domingo, 5 de mayo de 2013

LA BESTIA Y LOS ECOS DEL PASADO


No es nada que tenga que ver con los cuentos e historias de ficción macabra de Edgar Allan Poe. Son historias de horror y tragedia que en el plano de lo real, de lo que se puede ver, sentir y palpar, involucran la vida de seres humanos de carne y hueso, guatemaltecos desdichados, desechados y criminalizados por una sociedad, o mejor dicho, por el pequeño segmento de esta que rige los destinos de un país al que la mala fortuna de ser el laboratorio donde se ha clonado  el perfecto engendro de lo inhumano, lo tiene sumido en el más profundo agujero de las desgracias humanas. Son personas que el actual sistema económico a diario empuja y obliga a abandonar su tierra y sus familias como autentico desterrados en busca de un mejor porvenir, de un sueño en lejanas tierras, que muchas veces es trágicamente demolido en el trayecto. Son seres humanos a quienes el actual gobierno de Guatemala en su furia privatizadora de todos los recursos naturales violenta sus derechos y justos reclamos, declarándolos como terroristas que se oponen al desarrollo e imponiéndoles Estados de Sitio.


LA BESTIA Y LOS ECOS DE
LAS PESADILLAS DEL PASADO


La infeliz mujer había sido otra de las tanta victimas que a su paso  ha dejado por su ruta demoledora de sueños migrantes, “La Bestia”, el así llamado fatídico tren carguero, transporte de último recurso de los desplazados económicos guatemaltecos y del resto de Centro América que buscan refugio en el Norte distante.

(…) Con su pierna rota y con un dolor atroz, Elvira López Hernández quedó tendida sobre la vía férrea, cuando el tren carguero se desplazaba sobre ella, no pudo más que asirse fuertemente a dos cosas: los durmientes de la vía férrea y el recuerdo de su hija de 4 años de edad que ella había dejado en Guatemala.

“Yo dije: ‘¡Dios mío, no quiero morir! ¡Mi hija!’”



Ella se había resbalado del tren en enero, una de las decenas de migrantes  que viajan como polizones rumbo a los Estados Unidos. Ahora como una amputada yace sentada en un refugio aquí en Ciudad Hidalgo, México. Pero ella no tenía la intención de regresar a la ciudad de Guatemala en donde el crimen y la desesperación son parte del diario vivir;  ella no pierde la esperanza de llegar al norte.

¿Qué puedo hacer?”, dijo ella.


La desesperación es tanta que, a pesar del enorme peligro, nadie habla de querer dejarlo pasar.

“Le tengo miedo al tren, pero es algo que usted tiene que hacer”, dice un migrante que como otros esperan con ansias el paso del animal metálico.

La señora López lo sabe muy bien. Su esposo murió hace cuatro años, quedándose viuda a la edad de 18 años y con una niña de 9 meses de edad.

Sin posibilidades de encontrar un trabajo, ella decidió salir rumbo a Florida para reunirse con su hermano quien había logrado establecerse ahí  unos años antes. Él le aseguró que habían muchos trabajos, como mucamas, niñeras, cocineras, y ella esperaba ganar el suficiente dinero para sostener a su hija y a su familia que cuidaba de ella en su país.

Ella logró llegar a México en donde abordó el tren. Pero después de partir se escucharon gritos, la “İMigra!” y luego el tumulto que la envió rodando bajo el tren.
“Cerré mis ojos y soporté el dolor!”, dijo ella.

Eddie Ventura, un guatemalteco de 31 años de edad quien vende afeitadoras desechables, observaba de pie sobre el puente del rio Suchiate en lado guatemalteco de la frontera. Su pierna prostética, una donación de hace mucho tiempo, descansaba sobre un barandal; él al igual que la señora López Hernández había perdido su pierna después de caer del tren, y ahora el observa a sus compatriotas jugarse su suerte.

“Ellos no saben lo que les espera”, dijo el señor Ventura, moviendo su cabeza.

Sin embargo, él no se ha dado por vencido.

“Todavía pienso en llegar a ese país”, dijo él refiriéndose a los Estados Unidos.


Ecos de las pesadillas del pasado


Estos eventos guardan una sorprendente semejanza con el pasado.

A finales del mes de febrero, Tomás Quej, un líder indígena kekchí, fue secuestrado y baleado en la cabeza. En marzo 8, Carlos Antonio Hernández Mendoza un franco proponente de los derechos de los pueblos indígenas fue baleado el 8 de marzo. Tres días más tarde, Jerónimo Sol Ajcot, miembro de la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina, fue detenido por seis hombres enmascarados fuertemente armados quienes luego le dispararon, dejando muerto al líder comunitario de 68 años de edad.

En marzo 17, Exaltación Marcos Ucelo, miembro del Parlamento Xinca, y otros tres miembros  de la comunidad indígena Xinca que había votado abrumadoramente contra un proyecto de minería, fueron secuestrados por doce hombres fuertemente armados. Dos escaparon con heridas y otro fue liberado. Marcos Ucelo fue encontrado muerto. La compañía minera, Tahoe Resources, había amenazado previamente a los líderes. Las autoridades locales y nacionales pese a que habían sido informadas de las amenazas de la compañía, no tomaron ninguna acción.

El 16 de abril, en Santa Eulalia Huehuetenango fue encontrado el cuerpo sin vida del activista Qanjob’al, Daniel Pedro Mateo. Eh había sido secuestrado hacía doce días mientras se dirigía a santa Cruz Barillas donde sería el anfitrión de un taller sobre derechos indígenas. Él había sido un prominente  organizador contra el embalse hidroeléctrico en esa comunidad. Las heridas en su cuerpo indicaban que había sido torturado.

En los primeros tres meses del 2013, 169 personas (30 más que en los primeros tres meses del 2012 y 15 en 2011) que luchan por la defensa de sus derechos han sufrido ataques de diversa índole. La cifra de los primeros tres meses del año fue, de hecho, la segunda más alta desde que UNDEFEGUA, una ONG guatemalteca, comenzó a compilar información en el año 2000.
La Oficina de los Derechos Humanos de la ONU en Guatemala ha urgido al gobierno a tomar medidas de emergencia para garantizar la seguridad de los activistas. “Es inaceptable volver a tales prácticas criminales del pasado para frustrar e impedir el libre ejercicio de los derechos humanos, incluyendo los derechos laborales y la libertad de expresión”, advirtió el Alto Comisionado sobre Derechos Humanos de la ONU, Alberto Brunori. El gobierno guatemalteco no ha adoptado ninguna medida.

