viernes, 3 de julio de 2026

El declive del poder simbólico de Estados Unidos

Durante décadas, la influencia estadounidense estuvo fundamentada no solo en el poder económico y militar, sino también en el dominio cultural: el poder blando. La pugna actual quizá ya no sea por quién gobierna el mundo, sino por quién lo define. Es posible que Estados Unidos esté perdiendo no solo su dominio geopolítico, sino también su dominio simbólico.

 

TODO ES CUESTIÓN DE IMAGEN: EL DECLIVE
DEL PODER SIMBÓLICO DE ESTADOS UNIDOS



Daniel Warner
Counterpunch

Mientras los expertos discuten sobre quién estuvo en control de la situación durante la reciente cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, sin evitar hablar sobre potencias en ascenso y en declive (“Trampa de Tucídides”), existen corrientes políticas subyacentes mucho más profundas. Los cigarrillos Marlboro, durante mucho tiempo un símbolo de la más ruda masculinidad estadounidense están bajo asedio. El New York Times publicó recientemente un artículo de opinión titulado “How American Cool Dies” o “La muerte del estilo cool estadounidense”. Durante décadas, la influencia estadounidense estuvo fundamentada no solo en el poder económico y militar, sino también en el dominio cultural: el poder blando. La pugna actual quizá ya no sea por quién gobierna el mundo, sino por quién lo define. Es posible que Estados Unidos esté perdiendo no solo su dominio geopolítico, sino también su dominio simbólico.

Pocos símbolos plasmaron ese dominio de manera más contundente que el “Marlboro Man”. La campaña publicitaria del “Marlboro Man”, lanzada a mediados de la década de 1950, en pleno apogeo del poderío estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, fue histórica. Antes de los anuncios con temática vaquera, Marlboro vendía aproximadamente 18 millones de cigarrillos al año. En dos años, las ventas se dispararon hasta alcanzar unos 20 mil millones de cigarrillos, lo que supuso un aumento del 300 %.

El emblemático vaquero galopando en su caballo encarnaba toda una mitología estadounidense. Ya fuera solo o acompañado de unos cuantos compañeros vaqueros, el “Marlboro Man” era fuerte, viril, independiente y conquistador: todo lo que representaba el mito estadounidense de aquella época. Proyectaba el poderío estadounidense que gran parte del mundo admiraba y, a menudo, imitaba.

En la práctica, Philip Morris International (PMI) ya ha comenzado a alejarse de la era del cigarrillo. Su director ejecutivo, Jacek Olczak, llegó incluso a declarar que “los cigarrillos deben estar en los museos”, mientras la empresa se orientaba hacia alternativas como los cigarrillos electrónicos. Varios de los famosos “Marlboro Men” fallecieron posteriormente a causa de enfermedades relacionadas con el tabaquismo, lo que convirtió a los cigarrillos Marlboro en “mata vaqueros”. La mitología que en su día simbolizó la vitalidad y la confianza masculina pasó a simbolizar cada vez más el declive y la mortalidad. Los paquetes de cigarrillos que antes vendían libertad ahora muestran imágenes de pulmones putrefactos, gargantas cancerosas y fumadores moribundos.

Pero el verdadero daño a la mitología de Marlboro fue cultural, no una cuestión médica. El cáncer de pulmón mermó las ventas de cigarrillos; la cultura popular transformó radicalmente la imagen del vaquero. “Brokeback Mountain” hizo visible ese cambio, cuestionando la imagen ruda del arquetipo del Salvaje Oeste. La película de Ang Lee de 2005, sobre dos peones de rancho que mantienen una relación romántica, ganó tres premios Óscar y contribuyó a redefinir el mito del vaquero. “Brokeback Mountain” puso de manifiesto lo frágil que se había vuelto la masculinidad del Salvaje Oeste al estilo de John Wayne y Clint Eastwood. El vaquero no desapareció porque fumar resultara perjudicial para la salud. Desapareció porque el mito estadounidense que representaba perdió su autoridad cultural.

Puede que el “Marlboro Man” haya perdido relevancia cultural, pero no la estrategia que lo sustentaba. Solo han cambiado los símbolos, no la lógica que vincula la identidad con el tabaquismo. Esa lógica reaparece ahora en la campaña promocional de Marlboro de Philip Morris International, que, según los críticos, presenta los cigarrillos como parte de un estilo de vida.

Mark Hurley, vicepresidente de la organización Campaign for Tobacco-Free Kids, afirmó: “No se puede decir que los cigarrillos deben estar en un museo y, al mismo tiempo, lanzar una campaña mundial para que los cigarrillos Marlboro se conviertan en un elemento fundamental de la imagen que los jóvenes tienen de sí mismos”, según citó Kat Lay en un artículo publicado en The Guardian.

Lisda Sundari, presidenta de la Fundación Lentera Anak de Indonesia, afirmó que la campaña de PMI vinculaba estrechamente el tabaquismo con la personalidad. “Lo que resulta preocupante no es solo la propia promoción de la marca del cigarrillo, sino la forma en que la campaña relaciona el tabaquismo con la identidad, la autoexpresión, la confianza, el sentido de pertenencia y el estilo de vida”, señaló. “Un eslogan como ‘I AM Marlboro’ presenta la marca casi como parte de la personalidad o la identidad social de una persona, lo que puede resultar muy atractivo para los jóvenes que aún se encuentran en proceso de formación de su identidad”.

El «Marlboro Man» ya no existe. Las ventas de Marlboro continúan descendiendo. Pero el mito nunca desapareció del todo: solo cambió de forma e identidad.

El “Marlboro Man’ no era más que una expresión de una proyección estadounidense más amplia de lo “cool” como forma de poder cultural. El vínculo entre identidad, autoexpresión, confianza, pertenencia y estilo de vida también incluía la ropa estadounidense. Como escribió Henrik Sunde Wilberg en un reciente editorial del New York Times: “La producción cultural y estilística de Estados Unidos no solo era omnipresente, sino también ‘cool’, incluso contracultural, aún entre quienes detestaban el papel del país en los asuntos internacionales”.

Wúilberg destaca que la ropa estadounidense sigue siendo “cool”, pero ahora principalmente en su versión vintage -a menudo en forma de jeans descoloridos, chaquetas militares excedentes, jerséis universitarios y ropa de trabajo de la America profunda de los años 50-. Reconoce la importancia del poder blando estadounidense y la nostalgia que rodea a ese periodo vintage. “Aunque la ropa de tiendas como Union Fade… da testimonio del perdurable uatractivo del estilo estadounidense, ahora son más artefactos históricos que parte de algo que se mantiene vigente en el presente; repositorios de la cultura material del imperio estadounidense, diseminados a lo largo de las sendas geopolíticas del orden mundial de la posguerra. Este sedimento material está destinado a perdurar más allá del siglo estadounidense”.

El poder simbólico de Estados Unidos no ha desaparecido por completo. Aunque Nike, Apple, Hollywood, Netflix, el hip-hop y la cultura de Silicon Valley siguen siendo un modelo a seguir a nivel mundial, ya no proyectan un mito nacional único como lo hacía en su día el “Marlboro Man”. La antigua imagen de la masculinidad del salvaje oeste estadounidense se ha fragmentado en un panorama difuso de algoritmos, marcas y subculturas. La influencia estadounidense persiste, pero su hegemonía simbólica y geopolítica se ha debilitado.

