miércoles, 20 de mayo de 2020

Indocumentados en tiempos de pandemia

La pandemia del Covid-19 ha expuesto la dura realidad en la que viven los millones de trabajadores indocumentados en Estados Unidos, y nada lleva a pensar que después de todo esto su situación experimente algún cambio positivo, al contrario seguirán siendo explotados, perseguidos y deportados, como ha sucedido antes y ha estado sucediendo ahora en plena pandemia.   


INDOCUMENTADOS EN
TIEMPOS DE PANDEMIA



Para los millones de inmigrantes indocumentados que residen y trabajan en Estados Unidos, la llegada de la pandemia del Covid-19 ha significado un severo golpe a su ya precaria existencia. Aunado a los constantes ataques, a la criminalización, y amenazas de arrestos y deportaciones masivas por parte del gobierno de Donald Trump, que ha prometido limpiar el país, deshacerse de cuanto “illegal alíen” encuentre en su camino, ahora se suma la presencia de un enemigo invisible que amenaza con borrarlo de la faz de la tierra. Justamente cuando muchos trabajadores indocumentados esperaban con ansias el arribo de la primavera y se preparaban paro los trabajos propios de la temporada como la construcción, pintura y jardinería, es la cuarentena, sus medidas restrictivas y el daño colateral que ha provocado, lo que ha tocado a sus puertas.

Si en tiempos “normales”, tenían que vérselas con el odio antiinmigrante del trumpismo rabioso, racista y xenófobo, ahora les tocas enfrentarse a la furia letal de un microorganismo incontenible que ha provocado que les impongan cuarentenas y como consecuencia de ello, en muchos casos, la pérdida de su principal medio de subsistencia, el bendito trabajo, sin el cual sobrevivir en un país como Estados Unidos, se vuelve una tarea casi que imposible, ya que el trabajador indocumentado aunque pague impuestos, consuma y produzca no tiene derecho a reclamar beneficios laborales o recibir ayuda de los programas de asistencia social. Es un nadie explotado y excluido. Es una realidad que la pandemia ha acentuado mucho más.

Con la economía paralizada en un buen porcentaje, más la imposición de medidas restrictivas  para evitar que se propague el contagio, la vida del inmigrante indocumentado, que depende únicamente de su fuerza de trabajo para poder sobrevivir, se torna muy dramática, pues al no poder acceder al seguro de desempleo y quedar excluido de los paquetes de ayuda gubernamentales, no tiene más alternativa que arriesgarse ante cualquier posibilidad de empleo aun corriendo el peligro de ser una de la tantas víctimas de la enfermedad que ya ha causado serios estragos entre los trabajadores indocumentados.

Veamos lo que dice el Washington Post al respecto:

“El colapso de la economía estadounidense ocasionada por la pandemia del coronavirus ha puesto al descubierto las extremas vulnerabilidades de los trabajadores indocumentados, quienes desproporcionadamente son empleados en industrias que están experimentando despidos masivos como también en empleos de alto riesgo que mantienen la sociedad funcionando mientras muchos estadounidenses se autoconfinan en sus hogares.

Muchos de los indocumentados que trabajan en construcción, restaurantes y en otras industrias del sector de servicios ya han perdido sus trabajos. Otros, en industrias como la agricultura y la salud que han sido declaradas esenciales, se desempeñan en trabajos que por lo general requieren trabajar en espacios reducidos o interactuar con el público lo que los pone en riesgo de contraer la enfermedad.

A diferencia de los trabajadores estadounidenses, los inmigrantes indocumentados no pueden contar con la red de protección social sin pierden sus trabajos o se enferman. La mayoría no tienen seguro médico o acceso al pago por días de enfermedad, poniéndolos en riesgo al igual que las personas con las que entran en contacto. La mayoría no son elegibles para recibir los beneficios del seguro de empleo o los pagos en efectivo incluidos en el paquete de ayuda de $2 billones aprobado por el Congreso en marzo, incluso si pagan impuestos o sus hijos son ciudadanos estadounidenses”.

Ciertamente la pandemia ha expuesto las extremas vulnerabilidades del trabajador indocumentado, pero lo más terrible de todo esto es la injusticia, el trato inhumano que recibe, a pesar de ser un factor muy importante para el funcionamiento de la economía de los EE.UU, realizando labores que muchos ciudadanos estadounidenses rehúyen por considerarlas indignas, poco gratificantes y sin posibilidades de movilidad social. Las redadas de inmigración y ahora el coronavirus son un azote para el indocumentado, pero también lo son la ilegalidad, la explotación, la demonización y la persecución que sufren diariamente, y que a pocos realmente preocupa porque el trabajador indocumentado es un marginado que vive en las sombras, sin poder político y que únicamente sirve a la agenda política de personajes inescrupulosos, como el actual presidente y otros antes de él, así como a los grandes intereses económicos de los voraces empresarios que siempre han tenido a su disposición una mano de obra necesitada, dócil, barata y sin representación política a la que siempre será más fácil explotar y sacrificar cuando fuere necesario, pues al fin y al cabo son trabajadores sin rostro, sin legalidad que viven al margen del sistema.

La pandemia del Covid-19 ha expuesto la dura realidad en la que viven los millones de trabajadores indocumentados, y nada lleva a pensar que después de todo esto su situación experimente algún cambio positivo, al contrario seguirán siendo explotados, perseguidos y deportados, como ha sucedido antes y ha estado sucediendo ahora en plena pandemia.   






Publicado por La Cuna del Sol

lunes, 18 de mayo de 2020

Coronavirus en Guatemala: sesenta días y empezamos a contar

En fin, en dos meses aprendimos (pero ya lo sabíamos, no es que la pandemia nos haga superinteligentes) que las sabidurías y las construcciones colectivas y populares son más certeras y eficaces que las decisiones tomadas al más alto nivel, aunque quienes las toman y comunican digan que son doctores.


CORONAVIRUS EN GUATEMALA:
SESENTA DÍAS Y EMPEZAMOS A CONTAR


Por Andrés Cabanas

Se cumplieron dos meses desde el primer diagnóstico de COVID-19 en Guatemala y dos meses desde que el presidente Giammattei calificó la enfermedad como gripona y nos mandó a relajarnos a la playa.

En este breve-intenso-interminable periodo nos han confinado; nos han dicho que todo está bien y superamos la crisis; nos han vuelto a confinar porque parece que no todo está tan bien; nos endulzan los oídos haciéndonos creer que tenemos el mejor intensivo de Centroamérica (Parque de la Industria), que finalmente resulta ser otro fiasco gubernamental-institucional: no hay médicos suficientes, ni equipos de protección, ni camas, ni medicamentos, ni alimentación digna, ni contratos para médicas, ni ¡¡¡salarios!!!.