Guatemala, de acuerdo al columnista guatemalteco Kajkok Maximo Ba Tiul, se está “encaminando de nuevo a vivir bajo el terrorismo de Estado”. El terrorismo, en su opinión, está dirigido a “allanar el camino para el ingreso de las compañías multinacionales en los territorios indígenas”, en donde están estableciendo minas para la extracción del oro, embalses hidroeléctricos, caña de azúcar y plantaciones de palma africana, y otros proyectos de gran escala.

Lolita Chávez, una líder indígena quiché en una reciente asamblea indígena lo dijo de esta manera: “Las masacres que hubieron en la guerra que duró más de 36 años, las estamos viviendo de nuevo”.

Los ataques a los defensores de los derechos humanos violan un acuerdo específico de los acuerdos de paz. El gobierno se comprometió a combatir a los grupos armados ilegales y a proteger el trabajo de los defensores de los derechos humanos, un término que incorpora a los ambientalistas, sindicalistas, activistas de los derechos de las mujeres, activistas indígenas, y todos los que trabajan defendiendo los derechos básicos.

Rob Mercatante, miembro del equipo de la Comisión de Derechos Humanos de Guatemala/EEUU quien ha trabajado en el país desde la década de los 80, señala que el gobierno en lugar de enjuiciar a los atacantes, está usando el sistema legal contra los defensores de los derechos humanos.

“Ahora tenemos a líderes campesinos, maestros de escuela, activistas anti minería, y otros siendo encarcelados por defender sus derechos, y órdenes de arresto que obstaculizan el trabajo de los activistas”, comentó  Mercatante en un correo electrónico. Con respecto a los escuadrones de la muerte, el hace la siguiente observación, “No existe la necesidad real de asignar el trabajo sucio a agentes de policía, o a los soldados cuando el trabajo puede ser ejecutado por miembros de pandillas o pistoleros a sueldo. Lo novedoso es que estos agentes de la violencia pueden ser contratos ya sea por el Estado o por los propios negocios”.

“Para mí”, prosiguió él, “este escenario es todavía más problemático que el de los escuadrones de la muerte del pasado. Ahora el Estado puede distanciarse el mismo de los más atroces hechos de violencia, mientras que al mismo tiempo trata de esquebrajar a los movimientos de resistencia bajo el pretexto del imperio de la ley –acusando a los líderes de ‘actos de terrorismo’, por ejemplo”.

Pérez Molina se ha fijado como prioridad el restablecimiento de la ayuda militar de los EEUU, cortada hace varias décadas en respuesta a las violaciones de los derechos humanos. Esta meta se vio comprometida cuando el ejército abrió fuego contra manifestantes desarmados y mato a siete en Totonicapán el pasado mes de octubre. Mientras que uno de los requisitos para la renovación de la ayuda militar estadounidense, es el enjuiciamiento de los perpetradores de los crímenes del pasado, el juicio a Ríos Mont ha presentado riesgos inesperados para el presidente. El 4 de abril, un ex soldado testificó que las atrocidades en su área fueron ordenadas por el actual presidente Pérez Molina, en ese entonces un mayor del ejército.

Pese a la necesidad de una victoria en el campo de las relaciones publicas después de ese momento en el juicio, Pérez Molina no mostró ninguna intención en proteger a los activistas. En su lugar su gobierno, al otorgarle la licencia de minería a la compañía sospechosa de estar involucrada en el secuestro de los lideres Xincas y la muerte de Ucelo, ha indicado que los asesinatos seran premiados. Poco después de anunciarse el otorgamiento de la licencia, tres balas penetraron la oficina del Centro de Acción Legal, Ambiental y Social. Yuri Melini, el director, se encontraba adentro.

Melini le ha entregado fotos al vice ministro del Interior en las cuales, según él lo declaró en una conferencia de prensa, “Las fuerzas de seguridad privadas de la mina… conjuntamente con la Policía Nacional Civil están  llevando a cabo acciones ilegales en contra de la población civil”.

El 11 de abril, la Policía Nacional Civil desalojó violentamente a manifestantes que habían acampado en una propiedad privada en las proximidades de la mina. Al menos 26 manifestantes fueron arrestados sin órdenes de captura o causa justa. La policía supuestamente golpeo e hirió a varios de los arrestados.

Pérez Molina  intentó arreglar el daño. Después de que en la corte se le señalara de haber ordenado la ejecución de atrocidades, él viajó al pueblo de Nebaj, en la región Ixil, donde se llevaron a cabo masacres de perversa brutalidad. El alcalde del pueblo habló primero y dirigiéndose al presidente le dijo que era necesario que los residentes de Nebaj se beneficiaran de los recursos naturales de las montañas, los que habían sido protegidos por sus abuelos y ahora ellos quieren protegerlos para heredárselos a sus nietos. El alcalde le pidió al presidente que se suspendieran los proyectos hidroeléctricos en el área. A su turno, Pérez Molina, reconoció el alto nivel de desnutrición crónica en Nebaj. Él había traído “bolsas solidarias” de frijoles e incaparina. Sus seguidores también habían traído grandes pancartas las que fueron colgadas en la iglesia: “En Nebaj no hubo genocidio”, “El pueblo Ixil reconoce a Pérez Molina como a su hijo predilecto”.

Dos de los residentes que portaban carteles demandando justicia por el genocidio –uno de ellos una anciana mujer, sobreviviente de una masacre- fueron atacados por los agentes de seguridad del presidente, quienes rompieron los carteles. En conferencia de prensa los miembros del consejo municipal dijeron, “esto es una ofensa. Ellos ponen rótulos en donde les da la gana pero no quieren que nosotros nos expresemos. … El vino aquí a limpiar su imagen. Nosotros no necesitamos bolsas solidarias. Lo que necesitamos y demandamos es justicia por el genocidio, aplicarles la justicia a todos los involucrados, empezando por Ríos Montt, hasta llegar al actual presidente Otto Pérez Molina y todos sus seguidores”. Ella agregó, “Es una burla que el venga aquí y nos pida que a cambio de frijoles e incaparina olvidemos a nuestros asesinados, a nuestros masacrados”.