En este sentido, tanto los cigarrillos como la ropa han pasado de ser un símbolo de aspiración a convertirse en un simple objeto. Los cigarrillos Marlboro y la ropa vintage estadounidense ya no tienen que ver con el futuro, sino con el pasado. Wilberg llega incluso a preguntarse: “¿Alguien puede detener la destrucción de toda una vida del “cool” estadounidense?”.

El poder blando se hace visible precisamente cuando empieza a desaparecer. La reacción contra los intentos de Philip Morris International de vender Marlboro a una generación más joven no podría estar más alejada de la época en la que el “Marlboro Man” proyectaba el dominio geopolítico estadounidense. Del mismo modo, el atractivo de la ropa vintage estadounidense refleja una nostalgia por una época en la que lo “cool” se asociaba ampliamente con Estados Unidos.

Las imágenes son importantes porque los imperios son, en parte, proyecciones teatrales. En su día, Estados Unidos no solo vendía productos, sino también una identidad. El “Marlboro Man” encarnaba toda una mitología de conquista del Viejo Oeste, masculinidad y libertad. Su vestimenta —el sombrero de vaquero y las botas— formaba parte de esa imagen.

Como señala Wilberg sobre el movimiento MAGA y la nostalgia: “Para quienes se sienten desposeídos tanto material como culturalmente, el movimiento Make America Great Again fue, desde sus inicios, un sueño colectivo de estilo vintage…”

Las grandes potencias entran en decadencia por partida doble: primero en la realidad y luego en la imaginación. La cuestión de fondo no es si China superará a Estados Unidos en lo económico o en lo militar, sino si alguien menor de treinta años todavía se identifica con el arquetipo estadounidense de los cigarrillos Marlboro, los jeans vintage y todo lo demás. Cuando ese deseo se desvanece, el imperio ya ha entrado en su fase de extinción.




Publicado por La Cuna del Sol

lunes, 11 de mayo de 2026

Escudo de las Américas

Como en los años de Bush, la política estadounidense en el hemisferio occidental vuelve a enfocarse en operaciones “antiterroristas” como las llevadas a cabo en Ecuador, salvo que ahora son las fuerzas armadas, y no el Departamento de Estado, las que llevan las riendas: ¿quién necesita ahora la fachada de la Organización de los Estados Americanos o la Cumbre de las Américas que Bill Clinton inauguró en Miami en 1994?

 

ESCUDO DE LAS AMÉRICAS



Forrest Hylton
London Review of Books

Los rasgos precisos del “CorolarioTrump” a la Doctrina Monroe, anunciado el pasado mes de septiembre, se han ido evidenciando. La región ha sido testigo de unas elecciones sospechosas en Honduras; del bombardeo y el asesinato de más de 150 pescadores en el Pacífico y el Caribe; del secuestro y la extradición del presidente Nicolás Maduro en Venezuela; del asesinato del narcotraficante “El Mencho” en México; la captura, en Bolivia, por parte de las fuerzas estadounidenses, de Sebastián Marset, quien dirigía la rama uruguaya del Primeiro Comando da Capital de Brasil; y operaciones militares conjuntas entre Estados Unidos y Ecuador que condujeron al bombardeo de un supuesto campamento de la guerrilla de las FARC en la frontera colombiana, dejando al menos 25 muertos.

La primera Cumbre del Escudo de las Américas se celebró el 7 de marzo en uno de los complejos de golf de Donald Trump en Florida. El presidente de EE. UU. dijo a la docena de jefes de Estado aliados reunidos en el Trump National Doral Miami que no tenía tiempo para aprender “vuestro maldito idioma”. Les reprendió por el alcance del crimen organizado en sus países, como si las políticas antidroga de EE. UU. no tuvieran nada que ver con ello. Trump dijo que estaría encantado de utilizar misiles contra los traficantes si sus socios se lo pidieran, y que Cuba estaba “al final de la lista”. Pete Hegseth declaró que solo hablaba “americano”.

Como en los años de Bush, la política estadounidense en el hemisferio occidental vuelve a enfocarse en operaciones “antiterroristas” como las llevadas a cabo en Ecuador, salvo que ahora son las fuerzas armadas, y no el Departamento de Estado, las que llevan las riendas: ¿quién necesita ahora la fachada de la Organización de los Estados Americanos o la Cumbre de las Américas que Bill Clinton inauguró en Miami en 1994?

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, acaparó la atención en el Doral por expulsar al personal diplomático cubano y violar la Constitución de su país (los votantes rechazaron su referéndum para permitir la presencia de bases o fuerzas militares estadounidenses en territorio ecuatoriano). Nayib Bukele, presidente de El Salvador y “carcelero” de Trump en el extranjero, estaba allí, junto con Nasry Asfura, quien no sería presidente de Honduras de no ser por Trump. El argentino Javier Milei ha acogido con entusiasmo la posibilidad de una cooperación militar con las fuerzas especiales estadounidenses, el FBI y la DEA. Es difícil imaginar que Chile, bajo el mandato de José Antonio Kast, se oponga.

En virtud de la Carta de Doral, los Estados participantes pueden adquirir material militar estadounidense mediante préstamos sin intereses. La Carta también establece un fondo destinado a puertos e infraestructuras, ya que uno de los objetivos aparentes de la ofensiva militar contra los “carteles” es recuperar el terreno económico perdido frente a China. Queda por ver qué parte del dinero prometido se materializa, o cómo se relacionan ambos objetivos entre sí.

El 10 de marzo, el Congreso de Paraguay aprobó un proyecto de ley que otorga inmunidad diplomática a todo el personal militar y civil de defensa estadounidense. El proyecto de ley permite a estas personas vestir uniformes militares estadounidenses, portar armas estadounidenses y circular por las carreteras del país con permisos de conducir estadounidenses. Los ciudadanos estadounidenses estarán sujetos a la legislación estadounidense, y no a la paraguaya. Estados Unidos tenía un acuerdo similar en Irak, y los británicos tuvieron uno en la China del siglo XIX. Este será el primer acuerdo de este tipo en Sudamérica.

Las autoridades paraguayas tienen derecho a ser informadas cuando el ejército estadounidense traslade aviones, embarcaciones y vehículos terrestres por territorio paraguayo, pero no a inspeccionarlos. La Marina y la Guardia Costera de Estados Unidos tienen previsto aumentar su presencia en los ríos por los que transita gran parte de la cocaína producida en Perú y Bolivia hacia puertos atlánticos como Montevideo, Santos, Río de Janeiro y Salvador de Bahía, antes de cruzar hacia África Occidental y Europa.

Al igual que Milei, el presidente paraguayo, Santiago Peña, ha declarado al “Cártel de los Soles” organización terrorista, a pesar de que el Departamento de Justicia de EE. UU. ha explicado a Trump —quien quería acusar a Maduro de ser su líder— que dicha organización no existe. Peña se abstuvo de comentar los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, pero condenó los ataques de este último contra las monarquías del Golfo. Peña también ha solicitado al FBI que dirija un centro de formación antiterrorista para compartir información de inteligencia y luchar contra Hezbolá e Irán en la región de la triple frontera.

