miércoles, 18 de enero de 2017

Donald Trump y la hegemonía global de los EE.UU

En realidad Donald Trump no busca reducir la hegemonía global estadounidense, ni mucho menos ponerse al servicio de intereses extranjeros, específicamente de Rusia, como tendenciosamente afirman los medios de comunicación del establisment. En este sentido el portal ruso Fort Russ advierte, que se tendría que ser fabulosamente inocente para creer que Trump es algo parecido al equivalente estadounidense de Gorbachev. Trump defenderá únicamente los intereses de los EE.UU y los de los lobbies que lo llevaron al poder.


DONALD TRUMP Y LA HEGEMONÍA
GLOBAL DE LOS EE.UU



Por lo observado hasta ahora y, cuando faltan pocas horas para que el presidente electo, Donald J. Trump asuma el poder en el despacho oval de la Casa Blanca, la facción anti-Trump del establishment y toda su omnímoda estructura de poder que ha dirigido por mucho tiempo los destinos de los EE.UU se encuentra en estado de alerta máxima, esa es la percepción, emitiendo señales de alarma roja ante lo que afirman es la amenaza que representa el hombre más detestable y peligroso para la seguridad y los intereses hegemónicos de los Estados Unidos. Es tal la dimensión de la campaña anti-Trump y la histeria que la acompaña que se ha llegado al punto de acusarlo de ilegitimo y traición porque supuestamente, según las organizaciones de “inteligencia”, estaría desempeñando el papel del hombre de Moscú en Washington, manejado por el malvado Putin, con la misión de destruir la resplandeciente democracia estadounidense.

En realidad Donald Trump no busca reducir la hegemonía global estadounidense, ni mucho menos ponerse al servicio de intereses extranjeros, específicamente de Rusia, como tendenciosamente afirman los medios de comunicación del establisment. En este sentido el portal ruso Fort Russ advierte, que se tendría que ser fabulosamente inocente para creer que Trump es algo parecido al equivalente estadounidense de Gorbachev. Trump defenderá únicamente los intereses de los EE.UU y los de los lobbies que lo llevaron al poder. Ellos en su mayoría forman parte de la esfera económica donde Rusia y los EE.UU no tienen conflictos –de lo contrario nos encaminaremos a una fuerte confrontación al punto de choques militares, finaliza Fort Russ.

Todo se reduce a un conflicto donde están en juego los intereses del actual grupo de poder en Washington comandado por los neoconservadores y la plétora de liberales intervencionistas para quienes la continuidad de las políticas del intervencionismo militar es fundamental para mantener a flote al complejo industrial militar, el gran beneficiario del caos y de la guerra sin fin. Por su parte Trump y su equipo de extrema derecha compuesto por grandes banqueros, empresarios del petróleo y militares estarían interesados en corregir la agenda de la política exterior de los EE.UU centrada en el uso excesivo de su poderío militar, que según Trump, ha estado plagado de errores y solo ha contribuido a la pérdida de credibilidad, sumir en el caos a regiones como el Oriente Medio, y al desperdicio de miles de millones de dólares  que habrían podido ser invertidos en la reconstrucción de los EE.UU, de ahí que Trump y su equipo favorezcan la diplomacia sobre los conflictos sin fin,sin que esto signifique desistir del uso de su poderío militar . 

Esa dimensión de la política exterior que pretende implementar el grupo de Trump, es decir, priorizar el acercamiento o el mejoramiento de las relaciones con otros países, el caso de Rusia, en lugar de la actual política que favorece la agresión militar y económica, es la que genera la oposición y el rechazo del partido de la guerra en Washington, que ve como ese posible giro en la política exterior de Trump, terminaría por afectar su poder de influencia y afectar los jugosos contratos del complejo industrial militar. Para la facción guerrerista  encabezada por los neoconservadores, una posible apertura hacia Rusia, levantando las sanciones económicas y hacer negocios en el sector energético, o peor aún, una alianza militar para combatir el terrorismo en el Oriente Medio, es anatema, dado que Rusia y Putin son considerados enemigos, amenazas existenciales que deben ser sometidos o eliminados ya que representan un grave obstáculo a la exclusividad del dominio global estadounidense que debe ser preservado a cualquier precio aun si esto significa una conflagración sin precedentes con una potencia nuclear como Rusia.

El panorama que enfrenta el presidente electo cada día se complica más, las acusaciones de traición y los intentos de deslegitimar su presidencia por su supuesta asociación con Vladimir Putin, aun antes de tomar el juramento presidencial, todo forma parte de una intensa y bien orquestada campaña dirigida por las agencias de inteligencia y cuyo objetivo es desestabilizar su futura presidencia impidiendo la normalización de las relaciones con Rusia, a la que se acusa de haber cometido un “acto de guerra” en contra de los EE.UU por su supuesta participación en los ataques cibernéticos que interfirieron en la campaña presidencial favoreciendo la candidatura de Donald Trump. Y aunque todas estas acusaciones carezcan de credibilidad, pues no se ha presentado pruebas concluyentes, y todo se basa en evidencias circunstanciales, las mismas son muy serias y pueden conducir, incluso, al enjuiciamiento temprano de Trump en caso no actué de conformidad con los deseos del partido de la guerra. La presidencia de Trump, bajo estas condiciones no augura un buen inicio, ni mucho menos un final feliz.

No se sabe hasta qué punto la presión que se está ejerciendo sobre Trump influirá en su actitud, si se doblegará o continuará con su tono confrontacional, sobre todo en lo relacionado con Rusia. Por un momento pareciera que estuviera cediendo al conceder que Rusia efectivamente ha participado en los ataques cibernéticos contra el partido Demócrata y el Republicano, sin embargo rechaza que la interferencia rusa haya sido un factor en su victoria. En una entrevista reciente a medios británicos y alemanes, Trump manifestó, según el Times de Londres, que estaba preparado a cortar lazos con ambos Putin y Merkel: “Comienzo confiando en ambos -pero veremos por cuanto tiempo. Puede que no dure mucho”. Todo esto, según el rotativo, a pesar de las muestras de admiración por parte de Trump hacia el señor Putin y la señora Merkel. ¿Estará cediendo a las presiones o es simplemente una táctica para apaciguar a sus enemigos?


