Nacida en crisis, fortalecida por el rechazo, Cuba se enfrenta una vez más a la asfixia económica por parte de Washington, que se dispone a dar el golpe de gracia tras sesenta y siete años de ataques contra la isla.
¿SOBREVIVIRÁ CUBA?
Michael Smith
Counterpunch
Nacida
en crisis, fortalecida por el rechazo, Cuba se enfrenta una vez más a la
asfixia económica por parte de Washington, que se dispone a dar el golpe de
gracia tras sesenta y siete años de ataques contra la isla. *
Desde
el triunfo de su revolución en 1959, los cubanos han enfurecido a los líderes
estadounidenses con su genio especializado en superar catástrofes, ya sean
huracanes, inundaciones, invasiones, secuestros, ataques químicos, ataques
biológicos o guerras económicas.
Entre
desastre y desastre, comen, beben, bailan y se divierten.
Hoy,
con la segunda llegada de Trump, el secuestro de Nicolás Maduro y el corte del
suministro de petróleo venezolano a La Habana, los cubanos se enfrentan a una
escalada muy familiar del sadismo imperial para hacerles suplicar por ayuda.
Las
paradas de autobús están vacías y por las calles circulan menos coches y
peatones. La falta de combustible es palpable y muchas gasolineras han cerrado.
Air Canada ha suspendido sus servicios a la isla.
Las
familias recurren a la leña y el carbón para cocinar debido a los constantes
cortes de electricidad. Las restricciones de emergencia imponen una semana
laboral de cuatro días, la reducción del transporte entre provincias, el cierre
de las principales instalaciones turísticas, la reducción de la jornada escolar
y de los requisitos de asistencia presencial en las universidades.
Pero,
de alguna manera, la vida sigue en La Habana y hay mucho que hacer. Cerca de la
estación de trenes, en el paseo marítimo, la gente pesca. Cuando cae la noche,
los barrios se llenan de jóvenes que participan en proyectos culturales o
juegan al fútbol o al baloncesto.
Recientemente
una mujer cubana de 32 años, llamada Yadira, expresó muy adecuadamente una
parte fundamental de la psicología nacional al periodista Louis Hernández
Navarro del diario mexicano La Jornada. Hace dos años, abandonó la isla
con la esperanza de llegar a Estados Unidos, dejando a su hija de nueve años y
a su hijo de siete con sus abuelos. Nunca llegó a Estados Unidos y tuvo que
quedarse en Ciudad de México, trabajando en una pescadería del mercado de
Nonoalco. Ahora está de vuelta en La Habana.
“Por
muy lejos que esté de mi hogar”, expresa, “una parte de mí sigue estando en
Cuba, y no me refiero solo a mis hijos... No quiero que le pase nada malo a mi
país. No me gusta la política, pero lo que estamos viviendo con Trump va más
allá de la política. ¿Cómo es posible que alguien que ni siquiera es cubano
venga y decida cómo tenemos que vivir?”.
Navarro
comenta que quienes ahora confían en precipitar un “cambio de régimen”
estrangulando a Cuba, olvidan lo íntimo que son los lazos con el país natal, lo
rápido que incluso personas apolíticas como Yadira pueden verse provocadas a
una resistencia feroz. Es una manera tonta de olvidar, aunque muy frecuente.
Señala
Navarro que no es la primera vez que se dice que el fin de la revolución cubana
está cerca. En 1991, el periodista argentino, Andrés Oppenheimer, publicó el
libro “La hora final de Castro”, fruto de una estancia de seis meses en Cuba y
de quinientas entrevistas con altos funcionarios y opositores al gobierno.
Colaborador
del Miami Herald y CNN, Oppenheimer vive en Estados Unidos y mantiene estrechos
vínculos con la comunidad cubana exiliada en Miami. Según Navarro, el libro
describe lo que el autor consideraba el inminente colapso de Fidel Castro y la
revolución cubana tras tres décadas en el poder.
Pero
el tan ansiado resultado se evaporó rápidamente. Las previsiones optimistas
sobre la rápida e inevitable desintegración del gobierno cubano, escritas
cuando caía la “cortina de hierro” y desaparecía la URSS, resultaron ser un
espejismo. Difundidas promiscuamente como una especie de evangelio en los
periódicos y en la televisión, las predicciones no se cumplieron. Fidel Castro
vivió obstinadamente otros 25 años, fue sucedido en el poder por su hermano
Raúl, quien, a su vez, fue sucedido por Miguel Díaz-Canel.
Treinta
y cinco años después, la agresión militar estadounidense contra Venezuela y el
secuestro del presidente Maduro han reavivado la profecía del fin inminente de
la revolución cubana. La fantasía se alimenta de extrapolaciones sobre la
importancia que tuvo el “chavismo” para la supervivencia de la política
revolucionaria en la isla, llegando a conclusiones precipitadas de que el
régimen comunista colapsará abruptamente.
Es
cierto que en la época de Hugo Chávez se enviaban hasta cien mil barriles
diarios de petróleo venezolano a Cuba, y tras la imposición del bloqueo
económico contra el gobierno de Maduro (2021-2025), la cifra se redujo
drásticamente a treinta mil barriles diarios, lo que supuso un duro golpe para
la economía de la isla. Hoy en día, La Habana solo cuenta con unos 40 000 de
los 100 000 barriles diarios que necesita, mientras que la aplicación de su
plan para promover las energías renovables con el fin de depender menos de los
combustibles fósiles avanza a un ritmo más lento que las crecientes necesidades
del país.