No del todo sorprendente, unos pocos días después la sede de las oficinas de UNDEFEGUA fue allanada y saqueada.

A la luz de estos eventos, se está volviendo claro que una mini versión de la guerra de Guatemala está siendo peleada con escasa atención. Involucra la lucha por los derechos a la tierra, completa con la actividad de los escuadrones de la muerte. Mientras tanto, como en el pasado, la impunidad reina. Aquellos que han testificado en contra del ex dictador del país has sido puestos a un lado, conjuntamente con su derecho a la justicia, y otra fosa común ha sido cavada por los poderosos de Guatemala, esta vez para enterrar la verdad.


Nota: El artículo anterior está basado en historias del New York Times y del sitio web de la revista Conterpunch.






Publicado por LaQnadlSol
CT., USA.

sábado, 4 de mayo de 2013

COLONIA BAJO ESTADO DE SITIO



No me preocuparía del terrorismo, los anarquistas no son terroristas, como ingenuamente nos hace pensar cierta “oposición” acrítica, o los mismos medios de información y el gobierno. Lo que sí debería de preocuparnos es la ambigüedad en la noción de terrorismo, y por su elasticidad, que le permite a todo gobierno catalogar como terrorista a cualquier grupo que considere amenazante a su dominio.


Costa Rica
COLONIA BAJO ESTADO DE SITIO


Por Bryan González

Costa Rica no es una nación soberana, es una colonia, sin dignidad alguna. Mientras América Latina responde, protesta y condena las declaraciones de John Kerry, quien afirma que América Latina es el patio trasero de EEUU, llegando incluso a expulsar de los países, a la nociva USAID, como es el caso de Bolivia. Pero en Costa Rica eso no es noticia, ni siquiera importa, nuestro colonialismo opaca cualquier sentido crítico, acá celebramos la “visita” del presidente de EEUU, un genocida. Mientras en el resto del continente condena el intervencionismo, la dominación y el exterminio sistemático que comete el gobierno estadounidense, acá sencillamente pensamos que Obama, tiene toda la autoridad moral para hablar de Derechos Humanos.

Durante la visita del gran tirano no sólo haremos gala de nuestro colonialismo mental, sino que se evidenciará una peculiaridad de nuestra colonia, que se encuentra bajo estado de sitio. El estado de excepción pasa a ser explícito cuando la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) emite la “alerta verde preventiva” por la visita de tan atroz personaje. Resulta interesante lo que la CNE entiende por “alerta”:

“El estado anterior a la ocurrencia de un desastre que se declara con el fin de que los organismos activen procedimientos de acción preestablecidos y para que la población tome precauciones específicas debido a la inminencia de un evento previsible”.

Dudo que el desastre inminente sea algún aguacero, que sería más que deseado en estos momentos de terrible sequía, de la que nadie habla o se queja. Sequía que curiosamente no ha activado ningún tipo de alerta en el CNE, y por tanto quizás no se ha formulado ningún plan de gestión del riesgo. Sin embargo, resultan interesantes las noticias que comienzan a reproducir los medios de información (y vale destacar que no sólo informan sino atacan y violentan la integridad física de manifestantes), curiosamente desde los atentados en Boston, y por la visita del tirano. En primer lugar, 20 bombas incendiarias, en los alrededores del edificio de la Gestapo nacional, la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional (DIS), en San José.

Aparte de ser temporada de mangos, también lo es de extraños artefactos explosivos, como el encontrado y destruido el día anterior a la visita. El artefacto también fue hallado en San José. ¿Pero quiénes pueden estar de todo esto? La respuesta es obvia, el gobierno, pero este, no lo va a aceptar y por eso le echará la responsabilidad a algún incómodo grupo. Curiosamente para este 1° de mayo, la policía decomisó “artefactos explosivos” a su principal chivo expiatorio, los anarquistas. Preocupa que el seguimiento a estos grupos haya conducido a catalogarlos como “grupos de interés” e, inmediatamente vigilados por los servicios secretos estadounidense y más aún que la Fuerza Pública declare como “actos terroristas” lo vivido en este día. Mientras vemos cómo los medios de información y el gobierno han logrado aislar y criminalizar a los movimientos anarquistas –criminalización ingenuamente reproducida por otros movimientos sociales-, se inserta al país de forma contundente a la guerra contra el terrorismo, otro de los propósitos de la visita del gran tirano, pues, no hay cabida para la neutralidad en esta guerra de todos contra todos.

No me preocuparía del terrorismo, los anarquistas no son terroristas, como ingenuamente nos hace pensar cierta “oposición” acrítica, o los mismos medios de información y el gobierno. Lo que sí debería de preocuparnos es la ambigüedad en la noción de terrorismo, y por su elasticidad, que le permite a todo gobierno catalogar como terrorista a cualquier grupo que considere amenazante a su dominio.

Aparte del peligro de que Costa Rica se inserte de lleno en la guerra contra el terrorismo a escala internacional, pues hará al país blanco de ataques reales, es preocupante a lo interno, pues se está tendiendo a un acelerado proceso de consolidación del Estado Policial, y la visita del presidente Obama, ha sido la excusa perfecta para hacer gala de este tipo de estado que opera bajo la excepcionalidad y la represión.

El gobierno y los medios lo celebran con bombos y platillos: el operativo de seguridad más grande en la historia del país. Por esta visita, San José se encuentra ocupado militarmente, y sólo nos dicen que durante la visita, la capital estará tomada. El poder soberano en estas tierras, la embajada de EEUU, tácitamente declara toque de queda, y nos invita a no salir de nuestras “casa-prisión”, para evitar así la implementación de “medidas extraordinarias”. El encargado colonial de la seguridad, también “recomendó” a la empresa privada suspender actividades, por el despliegue militar. Servicios públicos, como hospitales, bancos y demás, quedan suspendidos, al igual que nuestras garantías constitucionales. Los habitantes de las inmediaciones por donde desfilará el gran tirano en su limosina-tanque, han sido investigados por la policía, como si fuesen delincuentes. En nuestros cielos, en los que antes descansaba la paz, ahora sobrevuelan helicópteros de guerra, Black Hawk, medida que tomó el gobierno de EEUU, en su atribución imperial de gobernar en sus colonias, hasta se dio a la tarea de preparar toda una bienvenida, con policías municipales mostrando carteles de recibimiento. Exadministradores coloniales solicitan a la población no protestar durante la visita, y que asuman pacíficamente su colonialidad.