En una reciente reunión con Lula, Trump intentó insistir en que Brasil designara al PCC y al Comando Vermelho (CV) como “organizaciones terroristas”. El presidente brasileño se negó a acceder a ello (el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, se mostró más complaciente). Lula fue uno de los únicos cinco jefes de Estado que asistieron a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños celebrada en Bogotá el 21 de marzo, donde advirtió de los peligros del “nuevo colonialismo”, pero Itamaraty sigue imaginando el futuro de Brasil más como miembro del grupo BRICS que como parte de América Latina: sigue siendo incapaz de abordar, y mucho menos de afrontar, los problemas regionales. Esto tiene profundas raíces históricas. Pero si alguna vez hubo un momento para cambiar el enfoque de la escena mundial a la región, con el fin de ejercer un liderazgo muy necesario, es ahora.

Las encuestas indican que la carrera presidencial en Brasil está prácticamente empatada entre Lula y Flávio Bolsonaro. Si Flávio resultara elegido en octubre —con la ayuda de Trump—, es casi seguro que seguiría el ejemplo de Trump y concedería la amnistía a su padre, Jair, así como a los altos mandos militares que se encuentran actualmente encarcelados por su participación en los disturbios ocurridos en Brasilia el 8 de enero de 2023. Probablemente se produzca cierto nivel de “cooperación” entre el ejército y la policía con las agencias estadounidenses para combatir las “organizaciones terroristas” similar al de Paraguay, aunque, sin una reforma penitenciaria los líderes del PCC y del CV actualmente encarcelados permanecerán en su condición actual.

Con la quiebra del Banco Master y la detención de su director, Daniel Vorcaro, se está destapando un escándalo de corrupción en el que están implicados jueces del Tribunal Supremo, políticos de todos los partidos, destacados empresarios y funcionarios del Gobierno. Lula no se encuentra entre ellos, pero Flávio Bolsonaro aún podría encontrar la manera de sacar ventaja política del escándalo, independientemente de cuántos de sus aliados puedan estar involucrados, y a pesar de que el Gobierno de su padre fue el más corrupto —el listón está alto— desde el retorno de Brasil a la democracia en la década de 1980. El índice de desaprobación de Lula se sitúa en el 61 %. La victoria en octubre no será fácil.




Publicado por La Cuna del Sol

miércoles, 25 de febrero de 2026

Estados Unidos sueña con una nueva era colonial

El discurso de Rubio fue un llamado a los sátrapas que están dispuestos a actuar como fuerzas proxy para luchar por la hegemonía global de Estados Unidos, tal y como ya están haciendo los europeos con respecto a Ucrania.

 

ESTADOS UNIDOS SUEÑA CON UNA
NUEVA ERA COLONIAL



Moon of Alabama

En un discurso pronunciado en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el secretario de Estado, Marco Rubio hizo un llamado a la restauración de la era colonial:

"En un mundo perfecto, todos estos problemas y muchos más se resolverían mediante diplomáticos y resoluciones enérgicas. Pero no vivimos en un mundo perfecto y no podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada y abierta a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras abstracciones del derecho internacional que ellos mismos violan habitualmente

Este es el camino que el presidente Trump y los Estados Unidos han emprendido. Es el camino al que les pedimos que se unan aquí en Europa. Es un camino que antes hemos recorrido juntos y esperamos volver a recorrer juntos. Durante cinco siglos, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, Occidente se había estado expandiendo: sus misioneros, peregrinos, soldados y exploradores salieron de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo.

Pero en 1945, por primera vez desde la época de Colón, estaba entrando en declive. Europa estaba en ruinas. La mitad vivía tras una cortina de hierro y el resto parecía que pronto seguiría sus pasos. Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por las revoluciones comunistas ateas y por los levantamientos anticolonialistas que transformarían el mundo y cubrirían con la hoz y el martillo rojos vastas extensiones del mapa en los años venideros.  

En ese contexto, entonces como ahora, muchos llegaron a creer que la era del dominio occidental había llegado a su fin y que nuestro futuro estaba destinado a ser un eco débil y fugaz de nuestro pasado. Pero juntos, nuestros predecesores reconocieron que el declive era una elección, y fue una elección que se negaron a tomar. Esto es lo que hicimos juntos una vez, y esto es lo que el presidente Trump y los Estados Unidos quieren hacer de nuevo ahora, junto con ustedes".

Arnaud Bertrand resume:

El hombre lamenta literalmente el resultado de la Segunda Guerra Mundial porque marcó el fin de la era durante la cual “Occidente se había estado expandiendo”, un “camino” que “espera que Estados Unidos y Europa caminen juntos de nuevo”.

Y debemos comprender muy claramente las intenciones de Rubio: quiere restituir la construcción de “vastos imperios que se extienden por todo el mundo” y culpa los “levantamientos anticolonialistas” por lo que le hicieron a “los grandes imperios occidentales”.

Afirma además que no se puede seguir permitiendo que “abstracciones del derecho internacional” sean un obstáculo a los intereses de Estados Unidos.

Básicamente, el hombre está afirmando abiertamente que todo el orden poscolonial fue un error y está pidiendo a Europa que comparta el botín de construir uno nuevo.

Algunos de los imbéciles presentes en la sala aplaudieron esa tontería revisionista.

Bertrand Advierte:

¿Cuál es la idea aquí? ¿Que los Estados Unidos de Trump ꟷ“Estados Unidos primero”ꟷ se volvería de repente magnánimo y compartiría con Europa solo por pura afectividad? El imperialismo no funciona así: toda su premisa se basa en que los fuertes dominan a los débiles.

Cuando una potencia imperial habla de sentimientos, de lo mucho que te aprecia y de cómo quiere asociarse contigo ꟷla parte mucho más débilꟷ eso es motivo de preocupación, no de aplauso...

El discurso de Rubio fue un llamado a los sátrapas que están dispuestos a actuar como fuerzas proxy para luchar por la hegemonía global de Estados Unidos, tal y como ya están haciendo los europeos con respecto a Ucrania.

Pero Rubio vive en el pasado. Un pasado en el que los europeos, gracias a su supremacía en el campo de la guerra, podían conquistar y devastar vastas zonas del planeta:

“Occidente conquistó el mundo no por la superioridad de sus ideas, valores o religión [...], sino por su superioridad en el uso de la violencia organizada. Los occidentales suelen olvidar este hecho; los no occidentales nunca lo olvidan”.

Samuel P. Huntington, The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order

Afortunadamente, Occidente ya no tiene acceso exclusivo a las armas. Ya no puede reunir las fuerzas necesarias (tecnología, dinero, personas e ideología) para someter al planeta. Cualquier intento de hacerlo solo acabará en desastre.

Por lo tanto, Europa haría bien en mantenerse alejada de las descabelladas tonterías de Rubio. 




Publicado por La Cuna del Sol 

martes, 17 de febrero de 2026

¿Sobrevivirá Cuba?

Nacida en crisis, fortalecida por el rechazo, Cuba se enfrenta una vez más a la asfixia económica por parte de Washington, que se dispone a dar el golpe de gracia tras sesenta y siete años de ataques contra la isla.

 

¿SOBREVIVIRÁ CUBA?



Michael Smith
Counterpunch

Nacida en crisis, fortalecida por el rechazo, Cuba se enfrenta una vez más a la asfixia económica por parte de Washington, que se dispone a dar el golpe de gracia tras sesenta y siete años de ataques contra la isla. *

Desde el triunfo de su revolución en 1959, los cubanos han enfurecido a los líderes estadounidenses con su genio especializado en superar catástrofes, ya sean huracanes, inundaciones, invasiones, secuestros, ataques químicos, ataques biológicos o guerras económicas.

Entre desastre y desastre, comen, beben, bailan y se divierten.