Al final, Donald Trump es solo la punta del iceberg de la encarnizada lucha que se viene dando dentro del establisment estadounidense donde las diferentes facciones corporativas están disputándose el control sobre el próximo presidente. Es la manifestación de las rivalidades intracapitalistas en los sectores de la banca, el petróleo, el complejo industrial militar etc. Trump como parte del establishment cuenta con apoyo de poderosos interese económicos que buscan controlar las riendas de la política exterior de los EE.UU, desplazando al actual partido de la guerra, para fortalecer sus propios intereses económicos y al mismo tiempo continuar con la supremacía global de los EE.UU. Es demasiado improbable que el gobierno de Trump intente separarse o dejar de lado el principal pilar de la política exterior de los Estados Unidos, es decir, la hegemonía militar y dominación económica global. 






Publicado por La Cuna del Sol
USA.

domingo, 15 de enero de 2017

2016: La muerte del liberalismo

Los defensores del liberalismo capitalista se quejan amargamente del auge de políticos como Donald Trump, que representan la antítesis de lo que se conoce como "valores liberales". Para estas personas el año 2016 parece una pesadilla. Tienen la esperanza de que van a despertar y descubrir que todo fue un sueño, que el ayer retornará y que mañana verán un día mejor. Sin embargo, no habrá un redespertar para el liberalismo burgués ni ningún mañana.


2016: LA MUERTE DEL LIBERALISMO


Por Alan Woods

El año 2016 terminó con dos nuevos sucesos dramáticos y sangrientos: el asesinato del embajador ruso en Estambul y el brutal asesinato de personas en Berlín que estaban disfrutando tranquilamente de los preparativos para la Navidad. Estos acontecimientos estaban vinculados a la ciénaga sangrienta de Oriente Medio y más específicamente a Siria.

La caída de Alepo representó un giro decisivo en la situación. Rusia, que se supone había quedado aislada y humillada por la "comunidad internacional" (léase Washington) ahora controla Siria y decide lo que sucede allí. Se convocó una conferencia de paz en Kazajistán a la que no fueron invitados ni los estadounidenses ni los europeos, seguida de un acuerdo de alto el fuego dictado según los términos de Rusia.

De diferentes maneras estos desarrollos expresaban el mismo fenómeno: el viejo orden mundial está muerto y en su lugar nos encontramos ante un futuro de inestabilidad y conflicto, cuyo resultado nadie puede predecir. El año 2016 representó, por tanto, un punto de inflexión en la historia. Ha sido un año marcado por la crisis y la turbulencia a una escala global.

Hace veinticinco años, después de la caída de la Unión Soviética, los defensores del capitalismo estaban eufóricos. Hablaban de la muerte del socialismo y del comunismo, y hasta del final de la historia. Nos prometieron un futuro de paz y prosperidad gracias al triunfo de la economía de libre mercado y de la democracia.

El Liberalismo había triunfado y por lo tanto la historia había llegado a su expresión final en el capitalismo. Ese era el significado esencial de la frase, ahora notoria, de Francis Fukuyama. Pero ahora la rueda de la historia ha dado una vuelta completa. Hoy en día, no queda piedra sobre piedra de aquéllas confiadas predicciones de los estrategas del capital. La historia ha regresado con venganza.

De repente, el mundo parece estar afectado por fenómenos extraños y sin precedentes que desafían todos los intentos de los expertos políticos para explicarlos. El 23 de junio el pueblo de Gran Bretaña votó en un referéndum salir de la Unión Europea –un resultado que nadie esperaba, lo que provocó una conmoción a escala internacional. Pero esto no fue nada en comparación con el tsunami provocado por el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses –un resultado que nadie esperaba, incluyendo el hombre que ganó.

A las pocas horas de la elección de Donald Trump, las calles de las ciudades en todos los Estados Unidos se llenaron de manifestantes. Estos acontecimientos son la confirmación dramática de la inestabilidad que ha afectado al mundo entero. De la noche a la mañana han desaparecido las viejas certezas. Hay un fermento general en la sociedad y una sensación extendida de incertidumbre, que llena a la clase dominante y a sus ideólogos de una profunda aprensión.

Los defensores del liberalismo capitalista se quejan amargamente del auge de políticos como Donald Trump, que representan la antítesis de lo que se conoce como "valores liberales". Para estas personas el año 2016 parece una pesadilla. Tienen la esperanza de que van a despertar y descubrir que todo fue un sueño, que el ayer retornará y que mañana verán un día mejor. Sin embargo, no habrá un redespertar para el liberalismo burgués ni ningún mañana.

Los comentaristas políticos hablan con pavor del auge de algo que llaman "populismo", una palabra que es tan elástica que carece de cualquier significado. El uso de una terminología tan amorfa significa simplemente que los que la usan no tienen ni idea de lo que están hablando. En términos etimológicos estrictos, "populismo" no es más que una traducción latina de la palabra griega "demagogia". El término se aplica con el mismo gusto con que un mal pintor revoca una pared con una gruesa capa de pintura para cubrir sus errores. Se lo utiliza para describir tal amplia variedad de fenómenos políticos que está completamente desprovisto de cualquier contenido real.

Los dirigentes de Podemos y Geert Wilders, Jaroslaw Kaczynski y Evo Morales, Rodrigo Duterte y Hugo Chávez, Jeremy Corbyn y Marine Le Pen –todos son barnizados con la misma brocha populista. Es suficiente comparar el contenido real de estos movimientos, que no son sólo diferentes sino radicalmente antagónicos, para darse cuenta de la futilidad de tal lenguaje. No está calculado para aclarar, sino para confundir, o más correctamente para encubrir la confusión de los estúpidos comentaristas políticos burgueses.

La muerte del liberalismo

En su editorial del 24 de diciembre de 2016 The Economist cantaba un himno de alabanza a su amado liberalismo. Los liberales, nos dice, "creen en las economías y sociedades abiertas, donde se fomenta el libre intercambio de bienes, capitales, personas e ideas y donde las libertades universales están protegidas contra el abuso del Estado por el imperio de la ley". A tal bella imagen realmente se le debería poner música.

Pero a continuación, el artículo concluye con tristeza que 2016 "ha sido un año de reveses. No sólo por el Brexit y la elección de Donald Trump, sino también por la tragedia de Siria, abandonada a su sufrimiento, y el apoyo generalizado –en Hungría, Polonia y más allá– a la "democracia intolerante". A medida que la globalización se ha convertido en un agravio, el nacionalismo, e incluso el autoritarismo, han florecido. En Turquía el alivio ante el fracaso de un golpe de estado fue superado por represalias salvajes (y populares). En Filipinas, los votantes eligieron a un presidente que no sólo desplegó escuadrones de la muerte, sino que se jactaba de apretar el gatillo. A la vez que Rusia, que dio de hachazos a la democracia occidental, y China, que justo la semana pasada se burló de EEUU al apoderarse de uno de sus drones marítimos, insisten en que el liberalismo no es más que una tapadera para la expansión occidental".