Costa Rica está bajo estado de sitio, San José, su capital, se encuentra bajo ocupación militar. El gobierno de EEUU sostiene que no viene a negociar. El objetivo de la visita es el control militar del Caribe, región de gran importancia geoestratégica para EEUU, principalmente por la gran cantidad de recursos estratégicos que hay en la zona, especialmente en Venezuela. Todo esto oculto bajo la retórica de la guerra contra el narcotráfico, guerra declarada para nunca ser ganada. Otra de las razones de la visita de Obama es el de la consolidación del Proyecto Mesoamérica, mecanismo que le asegura a EEUU el abastecimiento y control de los recursos locales. Por último, otra de las razones podría ser la consolidación de la industria aeroespacial en Centroamérica, aspiración de Costa Rica, por lo que no extraña la visita del exaustronauta Franklin Chang a la Casa Blanca, así como su repentina visita al país para participar en la reunión con Obama. Chang, no figura como héroe, tal como se le representa en el imaginario nacional, sino como presidente de Ad Astra Rocket Company, empresa que desarrolla el motor de plasma, y que cuenta con estrechos vínculos con empresas como ATK, que es parte del complejo militar industrial estadounidense.

Todo parece indicar que el grado de represión inimaginable que Obama ejerce contra su propia población, se ciñe ahora contra todos nosotros. ¿Es el estado de sitio en Boston, una referencia para la administración colonial en Costa Rica? ¿A esto se debe el interés del viceministro de Seguridad así como estudiante e instructor de la Escuela de las Américas, Walter Navarro, de que la ciudadanía delate a toda persona sospechosa por su apariencia, pero sobre todo, por su pensamiento?

Estamos bajo de estado de excepción, todas nuestras libertades y garantías constitucionales (las de la población total del país), han sido suspendidas en nombre de quien representa la mayor amenaza para todas las formas-de-vida de este planeta: los EEUU.













Publicado por LaQnadlSol
CT., USA.

jueves, 2 de mayo de 2013

El 1º. DE MAYO…



(…) La fragmentación y la marginalización de sus elementos radicales, el pragmatismo sin principios, la desmoralización y desmovilización de su base popular, y la eventual disolución han demostrado ser el resultado inevitable de muchos movimientos populares. Desde el movimiento por los derechos civiles y de las mujeres pasando por el movimiento ambientalista y ahora el movimiento por los derechos de los inmigrantes, esta ha sido la historia, después de que ellos mismos permitieron ser secuestrados y sangrados de todas las posibilidades de radicalización por establishment liberal.




El 1º. DE MAYO Y EL FRACASO DEL
MOVIMIENTO  POR LOS DERECHOS DE LOS INMIGRANTES


Por  Ajamu Baraka

¿Cómo pudo el movimiento que fue capaz de hacer que millones de personas desfilaran por las calles en el 2006, permitir el desarrollo de algo llamado “acta de reforma migratoria integral”, que está siendo debatida en el congreso de los Estados Unidos, la cual amplía el programa de trabajadores invitados, dedica millones al fortalecimiento del control migratorio y fronterizo, les deniega a los inmigrantes el acceso a servicios públicos y en general no reconoce los derechos de los migrantes e inmigrantes como plenos seres humanos  con derechos humanos? Esta legislación de ninguna manera refleja el poder y el éxito del movimiento por los derechos de los inmigrantes –en su lugar, pone de manifiesto su pérdida de autonomía y visión. Lo que está siendo vendido como reforma migratoria no es más que una inescrupulosa capitulación a la fuerzas del nativismo, supremacía blanca y oportunismo liberal.

¿Cómo paso esto? Desafortunadamente, el fracaso del movimiento por los derechos de los inmigrantes en los EEUU, es una historia que no es única. Como una constante pesadilla que ha perseguido en los últimos cuarenta años  a los progresistas/activistas radicales y a otros movimientos en los EEUU, la historia del movimiento por los derechos de los inmigrantes, es la historia del movimiento cuyo capítulo final fue predeterminado tan pronto como el mismo permitió ser influenciado por el paternalismo y las políticas conservadoras del complejo industrial liberal sin fines de lucro y del partido Demócrata. La fragmentación y la marginalización de sus elementos radicales, el pragmatismo sin principios, la desmoralización y desmovilización de su base popular, y la eventual disolución han demostrado ser el resultado inevitable de muchos movimientos populares. Desde el movimiento por los derechos civiles y de las mujeres pasando por el movimiento ambientalista y ahora el movimiento por los derechos de los inmigrantes, esta ha sido la historia, después de que ellos mismos permitieron ser secuestrados y sangrados de todas las posibilidades de radicalización por establishment liberal.

Pese a que han habido muchas oportunidades pérdidas y extraños desarrollos dentro del movimiento por los derechos de los inmigrantes, uno de los acontecimientos políticamente de mayor retroceso fue el haber abrazado la narrativa colonialista relacionada al origen y el carácter de los Estados Unidos. Al impulsar la frase “todos somos inmigrantes”, una posición fomentada por los políticos marrulleros del partido Demócrata que secuestró al movimiento, el mismo movimiento colaboró con la narrativa supremacista que borró la presencia de los indígenas en el territorio que se convirtió en los Estados Unidos y la realidad de este como un Estado colonialista de colonizadores blancos.

Esta estrategia de comunicación de ganar “aceptación” de parte de la mayoría blanca es siempre el objetivo de los trapaceros de los medios de prensa contratados para asesorar a los movimientos y campañas emergentes. Sin embargo, esta estrategia de comunicación resultó en que, en vez  de ganar el apoyo del público de raza blanca, esta inconscientemente reforzó la narrativa de los nativistas y de los supremacistas blancos quienes se ven a ellos mismos como, los primeros y los únicos inmigrantes legítimos en un territorio otorgado a ellos por Dios como una “nación blanca”, legitimando el fortalecimiento del control fronterizo y la represión y los componentes necesarios para cualquier acuerdo de reforma migratoria.