Hoy, con la segunda llegada de Trump, el secuestro de Nicolás Maduro y el corte del suministro de petróleo venezolano a La Habana, los cubanos se enfrentan a una escalada muy familiar del sadismo imperial para hacerles suplicar por ayuda.

Las paradas de autobús están vacías y por las calles circulan menos coches y peatones. La falta de combustible es palpable y muchas gasolineras han cerrado. Air Canada ha suspendido sus servicios a la isla.  

Las familias recurren a la leña y el carbón para cocinar debido a los constantes cortes de electricidad. Las restricciones de emergencia imponen una semana laboral de cuatro días, la reducción del transporte entre provincias, el cierre de las principales instalaciones turísticas, la reducción de la jornada escolar y de los requisitos de asistencia presencial en las universidades.

Pero, de alguna manera, la vida sigue en La Habana y hay mucho que hacer. Cerca de la estación de trenes, en el paseo marítimo, la gente pesca. Cuando cae la noche, los barrios se llenan de jóvenes que participan en proyectos culturales o juegan al fútbol o al baloncesto.

Recientemente una mujer cubana de 32 años, llamada Yadira, expresó muy adecuadamente una parte fundamental de la psicología nacional al periodista Louis Hernández Navarro del diario mexicano La Jornada. Hace dos años, abandonó la isla con la esperanza de llegar a Estados Unidos, dejando a su hija de nueve años y a su hijo de siete con sus abuelos. Nunca llegó a Estados Unidos y tuvo que quedarse en Ciudad de México, trabajando en una pescadería del mercado de Nonoalco. Ahora está de vuelta en La Habana.

“Por muy lejos que esté de mi hogar”, expresa, “una parte de mí sigue estando en Cuba, y no me refiero solo a mis hijos... No quiero que le pase nada malo a mi país. No me gusta la política, pero lo que estamos viviendo con Trump va más allá de la política. ¿Cómo es posible que alguien que ni siquiera es cubano venga y decida cómo tenemos que vivir?”.

Navarro comenta que quienes ahora confían en precipitar un “cambio de régimen” estrangulando a Cuba, olvidan lo íntimo que son los lazos con el país natal, lo rápido que incluso personas apolíticas como Yadira pueden verse provocadas a una resistencia feroz. Es una manera tonta de olvidar, aunque muy frecuente.

Señala Navarro que no es la primera vez que se dice que el fin de la revolución cubana está cerca. En 1991, el periodista argentino, Andrés Oppenheimer, publicó el libro “La hora final de Castro”, fruto de una estancia de seis meses en Cuba y de quinientas entrevistas con altos funcionarios y opositores al gobierno.

Colaborador del Miami Herald y CNN, Oppenheimer vive en Estados Unidos y mantiene estrechos vínculos con la comunidad cubana exiliada en Miami. Según Navarro, el libro describe lo que el autor consideraba el inminente colapso de Fidel Castro y la revolución cubana tras tres décadas en el poder.

Pero el tan ansiado resultado se evaporó rápidamente. Las previsiones optimistas sobre la rápida e inevitable desintegración del gobierno cubano, escritas cuando caía la “cortina de hierro” y desaparecía la URSS, resultaron ser un espejismo. Difundidas promiscuamente como una especie de evangelio en los periódicos y en la televisión, las predicciones no se cumplieron. Fidel Castro vivió obstinadamente otros 25 años, fue sucedido en el poder por su hermano Raúl, quien, a su vez, fue sucedido por Miguel Díaz-Canel.

Treinta y cinco años después, la agresión militar estadounidense contra Venezuela y el secuestro del presidente Maduro han reavivado la profecía del fin inminente de la revolución cubana. La fantasía se alimenta de extrapolaciones sobre la importancia que tuvo el “chavismo” para la supervivencia de la política revolucionaria en la isla, llegando a conclusiones precipitadas de que el régimen comunista colapsará abruptamente.

Es cierto que en la época de Hugo Chávez se enviaban hasta cien mil barriles diarios de petróleo venezolano a Cuba, y tras la imposición del bloqueo económico contra el gobierno de Maduro (2021-2025), la cifra se redujo drásticamente a treinta mil barriles diarios, lo que supuso un duro golpe para la economía de la isla. Hoy en día, La Habana solo cuenta con unos 40 000 de los 100 000 barriles diarios que necesita, mientras que la aplicación de su plan para promover las energías renovables con el fin de depender menos de los combustibles fósiles avanza a un ritmo más lento que las crecientes necesidades del país.

Por si eso fuera poco, Trump ha endurecido el bloqueo energético, amenazando con imponer sanciones a los países que se atrevan a suministrar combustible a Cuba. Esto tiene consecuencias profundamente negativas para la salud pública, la alimentación y, por supuesto, la vida cotidiana. Los cubanos ya sufrían frecuentes cortes de electricidad, así como una escasez y privaciones a una escala nunca vista desde el “período especial” de crisis económica tras la caída de la Unión Soviética en 1991, pero ahora deben soportar cortes casi constantes. En muchas partes de la isla, los cortes duran más de la mitad del día.

¿Pero significa eso que el colapso del gobierno cubano es inminente o que está a punto de producirse un “cambio de régimen”? El viceprimer ministro cubano, Oscar Pérez-Oliva Fraga, afirma rotundamente que no: “Se trata de una oportunidad y un reto que, sin duda, superaremos. No vamos a colapsar”.

Señalando la determinación de tantos cubanos que resisten y la cohesión social nacida del rechazo al crudo intervencionismo de Trump, Navarro afirma que los anuncios del fin de la revolución cubana no son más que un fantasma nacido de los anhelos de redención de quienes odian a Cuba y de Trump para ganar votos para las próximas elecciones de mitad de mandato.

Con el fin de revitalizar la idea de que el cambio de régimen tiene futuro, varias plataformas de noticias del ámbito de Washington han difundido recientemente el mensaje de que el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, llamó a Estados Unidos para solicitar un diálogo serio, lo que, según se dijo, representaba un cambio de postura del Gobierno cubano hacia Estados Unidos, provocado por la absurda declaración de Trump del 29 de enero** en la que proclamaba que la pequeña Cuba era una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y advertía de represalias.

Pero en realidad no hubo ningún cambio de postura, solo la enésima invitación al diálogo y al entendimiento entre ambos países, sobre la base de la igualdad y el respeto mutuo, algo en lo que Cuba siempre ha insistido.

Desde el punto de vista de Cuba, la última fase de los ataques estadounidenses contra la isla comenzó con la campaña de exterminio en Gaza y la parálisis mundial que permitió que se llevara a cabo, lo que alentó las ilusiones de omnipotencia en Washington.

Ahora Donald Trump quiere imponer el hambre a los cubanos para que renuncien al socialismo, lo cual no es en absoluto una idea nueva. Al igual que sus predecesores en el Despacho Oval, no quiere que haya una base para políticas antiimperialistas en ninguna parte del mundo, y mucho menos a solo noventa millas de distancia de Estados Unidos.

Después de todo, Cuba envió alguna vez a cientos de miles de soldados a miles de kilómetros de su país para humillar a la Sudáfrica blanca en el campo de batalla. Su fulgurante avance en el suroeste de Angola y su electrizante derrota de las fuerzas del apartheid en Cuito Cuanavale, en la que destacó el dominio cubano de los cielos, fueron acontecimientos clave para derrocar al odioso régimen. Nelson Mandela dijo que la victoria cubana en Cuito Cuanavale “destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco [e] inspiró a las masas combatientes de Sudáfrica... Cuito Cuanavale fue el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente ꟷy de mi puebloꟷ del flagelo del apartheid”.