En dos meses aprueban una ampliación presupuestaria multimillonaria que no cubre las necesidades básicas, pero que tampoco empieza a llegar, y cuando lo haga será -para variar- con criterios clientelares. En tan poco tiempo nos dicen acarreados, mal portados, apeñuscados, conflictivos, esperpentos (casi salimos a descalificación/insulto por semana).

Al final de los dos meses, con solo mil casos diagnosticados, en el inicio de la fase ascendente de la epidemia (si es cierto, como afirman los epidemiólogos, que un pico de contagios puede llegar en la semana dieciséis, es decir, a mediados de julio) hemos visto el colapso del sistema de salud, ya sin espacios para atención, y el colapso del sistema de mentiras, medias verdades y ocultamientos que se construye desde la maquinaria de propaganda gubernamental.

SIN CONTROL DE LA CRISIS

El control de la crisis de la salud se perdió en poco tiempo (no existió) por tres razones principales, en mi opinión:

1. Falta de capacidad técnica y recursos del Ministerio de Salud.

2. Opacidad en el manejo de información y centralización de toma de decisiones en el Presidente, que impide la participación activa de otras instituciones y la sociedad.

3. Subordinación de la estrategia de contención de la enfermedad a los reclamos del empresariado organizado.

Además, en dos meses el gobierno pierde aceleradamente el control político. Mientras las decisiones tomadas favorecen y atienden demandas de empresariado organizado, diputados y alcaldes aliados, la sociedad ve que las ínfimas ayudas ofrecidas (por ejemplo, el bono familia de solo un mil quetzales) no llegan, y se restringen las posibilidades de trabajo.

Comercio popular, economía informal, trabajadores despedidos, pobladores de zonas urbanas periféricas, campesinas y campesinos resienten el doble rasero gubernamental (todo para los de arriba, nada para los de abajo) y la falta de priorización de sus necesidades.

Cuando más hacen falta instituciones creíbles, legitimadas, que enfrenten la crisis multidimensional construyendo consensos y grandes acuerdos, tenemos esto: funcionarios incapaces de ver más allá de sus intereses corporativos.

Lo preocupante es que, ante la pérdida de control político, el gobierno refuerce su proyecto autoritario, y quiera impedir la libre expresión de críticas y descontento, y la fiscalización de la labor de las instituciones del Estado.

LA SOLIDARIDAD SUPERA EL CONFINAMIENTO

En dos meses hemos aprendido también que la solidaridad puede más que la ineficiente y poco empática maquinaria gubernamental (las ollas comunitarias en varios municipios del país tienen capacidad de atender a miles de personas semanalmente); que la alimentación y quienes la proveen es un sector estratégico que no puede seguir siendo descuidado (al igual que las trabajadoras de salud); y que la fiscalización, la denuncia, la crítica argumentada (eventualmente apasionada) son fundamentales para sobrevivir, resistir y trascender este momento hacia mundos mejores (no es ilusión, es propuesta); que las comunidades empiezan a ejercer su administración propia (todavía de forma parcial y limitada) más apegada a las demandas de la gente.

Este puede ser un camino: autonomías territoriales, municipales y comunitarias, con decisiones:

1. Basadas en información actualizada (no la interpretación cambiante y alocada que este gobierno hace de datos muy parciales).

2. Adoptadas democráticamente a partir de consultas con todos los sectores, especialmente los prioritarios para enfrentar la crisis (campesinado, salud, comunicación, servidores públicos, comerciantes, comedores e iniciativas solidarias, tortillerías...) y los más vulnerables en términos de necesidades y demandas: economía informal, mujeres responsables de su familia, trabajadores despedidos, personas sin hogar y otras.

3. Que tengan en cuenta de manera indivisible la dimensión sanitaria y social de la crisis. Es decir, enfrentar la propagación del virus sin condenar a miles de personas a enfermedades derivadas del hambre o directamente a la muerte.

En fin, en dos meses aprendimos (pero ya lo sabíamos, no es que la pandemia nos haga superinteligentes) que las sabidurías y las construcciones colectivas y populares son más certeras y eficaces que las decisiones tomadas al más alto nivel, aunque quienes las toman y comunican digan que son doctores.






Publicado por La Cuna del Sol

miércoles, 13 de mayo de 2020

En el deporte de masas necesitamos volver a ver cuanto antes algo diferente

Ahora que nadie habla del enésimo partido del siglo y solo oímos hablar de los futbolistas por la reducción de sus ingresos, quizás sea la hora de evaluar críticamente  la realidad de alienación que tanto tiempo y espacio vital nos ocupó.


EN EL DEPORTE DE MASAS NECESITAMOS
VOLVER A VER CUANTO ANTES ALGO DIFERENTE

Por Paco Montllor Salens

Como casi en todo lo que nos rodea, ha bastado un virus malditamente contagioso y mortal, para acabar con los fastos deportivos y las grandiosas cuentas asociadas a su existencia.

El deporte espectáculo, el que congrega en un único impulso mediático a cientos de millones de personas y moviliza miles de millones en sociedades cada día más complejas, ha desaparecido de golpe de nuestras vidas.  Solo nos queda de él, el despropósito insultante de  la estupidez exhibicionista de ricos y famosos descerebrados deportistas, haciendo ostentosidad de sus lujosas viviendas y la resaca de noticias cada días más intrascendentes que mantienen los programas deportivos.

Ahora que nadie habla del enésimo partido del siglo y solo oímos hablar de los futbolistas por la reducción de sus ingresos, quizás sea la hora de evaluar críticamente  la realidad de alienación que tanto tiempo y espacio vital nos ocupó y, desde valores muy diferentes a los que progresivamente se han impuesto a lo largo de estos años en el mundo del deporte, empezar un nuevo ciclo que acabe derrumbando muchos de los, en este momento,  resquebrajados pilares del deporte en nuestra sociedad.

Si pasamos en muy pocos años del mens sana in corpore sano,  como máxima deportiva universal, a la realidad de los bolsillos llenos y el embrutecimiento cultural y social del complejo universo de lo que conocemos como deporte profesional, por qué no podemos soñar con que, aun en menos tiempo, todo cambie y el espectáculo y la práctica del deporte se constituya en un valor de salud, cooperación social y entretenimiento al alcance de todos los públicos.