Los colonos no son inmigrantes –ellos son invasores. Pero esto por supuesto es un hecho inconveniente, no forma parte de la fantasía colonial que pasa como la historia de los Estados Unidos, ni tampoco es considerada por los proponentes de la “ruta a la ciudadanía”.

Conjuntamente con la brutal conquista colonial y la tentativa de genocidio de los indígenas de esta tierra, los cimientos racistas que justificaron las políticas genocidas y la institución de la esclavitud, así como los cien años de terror racista que siguieron a la declaración oficial del fin de la esclavitud, son temas que asiduamente evitan mencionar los voceros del movimiento por los derechos de los inmigrantes. La excepción al silencio generalizado del movimiento sobre el tema de la raza y el racismo, aun a la luz del pogromo racista dirigido a los migrantes indocumentados de América Latina desde el 2006 -fueron referencias al Dr. King- pero únicamente, y siempre y cuando esas referencias fueran la versión distorsionada y derradicalizada del Dr. King y del movimiento del cual él era el producto.

No todo el mundo dentro del movimiento por los derechos de los inmigrantes ha abrazado esta tontería pequeñoburguesa. Un buen número de organizaciones han estado involucradas en un trabajo ejemplar en torno a los derechos de los trabajadores migrantes, victimizados por las contradicciones de la globalización, que ha resultado en que la inmigración sea la única opción para sobrevivir de muchos trabajadores y agricultores desplazados. Pero para los individuos y organizaciones que no han acatado la directriz liberal “pro ciudadanía” del partido Demócrata, en contraposición a la legalización, había un precio que pagar.  A Esas organizaciones se les disminuyeron, o se les eliminaron  los fondos financieros relegándolas a la última fila del movimiento.

En el futuro cercano la reforma migratoria, en alguna forma, será aprobada, sin embargo, millones de personas se encontraran conque la totalidad de sus derechos humanos han sido denegados, y es nuestro deber continuar batallando por esos derechos. Los valores humanos que tenemos en común y nuestro compromiso con la justicia social pueden servir de fundamento para erigir un movimiento popular, independiente, multinacional y anti opresión, que enfatice  los derechos humanos de las personas, autodeterminación, autentica descolonización, y una politizada perspectiva global que entienda las contradicciones del capitalismo global e imperialismo, que empuja y atrae a las personas a cruzar las fronteras nacionales. En los Estados Unidos existe la base para un nuevo y progresista bloque social, si tan solo pudiéramos ver su potencial forma y luego tener el coraje de batallar con nuestras diferencias y contradicciones para arrebatarle la victoria a la derrota. Esta es la lección clave que  podemos aprovechar de los esfuerzos por una reforma migratoria integral.



Traducido del inglés por Marvin Najarro



Ajamu Baraka es un activista por los derechos humanos y veterano de los Movimientos Black Liberation, contra la guerra, anti apartheid  y solidaridad con Centro América en los Estados Unidos. Actualmente es miembro en el Institute for Policy Studies. Baraka vive actualmente en Cali, Colombia.











Publicado por LaQnadlSol
CT., USA. Auff!

miércoles, 1 de mayo de 2013

DEL TERROR MILITAR…



(…) Durante la guerra fría el terror selectivo y masivo, abierto y clandestino se efectuó en nombre del anticomunismo para aplastar las sublevaciones que genera un orden político (dictadura) y social (miseria y desigualdad) de carácter excluyente. En el contexto de la democracia neoliberal el terror sobre todo selectivo continúa a efecto de garantizar el orden que necesita la voraz acumulación capitalista neoliberal. Al igual que aconteció en los años de la reforma liberal del siglo XIX, lo que hoy estamos observando es un cambio en el modelo de acumulación que sustituye al fordista y keynesiano por uno más depredador, el neoliberal. Esto implica un ejercicio de la violencia que confirma el planteamiento de Marx de que en ocasiones la misma se convierte en una categoría económica.


Guatemala
DEL TERROR MILITAR A LA
VIOLENCIA NEOLIBERAL


Por Carlos Figueroa Ibarra


Presentación hecha en el Foro “Comunidades y Estado Neoliberal en Guatemala, un conflicto irresuelto”. Convocado por la Red de Solidaridad con Guatemala. Posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F. 11 de abril de 2013.

1.       Desde 1996 cuando se firmó la paz que puso fin al conflicto armado interno, la sociedad guatemalteca ha ido mostrando nuevas formas de violencia, que son continuidad, pero también ruptura, en relación a la que observamos en el ciclo anterior, es decir aquel que arrancó en 1954 y culminó precisamente en 1996 con la firma de dichos acuerdos de paz.

2.       Un elemento de ruptura es que durante los años del conflicto armado interno, la parte esencial de la violencia, o por lo menos aquella que llamó la atención e los especialistas, fue la violencia política. Es decir aquella que provino desde el Estado contra sus opositores y también, la que ejercieron esto últimos en contra del Estado mismo y en general del orden establecido. En la etapa del posconflicto no ha sido la violencia política la que ha acarreado el mayor número de víctimas, sino ha sido la delincuencial, sea la que proviene de la delincuencia organizada o de la delincuencia común.

3.       La anterior aseveración puede constatarse con algunos recuentos y análisis que se han hecho durante los años del posconflicto. De acuerdo con datos de la Policía Nacional Civil y de la Comisión de Esclarecimiento histórico, el número de víctimas del conflicto armado interno ascendió entre 1960 y 1996 a aproximadamente 200 mil personas entre ejecutados y desaparecidos de manera forzada. Entre 1996 y 2010, el número de víctimas de la violencia delincuencial ascendía apoco más de 64 mil. Y se proyectaba que en los siguientes 36 años a partir del fin del conflicto, tal cifra podría ascender a poco más de 165 mil.

4.       Estamos lejos pues de vivir aquellos años en los cuales el terror militar, era la forma más visible de la violencia en Guatemala. Hoy la violencia más importante es en términos estadísticos es la que se observa a partir de los actos delincuenciales.