En su primer viaje fuera de África, Mandela puso como prioridad visitar La Habana en julio de 1991 para entregar un mensaje de gratitud en persona al pueblo cubano: “Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo cubano. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”.

Hasta 2008, Estados Unidos consideraba a Mandela como terrorista, y en la actualidad considera a La Habana como un régimen terrorista.

Una locura. Mientras tanto, en Cuba, contra viento y marea y una creciente ola reaccionaria, un pueblo orgulloso y resistente, superviviente de mil traiciones y asediado por un vil bloqueo, sobrevive desafiante.

 

Notas.

 

* Esta arrogancia imperial se remonta a Thomas Jefferson, quien quería anexionar Cuba.


** "Abordando las amenazas al Gobierno de los Estados Unidos por parte del Gobierno de Cuba" www.whitehouse.gov

 

Fuentes

 

Luis Hernandez Navarro, “Cuba: a society forged in crises: we have endured them all” La Jornada, February 7, 2026 (Spanish)

 

Gabriela Vera Lopes, “A Solidarity That Takes Risks and Puts Our Bodies On The Line is Indispensable,” February 6, 2026, www.rebelion.org (Spanish)

 

“From blackouts to food shortages: How U.S. blockade is crippling life in Cuba,” Al Jazeera, February 8, 2026

 

Ignacio Ramonet & Fidel Castro, Fidel Castro – My Life (Scribner, 2006) pps. 316-25

 

Piero Gleijeses, Visions of Freedom – Havana, Washington, Pretoria, and the Struggle for Southern Africa 1976-1991, (University of North Carolina, 2013, pps. 519, 526




Publicado por La Cuna del Sol

lunes, 12 de enero de 2026

El ataque contra Venezuela

Lo ocurrido en Venezuela este 3 de enero, nos ha conmocionado a todas y todos los amigos de la Revolución Bolivariana.

 

ANÁLISIS GEOPOLÍTICO DEL
ATAQUE CONTRA VENEZUELA



José Ernesto Nováez Guerrero
La Jiribilla

Lo ocurrido en Venezuela este 3 de enero, nos ha conmocionado a todas y todos los amigos de la Revolución Bolivariana. No solo porque desde 1989 no ocurría algo de esta magnitud en nuestra región, sino también porque la forma en que se desarrollaron los hechos durante esa fatídica madrugada de inicios de 2026, abre numerosas interrogantes, que solo el tiempo aclarará en su total dimensión y significado.

Aunque resulta tentador para un analista y militante intentar desenredar el hilo de Ariadna de los hechos y acciones internos que concluyeron con la captura del legítimo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa, y que costaron muchas y valiosas vidas, considero que lo más útil en este momento es intentar entender el rumbo y las implicaciones que se abren para la región y el mundo con el accionar de los Estados Unidos. Sembrar dudas e incertidumbres en un país que intenta recomponerse ante una agresión contribuye a fracturar la unidad de las fuerzas revolucionarias internas, que es lo más importante hoy para preservar la continuidad del proyecto y sus conquistas. Además de que, con la información disponible y las campañas de guerra sicológica y comunicacional en curso, es fácil caer en prejuicios o falsas concepciones sobre el liderazgo del proyecto en este momento actual o en torno a figuras puntuales.

Los sucesos recientes dejan al menos dos lecciones claras: la agresión contra Venezuela aún no ha concluido y las acciones de Estados Unidos responden a una agenda mucho mayor que solamente hacerse con el control de petróleo y los recursos naturales venezolanos. Luego de su artero ataque la madrugada de este 3 de enero, la administración Trump dejó claro su intención de dirigir Venezuela hasta garantizar una transición “adecuada” para los intereses de Estados Unidos y amenazó directamente a otros países de la región: Colombia, México y Cuba. El mensaje, al final del día, era para la región en su conjunto y sobre todo para aquellos países con gobiernos que sostienen una agenda de soberanía nacional y protección de sus recursos naturales.

Esta agresividad de Trump, que era visible desde su anterior mandato, ha encontrado en este nuevo período en la Casa Blanca una forma de expresión más acabada. Y no es que Trump sea más agresivo que otros presidentes de Estados Unidos (basta solo con dar un vistazo a la historia reciente), sencillamente está cambiando el foco de esa agresividad, motivado por dos hechos indiscutibles: el fracaso de la política militar de Estados Unidos en Asia Occidental y el creciente rezago de la economía estadounidense con respecto a China.

El perfil de la política de Washington en la región de Asia Occidental puede remontarse por lo menos a 1945, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt se reúne con el rey Ibn Saud de Arabia Saudita. A partir de ahí se consolida el pacto estratégico de petróleo por seguridad, que convierte a la región en un espacio central de los intereses estadounidenses. Aunque en esta etapa la presencia es más política y económica que militar, sienta las bases de la intervención futura. La primera intervención directa y agresiva es posible situarla en 1953, con el golpe de Estado en Irán contra el primer ministro Mohammad Mossadegh, organizado por la CIA y el MI6 británico, tras la nacionalización del petróleo iraní. Este episodio marca el inicio explícito de la política estadounidense de cambio de régimen en Oriente Medio, y es considerado por muchos historiadores como el verdadero comienzo de la escalada intervencionista.

Durante las décadas de 1960 y 1970, Estados Unidos profundiza su implicación respaldando regímenes autoritarios aliados, fortaleciendo su apoyo estratégico a “Israel” y ampliando su presencia militar indirecta en el contexto de la Guerra Fría. La región se vuelve un tablero central de la competencia con la Unión Soviética, lo que legitima, desde Washington, una política cada vez más coercitiva. La escalada entra en una fase nueva y más militarizada tras la Revolución iraní de 1979, la crisis de los rehenes y la proclamación de la Doctrina Carter en 1980, que declara al Golfo Pérsico como zona de interés vital para Estados Unidos, justificando el uso de la fuerza para protegerlo. Desde ese momento, la intervención militar directa pasa a ser una opción explícita y permanente.

La desaparición de la URSS no cambió la agenda de Washington en la región. Numerosas invasiones y agresiones se sucedieron en los noventa y principios de los dos mil, fundamentalmente para garantizar el control de los recursos energéticos regionales. Sin embargo, la fuerte presencia militar estadounidense no garantizó la existencia de gobierno estables en los países invadidos y, por el contrario, fortaleció el auge de la Resistencia, como opción antiimperialista regional. El descalabro definitivo en Afganistán marcó el cambio de política en la estrategia exterior de esta administración. Miles de miles de millones, incontables vidas afganas y de militares estadounidenses y décadas de ocupación militar, no impidieron el retorno victorioso del movimiento Talibán al poder.

A todo esto se suma el hecho de que, precisamente a finales de los noventa y principios de los años 2000, se da el triunfo en la región de América Latina de varios gobiernos de corte nacionalista y progresista, algunos de los cuales inician un proceso más o menos radical de recuperación del control sobre sus recursos naturales, lo cual, inevitablemente, afecta los intereses de compañías norteamericanas en esos países. Son estos los años, también, en que China acelera aún más su desarrollo y comienza a desplazar a Estados Unidos como principal socio inversor y comercial en numerosos países del área, incluyendo economías colosales, como la brasileña.