Si buscamos la base material que nos trajo hasta aquí y atacamos  sus frágiles pies de barro para quitárnoslos de en medio, igual no es una tarea tan complicada, y resulta que tenemos más cerca de lo que nos pensamos el objetivo deseado.

Veamos:

Clubes con presupuestos multimillonarios que dependen casi en exclusiva  de los astronómicos contratos televisivos y publicitarios, que se generan en una  hiperglobalizada sociedad de consumo con referencias universales únicas, que hacen tan deseable un Madrid Barça en cualquiera de esas dos capitales como en Pekín o Sidney,  penden del fino hilo del mantenimiento o no de esos contratos.

Igualmente,  es muy probable que permanentes concentraciones de decenas  y cientos de miles de personas que llenan estadios y eventos deportivos se vean condicionadas durante mucho tiempo (p.ej.: no hay fecha para las Olimpiadas).

El mantenimiento de los más diversos patrocinios empresariales, en medio de un mundo inmerso en una profunda recesión económica de magnitudes aun incalculable, apunta como algo más que dudoso

¿Acaso es sostenible este modelo si fallan durante unos años estos factores?  Sin duda, no.   La base material que sustenta este modelo de deporte como negocio de unos pocos y alienación de muchos, tiene los días contados si la realidad que proyectan la inmensa mayoría de los análisis que se realizan, acaban siendo realidad.

Cambio de base material que, por necesidad, producirá una modificación en la superestructura; en la ideología y en el comportamiento de las masas, abriendo una oportunidad a la recuperación de valores muy diferentes en la práctica y el disfrute social del deporte.  No es una utopía, es una necesidad con la que debemos comprometernos y hacer todo lo posible para hacerla realidad.

Promovamos el deporte como espacio de cooperación y superación integral de las personas, desterremos la competitividad exacerbada, apartemos el consumismo de él y combatamos el alienante discurso forofo, y estaremos poniendo de nuestra parte para que los magnates/gansters del deporte negocio pierdan uno de sus nichos de negocio y relaciones sociales.

No basta con esto, ni de ninguna manera se dará este proceso alejado de la movilización general del pueblo por la defensa de sus derechos,  pero no dejemos de intentarlo también en el campo del deporte.





Publicado por La Cuna del Sol

domingo, 10 de mayo de 2020

El bicho que para el tanque

El coronavirus ha destrozado el mito occidental: ni son tan guapos, ni tan listos, ni tan poderosos, ni tan... Y, ahora, ni siquiera, tan valientes ni tan militaristas. Siguen insistiendo en ello, pero el bicho se está comiendo al tanque.


EL BICHO QUE PARA EL TANQUE



El coronavirus ha destrozado el mito occidental: ni son tan guapos, ni tan listos, ni tan poderosos, ni tan... Y, ahora, ni siquiera, tan valientes ni tan militaristas. Siguen insistiendo en ello, pero el bicho se está comiendo al tanque.

Hace casi un mes os conté un cuento divertido: la OTAN, fiel reflejo de la situación de Occidente, era incapaz de tomar decisión alguna sobre cómo ayudar a sus países miembros en el desastre de la pandemia. El bloque político-militar "más poderoso de la historia" (risas) demostró su incapacidad, en tiempo real, de hacer algo. En un plis-plas quedó al desnudo la famosa "solidaridad atlántica".

Pues hay más. El bicho está resultando ser más poderoso que los tanques. Otra vez.

La debilidad occidental es tal que se asusta por casi todo: por los rusos (y eso que ahora están calladitos), por los chinos (a quienes acusan de todos sus males pandémicos), por los iraníes (que también están calladitos ahora), por... Por todo. Este hatajo de lloricas es incapaz de comprender que su tiempo terminó y que hay otro mundo en construcción. Pero como hay que mantener la ficción, ahí están elucubrando, como si no hubiera pasado nada y como si fuese posible volver a la situación anterior al coronavirus.

Y no. Pese a toda su parafernalia, saben que es imposible. El 22 de abril se ha publicado un informe de 58 páginas sobre la movilidad militar europea de la OTAN que tenía que haber ido en paralelo con la no-nata maniobra "Defensor de Europa 2020" que se cargó el bicho. Aún así, se ha publicado porque de esta forma parece que la OTAN hace algo.

El informe diseña la nueva "línea frontal de la OTAN" con Polonia como eje y los países bálticos como principales ramas. Es decir, la OTAN sigue con la obsesión rusa. Pero lo interesante es que marca unas "líneas de intervención" que recogen todo el Mediterráneo, el Mar Negro y se extienden hasta Siria y Egipto ("por la posible creación de una base militar rusa" en este país árabe). Hasta aquí, digamos que la cosa es normal para los estándares de la OTAN.

Se habla de muchas cosas, pero me voy a centrar en una: "proporcionar fondos sustanciales continuos para medidas para aumentar la movilidad militar de la UE, la OTAN y sus estados miembros". No sé si debería decir que el informe está redactado exclusivamente por estadounidenses, o sea, que no se enteran de nada o pasan de enterarse.

Pero una cosa es la teoría y otra, la práctica. Porque resulta que como consecuencia del desastre que ha generado en Occidente el coronavirus, la OTAN tiene que reconocer que "hay problemas de movilidad, legales, de infraestructura, organizacionales y otros" para que su "línea frontal" vaya más allá de la teoría. Porque claro, a ver quién es el guapo que ahora plantea que tiene que haber un incremento de los gastos militares. La población de todos los países europeos se le comería con patatas. O sin ellas, pero se le comería.

Y así, el informe reconoce que la situación generada por el maldito bichito "anula potencialmente la financiación de la movilidad militar" que se había decidido para los próximos siete años y que se cifraba en 20.000 millones de euros. Pero no solo: "la falta de coordinación política y militar entre países, y entre la OTAN y la UE, impide la adopción de decisiones políticas". Ya cuando comenzó el bichito a enredar, Finlandia, que ostentaba la presidencia de la UE (que es rotatoria), propuso que ese presupuesto se redujese el 60%. Ahora, cuando ya el bichito ha convertido en un desastre a toda Europa, es inimaginable que ni siquiera ese 40% restante se vaya a otorgar. Como dice el informe, la pandemia del COVID-19 ha creado "desafíos adicionales" para la financiación. Eso no quiere decir que no la haya, pero o será a escondidas o se mantendrá en las cifras actuales.