El hermoso canto de alabanza a los valores occidentales y al liberalismo ha terminado con una nota agria. The Economist concluye con amargura: "Frente a esta letanía, muchos liberales (del tipo de libre mercado) han perdido los nervios. Algunos han escrito epitafios para el orden liberal y emitido advertencias sobre la amenaza a la democracia. Otros sostienen que, con un pellizco tímido a la ley de inmigración o con un arancel adicional, la vida simplemente volverá a la normalidad".

Pero la vida no "retornará a la normalidad" simplemente –sino que, más correctamente, entraremos en una nueva etapa de lo que The Economist se refiere como una "nueva normalidad": Un período sinfín de recortes, austeridad y caída de los niveles de vida. En realidad, hemos estado viviendo en esta nueva normalidad desde hace bastante tiempo. Y de esto se derivan consecuencias muy serias.

La crisis mundial del capitalismo ha creado condiciones que son completamente diferentes a las condiciones que existían (al menos para un puñado de países privilegiados) cuatro décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Ese período fue testigo de la mayor fase de expansión de las fuerzas productivas del capitalismo desde la Revolución Industrial. Este fue el suelo sobre el que pudieron florecer los tan cacareados "valores liberales". El auge económico proporcionó a los capitalistas ganancias suficientes para otorgar concesiones a la clase obrera.

Esa fue la época dorada del reformismo. Pero el actual período es la época, no de las reformas, sino de las contra-reformas. Esto no es el resultado de prejuicios ideológicos, como imaginan algunos tontos reformistas. Es la consecuencia necesaria de la crisis del sistema capitalista que ha alcanzado sus límites. Todo el proceso que se desarrolló durante un período de seis décadas está ahora desenrollándose.

En lugar de las reformas y del aumento de los niveles de vida, la clase obrera de todo el mundo se enfrenta a los recortes, a la austeridad, al desempleo y al empobrecimiento. La degradación de las condiciones de trabajo, de los salarios, de los derechos laborales y de las pensiones recae sobre todo en los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad. La idea de la igualdad de la mujer está siendo erosionada por la búsqueda implacable de una mayor rentabilidad. A toda una generación de jóvenes se la está privando de un futuro. Esa es la esencia del presente periodo.

El momento María Antonieta de la élite

A la clase dominante y a sus estrategas les resulta difícil aceptar la realidad de la situación actual y son completamente ciegos a las consecuencias políticas que se derivan de ella. La misma ceguera se puede observar en cada clase dirigente que se enfrenta a la extinción y que se niega a aceptarlo. Como observó correctamente Lenin, un hombre que permanece al borde de un precipicio no razona.

El Financial Times publicó un interesante artículo de Wolfgang Münchau titulado "El momento María Antonieta de la élite". Comienza como sigue:

"Algunas revoluciones podrían haberse evitado si la vieja guardia sólo se hubiera abstenido de la provocación. No hay ninguna prueba de un incidente del tipo "que coman tarta".  Parece que esto lo dijo María Antonieta [La leyenda dice que ese fue el comentario de Maria Antonieta cuando le informaron que el pueblo salió a la calle exigiendo pan, NdT]. Suena real. Los Borbones eran difíciles de superar como la quintaesencia del establishment fuera de contacto con la realidad.

"Ellos tienen competencia ahora".

"Nuestro Establishment democrático liberal mundial se comporta de la misma manera. En un momento en que Gran Bretaña ha votado salir de la UE, en que Donald Trump ha sido elegido presidente de Estados Unidos, y Marine Le Pen está marchando hacia el Palacio del Elíseo, nosotros –los guardianes del orden liberal mundial– seguimos poniendo todo en riesgo".

La comparación con la Revolución Francesa es muy instructiva. En todas partes la clase dominante y sus "expertos" han demostrado estar completamente fuera de contacto con la situación real de la sociedad. Ellos asumían que el orden de las cosas que surgió del auge económico posterior a la guerra continuaría para siempre. La economía de mercado y la "democracia" burguesa eran los paradigmas incuestionables de la época.

Su complacencia petulante recordaba precisamente a la desafortunada María Antonieta, la reina de Francia. No es en absoluto cierto que su famosa frase fuera pronunciada alguna vez, pero refleja con precisión la mentalidad de una clase dirigente degenerada que no tiene interés en los sufrimientos de la gente común ni en las inevitables consecuencias que se derivan de ellos.

Al final María Antonieta perdió la cabeza y ahora la clase dominante y sus representantes políticos están perdiendo la suya. El artículo del Financial Times sigue:

"¿Por qué está pasando esto? Los macroeconomistas creen que nadie se atrevería a desafiar su autoridad. Los políticos italianos han estado desplegando juegos de poder desde siempre. Y el trabajo de los funcionarios de la UE es encontrar maneras ingeniosas de animar legislaciones y tratados políticamente complicados en las legislaturas nacionales pasadas. A pesar de la apetencia por el poder de la señora Le Pen, del Sr. Grillo y de Geert Wilders del partido de extrema derecha holandés Libertad, el establishment sigue actuando de esta manera. Un regente Borbón, en un momento inusitado de reflexión, se habría echado atrás. Nuestro orden capitalista liberal, con sus instituciones competentes, es constitucionalmente incapaz de hacer eso. Está programado para arriesgarlo todo.

"El curso de acción correcto sería dejar de insultar a los votantes y, más importante, resolver los problemas de un sector financiero fuera de control, de los flujos incontrolados de personas y capitales, y de la distribución desigual de los ingresos. En la zona euro, los líderes políticos encontraron apropiado improvisar con la crisis bancaria y luego con una crisis de la deuda soberana –sólo para encontrarse con que la deuda griega es insostenible y que el sistema bancario italiano está en serios problemas. Ocho años después, todavía hay por ahí inversores que apuestan a un colapso de la zona euro como la conocemos".

En 1938, Trotsky escribió que la clase dominante se deslizaba por un tobogán hacia el desastre con los ojos cerrados. Las líneas anteriores son una ilustración gráfica de este hecho. Y el Sr. Münchau saca la siguiente conclusión:

"Pero si esto está sucediendo es por la misma razón por la que sucedió en la Francia revolucionaria. Los guardianes del capitalismo occidental, como los Borbones antes que ellos, no han aprendido nada, ni han olvidado nada".