Otro proceso que pudiera ser útil para entender lo que está ocurriendo tiene que ver con la mayor comprensión que se alcanza, en esos años, de la dimensión de los recursos naturales en América Latina. Washington siempre supo de las riquezas regionales y las explotó en su beneficio. Sin embargo, en las primeras dos décadas del siglo XXI se dan dos hechos que resultan ilustrativos de este punto. En 2011, Venezuela, que ya era un gran productor y exportador de petróleo confirma que, además, tiene las mayores reservas confirmadas a nivel global de hidrocarburos. Con cifras de 2024, Venezuela registró más de 303 200 millones de barriles de petróleo, seguido en segundo lugar por Arabia Saudita, con 267 200 millones de barriles e Irán, con 208 600 millones de barriles.

Adicionalmente, entre 2008 y 2010 se confirma que las mayores reservas de litio en el planeta se encuentran en el denominado como “triángulo del litio”: Argentina, Bolivia y Chile. Esto en un momento en que el auge de la tecnología digital ha convertido el litio en un recurso cada vez más estratégico para la hegemonía imperial.

Estos factores son parte de lo que explica la nueva estrategia imperialista de Estados Unidos, sintetizada en su doctrina de seguridad nacional, hecha pública a principios de diciembre de 2025. Esta Doctrina Monroe 2.0, Doctrina “Donroe” o Corolario Trump, como se quiera llamarlo, implica el retorno del eje de prioridad de la política exterior de Estados Unidos a América Latina y un enfoque distinto en su relación con el resto del planeta. De acuerdo con su actual presidente, el país se reserva el derecho de intervenir en cualquier parte donde considere que están siendo afectados sus intereses. Y como demuestra el caso de Venezuela, es muy flexible lo que Trump considera como “sus intereses”. Recordemos que, en su visión del mundo, el petróleo que yace en el subsuelo venezolano es propiedad estadounidense. Estados Unidos también dice abandonar la política de grandes invasiones y ocupaciones terrestres, sustituyéndola por un enfoque de “hit and run”, basado en el despliegue arrollador de superioridad técnica y militar por cortos períodos de tiempo contra objetivos específicos.

En la medida que se han ido agudizando las contradicciones de las potencias, con el ascenso de China, Estados Unidos ha ido abandonando la retórica liberal y retomando el viejo discurso y enfoque imperialista decimonónico. Trump es su expresión más visible, con constantes declaraciones que exponen al desnudo los intereses de Washington y que chocan con la retórica promovida por defecto por las instituciones del poder norteamericano.

Las acciones contra Venezuela son la puesta en práctica de este nuevo enfoque. Se articulan con todo el entramado de la política exterior de esta administración y responden a los mismos fines nacionalistas mezquinos. Se vinculan con las presiones y amenazas a Panamá, las declaraciones de intención sobre Groenlandia y la intromisión abierta en las elecciones en Honduras. Son parte del apoyo abierto y solapado, pero siempre presente, del retorno al poder en los países de la región de gobiernos autoritarios pro Washington, con escaso o nulo interés en la defensa de la soberanía y los recursos naturales. Gobiernos que son un recordatorio constante de la fragilidad de nuestros procesos independentistas americanos, la dependencia crónica de nuestras grandes burguesías nacionales a poderes externos y las inconsecuencias de lo que algunos teóricos han denominado como “ciclos progresistas”, muchos de cuyos gobiernos fueron incapaces de garantizar la continuidad de sus proyectos políticos, abriendo la puerta a la reacción.

Resulta importante también señalar que, mientras preparaban y ejecutaban la agresión contra Venezuela, Washington y su aliado sionista han promovido numerosos disturbios dentro de Irán. El propio Ayatollah Jameini advirtió que, si bien hay una base de descontento legítimo en las protestas, por la compleja situación económica que atraviesa el país, hay también numerosos agentes violentos del enemigo alimentando la escalada de la violencia.

Trump, en el paroxismo celebratorio de lo que percibe como una victoria contra Venezuela, declaró a Irán como un objetivo próximo, algo que activa las alarmas y trae el recuerdo del reciente conflicto donde la nación persa y su infraestructura nuclear fueron ilegal e inmoralmente agredidos.

Por último, la tibia reacción internacional ante lo ocurrido en Venezuela, incluyendo la lenta y tímida reacción de los órganos garantes del derecho internacional, hace temer que estamos asistiendo a la muerte del multilateralismo y del “mundo basado en reglas” que el propio Occidente configuró luego de la segunda guerra mundial. Esta alerta, que se ha reiterado en múltiples espacios y que hoy se hace más evidente, implica, en la práctica, el quiebre de las Naciones Unidas y la agudización de numerosas tensiones que podrían agravar sustantivamente el escenario político internacional. Es una crisis en cierta forma previsible, por la naturaleza del modelo económico imperante a nivel global, pero que no deja de tener numerosas implicaciones para los pueblos y el futuro de la especie.

Las tareas más urgentes en esta hora, considero, pasan por organizarnos, articularnos y prepararnos teóricamente. Solo la teoría revolucionaria nos dará las armas para poder incidir, práctica y efectivamente, en el mundo que vendrá. También, reitero, debemos apoyar a Venezuela en esta hora tan difícil y no sumarnos a campañas especulativas. Recordemos que más allá de los procesos políticos que se puedan o no haber verificado en las élites, hay en las bases un extraordinario proceso de articulación política y social, hay comunas por todo el territorio nacional, que forman parte de lo que debemos defender con urgencia. Ya habrá tiempo para el análisis crítico. Hoy la tarea es apoyar, defender y denunciar.




  Publicado por La Cuna del Sol

viernes, 19 de diciembre de 2025

Redadas de inmigración en Nueva Orleans

Parece interesante que una ciudad con un clima invernal fabuloso en general se convierta en el nuevo centro de atención durante las vacaciones, incluso, convenientemente, en la temporada de Mardi Gras. Será una divertida distracción para las jackboots que podrán disfrutar de las celebraciones que no existirían sin la mezcla de innumerables culturas en la ciudad. Las culturas que ellos vendrán a erradicar, por supuesto.

 

APUESTO QUE SÉ DÓNDE CONSEGUISTE TUS BOTAS MILITARES:
REDADAS DE INMIGRACIÓN EN NUEVA ORLEANS



Kathleen Wallace
Counterpunch

Otra ciudad se está preparando para recibir el “despliegue” de un contingente de inmigración. Esta vez, le toca el turno a Crescent City. Los detalles del plan de Nueva Orleans aún no están del todo claros, pero hay indicios de que las fuerzas que estuvieron desplegadas recientemente en Charlotte podrían llegar al sureste de Luisiana en diciembre, en lo que sería una invasión de la peor clase.

Parece interesante que una ciudad con un clima invernal fabuloso en general se convierta en el nuevo centro de atención durante las vacaciones, incluso, convenientemente, en la temporada de Mardi Gras. Será una divertida distracción para las jackboots que podrán disfrutar de las celebraciones que no existirían sin la mezcla de innumerables culturas en la ciudad. Las culturas que ellos vendrán a erradicar, por supuesto. Desplegarse después del 30 de noviembre significa que también podrán evitar la temporada de huracanes y cualquier preocupación por verse obligados a ayudar si uno de ellos azota la zona. No es que vayan a ofrecer ayuda alguna. Esta tropa que se aproxima viene con fines de destrucción y desplazamiento, lo que en realidad tiene más en común con los huracanes que con cualquier otra cosa.