No obstante, no se va a trabajar en vano por lo que el informe vuelve al eje central, Polonia y los países bálticos, para apuntar que allí tiene que haber inversiones en infraestructura ferroviaria. Eso, al menos, sí podría cumplirse porque no son de los países más afectados por la pandemia.

Junto a ello se sigue insistiendo en la preparación de 30 batallones de tierra, mar y aire para asustar a los malos rusos, en la cuestión cibernética y en el aumento de sus jueguecitos de guerra, con mayor duración de los que hacían hasta ahora (y que solo en 2019 fueron un total de 102) y, así, comprobar "las posibilidades de transporte estratégico", sobre todo el ferrocarril. Se dice que los rusos llevan mucha ventaja en la "transferencia de fuerzas significativas a largas distancias" y que eso debilita a la OTAN.

Estos son sus planes. Con permiso del bicho. Porque aunque no hay datos de cómo está afectando el bicho a los ejércitos, supongo que sabéis que solo uno de los 11 portaaviones de EEUU está operativo porque las tripulaciones están contagiadas, que el portaaviones de Francia está varado por lo mismo...






Publicado por La Cuna del Sol

lunes, 4 de mayo de 2020

¿Continuara la hegemonía financiera de los EU.UU después de la pandemia COVID-19?

Estados Unidos  sabedor de que en sus manos tiene un arma poderosa que puede blandir contra sus rivales a placer, como lo viene demostrando en la actualidad, no querrá ceder a la perdida de la hegemonía global del dólar que en efecto significaría la debacle de su imperio que se sostiene sobre la base del enorme poder de su moneda.


¿CONTINUARÁ LA HEGEMONÍA FINANCIERA
DE LOS EU.UU DESPUÉS DE LA PANDEMIA COVID-19?



La pandemia mundial del Covid-19 parece incontenible, ningún país está a salvo de los devastadores efectos de un microorganismo, cuya letalidad amenaza con transformar profundamente la vida en el planeta, pero sobre todo la vigencia de un orden mundial o régimen mundial que ha tenido como su principal protagonista a los EE.UU que a lo largo de todo el último siglo, pero especialmente después de la desaparición de la Unión Soviética,  ha proyectado todo su poder económico, político y militar sobre el resto del mundo sin mayores obstáculos, incluso ante los grandes desafíos que representan el surgimiento de potencias como China y Rusia que demandan, sin mucho éxito hasta ahora, una nueva configuración de las relaciones de poder en concordancia con las realidades de un mundo en el que el poderío estadounidense en todos los campos sufre una constante erosión al grado de verse impotente para hacer frente, como debería todo país con estatus de gran potencia, a la pandemia del Covid-19. Sin embargo, los Estados Unidos sigue manteniendo una colosal supremacía financiera, la cual hasta los mismos chinos reconocen hace que el mundo pague por sus pérdidas, como lo ejemplifica el desplome a raíz de la pandemia del Covid-19, que Estados Unidos está utilizando como pretexto para salvar de la quiebra a todo el sector financiero con enormes inyecciones de dinero que países como China y otros en posesión de la enorme deuda estadounidense y cuantiosas reservas en dólares yanquis tendrán que costear.

De acuerdo a un análisis publicado en el Global Times el 19 de marzo de 2020, el gobierno de los EE.UU, después de fracasar en contener la propagación de la epidemia del coronavirus y salvar sus mercados financieros, se está preparando en este momento para poner en práctica medidas drásticas, incluyendo un paquete de un billón de dólares como estímulo para salvar la economía estadounidense. Sin embargo, la ejecución de ese estímulo económico se hará a expensas de China e incluso de toda la comunidad global debido a la hegemonía financiera de los EE.UU, indicaron los analistas chinos. Señalan además, que este es el ejemplo más reciente de como la dependencia excesiva en la divisa estadounidense representa un grave riesgo para el resto del mundo y la urgencia de establecer una alternativa que sea más justa y confiable, sobre todo, debido a los frecuentes abusos de poder de Washington que van desde las guerras comerciales a las disputas geopolíticas.                             

Los chinos no dejan de manifestar su preocupación ante la posibilidad de que la economía estadounidense pueda hundirse en una depresión, razón por la que consideran el plan de salvataje de $ 2 billones aprobado por el Congreso, como necesario para la economía de los EE.UU, que algunos consideran podría experimentar una contracción del 14 % en el segundo trimestre y un 20 % de desempleo. Para los chinos el problema radica en quien va a costear la factura del colosal paquete de rescate económico, el cual ya ha sido firmado por el presidente de los EE.UU.

De una u otra manera, indican los analistas, una gran porción del costo será asumido por la comunidad internacional, China incluida, aunque es muy difícil calcular una cantidad específica.

En un apunte enviado al Global Times, Yang Delon, economista principal del First Seafront Fund Management Co. con sede en Shenhen, expresó que “el dinero enviado por el gobierno de los EE.UU a sus ciudadanos también será pagado por gente de todo el mundo”.

Para rescatar su tambaleante economía, los Estados Unidos necesitaran imprimir enormes cantidades de dinero, lo cual reducirá el valor del dólar, la reserva más grande de divisas, lo que significa masivas depreciaciones en otros países en posesión de la divisa estadounidense, explico Yang.

“Todos los países en posesión de reservas de la divisa estadounidense indirectamente le están obsequiando dinero gratis a los ciudadanos de los EE.UU. En otras palabras, los Estados Unidos están siendo generoso  a expensas de otros”, ha dicho Yang.

Segun un informe de Ren Zeping, economista en jefe del Evergrande Group con sede en Guangzhou, el dólar estadounidense se mantiene como la reserva de divisas más grande del mundo, representando un 63 por ciento de las reservas globales en moneda extranjera (forex), debido a que muchos países necesitan el dólar estadounidense para facilitar el comercio transfronterizo y para las transacciones de mercancías. En comparación a  los EE.UU que posee tan solo $44 billones en reservas forex, China continental posee un astronómico $3.1 billones y Japón $1.2 billones, señala el informe. 

“En otras palabras, los EE.UU han transferido el pago de las pérdidas derivadas de la epidemia y del mercado financiero a los demás países del mundo, con China asumiendo el costo más alto. Esto es muy irresponsable”, ha indicado Ren en el informe compartido con Global Times.

De acuerdo a lo que señalan los analistas chinos, para poder rescatar su economía, el gobierno de los EE.UU podría incrementar su enorme deuda de aproximadamente $21 billones, de la cual aproximadamente $6 billones están en posesión de otros países como Japón y China. Con las tasas de interés del Tesoro estadounidense, los Estados Unidos básicamente están haciendo uso del dinero de otros países para revitalizar su economía a un costo mínimo. 