El colapso del centro

Contrariamente al antiguo prejuicio de los liberales, la conciencia humana no es progresista, sino profundamente conservadora. A la mayoría de las personas no les gusta el cambio. Se aferran obstinadamente a las viejas ideas, prejuicios, religión y moralidad con las que están familiarizadas, y lo que es familiar siempre es más reconfortante que lo que no lo es. La idea del cambio es alarmante, ya que es desconocido. Estos temores están profundamente arraigados en la psique humana y han existido desde tiempo inmemorial.

Sin embargo, el cambio es tan necesario para la supervivencia de la raza humana como lo es para la supervivencia del individuo. La ausencia de cambio es la muerte. El cuerpo humano cambia constantemente desde el momento del nacimiento; todas las células se descomponen, mueren y son reemplazadas por células nuevas. El niño debe desaparecer para que el adulto pueda nacer.

Sin embargo, no es difícil entender la aversión de la gente a cambiar. El hábito, la rutina, la tradición –todas estas cosas son necesarias para el mantenimiento de las normas sociales que sustentan el funcionamiento de la sociedad. Durante un largo período arraigan, condicionando las actividades diarias de millones de hombres y mujeres. Son universalmente aceptadas, al igual que el respeto de las leyes y costumbres, las reglas de la vida política y las instituciones existentes: en una palabra, el status quo.

Existe algo similar en la ciencia. En su profundo y penetrante estudio de La estructura de las revoluciones científicas, Thomas S. Kuhn explica cómo cada periodo en el desarrollo de la ciencia se basa en un modelo existente que es generalmente aceptado y que proporciona un marco necesario para el trabajo científico. Durante mucho tiempo este paradigma responde a un propósito útil. Pero finalmente las pequeñas contradicciones, aparentemente insignificantes, que aparecen conducen eventualmente a la caída del viejo paradigma y a su sustitución por otro nuevo. Esto, según Kuhn, constituye la esencia de una revolución científica.

Exactamente, el mismo proceso dialéctico se produce en la sociedad. Las ideas que han existido durante tanto tiempo y se han endurecido en prejuicios, entran finalmente en conflicto con la realidad existente. En ese momento, una revolución en la conciencia comienza a tener lugar. La gente comienza a cuestionar lo que parecía ser incuestionable. Ideas que eran cómodas porque proporcionaban certezas se hacen añicos sobre la roca de la dura realidad. Por primera vez, la gente comienza a sacudirse las viejas y cómodas ilusiones y a mirar la realidad de frente.

La verdadera causa de los temores de la clase dominante es el colapso del centro político. Lo que estamos viendo en Gran Bretaña, Estados Unidos, España y muchos otros países es una aguda y creciente polarización entre la izquierda y la derecha en la política, que a su vez es simplemente un reflejo de una creciente polarización entre las clases. Esto a su vez es un reflejo de la crisis más profunda que ha habido en la historia del capitalismo.

Durante los últimos cien años, el sistema político de los EE.UU. se basó en dos partidos –los Demócratas y los Republicanos– en el que ambos defendían el mantenimiento del capitalismo y representaban los intereses de los bancos y de las grandes empresas. Esto fue muy bien expresado por Gore Vidal quien escribió que "nuestra República tiene un partido, el partido de la propiedad, con dos alas de derechas".

Esta fue la sólida base para la estabilidad y la longevidad de lo que los estadounidenses consideraban como "democracia". En realidad, esta democracia burguesa no era más que una hoja de parra para ocultar la realidad de la dictadura de los banqueros y capitalistas. Ahora bien, este práctico dispositivo está siendo cuestionado y sacudido hasta la médula. Millones de personas están despertando a la realidad de la podredumbre del establishment político y al hecho de que están siendo engañados por aquellos que dicen representarlos. Esta es la condición previa para una revolución social.

Crisis del reformismo

Vemos una situación similar en Gran Bretaña, donde desde hace 100 años los Laboristas y Conservadores se alternaban en el poder, proporcionando el mismo tipo de estabilidad para la clase dominante. El Partido Laborista y el partido Conservador eran dirigidos por sólidos hombres y mujeres respetables en los que se podía confiar para manejar la sociedad en interés de los banqueros y capitalistas de la city de Londres. Pero la elección de Jeremy Corbyn lo ha puesto todo patas arriba.

La clase dominante teme que la llegada masiva de nuevos miembros al Partido Laborista pueda romper el dominio del ala derecha sobre el Laborismo. Eso explica el pánico de la clase dominante y el carácter virulento de la campaña contra Corbyn.

La crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo. Los estrategas del capital se asemejan a los Borbones, pero los líderes reformistas son sólo una pobre imitación de los primeros. Ellos son los más ciegos de entre los ciegos. Los reformistas, tanto de las variedades de derechas como de izquierdas, no comprenden nada de la situación real. A pesar de que se enorgullecen de ser grandes realistas, son el peor tipo de utópicos.

Al igual que los liberales de los cuales no son más que un pálido reflejo, están suspirando por el pasado que ha desaparecido más allá de cualquier regreso. Se quejan amargamente de la injusticia del capitalismo, sin darse cuenta de que las políticas de la burguesía son dictadas por la necesidad económica del capitalismo mismo.

Es una ironía suprema de la historia que los reformistas hayan adoptado totalmente la economía de mercado, precisamente en un momento en el que se está desmoronando ante nuestros propios ojos. Habían aceptado el capitalismo como algo que está dado de una vez para siempre, que no puede ser cuestionado ni, ciertamente, derrocado. El presunto realismo de los reformistas es el realismo de un hombre que trata de persuadir a un tigre de que coma ensaladas en lugar de carne humana. Naturalmente, el realista que ha intentado realizar esta hazaña loable no tuvo éxito en convencer al tigre y terminó el interior de su estómago.

Lo que los reformistas no entienden es que si se acepta el capitalismo también deben aceptarse las leyes del capitalismo. Y en las condiciones modernas eso significa aceptar los recortes y la austeridad. En ninguna parte está la bancarrota del reformismo más claramente expresada que en el hecho de que ya no hablan de socialismo. Ni tampoco hablan de capitalismo. En su lugar, se quejan de los males del "neoliberalismo", es decir, que no se oponen al capitalismo en sí, sino solamente a un modelo particular de capitalismo. Pero el llamado neoliberalismo no es más que un eufemismo para el capitalismo en el período de crisis.