Es aún más cruel si tenemos en cuenta que gran parte de la comunidad inmigrante de esta ciudad procede de Centroamérica. Países que se volvieron inestables y violentos debido al caos respaldado por Estados Unidos, a menudo a instancias de corporaciones como United Fruit. Nueva Orleans tiene una larga historia de estar implicada en este tipo de asuntos. En 1910, un grupo de gánsteres conspiradores, liderados por el ridículamente llamado Lee Christmas, se reunieron en la zona roja de Storyville, en Nueva Orleans, a instancias del ridículamente apodado Sam “The Banana Man” Zemurray (de United Fruit). Desde Storyville, planearon su asalto a una nación que no satisfacía los intereses corporativos del momento. Zemurray los necesitaba para deshacerse del gobierno del presidente Miguel Dávila en Honduras. El presidente quería limitar la propiedad extranjera en la nación y hacer que estos grupos especuladores pagaran impuestos. ¡Inaceptable! ¡Inaceptable! A lo mejor conozcan la antigua casa de Sam, es donde vive hoy el presidente de Tulane. A Sam se le han perdonado muchas fechorías porque regaló algunas cosas. Es como si un ladrón limpiara tu casa de todas las antigüedades y te devolviera, bueno... una banana a cambio. Pero, de todas maneras, sí, el líder de Honduras fue derrocado y otra nación más quedó inestable por culpa de manos ridículas y codiciosas.

Por supuesto, ese tipo de destrucción liderada por Estados Unidos en Centroamérica no terminó ahí. Las aventuras hondureñas fueron llevadas a cabo principalmente por intereses corporativos que recibieron un guiño y un empujoncito del gobierno estadounidense, sin embargo, en 1954 se estaba gestando un complot más flagrante respaldado por el gobierno estadounidense. Jacobo Árbenz, elegido democráticamente y proponente de la reforma agraria en Guatemala, también se estaba volviendo inaceptable para los intereses estadounidenses. Árbenz quería la reforma agraria debido a que los saqueadores extranjeros poseían y controlaban el 40 % de la tierra cultivable del país. El infortunado Árbenz no solo luchaba contra el Gobierno estadounidense, sino que también tenía que lidiar con el sobrino de Sigmund Freud, Edward Bernays. Este era el hombre de relaciones públicas que convenció a las mujeres de que al fumar estaban encendiendo “antorchas de libertad”. Este tipo fue capaz de convencer a las mujeres de que la posibilidad de desarrollar tos de fumador, enfermedades pulmonares obstructivas y posiblemente cáncer era en realidad bastante liberador. Pero me estoy desviando del tema, estamos hablando de Guatemala.

Así que Bernays realizó una película propagandística titulada, “Journey to Banana Land”, para asustar a los estadounidenses y hacerles creer que estas tierras bananeras no eran más que avanzadillas del poder soviético y que cualquier medida era aceptable para neutralizar la amenaza. Parte de la propaganda consistía en mostrar escenas de masacres y culpar de ellas a Árbenz, cuando en realidad las escenas procedían de otros conflictos. El término “república bananera” proviene, por supuesto, de esta época. Nueva Orleans estuvo muy involucrada en la infraestructura que hizo posible la distribución a gran escala de bananas, desde cretinos como Sam the Banana Man y los “Ice Kings” que facilitaron parte del transporte. Las bananas eran muy importantes, por extraño que parezca hoy en día. Pensemos en las guerras por el petróleo a lo largo de los años; no hay nada nuevo bajo el sol y, cada vez que un recurso se vuelve lo suficientemente valioso, se cometen actos horribles para que los beneficios económicos se mantengan ininterrumpidamente.

De regreso a Guatemala en los años 50... El conocido y perfectamente cuerdo, Howard Hunt, fue el hombre clave de la CIA en ese golpe de Estado en particular. Ayudó a otros a crear una región enormemente desestabilizada. Aparecieron hombres crueles y codiciosos que trastornaron países enteros. Arrebataron a los ciudadanos su autonomía e intentaron robarles su dignidad. Fue un espectáculo enfermizo cuyas ramificaciones continúan. Creó lugares con guerras civiles encarnizadas y violencia relacionada con las drogas. Los intereses corporativos querían una población trabajadora dócil y sumisa, y no dudaban en dejar vacíos de inestabilidad creciente cuando ello convenía a sus intereses financieros.

Las personas huyeron de estas zonas conflictivas y, a menudo, encontraron trabajos agotadores y mal remunerados en los Estados Unidos. Trabajaban en los lugares que habían provocado la inestabilidad de sus propios países. Según la narrativa que prolifera hoy en día, que haría sentir orgulloso a Bernays, estas personas son ahora consideradas los villanos. Paradójicamente, si en su árbol genealógico había puritanos pervertidos como los que había en el mío, aquellos que abandonaron Europa porque la gente no los soportaba -bueno, ese es realmente un pedigrí que podemos avalar. Es una marca de honor, que las familias cuentan a sus hijos. La de “tus antepasados que se marcharon para construir una vida en un nuevo mundo y por eso estamos increíblemente orgullosos de ellos”. Si alguien huyo honestamente por razones de seguridad de Centroamérica o simplemente por la capacidad de mantener a tu familia con su duro trabajo, pero no era blanco, esto lo convierte en el ser maligno del momento. La clásica lógica del abusador. Por eso quieren borrar la verdadera historia y crear nada más que una narrativa artificial al estilo Bernays.

Algo más que se agrega a todo esto es que gran parte de la actual directriz imperial de odiar a los que vienen de México y de los países centroamericanos es muy probablemente solo un intento artificioso de buscar un chivo expiatorio debido al predominio de los tech bros y su infiltración en el movimiento MAGA. Curtis Yarvin, el último de una línea de filósofos de alcantarilla en consonancia con Ayn Rand del tipo “soy egoísta y necesito una forma de justificarlo”, ha tomado la teoría de otro tipo (Rene Gerard) y básicamente ha dicho que la sociedad tiene que tener un chivo expiatorio para canalizar una horrible energía intrínseca. Dios sabe que no quieren que se canalice hacia ellos, así que buscan a otro al que culpar. Es una medida cobarde y calculada para mantener distraídas a las masas. Miren aquí, mientras el mago mueve la mano hacia la derecha y les mete un conejo por el trasero desde la izquierda. Es un complot calculado y cobarde. Han encontrado un chivo expiatorio al que culpar y esperan que otros estadounidenses sean lo suficientemente estúpidos como para creérselo, mientras ellos siguen especulando de todas las formas posibles.

Es asombrosa la fría maldad que implica atacar a grupos que, literalmente, han construido gran parte de este país. Después del huracán Katrina, la ciudad de Nueva Orleans dependió de esos mismos grupos para poder reconstruirse tras los enormes daños sufridos. Cuentan que se instalaron tiendas de campaña en City Park, llenas de trabajadores, que encendían fogatas mientras se agrupaban para descansar. Trabajaban durante las horas del día, simplemente para despertarse y volver a hacerlo al día siguiente. El tipo de trabajo en el que la mayoría de nosotros fracasaríamos estrepitosamente si lo intentáramos. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley indicó que la mitad de la reconstrucción tras el huracán Katrina fue realizada por trabajadores latinos y que una cuarta parte de ellos eran indocumentados, procedentes principalmente de México y Honduras. Muchos en la famosa ciudad azul recuerdan esto y la mayoría de los ciudadanos definitivamente no apoyan ninguna de las próximas depravadas redadas. Se trata de una fuerza de ocupación externa que planea llegar.