Otros países podrían experimentar un daño mayor, especialmente los mercados emergentes, incluso después de que la crisis haya terminado, debido al establecimiento de nuevos precios sobre activos financieros y de otro tipo y el cambio en el flujo de capitales debido a fluctuaciones en el valor del dólar, según los analistas.

Buscando una alternativa

Para Cao Hepin, economista de la universidad de Pekín, esta es otra llamada de atención para la comunidad internacional para buscar una alternativa que sea más fiable y justa al sistema del dólar como moneda dominante y contrarrestar la hegemonía financiera de los EE.UU.

“Lo que los EE.UU están haciendo en este momento es un procedimiento estándar en tiempos de crisis económica y la economía estadounidense está en una crisis, pero el problema es el exceso de confianza en el dólar estadounidense, según lo dicho por Cao al Global Times. “Lo hemos estado diciendo desde hace mucho tiempo pero esta epidemia demuestra una vez más que necesitamos un sistema global de intercambio que tenga como base una cesta múltiple de divisas en lugar del dólar estadounidense”.

Aunque inicialmente el sistema centrado en el dólar fue aceptado por los países alrededor del mundo debido sobre todo al relativo buen estado de la economía de los EE.UU y la fiabilidad de su gobierno, sin embargo, las crisis económicas y los frecuentes abusos de poder del gobierno de los EE.UU en años recientes ha provocado que surjan serias interrogantes sobre la economía estadounidense y su credibilidad.

Bajo la presidencia de Donald Trump, los EE.UU a menudo han utilizado su hegemonía financiera en todas las cosas, desde sus severas medidas contra las compañías de tecnología chinas, como Huawei, a las maniobras geopolíticas en el Oriente Medio, incluyendo las sanciones unilaterales a Irán que han impedido que otros países compren el petróleo iraní y ha llevado a que algunos en Europa busquen establecer un sistema de pago que evite el dólar estadounidense. Además, la economía de los Estados Unidos ha demostrado ser un factor de inestabilidad para el mundo en lugar de actuar como un estabilizador, señalaron los analistas.

“Lo único que permanece sin alterar es el mal manejo que los EE.UU hace de su economía”, manifiesta Cao, citando como ejemplo la crisis financiera global de 2008, que fue causada debido a problemas en los EE.UU, y la inhabilidad del gobierno estadounidense para estabilizar la economía en los primeros días de la actual epidemia.

Incluso con el coronavirus esparciéndose por todo el mundo, los funcionarios estadounidenses, incluyendo a Trump, se dedicaron a minimizar los riesgos y promocionar la fortaleza de los aspectos fundamentales de la economía de los EE.UU. Actualmente los EE.UU tienen opciones muy limitadas para mitigar el daño, excepto los drásticos planes a expensas de los contribuyentes estadounidenses y al igual que una buena parte del mundo, indicaron los analistas.

Más perjudicial todavía es la obsesión estadounidense por apuntar el dedo acusador en vez de coordinar los esfuerzos globales. En 2008, las principales economías coordinaron sus planes y todos colaboraron. China, mediante un plan de estímulo masivo que mantuvo sus factorías funcionando y que impulso la demanda global, jugo un papel destacado en resucitar la economía global, han indicado los analistas chinos.

Durante la actual crisis, los países están tomando la situación en sus propias manos. Después de experimentar la dura crítica del extranjero y los efectos de las consecuencias imprevistas de su masivo plan de estímulo económico del 2008, China ha tomado un rumbo más mesurado durante esta crisis, con estímulos focalizados únicamente.

“El mundo no tiene a nadie sobre quien descargar la culpa sino a los EE.UU, específicamente [el presidente Donald Trump]”, manifestó Cao, “después de todo esto, habrá mucha discusión y espero que confeccionemos un nuevo sistema que no solo favorezca a los Estados Unidos, sino también a todos los demás”.

Los chinos lo tienen muy claro, y sin duda habrán muchas discusiones en el seno del gran entramado del capitalismo global sobre cómo asegurar su supervivencia después de lograr superar los devastadores efectos del Covid-19. China, atenta a su vulnerabilidad con respecto al dólar por la enorme deuda estadounidense en bonos del Tesoro que tiene en su posesión (la segunda más grande después de Japón con $1.1 billones del total de sus reservas de divisas de $3.1 billones) abogaría por un sistema más justo, es decir, que el dólar estadounidense deje de ser la divisa predominante en las transacciones comerciales y financieras. Por otra parte, Estados Unidos  sabedor de que en sus manos tiene un arma poderosa que puede blandir contra sus rivales a placer, como lo viene demostrando en la actualidad, no querrá ceder a la perdida de la hegemonía global del dólar que en efecto significaría la debacle de su imperio que se sostiene sobre la base del enorme poder de su moneda. Por consiguiente, la confección de un nuevo sistema, como esperan los chinos, ante la realidad de un dólar dominante -62% del total de las reservas globales, casi exactamente lo que era en 2008, mientras que el yuan, que algunos predicen está a punto de destronar al dólar, constituye menos del 2% de las reservas globales- parece muy lejos de materializarse; al menos no en el corto plazo. Aun mas, el dólar es usado en el 40% de la deuda del mundo, 80% de los pagos a nivel global y en casi el 100% de la ventas del petróleo. Con estos datos y tal  como lo expresa Ramin Mazaheri en un excelente artículo, “yo no me haría muchas ilusiones”. Tampoco deberían los chinos y los europeos, que paradójicamente buscaron la seguridad del dólar, no del yuan, tan pronto como se declararon los cierres de las principales economías del mundo. 






Publicado por La Cuna del Sol

viernes, 1 de mayo de 2020

¿Será que la pandemia acaba con estados neoliberales?

Ahora, las élites locales y globales “permitirán” el protagonismo de los estados en servicios de sanidad, seguridad, alimentación, etc... Incluso “impulsarán” la intervención estatal en empresas privadas, pero lo harán para luego reapropiarse de las mismas, o para acrecentar sus patrimonios.


¿SERÁ QUE LA PANDEMIA ACABA
CON ESTADOS NEOLIBERALES?


Por Ollantay Itzamná

Una de las principales debilidades de la humanidad moderna  actual bajo la pandemia de COVID19 fue su interconexión sin límites que hizo del planeta un "mercado sin fronteras", y la fetichización de la iniciativa privada que anuló casi por completo la inversión pública.