Los reformistas que imaginan ser grandes realistas están soñando con un retorno a las condiciones del pasado, cuando ese pasado ya ha retrocedido en la historia. El período que ahora se abre será completamente diferente. En las décadas que siguieron a 1945, la lucha de clases en los países capitalistas avanzados se atenuó en cierta medida como consecuencia de las reformas logradas por la clase trabajadora a través de la lucha.

Trotsky explicó hace tiempo que la traición está implícita en el reformismo en todas sus variedades. Con esto no quería decir que los reformistas traicionaran conscientemente a la clase obrera. Hay muchos reformistas honestos, así como un buen número de arribistas corruptos. Pero el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Si acepta el sistema capitalista –como lo hacen todos los reformistas, ya sean de derechas o de izquierdas– seguidamente deben obedecerse las leyes del sistema capitalista. En un período de crisis capitalista, esto significa la inevitabilidad de los recortes y ataques a los niveles de vida.

Esta lección tuvo que ser aprendida por Tsipras y Varoufakis en Grecia. Ellos llegaron al poder con un enorme apoyo popular con un programa anti-austeridad, pero muy rápidamente se les hizo comprender por Merkel y Schäuble que esto no estaba en la agenda. Al final capitularon y dócilmente llevaron a cabo el programa de austeridad dictado por Berlín y Bruselas. Vimos una situación similar en Francia, donde Hollande consiguió una masiva victoria prometiendo un programa anti-austeridad, y a continuación dio un giro de 180º y llevó a cabo recortes aún más profundos que el anterior gobierno de la derecha. El resultado inevitable ha sido el auge de Marine Le Pen y del Frente Nacional.

El capitalismo en un callejón sin salida

En países como los Estados Unidos cada generación desde la Segunda Guerra Mundial podía esperar una mejor calidad de vida que la que tenían sus padres. En las décadas de boom económico los trabajadores se acostumbraron a victorias relativamente fáciles. Los líderes sindicales no tenían que luchar mucho para obtener mejoras económicas. Las reformas fueron consideradas la norma. Hoy fue mejor que ayer y mañana sería mejor que hoy.

En el largo período de auge capitalista, la conciencia de clase de los trabajadores estuvo un tanto mitigada. En lugar de políticas socialistas de clase bien definidas, el movimiento obrero ha sido infectado con ideas extrañas a través de la correa de transmisión de la pequeña burguesía que ha apartado a un lado a los trabajadores y ahogado su voz con las declamaciones estridentes del radicalismo de la clase media.

La llamada corrección política con su mezcolanza de ideas a medio cocinar sacadas de la basura del liberalismo burgués, poco a poco ha sido aceptada incluso en los sindicatos, donde los dirigentes reformistas de derechas se aferran ansiosamente a ella como un sustituto de las políticas de clase y de las ideas socialistas. Los reformistas de izquierdas en particular, han jugado un papel nefasto en este sentido. Se necesitarán los golpes de martillo de los acontecimientos para demoler estos prejuicios que tienen un efecto corrosivo sobre la conciencia.

Pero la crisis del capitalismo no permite tales lujos. La generación actual de jóvenes se enfrentará por primera vez a peores condiciones de vida que las que disfrutaron sus padres. Gradualmente, esta nueva realidad está abriéndose paso en la conciencia de las masas. Esa es la razón del actual fermento de descontento que existe en todos los países y que está adquiriendo un carácter explosivo. Esta es la explicación de los terremotos políticos que han tenido lugar en Gran Bretaña, España, Grecia, Italia, Estados Unidos y muchos otros países. Es un aviso de que se están preparando acontecimientos revolucionarios.

Es cierto que en esta etapa el movimiento se caracteriza por una tremenda confusión ¿Cómo podía ser de otra manera, cuando esas organizaciones y partidos que deberían colocarse a la cabeza de un movimiento para transformar la sociedad, se han transformado en cambio en monstruosos obstáculos en el camino de la clase obrera? Las masas están buscando una manera de salir de la crisis, poniendo a prueba los partidos políticos, los líderes y los programas. Los que no pasan la prueba son arrojados a un lado sin piedad. Hay giros violentos en el frente electoral, tanto a la izquierda como a la derecha. Todo esto es el presagio de un cambio revolucionario.

En retrospectiva, el período de medio siglo que siguió a la Segunda Guerra Mundial será visto como una excepción histórica. Con toda probabilidad, nunca volverá a repetirse la concatenación de circunstancias peculiares que produjeron esa situación. Lo que nos enfrentamos ahora es precisamente a una vuelta al capitalismo normal. La cara sonriente del liberalismo, del reformismo y de la democracia va a ser echada a un lado para revelar la única fisonomía que tiene el capitalismo realmente.

¡Hacia un nuevo Octubre!

Un nuevo período se abre ante nosotros –un periodo de tormenta y tensión que será mucho más similar a la década de 1930 que al período posterior a 1945. Todas las ilusiones del pasado quedarán consumidas en la conciencia de las masas como en una plancha caliente. En un período como éste, la clase obrera tendrá que luchar duro para defender las conquistas del pasado, y en el curso de esta amarga lucha llegará a entender la necesidad de un programa revolucionario cabal. O el capitalismo es derrocado, o un terrible destino le espera a la humanidad. Esa es la única alternativa. Cualquier otro curso de acción es una mentira y un engaño. Es hora de mirar la verdad cara a cara.

Sobre la base del capitalismo enfermo no puede haber salida para la clase obrera y la juventud. Los liberales y reformistas están tratando con todas sus fuerzas de apuntalarlo. Ellos lloriquean sobre la amenaza a la democracia, ocultando el hecho de que la llamada democracia burguesa no es más que una hoja de parra tras la que se esconde la cruda realidad de la dictadura de los bancos y de las grandes empresas. Van a tratar de atraer a la clase obrera a alianzas para "defender la democracia", pero esto es una farsa hipócrita.

La única fuerza que tiene un interés real en la democracia es la clase obrera misma. La llamada burguesía liberal es incapaz de reacción de combate, lo que se deriva directamente del sistema capitalista en el que basan sus riquezas y privilegios. Fue Obama quien pavimentó el camino para la victoria de Trump, tal como fue Hollande quien ha allanado el camino para el ascenso de Le Pen.

