avizora el camino de su humanización. Y como cansa eso de empezar con dolor una nueva semana. A veces ya no quisiera estar aquí, para no conocer de estas valentías, de este rigor, de esta severidad contra los débiles.

Vuelvo a repetir lo que dijera el oficial romano Acacio: “Mientras en este mundo no hayan mejores personas que las actuales, es mejor tener desenvainada la espada”.











Publicado por Marvin Najarro
CT., USA. 

sábado, 21 de abril de 2012

NO LLORES POR MÍ GUATEMALA...



INTRODUCCIÓN


Parafraseando la comedia musical "No llores por mí Argentina", Jo Wikie, con el corazón en la mano, dice lo mismo. Hay en ella una Guatemala (la Dulci Guatimala) del poeta Rafael Landívar) que ama y que le duele. Una Guatemala generosa que le regaló a sus hijos una nacionalidad y un sentido, de la que quisiera huir y al mismo tiempo a la que quiere volver. La iniquidad, la maldad que asuela a esa tierra noble, a ese pueblo digno; duele a todos los seres humanos civilizados. Pero a veces Guatemala pesa demasiado y es un amor que no se sabe qué hacer con él. Se desborda y pareciera que nos maltrata. Llora Guatemala por nosotros y nosotros lloramos por ella, tal le acontece a la fina sensibilidad de Joe Wikie, a quien la presiento impregnada de nobleza y hubiese deseado mucho conocerla. Gracias, de veras, por querer así, de ese modo tan especial a Guatemala. Luciano Castro Barillas.








NO LLORES POR MÍ GUATEMALA


Por Jo Wilkie


No llores por mí Guatemala, la verdad es que nunca te dejé…

Bueno, sí lo hice. Lo hicimos. Hace un par de semanas regresé con mi familia; con mis tres guatemaltecos híbridos y sin mi guatemalteco.  Y la verdad que fue muy extraño retornar como una madre solitaria, con Saskia en mi regazo y mis muchachos a ambos lados en los vuelos vía Panamá.

Cuando estaba en Buenos Aires, en el 2004, y me percaté que estaba preñada, me puse a caminar lentamente por las calles de Palermo procesando las consecuencias de los rápidos cambios en mi vida. Existe una parte de Palermo en donde todas las calles tienen nombres alusivos a los países de Centro América y decidí detenerme en la calle Guatemala, la cual observé detenidamente. Tomé una fotografía con el nombre de esa calle. Me di cuenta de que si decidía tener a nuestro bebé, nunca podría olvidarme de ese pequeño y turbulento país que el mundo se las había ingeniado para olvidar…. El genocidio que algunas gentes quieren ocultar bajo la alfombra. Quizás todos lo hagamos de alguna manera, porque la realidad de lo que pasó en Guatemala es demasiado para muchos de nosotros. Pero afortunadamente hay personas como la familia de mi esposo quienes nunca le voltearían la espalda a la verdad.

No hay nadie quien pueda mirarme a la cara y decirme que el nombre Rosal Paz Y Paz no es un nombre noble, sin importar en qué lado de la valla sus preferencias políticas se ubican. Principios, humanidad y honor son cosas que todos podemos reconocer en las personas.

Estuve viviendo en Guatemala por 8 años. Todos mis hijos son nacidos ahí. Conocí a extraordinarias personas y aprendí mucho a cerca de la vida y el amor. No puedo decir que fui feliz viviendo ahí, pero mi esposo y mis hijos trajeron a mí una cuota de felicidad que fue suficiente para salir adelante y las buenas amistades contribuyeron en mantenerme al máximo.

Hice de Guatemala un paraíso para mis muchachos, pero a veces no podía ocultar de ellos mi infelicidad  y es algo que lamento. Se convirtió en  mi prisión. Mi bella prisión, con volcanes, jacarandas y buganvilias. Pensé que nunca sería capaz de salir. Ese sentimiento me hacía sentirme angustiada pero mis muchachos siempre me traían de vuelta a la vida. Yo era una madre y esposa y eso fue lo que tuve que tratar de ser y hacer mejor, sin importar la locura del país, la historia; la hipocresía, mi frustración, mi aburrimiento.

Pero una oportunidad en Cuba llegó y nos rescató justo a tiempo. Nosotros escapamos en el momento  en que la historia se estaba repitiendo ella misma. Un gobierno militar de regreso al poder, gente noble perseguida y acusada. Memorias cortas y una fresca hornada de hipocresía y mentiras  para una nueva generación.