Los estados nacionales, que encuentran sus orígenes jurídicos en el Tratado de Wetsfalia (1648), durante la hegemonía de la ideología neoliberal (desde las últimas décadas del siglo XX), en los hechos, perdieron casi todos sus elementos constitutivos.

Sin soberanías (política, económica, energética, alimenticia, cognitiva, tecnológica...). Sin tierras, ni territorios públicos. Con gobernantes cooptadas por las élites empresariales locales/globales. Los estados nacionales, no en pocos casos, quedaron reducidos en una gendarmería para repeler militarmente las resistencias comunitarias y escoltar las maquinarias extractivas neoliberales.

Los agentes neoliberales locales y globales endilgaron a la humanidad con su promesa del "paraíso terrenal inminente fruto del libre mercado", al grado que el Estado abandonó, no sólo su rol protagónico en la economía, sino que sus empresas estratégicas y servicios públicos fueron privatizados por completo, en muchos casos. Pero, el neoliberalismo y su "libre mercado sin Estado", en lugar de traer el paraíso a la Tierra trajo la desgracia de una pandemia planetaria cuyos impactos y secuelas aún están lejos de constatarse por completo.

En tiempos de pandemia, no son las empresas, ni los estados neoliberales quienes más ayudan

En este contexto de fracasados estados nacionales, y ante la pandemia global del miedo paralizante, urge repensar qué tipo de organización/articulación política, económica, social, cultural, espiritual requerimos, ya no únicamente para hacer frente al planetario COVID19 sino a sus secuelas, y futuras plagas letales en tiempos de cambio climático.

No son las empresas privadas, ni el libre mercado planetario, quienes están haciendo frente a la pandemia. En países de América Latina, tampoco son los estados neoliberales (éstos no tienen ni para una aspirina).

Son la solidaridad pasiva (quedarse en casa) y la solidaridad activa (ayudas concretas) las que en buena medida están evitando mayores desgracias humanitarias en tiempos de pandemia. Municipios, comunidades, enteras se han auto encapsulado (incluso en contra de la voluntad de los estados y empresarios neoliberales) para evitar la propagación del virus.

Si nos organizamos, no hay miedo, ni pandemia, que nos derrote

Como individuos, por más dinero que tengamos, o estemos interconectados en el mundo, llevamos la de perder. El individualismos (neoliberalismo) es una ilusión letal.

El camino de la sobrevivencia es la organización/articulación. La comunidad/solidaridad parce ser la "vacuna" para cuantos sobrevivan a la presente y futuras pandemias. Una solidaridad/comunidad cósmica, no únicamente solidaridad entre humanos.

Simultáneo a los hábitos/acciones solidarias, es urgente la concientización y organización política. Debemos repensar los estados nacionales o plurinacionales para que promuevan y garanticen la convivencia comunitaria. Para ello, estos estados deben recuperar su rol protagónico en la economía ecológica. Los nuevos estados deben reasumir su soberanía política, económica, alimentaria, energética, agrícola, tecnológica. Es tiempo de debatir con urgencia la situación de todos los servicios y empresas públicas privatizadas y plantear la nacionalización de los mismos.

Los tiempos de la COVOD19 y de la pandemia del miedo nos debe motivar a repensar y/o renovar con creatividad nuestra apuesta por los movimientos sociopolíticos reinventados. Sin la beligerancia de los movimientos sociopolíticos a nivel local, y simultáneo a nivel global, será difícil crear los nuevos estados postpandemia.

Ahora, las élites locales y globales "permitirán" el protagonismo de los estados en servicios de sanidad, seguridad, alimentación, etc.. Incluso "impulsarán" la intervención estatal en empresas privadas, pero lo harán para luego reapropiarse de las mismas, o para acrecentar sus patrimonios.

Evidente, desde lo cotidiano, si buscamos vencer al COVID19 y otros, aparte de cultivarnos en el sentimiento y praxis comunitario (cósmico y humano), debemos emprender el hábito de la sobriedad (en el uso de los bienes) y la quietud sin renunciar a la libertad interior (respetar las fronteras)






Publicado por La Cuna del Sol

lunes, 27 de abril de 2020

SARS-CoV-2: un virus “made in” capitalismo

Lo que la pandemia del nuevo coronavirus ha dejado muy claro es que el afán de lucro en el sistema capitalista puede ser mortal. Por supuesto, esta crisis detonada en múltiples niveles por el Covid-19 tendrá repercusiones desproporcionadas en grupos vulnerables, principalmente.


SARS-COV-2: UN VIRUS “MADE IN” CAPITALISMO



Lo que la pandemia del nuevo coronavirus ha dejado muy claro es que el afán de lucro en el sistema capitalista puede ser mortal. Por supuesto, esta crisis detonada en múltiples niveles por el Covid-19 tendrá repercusiones desproporcionadas en grupos vulnerables, principalmente.

El riesgo de infección amenaza a los trabajadores de sectores industriales que se han negado a detener sus operaciones y adoptar medidas adecuadas para protegerlos. Pero también el virus acecha a poblaciones marginadas en todo el mundo: refugiados y migrantes en países europeos, por ejemplo, carecen de instituciones que protejan su salud y bienestar en esas sociedades.

Francesco Della Puppa expuso el impacto de la pandemia en los inmigrantes, desde los refugiados hasta los solicitantes de asilo en Italia, durante una entrevista para Radio Melting Pot.

Relata que las autoridades italianas no han tomado medidas mínimas para las personas que viven sin techo en ese país, que cada vez incluye más a refugiados y solicitantes de asilo que huyen de la guerra y la violencia en el norte de África. Viven en asentamientos con condiciones sanitarias precarias, donde el contagio se hace muy probable. También se les puede excluir de los programas sociales, como apoyos en el suministro de alimentos, si no tienen un determinado documento.

Las consecuencias de la exclusión social y económica se han puesto de relieve con la propagación del virus. Sin embargo, es la reflexión introductoria en la entrevista a Della Puppa la que nos atañe, cuando enfatiza que “no hay nada directamente natural en la propagación” del nuevo coronavirus.

Y esto tampoco significa darle aliento a las variopintas teorías conspirativas que han emergido, mucho menos aquellos relatos delirantes que desde Estados Unidos han tomado fuerza para evadir el problema acusando a la República Popular China por la propagación del virus.

Para Della Puppa existe una combinación de factores, todos centrados en la organización globalizada del capitalismo y sus relaciones productivas, que han puesto el terreno fértil para el desarrollo de nuevos virus y su evolución a la transmisión entre humanos.