5.       Sin embargo es importante hacer precisiones que arrancan desde el título mismo de esta presentación. Una de ellas tiene que ver con lo que llamamos terror militar. Por tal entenderemos el ejercicio sistemático ejercido desde un Estado cuyo eje vertebral eran las fuerzas armadas y cuyo alto mando tenía un control esencial de la represión del Estado. Este control existió independientemente de que la represión la efectuaran las distintas unidades del ejército, las distintas corporaciones policíacas o por grupos que ejercían el terror clandestino como en su momento la Mano Blanca o posteriormente el Ejército Secreto Anticomunista. La otra precisión es que la violencia neoliberal no se agota hoy en la que generan la delincuencia organizada o común. La violencia neoliberal también es hoy ejercida por el Estado a través de la comisión de cruentos actos represivos ejercido de manera abierta (por ejemplo la matanza en la cumbre de Alaska) o por omisión como sucede con la acción impune que se ejerce mediante el asesinato, amedrentamientos y hostigamientos de los activistas de los derechos humanos y sociales.

6.       La violencia que se ejerció desde el Estado durante los años del conflicto armado fue una modalidad de violencia del estado que puede ser calificada como terror militar, porque fue el ejercicio de la violencia que no hizo distinción entre objetivos militares y población civil. En términos genéricos, esta es precisamente la definición de terrorismo: todo acto de violencia o amenaza de violencia extrema que no distingue a los objetivos militares de la población civil. Si hablamos de terrorismo de estado es por este tipo de violencia se hizo desde el Estado. Y si hablamos de terror militar es porque fueron las fuerzas armadas sus conductores y perpetradores fundamentales.

7.       Esto no quiere decir que la responsabilidad del terror estatal se haya agotado en las fuerzas armadas. Responsabilidad esencial cabe también en la clase dominante cuyos intereses eran preservados a través de la violencia y que cedieron la conducción del Estado a través de la dictadura militar. La gran matanza acontecida en Guatemala entre 1954 y 1996 pudo ser posible porque el conjunto de la clase dominante de manera abierta o vergonzante, la propició y la justificó. Cabe agregar que los sectores más extremistas de ella no sólo se beneficiaron del mantenimiento de un orden social excluyente e injusto sino fueron en ocasiones protagonistas activos del terror estatal.

8.       Por la forma en que el Estado se condujo en el ejercicio del terrorismo de estatal podemos distinguir al terror abierto del terror clandestino. La necesidad de mantener una fachada de democracia liberal hizo que las acciones de terror abierto fueran menos pero no ausentes: son elocuentes ejemplos la masacre de Sansirisay en mayo de 1973, la masacre de Panzós en mayo de 1978, el incendio de la embajada de España en enero de 1980. Sin embargo, la necesidad de la dictadura de embozarse en una democracia de fachada hizo que la inmensa cantidad de acciones de terror estatal fueron clandestinas. Entendemos por terror clandestino todas aquellas acciones de violencia terrorista que el Estado efectuó pero que lo hizo de manera embozada: la actuación del ejército o las policías en zonas rurales aisladas, la organización de grupos operativos encubiertos de ejecución extrajudicial y desaparición forzada, la utilización de membretes que encubrían la acción gubernamental, utilización de seudónimos, casas de seguridad etc.,

9.       Por la magnitud de la violencia también puede distinguirse al terror selectivo del terror masivo. El primero de ellos se observó a través de la ejecución extrajudicial o desaparición forzada de personas en lo individual las cuales habían sido escogidas merced a un trabajo previo de inteligencia contrainsurgente. Generalmente las víctimas del terror selectivo fueron militantes políticos y/o sociales o de los cuales se tenía sospecha de militancia subversiva. Entenderemos por subversión la acción de destruir, desmantelar o derrocar un orden opresivo e injusto. El terror masivo generalmente fue la ejecución extrajudicial o desaparición forzada en gran escala. Ejemplo prístino e terror masivo son las masacres de las comunidades mayas en el altiplano central y septentrional durante los primeros años de la década de los ochenta del siglo XX. Pero también el secuestro masivo de 27 sindicalistas de la Central Nacional de Trabajadores en junio de 1980 o el de los 17 sindicalistas en la finca Emaús Medio Monte en agosto de ese mismo año. Cabe hacer la precisión de que en muchas ocasiones el terror masivo tuvo también un carácter selectivo en tanto que por su actividad, lugar de vivienda o cualquier otro motivo, las víctimas fueron convertidas en un objetivo represivo.

10.   La dictadura militar ejerció de manera alterna el terror clandestino y el terror abierto según las coyunturas que fueron presentándose. De igual manera puede hablarse del terror selectivo y el terror masivo. En términos generales puede decirse que el terror selectivo fue una constante en la vida política del país y fue acentuándose en la medida en que el Estado guatemalteco se fue convirtiendo en una dictadura militar. Este proceso de conversión se cristalizó con el golpe de estado de marzo de 1963.

11.   El terror masivo se ha reservado en Guatemala para aquellos momentos en que se han observado amenazas sustanciales al orden establecido como fue el proceso revolucionario iniciado en 1954, el momento climático del primer ciclo guerrillero y finalmente la gran insurrección indígena articulada al clímax del segundo ciclo guerrillero. Por este motivo podemos decir que en el país se han observado tres grandes olas de terror: la que se observó con motivo de la contrarrevolución de 1954, la que se desató entre 1966 y 1972 para derrotar a la primera insurgencia armada. Finalmente la más grande de todas, la que se observó entre 1978 y 1984, para derrotar al segundo ciclo insurgente. Una vez abatidas estas amenazas o sublevaciones, el Estado retornó a los momentos del terror selectivo como una forma de mantenimiento del orden en tiempos de “normalidad”.

12.   En la Guatemala del momento actual, el debate es si la matanza en gran escala que se observó en el país puede ser calificado de genocidio o simplemente como un crimen humanitario. Si entendemos el genocidio como la destrucción parcial o total de grupos humanos, en términos de la verdad histórica lo que ocurrió en Guatemala indudablemente fue un genocidio. La discusión se ha suscitado en el campo de la verdad jurídica. Esto sucede porque la Convención para la Sanción y Prevención del delito de Genocidio aprobada por la ONU en 1948, habla como tales grupos humanos solamente de los grupos nacionales, étnicos, raciales o religiosos. Alegan los adversarios de la interpretación como genocidio lo ocurrido en Guatemala, que en tanto no se persiguió destruir a ninguno de estos grupos, lo que sucedió en Guatemala no fue genocidio.