En realidad, el viejo sistema ya está descomponiéndose ante nuestros propios ojos. Los síntomas de su decadencia son evidentes para todos. En todas partes vemos las crisis económicas, la descomposición social, transtornos, guerras, destrucción y caos. Es una imagen terrible, pero se deriva del hecho de que el capitalismo ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida.

No es la primera vez que hemos visto este tipo de cosas. Los mismos síntomas se pueden ver en el período de la decadencia y caída del Imperio Romano y en el período de decadencia de la sociedad feudal. No es casualidad que los hombres y las mujeres en esos días se imaginaran que el fin del mundo se acercaba. Pero lo que se acercaba no era el fin del mundo, sino sólo al final de un sistema económico social particular que había agotado su potencial y se había convertido en un monstruoso obstáculo en el camino del progreso humano.

Lenin dijo una vez que el capitalismo es horror sin fin. Ahora vemos la verdad literal de esta afirmación. Pero junto a los horrores producidos por un sistema decadente y reaccionario hay otra cara de la moneda. Nuestra época es un tiempo de nacimiento, y un período de transición de un período histórico a otro. Dichos períodos se caracterizan siempre por los dolores, que son los dolores de una nueva sociedad que está luchando por nacer, mientras que la vieja sociedad se esfuerza por preservarse estrangulando al niño en el vientre materno.

El viejo mundo se está desplomando. Que está tambaleándose para caer lo indican síntomas inequívocos. La podredumbre se está extendiendo en el orden establecido de las cosas, sus instituciones están colapsando. Los defensores del viejo orden están atrapados por un presentimiento indefinido de algo desconocido. Todas estas cosas presagian que hay algo más que se aproxima.

Este desmoronamiento gradual a pedazos se acelerará por la erupción de la clase obrera en la escena de la historia. Aquellos escépticos que descartaron a la clase trabajadora se verán obligados a comerse sus palabras. Están acumulándose fuerzas volcánicas debajo de la superficie de la sociedad. Las contradicciones se están acumulando hasta el punto que no pueden aguantarse mucho más.

Nuestra tarea es acortar este proceso doloroso y asegurar que el nacimiento se lleve a cabo con el menor sufrimiento posible. Con el fin de hacer esto, es necesario lograr el derrocamiento del actual sistema que se ha convertido en una terrible barrera para el desarrollo de la raza humana y una amenaza para su futuro.

Todos aquellos que están tratando de preservar el viejo orden, de ponerle parches, de reformarlo, para dotarlo de muletas que le permitan renquear durante unos años o décadas más, juegan el papel más reaccionario. Están impidiendo el nacimiento de una nueva sociedad, la única que puede ofrecer un futuro a la humanidad y poner fin a la pesadilla del capitalismo existente.

El Nuevo Mundo que está luchando por nacer se llama socialismo. Es nuestro trabajo asegurar que este nacimiento se lleve a cabo tan pronto como sea posible y con el mínimo posible de dolor y sufrimiento. La manera de lograr este objetivo es construir una fuerte corriente marxista en todo el mundo con cuadros formados y con fuertes vínculos con la clase obrera.

Hace cien años tuvo lugar un acontecimiento que cambió el curso de la historia mundial. En un país semifeudal atrasado en los confines de Europa, la clase obrera se movió para cambiar la sociedad. Nadie esperaba esto, sin embargo. Las condiciones objetivas para una revolución socialista en Rusia parecían ser inexistentes.

Europa estaba en las garras de una terrible guerra. Los trabajadores de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia estaban matándose entre sí en nombre del imperialismo. En tal contexto la consigna: "¡Proletarios de todos los países, uníos!" debía parecer una expresión de amargo sarcasmo. La propia Rusia estaba gobernada por un poderoso régimen autocrático con un gran ejército, una fuerza policial y una policía secreta cuyos tentáculos se extendían a todos los partidos políticos –incluyendo los bolcheviques.

Y, sin embargo, en esta situación aparentemente imposible los obreros de Rusia se movieron para tomar el poder en sus propias manos. Ellos derrocaron al zar y establecieron organismos de poder democráticos, los soviets. Sólo nueve meses después el Partido Bolchevique, que al comienzo de la revolución era una pequeña fuerza de no más de 8.000 miembros, llegó al poder.

Cien años más tarde, los marxistas se enfrentan a la misma tarea que Lenin y Trotsky se enfrentaron en 1917. Nuestras fuerzas son pequeñas y nuestros recursos son escasos, pero estamos armados con el arma más poderosa: el arma de las ideas. Marx decía que las ideas se convierten en una fuerza material cuando se apoderan de la mente de las masas. Durante mucho tiempo, estuvimos luchando contra una poderosa corriente. Pero la marea de la historia fluye ahora firmemente en nuestra dirección.

Ideas que son escuchadas por unos pocos hoy serán recibidas con entusiasmo por millones en el período que ahora se abre. Grandes acontecimientos pueden tener lugar con extrema rapidez, transformando toda la situación. La conciencia de la clase obrera puede cambiar en cuestión de días u horas. Nuestra tarea es preparar a los cuadros para los grandes acontecimientos que se ciernen. Nuestra bandera es la bandera de Octubre. Nuestras ideas son las ideas de Lenin y Trotsky. Esa es la máxima garantía de nuestro éxito.


Londres 5 de enero de 2017.






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USA.

lunes, 9 de enero de 2017

Occidente se desploma

El negro periodo de la globalización anticomunista (1980-2010) como expresión del sistema unipolar y bajo la férula de Estados Unidos, ha sido mortífero. Pero, ahora vivimos tiempos históricos. Tiempos inexorables. El desplazamiento del bloque imperialista occidental encabezado por Estados Unidos en la nueva estructura económica del sistema capitalista mundial emergida tras la gran crisis económica iniciada en 2008, es realmente excepcional. Algo que ha roto el espinazo del dominio hegemónico estadounidense que por más de un siglo ha ocasionado enormes sufrimientos a los pueblos del mundo entero.                                                


OCCIDENTE SE DESPLOMA


Por: Enrique Muñoz Gamarra (*)

NOTA: escribo este artículo a pedido de mis lectores, sobre todo, de Chile y México, a fin de mejorar la que fuera publicada el 1 de enero de 2017 con el título: “La arquitectura del dominio imperialista occidental ha implosionado”, por tratarse de un hecho histórico ocurrido en estos últimos tiempos. En efecto en aquel artículo había caído en algunos desajustes, principalmente, en lo referido a la nueva estructura económica del sistema capitalista mundial, en la que se omitía la importancia de Alemania y Rusia y, se exageraba la de Indonesia. Pido, por esto, mil disculpas a mis lectores.
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Confieso con toda sinceridad que para mí, escribir sobre la implosión de la arquitectura del dominio imperialista occidental, es algo extraordinario que me llena de satisfacción.