Revisemos algunos de ellos.

La incidencia de los virus y la producción agroindustrial de alimentos

El aumento de la cría industrial de animales está creando condiciones propicias para la propagación de patógenos que en otra situación podría ser frenada. Monocultivos de animales domésticos, hacinados en granjas, con sistemas inmunes deprimidos, facilitan las tasas de transmisión para cualquier cepa de virus que llegue ahí.

“Estos animales, más fácilmente atacados por los virus, se convierten en el llamado ‘spillover’, o el salto de una especie a otra, hasta que el virus llega a los humanos. Porque se les mantiene vivos a la fuerza, dentro de una granja de cría intensiva”, dice Della Puppa.

En el libro Las grandes granjas hacen la gran gripe, el filogeógrafo Rob Wallace investiga las conexiones entre las prácticas agrícolas industriales y la epidemiología viral.

Entrevistado para Real News Network, ejemplifica esta singularidad de la producción industrial revisando la evolución de la peste porcina africana, un virus que se transmite entre los cerdos y que está teniendo un efecto desastroso en la seguridad alimentaria de Asia, donde la población depende en gran parte de la carne de cerdo para el consumo proteico. El sacrificio de millones de animales infectados ha disparado los precios de la carne de cerdo en un 40% a nivel mundial.

“La peste porcina africana comenzó en el África subsahariana como un patógeno silvestre que se transmitía entre el jabalí verrugoso y las garrapatas blandas locales (…) en la década de 1920 comenzó a extenderse a la producción doméstica de cerdos. En 1950, se abrió camino en la Península Ibérica, en Portugal y España, donde circuló durante unos 30 años antes de ser aplastado. Sin embargo, fue en 2007 cuando el virus surgió de una manera que explotó en toda Europa del Este y las antiguas repúblicas soviéticas. Y luego, en 2018, apareció en China. Pero lo importante es entender que los patógenos pasan por estos cambios en términos de su éxito en relación con las oportunidades que se les proporcionan”.

Al manipular grandes densidades de población, los monocultivos eliminan cualquier “cortafuegos inmunológico” porque, una vez que el virus mata a su hospedador, puede fácilmente entrar en el siguiente para continuar reproduciéndose.

En el caso específico de la peste porcina africana, el virus no ha dado el salto al contagio de humanos. Pero “miles de granjeros y procesadores de carne y equipos de limpieza están siendo expuestos al virus (…) siempre existe la posibilidad de que los patógenos puedan evolucionar la capacidad de ir de humano a humano”, advierte Wallace.

Deforestación ambiental y devastación minera

El estilo de vida capitalista ha intensificado la deforestación de entornos naturales remotos para expandir los territorios de la agricultura y ganadería industrial, explotar metales raros que sirven a la producción de las tecnologías modernas o ampliar las grandes metrópolis.

Además, la aparición de “enormes zonas periurbanas, con condiciones sanitarias muy precarias”, dice Della Puppa, hacen más fácil el ataque y contagio de los virus, “que encuentran en estos densos entornos urbanos su hábitat ideal”.

El cuento del murciélago en el mercado de Wuhan, más allá del intento por hacerlo un excepcionalismo chino, refleja cómo los patógenos que antes estaban encajonados en bosques y selvas son liberados por empresas multinacionales que se apropian de la tierra y la explotan siguiendo el modelo neoliberal de generar ganancias económicas.

La tala de árboles, la minería, la construcción de carreteras y la “hiper-urbanización” destruyen los hábitats naturales de los animales y las zonas de gran diversidad biológica.

A todo eso, Della Puppa, añade que el deshielo de los casquetes polares, producto del calentamiento global, también liberará “enjambres de virus desconocidos, atrapados durante miles de años en los glaciares, con consecuencias impredecibles”.

La pandemia también tiene sus raíces en las perturbaciones del capitalismo al ecosistema.

El Covid-19 podía ser prevenido, pero no era rentable

“Varios institutos de investigación de China o, por ejemplo, en 2012, el Instituto Alemán Koch, ya anunciaron que se daban todas las condiciones para que un virus probablemente procedente de los mercados asiáticos infectara al mundo, y describieron los síntomas y las formas en que se podría infectar el Covid-19”.

Así como Della Puppa subraya que la pandemia era predecible, investigadores especializados en las distintas cepas del coronavirus coinciden en que las compañías farmacéuticas podrían haber empezado a desarrollar una vacuna y tratamientos para el virus hace años.

Es lo que sostiene el biólogo estructural Rolf Hilgenfeld, quien ha estado trabajando en tratamientos contra los coronavirus desde el SARS (brote previo de coronavirus), en 2002–2003.

En enero, cuando el comportamiento virulento del Covid-19 no se había determinado, Hilgenfeld señaló que las empresas no destinaban recursos en investigaciones sobre los coronavirus porque “el número total de personas infectadas, si se combina el SARS, el MERS y este nuevo virus, es inferior a 12 mil 500 personas. Eso no es un mercado. El número de casos es demasiado pequeño”.

Las farmacéuticas no se arriesgarían a invertir en un fármaco para tratar brotes impredecibles en su impacto y potencial lucrativo, aun cuando diez años de investigación sobre coronavirus alertaron la amenaza latente de esta familia de enfermedades.

Esta lógica de producir medicamentos con fines de lucro y no para satisfacer las necesidades humanas se resume en un dato: varios brotes virales internacionales (SARS-CoV-1, MERS, Zika, Ébola, entre otros) han irrumpido en el siglo XXI cobrando miles de vidas. Hasta los momentos, solo la vacuna para el Ébola ha llegado al mercado.

Si examinamos los elementos que nos trajo hasta la pandemia, reconoceremos con facilidad que la única forma de cortar la propagación de virus y crisis sistémicas yacen en la desaceleración y contramedidas que se puedan aplicar frente al capitalismo tardío y las estructuras que lo sustentan.






Publicado por La Cuna del Sol

viernes, 24 de abril de 2020

El capitalismo: el coloso con pies de barro


No fue necesario mucho, con poco, casi se vino abajo, en el término de unas semanas. De sopetón, el coloso de pies de barro del capitalismo, entró en crisis. Ha sido necesario instalarle un respirador de billones de dólares para que sobreviva malamente.