13.   Esta interpretación que es esgrimida sobre todo por la derecha contrainsurgente y sus abogados defensores, parten de una premisa cierta para llegar a una conclusión falsa. En efecto el sentido del genocidio en Guatemala no fue el de una “limpieza étnica” o etnocidio. El genocidio en Guatemala fue más bien un politicidio porque el objetivo de la matanza fue acabar con un grupo político, los comunistas (reales o supuestos) y no con un grupo étnico. Si se hubiera conservado el espíritu original de la iniciativa, tal como había sido concebida en 1947 y se hubiera agregado a los cuatro grupos anteriores a los grupos políticos, hoy no habría materia de controversia jurídica.

14.   La falacia contrainsurgente consiste en concluir que como no hubo intencionalidad etnocida no se puede hablar de genocidio. No importa que el genocidio anticomunista haya destruido parcialmente a diversos grupos étnicos en Guatemala, que haya provocado lesiones graves a la integridad física o mental de los integrantes de dichos grupos, que los haya sometido intencionalmente a condiciones de existencia que acarreó su destrucción física, que haya traslado por la fuerza a niños de estos grupos étnicos a otros grupos.

15.   El genocidio en Guatemala tuvo causas históricas de largo alcance: el hábito terrorista construido en la época colonial para mantener el orden en una sociedad sustentada en el trabajo forzado de los indígenas; el racismo construido para legitimar la represión y la expoliación a dichos pueblos indígenas; el orden dictatorial necesitado por la acumulación originaria y la articulación a la exportación cafetalera; la paranoia anticomunista surgida después de la insurrección de 1932 en El Salvador y llevada a su máxima expresión por la guerra fría; el miedo oligarca que generó la década revolucionaria de 1944-1954 y finalmente el orden heredado por la contrarrevolución de 1954 que fue excluyente, autoritario y con escasa legitimidad.

16.   El resultado de todo ello fue el surgimiento de dos otredades negativas que fueron la fuente de legitimación para el genocidio: “el indio” y “el comunista”. Sabido es que las grandes matanzas siempre han necesitado de la construcción de tales otredades negativas para poder legitimar el exterminio en grandes magnitudes. Se construye un “nosotros” al mismo tiempo que se construye una alteridad que resume lo deleznable y lo que constituye una amenaza para ese “nosotros”: patria, familia, religión, identidad, raza. En Guatemala el “indio” fue expresión de una condición humana deleznable y expresada en vicios y defectos como la hipocresía, holgazanería, abulia, ignorancia y suciedad. El “comunista” fue expresión de seres humanos resentidos socialmente, apátridas, tributarios de Moscú y La Habana, enemigos de la religión y de la familia. Las otredades negativas unidas a una cultura autoritaria, oscurantista e intolerante se convirtieron en Guatemala en la cultura del terror. Por tal entenderemos un conjunto de valores políticos y morales intransigentes ante la diferencia y una propensión a eliminar al otro en lugar de entender sus razones.

17.   Hemos enfatizado ya en las diferencias que hay entre la violencia observada en Guatemala durante los años de la dictadura militar y la que hoy se observa en el contexto de la democracia neoliberal. Pero es necesario enfatizar en las continuidades. Por ejemplo la persistencia actual de la cultura del terror generada por el pasado colonial y la paranoia anticomunista. Hoy esta cultura del terror ha agregado nuevas otredades negativas a las que ya existían. En el contexto delincuencial que ha desatado el neoliberalismo ha surgido “el delincuente” figura que generalmente es asociada a la delincuencia común asociada a la pobreza. La predilección de la cultura del terror por la eliminación de las otredades se expresa en esta ocasión en la popularidad urbana que tiene la noción de “limpieza social” denominación positiva que tiene la ejecución extrajudicial del malhechor.

18.   Si el auge delincuencial crea sus propias otredades negativas, las necesidades de la voraz acumulación neoliberal también crea las suyas. La expansión capitalista neoliberal que se apropia de ámbitos, territorios y productos antes no apetecidos por el capital, ocasiona perjuicios como son la depredación ambiental, el envenenamiento de las aguas, la disminución del afluente de las mismas, la expropiación de tierras, la destrucción de tejidos sociales y culturales y por tanto, la rebelión de todos los que se sienten afectados por tales atrocidades. Los llamados megaproyectos como son las minas a cielo abierto, las cementeras, hidroeléctricas, proyectos carreteros, cultivos de gran demanda en el mercado mundial (palma africana o caña de azúcar), la precariedad laboral, los bajos salarios, las reformas educativas neoliberales y las resistencias o rebeldías que generan, se plasman en la cultura del terror en una nueva otredad negativa: el “bochinchero”. Es decir todo aquel o aquella que organiza tumultos, barullos, alborotos o asonadas. “Bochincheros” son pues todos los activistas de los derechos humanos y sociales. También aquellos que luchan contra la impunidad de la que han gozado los violadores de los derechos humanos durante el conflicto interno. El “bochinchero” se asocia a otra categoría que tiene hoy una dimensión latinoamericana como es el “populista” y ambas son continuación en los tiempos de la posguerra fría, de la otredad negativa del “comunista”. Y si el “comunista” era tributario de Moscú y La Habana hoy el “bochinchero” lo es de Noruega y Suecia.

19.   En la lógica de la cultura del terror el “bochinchero” es un disolvente social que destruye la paz social que necesita Guatemala para encauzarse por el desarrollo. El desarrollo es lo que hacen los buenos guatemaltecos con su trabajo al propiciar la modernización que necesita el país. Desarrollo y modernización son todos los emprendimientos que invierten capital, crean fuentes de trabajo y construyen la senda del progreso. El “bochinchero” a menudo es un antiguo guerrillero o terrorista que no acepta la derrota que el ejército propinó a la guerrilla y que busca venganza en lugar de justicia. Por eso persigue el encarcelamiento de militares y civiles que defendieron la patria del comunismo y con ello abren viejas heridas, continúan por otras vías el conflicto interno y con ello están provocando una nueva guerra interna en Guatemala.