Es digno de mención el perdón que las personas de estos lugares han exteriorizado hacia la misma nación que trastornó la estabilidad de sus países de origen. Luego se dan cuenta que ese país vuelve a victimizarles... Este es el momento en el que la gente necesita conocer la verdadera historia de lo que ha hecho su nación y expiar sus culpas. No hay que quedarse en ese agujero de odio y codicia y seguir cavándolo, porque tarde o temprano ese comportamiento los llevará a ustedes y a los suyos a un infierno bien merecido.

Así que esperemos que la ciudad se una y proteja a las personas vulnerables contra quienes se dirige esta operación. Nueva Orleans necesita defenderse con lo que tiene a su alcance. Portland utilizó dinosaurios inflables. Nueva Orleans tiene excentricidad y algunos buenos viejos trucos callejeros a su disposición. Que todos los falsos monjes que piden dinero en el Barrio Francés pongan tantas pulseras a los intrusos que estos queden completamente agobiados por su peso. Que todos los apostadores callejeros de Bourbon Street digan a los miembros del ICE: “te apuesto 20 dólares a que sé dónde has cobseguido tus jackboots (botas militares)” y les bloqueen el paso, exasperándolos a más no poder hasta que les den todo su dinero. Cada ciudad se defiende a su manera, tal vez el camino a seguir para Nueva Orleans sea ampliar nuestra ya impresionante población de baches. ¡Ningún tanque pasará! Por supuesto, tampoco nuestros coches, pero eso lo podemos resolver más adelante. Puede ser un enfoque múltiple para lograr la capitulación total y la retirada de esta hermosa e imperfecta ciudad. La ciudad la cual es hermosa por su presencia multicultural e imperfecta por tratar a tantas personas como los “otros” a lo largo de los siglos, esclavizando y saqueando, conspirando contra nuestros vecinos del sur por el todopoderoso dólar.

 

Kathleen Wallace escribe desde el Medio Oeste de Estados Unidos. Sus escritos se recopilan en su página de Substack




Publicado por La Cuna del Sol

jueves, 20 de noviembre de 2025

Las deportaciones masivas no ayudan a los trabajadores, sino que hunden la economía.

Nuestra economía explota deliberadamente a los trabajadores, sean ciudadanos o no. El inmigrante que vive bajo la amenaza de la deportación y el ciudadano que lucha por pagar el alquiler comparten el mismo papel en este sistema: mano de obra que explotar, no personas a las que valorar.

 

LAS DEPORTACIONES MASIVAS NO AYUDAN
A LOS TRABAJADORES, SINO QUE
HUNDEN LA ECONOMÍA.



A.J. Schumann
Counterpunch

Donald Trump retornó a la presidencia apoyándose en el mismo falso discurso populista que utilizó como arma hace una década: ¡los inmigrantes “les están quitando el trabajo”!

Desde entonces, Trump ha puesto en marcha una severa campaña de persecusion de inmigrantes de proporciones históricas. Sin embargo, en lugar de cambiar la situación para los trabajadores estadounidenses, estamos asistiendo al mercado laboral más débil en años.

El Departamento de Seguridad Nacional afirma que 1.6 millones de inmigrantes indocumentados han abandonado el país voluntariamente desde que Trump asumió el cargo. Otros 527 000 han sido deportados como resultado de las redadas generalizadas y a menudo brutales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Eso debería significar más ofertas de empleo para los trabajadores nacidos en Estados Unidos, ¿no? Pues no. Durante el mismo periodo, las empresas anunciaron más de 946 000 recortes de empleo, la cifra más alta desde 2020, mientras que los planes de contratación han caído a su nivel más bajo en 14 años.

Se prevé que la expulsión forzosa de tantos trabajadores reduzca el producto interior bruto del país hasta en un 6.8 %, lo que supondría un impacto mayor que el sufrido durante la Gran Recesión.

En industrias clave, los resultados serán aún peores.

Por ejemplo, dado que los inmigrantes representan casi un tercio de los trabajadores del cuidado de la salud a largo plazo, la mitad de los hogares de ancianos han dejado de admitir nuevos residentes. Mientras tanto, las granjas familiares, que ya cuentan con poco personal, han visto cómo su mano de obra inmigrante se reducía, una tendencia con implicaciones preocupantes para la producción de alimentos.

El populismo de derecha de Trump convierte el sufrimiento económico en un agravio nacional. Insiste en que la gente común sufre no por culpa de los multimillonarios, los grupos de presión y los políticos influyentes -con quienes el presidente juega al golf-, sino por culpa de los inmigrantes.

Es una narrativa que ha tenido repercusión mundial.

El partido extremista alemán Alternativa para Alemania (AfD) ha experimentado un auge en los últimos tiempos. La dirección del partido ha pedido la deportación masiva de todos los ciudadanos “no asimilados”, a pesar de que los extranjeros han sido en gran medida responsables del crecimiento económico de Alemania en los últimos años.

En Japón, la política de línea dura del partido gobernante, Sanae Takaichi, debe su ascenso a la misma fórmula xenófoba. Pero con una tasa de natalidad en caída libre y una población que envejece, Japón también necesitará pronto trabajadores extranjeros para sostener su economía.

Si un viajero del tiempo de la década de 1930 fuera transportado a la actualidad, sería comprensible que pensara que las ideologías extremistas de su propia época simplemente habían recibido una nueva capa de maquillaje.

La creencia es simple: si expulsamos um buen número de ellos, todo volverá a funcionar para nosotros.

Esta fantasía asume que hay un sistema saludable y autosuficiente enterrado bajo la superficie del statu quo, pero no es así. No hay una prosperidad oculta esperando a emerger una vez que los “forasteros” se hayan ido.

Nuestra economía explota deliberadamente a los trabajadores, sean ciudadanos o no. El inmigrante que vive bajo la amenaza de la deportación y el ciudadano que lucha por pagar el alquiler comparten el mismo papel en este sistema: mano de obra que explotar, no personas a las que valorar.

Trump y sus imitadores confían en convertir a estos dos en rivales. Pero el espectacular fracaso de sus esfuerzos demuestra que no se puede mejorar la situación de algunos trabajadores declarando la guerra a otros.

El populismo genuino significa defender a todos los trabajadores, independientemente de su nacionalidad. Y los sindicatos están demostrando como se hace esto.

Los sindicatos de todo el país están creando redes de respuesta rápida para defender a los trabajadores indocumentados durante las redadas del ICE, negociando cláusulas contractuales favorables a los inmigrantes y respaldando leyes que garanticen que todos los trabajadores puedan acceder a los servicios esenciales sin correr el riesgo de ser deportados.

David Huerta, presidente de SEIU California, fue incluso arrestado este verano durante una protesta contra el ICE en Los Ángeles. Los líderes sindicales como Huerta entienden que la única manera en que los trabajadores pueden obtener avances significativos es ampliando el concepto de “nosotros”.

Si el populismo tiene futuro, dependerá de que una a los trabajadores, no de que los enfrente entre sí.

 

A.J. Schumann is a Henry A. Wallace Fellow at the Institute for Policy Studies. The fellowship, supported by the Wallace Global Fund, trains young advocates for economic, racial, and social justice as a living memorial to Wallace’s legacy.




Publicado por La Cuna del Sol