De esta manera regresé por una semana, viajando con un pasaporte británico,  sin mi Rafa y pasé esa semana recreando el paraíso para mis hijos. Su ciudad, sus amigos, su niñera, su antigua guardería infantil; sus volcanes. Buenos amigos que nos quieren y que también les queremos. Siempre he sido afortunada en encontrar buenas personas dondequiera que me encuentre… … y agradezco a esas personas por salvarme cuando el balance de la serendipia y la locura se estaba inclinando peligrosamente sobre el lado equivocado.

Mi Rafa dice que quiere morir con sus volcanes, pero ahora mismo nos sentimos aliviados de estar alejados de todo eso. Mi bella Saskia de ojos oscuros, quien es un alma feliz, crecerá con sus primeras memorias en Cuba con el bono adicional de una madre mucho más relajada. Ya tenemos buenos amigos aquí y yo no tengo que mantener mi boca cerrada o estar mirando por encima de mis hombros.

A toda la gente bondadosa de Guatemala. Nosotros regresaremos algún día y yo, mientras tanto, les deseo a todos ustedes mucha buena suerte.



Versión traducida de la original en inglés del blog serendipityormadness.com producido por la escritora y socióloga Jo Wilkie, quien actualmente reside en la Habana, Cuba.








Publicado por Marvin Najarro
CT., USA.

miércoles, 18 de abril de 2012

PROMESAS AL VIENTO…




INTRODUCCIÓN


La marcha campesina es la verdadera Guatemala, la de las grandes mayorías de ciudadanos que se debaten en la extrema pobreza. Esta no es la Guatemala pintoresca de los cantautores de moda, de los pintores primitivistas de cuadros decorativos en las residencias de la pequeña burguesía y en las salas de estar de las agencias de viaje. No es la Guatemala que promociona el Instituto Guatemalteco de Turismo. La marcha campesina es la trágica postal de la Guatemala del dolor, la injusticia y el olvido. Es la Guatemala imprevisible construida día a día por la mezquindad de unos extraños seres humanos (los de CACIF) que lo tienen todo, que lo son todo y no permiten que los demás sean. Una sociedad que inviabiliza la razón, que no le da curso la equidad; que está en pleito constante con la felicidad; está, definitivamente enferma. ¿Para qué sirven los diputados? En naciones como Guatemala, sinceramente, para nada. Son un estorbo, una excrecencia indeseable, una nefanda presencia; son los innominables, los que su sola mención ofende la dignidad y el decoro. Son también sus guaridas (los partidos políticos) el lugar, para las personas que no se dan su lugar. Luciano Castro Barillas.








PROMESAS AL VIENTO


Los diputados se lucieron recibiendo a los campesinos,
pero no les duró el lustre.



Por Carolina Vásquez Araya


Cuando la ciudadanía creyó que los miles de campesinos procedentes de Cobán se irían de regreso con las manos vacías, Gudy Rivera y los jefes de bancadas decidieron invitarlos a dialogar con ellos. Pero las cosas no pararon ahí. Rivera fue mucho más allá al prometerles dar prioridad en la agenda a la ley del sistema nacional de desarrollo rural integral con el propósito de comenzar desde ahí a resolver los graves problemas del campesinado.

Es obvio que las palabras del presidente del Congreso no tuvieron tanto valor como para ser honradas. Ni él ni los jefes de las bancadas del PP, UCN, FRG, CREO y VIVA cumplieron las promesas ampliamente divulgadas y de un plumazo sacaron de la agenda la iniciativa de ley, traicionando su palabra pero también dando el mensaje claro de que en el Congreso quienes mandan continúan siendo los grandes empresarios y la democracia es una palabra vacía de significado.

Aquí el problema es mucho mayor que traicionar una promesa formal. Es el agravio público a la ciudadanía a la cual se deben y con cuyo voto recibieron un mandato constitucional. No es tan grave la mentira formulada como las imprevisibles consecuencias que este hecho puede tener en la vida nacional. El retiro de la ley de desarrollo rural no es nada más una bofetada al campesinado, sino  harakiri de una hueste de políticos acostumbrados a violar promesas con la facilidad con la cual se reparten privilegios, porque con este acto provocan reacciones que podrían poner a prueba el sistema democrático.