No puedo pasar por alto el discurrir casi a saltos de los hechos recientes en la escena internacional. Son reflejo de las leyes económicas que se agitan en lo más profundo del sistema. Leyes que están fuera de la voluntad de los hombres. Y han sido sorprendentes que van a quedar grabados eternamente en los anales de la historia universal.

El negro periodo de la globalización anticomunista (1980-2010) como expresión del sistema unipolar y bajo la férula de Estados Unidos, ha sido mortífero.

Pero, ahora vivimos tiempos históricos. Tiempos inexorables. El desplazamiento del bloque imperialista occidental encabezado por Estados Unidos en la nueva estructura económica del sistema capitalista mundial emergida tras la gran crisis económica iniciada en 2008, es realmente excepcional. Algo que ha roto el espinazo del dominio hegemónico estadounidense que por más de un siglo ha ocasionado enormes sufrimientos a los pueblos del mundo entero.

En primer lugar China ya es la primera potencia capitalista mundial, ha desplazado de ese puesto a Estados Unidos que lo ostentaba por más de un siglo. Recordemos que en 2013 China se convirtió en el primer país comercial y en 2014 el mayor país capitalista del mundo. Segundo, India también ha desplazado a Japón del tercero al cuarto lugar. Tercero, Indonesia está fondeando a Inglaterra.

Entonces de acuerdo a estos fenomenales cambios la relación de países en orden de importancia en la nueva estructura económica del sistema capitalista mundial, es la siguiente: Primero, China. Segundo Estados Unidos. Tercero, India. Cuarto, Japón. Quinto, Alemania. Sexto, Rusia. Sin olvidar que en una estimación, de acuerdo al crecimiento de los PBI actuales, existe la posibilidad de que la India también en unos años más este dejando atrás a Estados Unidos.

No debemos olvidar que lo central en todo esto ha sido el movimiento constante que hay en la naturaleza y la sociedad. Qué duda cabe, el sistema imperialista estaba en esa vorágine arrastrado violentamente al fondo de la gran crisis económica iniciada en 2008.

Por supuesto esto ha tenido enormes consecuencias, por un lado, la ruina y la bancarrota de las economías, estadounidense y europea, y, la pérdida de la hegemonía mundial estadounidense en 2010. Sin olvidar que todo esto ha sido en medio de un enorme sobre-acumulación de capitales ficticios.

Y, por el otro, la ascensión capitalista de China, la reconversión de Rusia como una gran potencia militar y también la ascensión a una gran potencia nuclear de la República Popular Democrática de Corea (un país socialista, una esperanza para los pueblos oprimidos, algo excepcional y única en la historia reciente de la humanidad).

Y, de acuerdo a los mecanismos de inter-relación de base y superestructura, esta nueva estructura económica del capitalismo mundial (base) está dejando impregnado su sello en el nuevo sistema internacional (superestructura), concretándose como sistema multipolar. En realidad un proceso científico que los “doctorcitos” del Pentágono jamás lo entenderían. Esto sobrevino de forma crucial y demoledora contra el sistema unipolar establecido en 1991. Ocurrió en 2010 tras la constatación de la equiparación de fuerzas (nucleares) en las tres superpotencias más armadas del planeta (Estados Unidos, Rusia y China).

Sin olvidar que es sistema multipolar y no tri-polar como sostienen algunos, pues, incluso teniendo en cuenta la enorme incidencia en el actual contexto internacional de China, Estados Unidos y Rusia, este proceso aún no está concluido, los gravitantes hechos siguen batiéndose sobre el mundo.

Por un lado, la India está apretujada sobre China y Estados Unidos. Y, por el otro, Japón, Alemania y Gran Bretaña empieza a cuestionar la política exterior estadounidense, tratando de romper los grilletes impuestos por aquel en 1945. Todo esto ocurre en lo más profundo de la economía mundial, no en los cascarones de los gobiernos de estos países (Angela Merke, François Hollande, etc.), en realidad, una vieja superestructura que ya no cuadra con la nueva estructura económica del capitalismo mundial surgido después de 2008. Entonces aún se sienten los ecos de la implosión del sistema unipolar ocurrida en 2010.

Sin embargo, los hechos no han quedado aquí, han seguido su curso al influjo de esta misma tendencia. En efecto en el año 2015 sobrevino el periodo que más se temía en geo economía mundial, el periodo que aceleraría el hundimiento económico de Estados Unidos a efecto de su confrontación con China, que desde 2010 estuvo latente cuando ocurrió la ruptura del acuerdo estratégico que existía entre ambos países en materia económica, llámese si se quiere, “Guerra Fría”.

En esto es muy importante el dato que se tiene aún desde el año 2011. Esto ahora es una realidad difícil de soslayarla: “La política actual de Washington es mantener su supremacía militar en Asia, pero una carrera armamentística con China podría hacer que la Guerra Fría (la que hubo con la ex URSS) nos pareciera una minucia. La economía de la Unión Soviética representaba solo una cuarta parte de la de Estados Unidos cuando se produjo aquella carrera armamentística. Si Estados Unidos entrara en un proceso serio de ese tipo con China, los estadounidenses podrían olvidarse de Medicare, la seguridad social y de la mayor de aquello en lo que el gobierno de Estados Unidos gasta su dinero” (1).

Finalmente, como un resultado de lo anterior, tenemos ante nosotros, la implosión de la arquitectura del dominio imperialista occidental ocurrido a finales del año pasado, 2016. Esto de antemano ya estaba predicho desde el año 2010 cuando se produjo la pérdida de la hegemonía mundial estadounidense. Y, a partir de aquí, empieza un proceso de entrelazamiento de una nueva arquitectura de dominio del sistema capitalista mundial emergida tras la gran crisis económica del 2008 bajo egida del sistema multipolar.

Queréis pruebas sobre esto, observad lo que hay en la olla de grillos de la Unión Europea (unos países quieren ejércitos propios, otros están contra las sanciones a Rusia, etc.). También lo que hay en Japón. En el Sur de Asia. En el Sudeste Asiático. En la península coreana (RPDC). Y últimamente en Alepo (derrota militar del ejército estadounidense y los comandos especiales de los ejércitos de 60-80 países que aún lo asisten).