EL CAPITALISMO: EL COLOSO CON PIES DE BARRO


Por Luciano Castro Barillas / Escritor y analista político

No fue necesario mucho, con poco, casi se vino abajo, en el término de unas semanas. De sopetón, el coloso de pies de barro del capitalismo, entró en crisis. Ha sido necesario instalarle un respirador de billones de dólares para que sobreviva malamente. Con un empujoncito más hubiera caído de bruces. Pese a estar construido con oro, plata, bronce, hierro y arcilla; como la pesadilla que tuvo el rey Nabucodonosor II (604 años antes de Cristo) y que el judío Daniel, un profeta llevado como esclavo después de la destrucción de Judá y Jerusalén, se apresuró a interpretar mal intencionadamente como la caída de su imperio.

Los judíos desde la antigüedad le hicieron mala fama a Babilonia y a su rey (lea el Viejo Testamento y los libros de Reyes, Jeremías y Crónicas) que se los llevó a esa ciudad, no precisamente de turismo, sino para trabajar gratis, es decir, de esclavos, previa destrucción de Judea y Jerusalén.  Entre las difamaciones y calumnias de los judíos, de buena lengua ya en esos tiempos profundos de la humanidad, estuvo la de llamar a la espléndida ciudad de Babilonia La Gran Ramera (reina de las abominaciones) solo porque no creían sus ciudadanos en su dios y porque no tenían la ración debida de ajos y cebollas. Otras sandeces del mismo estilo se difundieron en el Pentateuco y hasta la fecha, en pleno siglo XXI, solo son creídas por los amplios votantes de confesión protestante de Donald Trump y Jair Bolsonaro, personajes que se gastan unos cerebros altamente receptivos para las estupideces y rutilantes de oscuridad.

Pues, bien, con este preámbulo histórico necesario para ilustrar la debilidad del Coloso con pies de Barro, nada mejor que esta imagen aplicada a la actual crisis del capitalismo, construido con el oro y la plata saqueada a los pueblos del mundo. El feudalismo desde el siglo XIV daba señales inequívocas de su agotamiento como formación económica-social, lo cual la acabó de erosionar la Peste Negra hacia 1343 o 1346. La renta por el alquiler de la tierra ya no daba para mucho y si bien los señores feudales seguían teniéndole miedo al trabajo y escoraban por la buena vida, la tierra agotada ya no daba para mucho, apenas sí para que los campesinos no se murieran de hambre. Las guerras de grandes dimensiones han modificado desde siempre las viejas estructuras políticas y sociales, pero también las grandes epidemias como la peste aludida. 

A mediados del siglo XIV se dio una de las mayores epidemias de la humanidad, la Peste Negra, que minó las obsoletas estructuras sociales, económicas y políticas del régimen feudal. Europa ya no fue la misma pues las relaciones sociales de producción se modificaron inopinadamente, es decir, sin querer queriendo. La fuerza de trabajo, los campesinos, quedó altamente diezmada con los millones de muertos (25 millones de difuntos) para una población que no era tan extensa. En Florencia, por ejemplo, sobrevivió un 15% de su población y, por cierto, para variar, se acusó a los judíos de infestar los pozos. La rebeldía y la insubordinación proliferó en el campo y grandes contingentes humanos buscaron las incipientes ciudades o las grandes ciudades despobladas de Italia o Flandes donde la vida libre, artesana, permitía vivir un poco mejor que bajo la férula de los señores feudales. Eso marcaría el final del régimen feudal, el ocaso de los señores que comían bien, vestían de manera espléndida y habitaban casas de cal y canto donde no proliferaban las pulgas ni las ratas; y que no le ponían ganas, ni el mínimo esfuerzo, para sembrar una maceta con culantro. Igual que como pasa actualmente en el sistema capitalista mundial, no se necesitó mucho para que el régimen feudal cayera paso a paso, ya sin vitalidad para recomponerse, pues las arterias nutritivas de su vida y sus sueños de vivir sin trabajar, eran y son, como ahora; la gente humilde y trabajadora.

La gran agonía del capitalismo no es exactamente de ahora. Ni tampoco su derrumbe obedece a una fuerza inesperada que de la noche a la mañana investida de inmensos poderes lo derrumba fácilmente. No, el derrumbe del capitalismo empezó a todo lo largo del siglo XX. Empieza con la primera Guerra Mundial por los intereses en discordia, luego sigue cuando ocurre la catástrofe de 1929 con el Crack, le sigue la aterradora Segunda Guerra Mundial por los mismos pleitos intracapitalistas y corona su prolongada agonía con una pandemia de mayor alcance histórico como el Covid-19. No es asunto de cifras solamente, de infectados, de desempleados (26 millones de empleos perdidos solo en los Estados Unidos es terrorífico). No solo es problema de producción, distribución y consumo. Es más profundo. Se trata el colapso, la ruina, la polilla; de viejas maneras de pensar y relacionarnos. Ya se descalabraron ideítas tales como “lo mío es mío, y lo tuyo es tuyo”.  Son los tiempos de la solidaridad, piadosa o simplemente humana, para que podamos entre todos salir adelante. Son los tiempos de la cooperación entre los hombres y no de la competencia. De la comprensión del otro y no de su culpabilización. Son los tiempos de esperar pacientemente a los especialistas genéticos por doce meses o más para que encuentre la vacuna adecuada, segura, garantizada; y no proponer con desprecio e ignorancia inyectar a los humildes un desinfectante en las venas para ver la posibilidad de curarse.

El hombre irá dejando atrás, poco a poco, sus pensamientos primitivos, antropocéntricos y egoístas y enterarse que el nuevo camino apenas empieza a hacerse, pero ahora sí, vamos sobre seguro, por las reservas espirituales del capitalismo y sus fantasías filosóficas idealistas, ya no alcanzan para entendernos y ser mejor entre nosotros. No fue necesario la guerra nuclear, aunque los muertos son muchos. El capitalismo está jorobado por sus propias contradicciones. Las guerras han cambiado a la humanidad y también las epidemias. La Peste del Peloponeso hizo más inteligentes a los atenienses. La Peste Antonina hizo lo propio y en Guatemala (como aquí todo sucede al revés cual disparate cruel) El Cólera por acción de los conservadores derrumbó el primer gobierno democrático de Centroamérica, el del doctor Mariano Gálvez en 1830. Vamos caminando por un túnel con una diminuta luz al fondo. No hemos caído en un pozo. El pozo es para los capitalistas, el túnel para los pueblos trabajadores del mundo ahítos de bondad, como lo es toda la gente trabajadora. La cabeza de los holgazanes, no cabe la menor duda, sigue siendo el taller del diablo.





Publicado La Cuna del Sol