¿Qué piden los campesinos que sea tan ofensivo para la clase dominante?

Piden justicia para las familias desalojadas del Valle del Polochic, que desde hace un año viven a la orilla de los caminos como si fueran refugiados de guerra en su propio territorio. Piden una ley de medios comunitarios de comunicación, porque su voz se pierde en un tráfago de influencias que los invisibiliza ante el resto de la sociedad. Piden que no se criminalice la lucha de los pueblos indígenas y también se les consulte antes de imponer la presencia del Ejército en medio de sus comunidades.

En un país como Guatemala, mantener al campesinado en ese estado de marginación no solo es ilegal sino absolutamente irresponsable. Son comunidades cuyos derechos son violados reiteradamente por conveniencia de un puñado de financistas de campaña cuya voz ni siquiera necesita alzarse para que el Estado en pleno se pliegue a sus deseos. Es una situación más que vergonzante, surrealista. Parece una historia de naciones africanas sacadas de un libro de viajes del siglo XIX.

De todas las instituciones del Estado, el Congreso es  -o debería de ser-  la más cercana al pueblo. Su naturaleza es responder a las necesidades de una legislación actualizada, eficiente y orientada a beneficiar y defender a la ciudadanía, no a despojarla de sus derechos.  Sus representantes de ven ser personas intachables, dignas, capaces de honrar la palabra dada y actuar con apego a la Constitución y las leyes. Es lamentable que esta lista de atributos fundamentales parezca un mero cuento de hadas.











Publicado por Marvin Najarro

CT., USA.

martes, 17 de abril de 2012

ARDIÓ EL COLCHÓN EN CARTAGENA…



 INTRODUCCIÓN


La carnal Cartagena (Washington Post) lujuriante se abrió de par en par para recibir a los berracos del servicio secreto estadounidense encargados de la seguridad del buen Obama. El incidente carnal en el que estos probos hombres que representan, según el morenazo presidente, al pueblo de los Estados Unidos y que por lo tanto  deben de observar las más altas normas de integridad y probidad, ha provocado todo un escándalo que ya se están llevando a cabo las primeras investigaciones para determinar el grado culpabilidad de los concupiscentes miembros del servicio-no tan secreto- de seguridad del presidente Obama. Claro que estos típicos machos americanos proveniente de una cultura en donde la industria del sexo (pornografía) como entretenimiento para chicos y adultos es generalizado no se podían quedar atrás y que mejor que un paraíso caribeño para mostrar sus dotes y de paso manifestar que como miembros del país más poderoso del mundo pueden disponer y hacer como les venga en gana en cualquier parte del planeta. El buen Obama, al parecer todavía con dudas ha dicho que de resultar ciertas tales acusaciones se “pondrá muy enojado.” No se sabe si su enojo alcanzará a madame  Clinton quien extenuada de promover las maravillas de la democracia norteamericana y de perseguir y asesinar tiranos por todo el mundo, decidió como toda una buena mujer, muy liberal, empinarse al más puro estilo macho una escarchada bala de plata; perdón, Aguila, por aquello de promover las bondades de los tratados de libre comercio. Lo cierto es que el escándalo que se ha generado en Washington no ha causado ningún revuelo en Cartagena, pues como lo dijo un ejecutivo de la industria de la seguridad en Colombia, (…) la prostitución es parte de la cultura de la ciudad. Es decir, el plan de todo turista que viene a la ciudad, es buscarse una buena compañía. Marvin Najarro