Por
si eso fuera poco, Trump ha endurecido el bloqueo energético, amenazando con
imponer sanciones a los países que se atrevan a suministrar combustible a Cuba.
Esto tiene consecuencias profundamente negativas para la salud pública, la
alimentación y, por supuesto, la vida cotidiana. Los cubanos ya sufrían
frecuentes cortes de electricidad, así como una escasez y privaciones a una
escala nunca vista desde el “período especial” de crisis económica tras la
caída de la Unión Soviética en 1991, pero ahora deben soportar cortes casi
constantes. En muchas partes de la isla, los cortes duran más de la mitad del
día.
¿Pero
significa eso que el colapso del gobierno cubano es inminente o que está a
punto de producirse un “cambio de régimen”? El viceprimer ministro cubano,
Oscar Pérez-Oliva Fraga, afirma rotundamente que no: “Se trata de una
oportunidad y un reto que, sin duda, superaremos. No vamos a colapsar”.
Señalando
la determinación de tantos cubanos que resisten y la cohesión social nacida del
rechazo al crudo intervencionismo de Trump, Navarro afirma que los anuncios del
fin de la revolución cubana no son más que un fantasma nacido de los anhelos de
redención de quienes odian a Cuba y de Trump para ganar votos para las próximas
elecciones de mitad de mandato.
Con
el fin de revitalizar la idea de que el cambio de régimen tiene futuro, varias
plataformas de noticias del ámbito de Washington han difundido recientemente el
mensaje de que el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, llamó a Estados Unidos
para solicitar un diálogo serio, lo que, según se dijo, representaba un cambio
de postura del Gobierno cubano hacia Estados Unidos, provocado por la absurda
declaración de Trump del 29 de enero** en la que proclamaba que la pequeña Cuba
era una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y advertía de
represalias.
Pero
en realidad no hubo ningún cambio de postura, solo la enésima invitación al
diálogo y al entendimiento entre ambos países, sobre la base de la igualdad y
el respeto mutuo, algo en lo que Cuba siempre ha insistido.
Desde
el punto de vista de Cuba, la última fase de los ataques estadounidenses contra
la isla comenzó con la campaña de exterminio en Gaza y la parálisis mundial que
permitió que se llevara a cabo, lo que alentó las ilusiones de omnipotencia en
Washington.
Ahora
Donald Trump quiere imponer el hambre a los cubanos para que renuncien al
socialismo, lo cual no es en absoluto una idea nueva. Al igual que sus
predecesores en el Despacho Oval, no quiere que haya una base para políticas
antiimperialistas en ninguna parte del mundo, y mucho menos a solo noventa
millas de distancia de Estados Unidos.
Después
de todo, Cuba envió alguna vez a cientos de miles de soldados a miles de
kilómetros de su país para humillar a la Sudáfrica blanca en el campo de
batalla. Su fulgurante avance en el suroeste de Angola y su electrizante
derrota de las fuerzas del apartheid en Cuito Cuanavale, en la que destacó el
dominio cubano de los cielos, fueron acontecimientos clave para derrocar al
odioso régimen. Nelson Mandela dijo que la victoria cubana en Cuito Cuanavale “destruyó
el mito de la invencibilidad del opresor blanco [e] inspiró a las masas
combatientes de Sudáfrica... Cuito Cuanavale fue el punto de inflexión para la
liberación de nuestro continente ꟷy de mi puebloꟷ del flagelo del apartheid”.
En
su primer viaje fuera de África, Mandela puso como prioridad visitar La Habana
en julio de 1991 para entregar un mensaje de gratitud en persona al pueblo
cubano: “Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo
cubano. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la
que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?”.
Hasta
2008, Estados Unidos consideraba a Mandela como terrorista, y en la actualidad
considera a La Habana como un régimen terrorista.
Una
locura. Mientras tanto, en Cuba, contra viento y marea y una creciente ola
reaccionaria, un pueblo orgulloso y resistente, superviviente de mil traiciones
y asediado por un vil bloqueo, sobrevive desafiante.
Notas.
* Esta
arrogancia imperial se remonta a Thomas Jefferson, quien quería anexionar Cuba.
** "Abordando las amenazas al Gobierno de los Estados Unidos por parte del Gobierno de Cuba" www.whitehouse.gov
Fuentes
Luis Hernandez Navarro, “Cuba:
a society forged in crises: we have endured them all” La Jornada, February 7,
2026 (Spanish)
Gabriela Vera Lopes, “A
Solidarity That Takes Risks and Puts Our Bodies On The Line is Indispensable,”
February 6, 2026, www.rebelion.org (Spanish)
“From blackouts to food
shortages: How U.S. blockade is crippling life in Cuba,” Al Jazeera, February
8, 2026
Ignacio Ramonet & Fidel
Castro, Fidel Castro – My Life (Scribner, 2006) pps. 316-25
Piero Gleijeses, Visions of Freedom – Havana, Washington, Pretoria, and the Struggle for Southern Africa 1976-1991, (University of North Carolina, 2013, pps. 519, 526
Publicado por La Cuna del Sol

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