20.   La consecuencia de la anatematización que genera la cultura del terror es una suerte de permisividad social ante el asesinato, agresiones físicas, amenazas de muerte, encarcelamientos de activistas de derechos humanos y sociales o bien de cateos, asaltos y destrucción de bienes a organizaciones sociales. Lo que desde hace años observamos de manera creciente en Guatemala es el terror selectivo que se ceba en dichos activistas. Durante la guerra fría el terror selectivo y masivo, abierto y clandestino se efectuó en nombre del anticomunismo para aplastar las sublevaciones que genera un orden político (dictadura) y social (miseria y desigualdad) de carácter excluyente. En el contexto de la democracia neoliberal el terror sobre todo selectivo continúa a efecto de garantizar el orden que necesita la voraz acumulación capitalista neoliberal. Al igual que aconteció en los años de la reforma liberal del siglo XIX, lo que hoy estamos observando es un cambio en el modelo de acumulación que sustituye al fordista y keynesiano por uno más depredador, el neoliberal. Esto implica un ejercicio de la violencia que confirma el planteamiento de Marx de que en ocasiones la misma se convierte en una categoría económica.

21.   Un recuento de las agresiones contra activistas de derechos humanos y sociales publicado en 2011 por la Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos de Guatemala (UDEFEGUA), consignaba que entre enero de 2000 y febrero de 2011 habían ocurrido 2,285 agresiones. Estas agresiones comprendían desde asesinatos hasta amenazas telefónicas pasando por detenciones ilegales, persecuciones, robos y violaciones sexuales. Se observaba una tendencia creciente en el número de agresiones pues si en el año 2000 las mismas ascendía a 59, en 2009 llegaban a 353 mientras que solamente en enero y febrero de 2011 las mismas ascendían a 202. Contrastándolo con el año anterior (2010) en el cual las agresiones habían llegado a 305, en sólo los dos primeros meses de 2011, las agresiones a los activistas ya comprendían el 66% de todas las que habían acontecido en el año anterior. En los primeros dos meses de 2011, el promedio diario de agresiones a los activistas era de 3.4 y comparado con el primer bimestre de 2010, el de 2011 acusaba un aumento de las mismas era de un 336%. Resulta revelador el que de las 202 agresiones acontecidas en el primer bimestre de 2011, 175 (87%) fueron dirigidas hacia pueblos indígenas y ambientalistas. Es decir las comunidades que se estaban luchando contra los proyectos cementeros y de minería abierta como acontecía con los pobladores de San Juan Sacatepéquez (Departamento de Guatemala) y San Miguel Ixtahuacán (San Marcos). En ese primer bimestre de 2010, 10 activistas fueron asesinados. Figuraron entre los asesinados sindicalistas, activistas comunitarios, artistas independientes, asociados gremiales y activistas indígenas.

22.   Las agresiones de diverso tipo, entre ellas el asesinato, de dirigentes y activistas sociales es algo que se está dando independientemente del signo político que tenga el gobierno de turno. Hemos consignado cómo durante el gobierno de Álvaro Colom, las cifras de agresiones crecieron y cómo en el primer bimestre del último año de su gobierno (2011) los datos fueron particularmente cruentos. En marzo y mayo de 2011 los campesinos K’ekch’is del valle del Polochic fueron objeto de brutales desalojos en beneficio de empresarios cañeros de la región. El nuevo gobierno encabezado ahora por el general Otto Pérez Molina se ha visto involucrado en masacres como la observada en la cumbre de Alaska contra los 48 cantones de Totonicapán. Entre febrero y marzo de 2013 el saldo ha sido de nueva cuenta cruento: el asesinato del dirigente campesino Tomás Quej (28 de febrero), del dirigente Ch’ortí Ignacio López Ramos (5 de marzo), del dirigente popular Carlos Hernández (8 de marzo), del líder Tz’utujil Jerónimo Sol (12 de marzo), la captura arbitraria del activista de los derechos humanos Rubén Herrera (15 de marzo), el secuestro de cuatro dirigentes del pueblo Xinca y el asesinato de uno de ellos (Exaltación Ucelo, 17 de marzo), los asesinatos de la sindicalista salubrista Santa Alvarado (21 de marzo), la sindicalista municipal Kira Enríquez (22 de marzo). A esto hay que agregar allanamientos, amenazas de muerte, intentos de secuestro. Entre enero y octubre de 2012 organizaciones de derechos humanos registraron 254 ataques a defensores de derechos humanos y sociales.

23.   La gran cuestión a discernir es el papel del Estado en todos estos acontecimientos represivos. Podemos advertir una autoría estatal evidente en los actos de represión abierta (por ejemplo el despojo y represión en el Valle de Polochic en 2011 o en la matanza de la cumbre de Alaska en 2012). En los actos de terror selectivo la autoría puede ser a través de agentes estatales encubiertos o escuadrones de la muerte amparados en la impunidad. Buena parte de los asesinatos y otro tipo de agresiones han sido imputadas a sicarios probablemente pagados por las empresas involucradas en los proyectos mineros, cementeros o hidroeléctricos. Probablemente sea el caso de los tres campesinos indígenas asesinados en Santa Cruz Barillas (Huehuetenango) el 1 de mayo de 2012. En todo caso estamos viviendo ahora de manera creciente una violencia neoliberal en la cual el Estado por comisión o por omisión es responsable de estas acciones que vuelven a ser actos de terror dirigidos a aniquilar cualquier voluntad de rebeldía o transformación.

24.   Finalmente, hay que terminar estas reflexiones por donde fueron comenzadas. A 16 años de haber concluido el conflicto interno con la firma de los acuerdos de paz de diciembre de 1996, el terror estatal protagonizado por la dictadura militar ha sido sustituido por una violencia generalizada que tiene diversos actores. Entre estos se encuentra el crimen organizado -expresado fundamentalmente por el narcotráfico-, que tiene una presencia apabullante en el Estado y sociedad guatemaltecos. Además del narcotráfico se observa la creciente delincuencia común que asuela particularmente al área metropolitana del país. Estas violencias son expresión de un Estado fallido que en realidad expresa una sociedad fallida, la del fracaso neoliberal. A la par de esta violencia puede también observarse la que la acumulación capitalista provoca para poder lograr la reproducción ampliada del capital a través del despojo, la expoliación y la depredación ambiental. El Estado guatemalteco participa activa o pasivamente, por comisión o por omisión en esta última forma de violencia que tiene los rasgos del terror selectivo. La violencia de la democracia neoliberal en Guatemala presenta pues rupturas en relación a la violencia que se observó durante los años de la dictadura militar. Pero también hay continuidades en la cultura del terror, el hábito contrainsurgente, en el recurso del miedo para la reproducción de la ganancia y el privilegio.












Publicado por  LaQnadlSol
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