ARDIÓ EL COLCHÓN EN CARTAGENA


Por Luciano Castro Barillas


Los del Servicio Secreto de los Estados Unidos encargados de la  inseguridad del presidente Obama, son los típicos muchachos norteamericanos masticadores de chicle, de gafas contra el sol para recatar el movimiento de los ojos, fornidos por el alto consumo de esteroides que les altera el carácter y el discernimiento y por eso resultan haciendo muladas al lugar donde los llevan, tal el caso de los soldados torturadores contra los detenidos iraquíes y más recientemente los cadáveres de unos talibanes que fueron usados como mingitorio; llegan realmente a esos periplos diplomáticos y políticos a hacer turismo, pero no del ecológico, cultural o histórico, sino del degradante; el turismo sexual. El sexo será siempre intrínsecamente interesante, valioso y una coherencia humana en tanto no se practique con prostitutas, porque entonces, sí que estamos desestructurados emocionalmente en todo sentido, o padeciendo de disonancia cognitiva o trastornos disociativos de identidad. El mundo, pues, reducido a un minimalismo básico de colchón y carne de dos mundos que se diferencias pero que se parecen. Los seres humanos del mundo desarrollado con otras de un mundo subdesarrollado y que al final ambos no sirven para nada. De allí que son serias las dudas sobre la idoneidad de ese personal y su sistema de reclutamiento por el Servicio Secreto encargado de la integridad personal del presidente de la nación más poderosa de la tierra. Estos muchachos pertenecen a la sociedad de la banalización y el consumo, productos genuinos de la subcultura de la televisión y el cine  norteamericano que los hace sentirse superhombres, los héroes de la serie televisiva  Los Hombres Vestido de Negro, o se afeiten las cabezas para imitar al musculoso Van Diesel y al intrépido Bruce Willis, aniquiladores de los peores villanos de la pantalla. Lo que no sabían estos zopencos gringos es que iban a ser vencidos por 11 putas colombianas, y no precisamente a puñetazos, sino con sus encantos servidos a domicilio. Estos del Servicio Secreto de los Estados Unidos, definitivamente, ven mucha tele y leen muy poco, porque de lo contrario no serían tan brutos. Pero visto desde otra manera, tales actitudes nos dicen, al final, la poca importancia que les merece a los políticos norteamericanos esta clase de encuentros políticos. Si algún interés hubo de los Estados Unidos y Canadá  -ambos países ricos-  fue venir a disfrutar del calor caribeño y de las aguas tibias y celestes del mar Caribe, lo demás infinitamente poco importante. Un momento de solaz para Obama después de tantas presiones electorales. La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, hizo lo propio. Se fue el restaurante Havana a beberse unas frías y escarchadas cervezas donde bailó, gritó y se desenfadó de cuanta presión y remordimiento vive por la política imperialista de los Estados Unidos o por el amor contrariado que ha vivido con Bill Clinton, desde la audacia de ser un semental en la Casa Blanca. Los gringos se sintieron en su patio trasero. Estuvieron en un ambiente familiar. En casa de los primos, al punto que el moreno Obama pretextando el calor del trópico no usó corbata. Pero no es realmente un gesto en contra del atildado vestir. Es la real medida con que ve los Estados Unidos a América Latina. Y algo más, elegir el club Havana no es casualidad. No es algo aleatorio. Lo hizo la señora Clinton para recordar los años en que La Habana era el gran casino, el gran prostíbulo de los norteamericanos ricos y los gángsters y que, en ese momento transfigurada La Habana en Cartagena, podía disfrutar un espacio y lugar parecido, en un tiempo y lugar diferente: Colombia. Todavía pueden los norteamericanos ofender los norteamericanos con sus fantasías la dignidad de los colombianos, pues como dijera Ingrid, la prostituta colombiana a la cual no se le quería pagar sus servicios; ella no hizo otra cosa que darle unos veinticinco garrotazos con un palo de escoba al musculoso gringo masoquista, que de bruces en la cama y sin calzones, gritaba de placer.

Esos son los locos, pues,  que carga Obama en su selecto cuerpo de seguridad ¿o inseguridad?












Publicado por Marvin Najarro
CT., USA 

LA RETÓRICA Y MIOPÍA DEL PARTIDO PATRIOTA…


INTRODUCCIÓN

El campesinado guatemalteco y la falta de tierra es el problema fundamental de la sociedad guatemalteca, porque de los 14 millones de guatemaltecos que habitamos este país de profundos valles y abruptas montañas, el 60 % de la población vive en el campo. La extrema miseria asuela a las familias del campo, miseria que se endosa con la indiferencia e inconsciencia  que un país que no atienda a sus grandes mayorías, es inviable e insolvente como Nación. Esto se ha dicho miles de veces y por tantos años. Pero han sido granos de azúcar echados al mar. Ninguna violencia podrá ser resuelta en Guatemala en tanto tenga sentados sus reales, de tal modo, el egoísmo y el desdén hacia hermanos que sufren dolor e injusticias históricas. No nos sorprenda el vendaval que se avecina ante la burla que han sido los campesinos luego de la Gran Marcha Campesina de hace un mes. Y habría qué ver el aplomo del actual presidente para resolver un problema que requerirá de buen pulso político con los sectores tradicionales de poder. No avizoro nada bueno, pero puede ser que me equivoque. Luciano Castro Barillas.





LA RETÓRICA Y LA MIOPÍA DEL PARTIDO PATRIOTA


Por Marcela Gereda

Acaso no les veas, pero están aquí desde hace más que ninguno; puede que no les oigas, pero quizá llevan algo de tu propio rostro, puede que no lo sepas, pero comes lo que ellos siembran, cultivan, cosechan; nuestra mano se alimenta de su mano, de su sudor; y sin embargo, puede que les veas, ni les escuches, ni lo sepas. Son los campesinos que hemos hecho invisibles.


El Partido Patriota prepara un paquete de leyes para reemplazar la ley de Desarrollo Rural. Una ley que ha sido debatida, analizada, consensuada, retomada a través del diálogo multisectorial del análisis económico e histórico de la situación social del campesinado en Guatemala. Cosa que este gobierno y sus congresistas  no parecen comprender ni conocer.


A pesar de lo que varios empresarios han señalado que esta iniciativa es un panfleto marxista setentero.  Y de que el exvicepresidente Rafael Espada le aclaró al sector empresarial que no hay que confundir términos, lo que esta propuesta plantea es elaborar planes, programas y proyectos para la población en situación de pobreza y extrema pobreza de un sector abandonado, desde siempre, por el Estado guatemalteco: el campesinado.


Las demandas realizadas por las organizaciones campesinas fueron una vez más silenciadas. La marcha no tuvo la respuesta esperada. La desesperanza crece en el campo, la retórica se multiplica en la política. Estamos ante el ciclo: movilización-retórica politiquera-incumplimiento-abandono e invisibilidad del campesinado.


Hay aquí enfrentamientos en las formas en las que el mundo aparece ante nosotros, las formas como planteamos los problemas y cómo pretendemos resolverlos: a pesar de que para el PP con estos planes están “modernizando” la agricultura, no hay aquí sino formas de seguir haciendo más de lo mismo. De eso que nunca ha funcionado: repartir fertilizantes.


En cambio, desde esta ley de Desarrollo Rural se le da un papel promotor y tutelar al Estado en el desarrollo de la economía campesina, además, incentiva a la desconcentración de la tierra. No es expropiación.


Por muchos años diversas organizaciones campesinas han observado que la propiedad de más de la mitad de las mejores tierras agrícolas están en manos de pocas familias pudientes, dedicadas a los monocultivos (azúcar, banano, palma africana, y que apenas una cuarta parte de la tierra pertenece a pequeños productores). Con la ley se pretende movilizar las economías campesinas.


En un país como el nuestro, todos debiéramos estar involucrados en devolver al campesinado su lugar y dignidad. Es responsabilidad de todos conocer las formas históricas e injustas de concesión de las tierras. Los campesinos exigen salud, educación, acceso a la tierra, crédito, infraestructura, respeto por la vida que emerge de la tierra. Y, sobre todo, reclaman poder tener decisión sobre sus propias vidas.


Desesperados de la retórica y la miopía de los políticos de turno, los campesinos han emprendido a enfrentar el dilema de la tierra haciendo sus propios ensayos y experimentos, como lo es el de la agroecología, que hace que los campesinos diversifiquen sus productos y apuesten por una seguridad alimentaria.


Este país es privilegiado y maravilloso por muchas cosas, y entre ellas, la existencia de campesinos y comunidades indígenas, formas de vida y conocimientos distintos, que están presentes, cuyo valor no solo es “ser distintos”, sino de haber ensayado durante miles de años el acceso a la tierra y a los recursos comunitarios, para la implementación de formas de producción sostenibles, adaptadas a su medio, e impulsadas por estos conocimientos (mal llamados tradicionales), puede potenciar la alimentación y el desarrollo de la población guatemalteca y también la generación de excedentes para contribuir a la alimentación mundial.


Como sociedad civil exigimos la aprobación de la Ley de Desarrollo Rural Integral, exigimos que se le asigne un presupuesto hondo. Entendemos que el actual gobierno se ha dado cuenta de que, a diferencia que en la época de campaña, su caballo de batalla ya no puede ser combatir la violencia por lo que sale con “Hambre Cero” para lavarse las manos.







Publicado por Marvin Najarro
CT., USA.