Y, sobre todo, tomad nota del gran acuerdo entre las tres superpotencias más armadas del planeta (Estados Unidos, Rusia y China) ocurrido entre octubre y noviembre de 2016 bajo presión de, o el gran acuerdo o la guerra nuclear, que en realidad constituye, si queréis tomadlo por de facto, la primera medida de la nueva arquitectura de dominio del sistema capitalista mundial, ya en proceso.

Esta es la historia escrita con letras de oro desde el año 2008.


Notas:

1.- ¿Debería preocuparnos que China supere a Estados Unidos?" Noticia aparecida el 29 de abril de 2011, en: spanish.china.org.cn.


(*) Enrique Muñoz Gamarra: Sociólogo peruano, especialista en geopolítica y análisis internacional. Autor del libro: “Coyuntura Histórica. Estructura Multipolar y Ascenso del Fascismo en Estados Unidos”. Su Página web es: www.enriquemunozgamarra.org






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sábado, 7 de enero de 2017

El antimperialismo no es una servilleta

Para un pueblo que debe seguir resistiendo, y vencer, para salvar su soberanía, su existencia como nación, su derecho a labrarse el presente y el futuro, ni imperialismo ni antimperialismo son accidentes. Y el antimperialismo es una opción que no cabe confundir con una servilleta que se usa a la mesa y luego se tira como algo inútil.


EL ANTIMPERIALISMO NO ES
UNA SERVILLETA


Por: Luis Toledo Sande

En respuesta a un adversario —en quien no se detendrá este artículo, entre otras razones porque ya ha merecido muchas refutaciones más—, Atilio Boron se ha referido a la América Latina y el Caribe y, en el área, a “sectores minoritarios de nuestras sociedades que todavía creen en la eternidad y el carácter inexpugnable del imperio americano, cual si fuera una maldición bíblica de inexorable concreción”. Sin reparar en el empleo de americano por estadounidense —uso incorrecto que comúnmente pasa como si fuera una minucia léxica, pero acarrea una gruesa confusión conceptual—, las palabras del sociólogo argentino merecen atención. Él suma su voz a las que han advertido y advierten sobre una realidad peligrosísima, signada por el poderío de los medios (des)informativos dominantes, y por la inercia con que a menudo se acepta lo que ellos propalan, aceptación que debilita a las fuerzas llamadas a enfrentarlos resueltamente en la lucha contra el imperialismo.

Ni siquiera Cuba, fraguada en lucha contra imperios, y que sigue en pie por su resistencia frente al que tiene cuartel general en los Estados Unidos, se libra de que asome la errónea perspectiva refutada por Boron. Que también en territorio cubano hay quienes, aunque sean minoritarios, consideran al imperialismo como un ente eterno, lo muestran algunas señales: ¿se debe descartar del todo que sea un culto consciente o inconsciente a los Estados Unidos, y la presunta eternidad mencionada, la presencia de su bandera en soportes y contextos varios? Un ejemplo de la aceptación de la supuesta eternidad del imperialismo irrumpió en un documental incluido en la Mesa Redonda televisual el pasado 18 de noviembre.

Nutrido de entrevistas callejeras, y exhibido allí en función del tema tratado —el antimperialismo y su importancia en particular para la nación cubana—, en el documental priman rotundas muestras de claridad en el entendimiento popular de tan vital asunto, y también aparece alguna idea que va por otro camino. Tal es el caso de un entrevistado que se cuestiona el papel que pudiera tener el antimperialismo porque, a su juicio, el imperialismo existirá siempre. ¡Nada menos que siempre!

En un país donde —por grandes que hayan sido los errores al enseñar la historia— se han logrado índices de instrucción tan altos que los han reconocido hasta instituciones internacionales insospechables de querer congraciarse con un gobierno de signo comunista, un hecho debería ser de conocimiento general: desde el surgimiento de la humanidad, pasando por la comunidad primitiva, la esclavitud y el feudalismo, ninguna formación económico-social ha sido eterna. Para que la excepción fuera el capitalismo con su fase imperialista, la humanidad debería ser eterna también, y ello difícilmente se logrará si se perpetúa un modo de producción y de explotación tan depredador como ese.

Pero ¿basta que algo no exista para que no exista su contrario? Si el imperialismo desapareciera y lo sustituyese una sociedad portadora de justicia, ¿sería esa una razón suficiente para que el antimperialismo se extinguiera? Si no se cultivan las ideas y las prácticas necesarias para que no resurja un mal, este tendría abiertas las puertas —las condiciones— para volver. Es algo tan aplicable a los problemas sociales como a la salud corporal. Si se olvidan y se incumplen medidas que deben mantenerse para que no resurja una enfermedad ya erradicada, esta puede brotar nuevamente. Pero el pensamiento anti- puede concernir asimismo a realidades que no hayan existido —no, al menos, plenamente— en ninguna parte del planeta. Lo saben bien, y lo manejan con astucia, los agentes del anticomunismo, quienes invierten grandes recursos en impedir que la utopía comunista llegue a triunfar, aunque ni el socialismo lo haya conseguido en plenitud.

Pero hay quienes se ofrecen para ser presa de las confusiones, u objetivamente lo son, y llegan a dar por sentado que el imperialismo cambia su naturaleza opresora o renuncia a ella con solo anunciar que cambia o darse una modificación cosmética. Si, por ejemplo, alguien escribe sobre las similitudes entre la realidad política y social de los Estados Unidos que José Martí denunció con tanta lucidez y lo que allí ocurre hoy, no faltará quien proteste y diga que ya ese país es diferente, otro, porque tiene un electorado, una economía y un desarrollo tecnológico distintos y el presidente puede ser “negro” o mujer.

 Sería ridículo ignorar los cambios ocurridos en esa sociedad, y no solo en ella, pero la tendencia a creer que los cambios factuales la han transformado esencialmente en su naturaleza social ¿será solamente fruto de una incapacidad de análisis que impide ir más allá de ramonear en la información sin calar en los hechos medulares? ¿No pudiera también ser obra del deseo de dejarse confundir, de la disposición a edulcorar la realidad, a tomar lo fenoménico o anecdótico como si fuera esencial?

No es propósito de este artículo devaluar a nadie. Más bien lo que personalmente podría entristecer al autor radica en que juicios como el que acaba de refutar son erróneos, porque ¿quién no quisiera amanecer un día y toparse con que el imperialismo ha cambiado de entraña y dado paso, sin trámites cruentos, a un sistema justiciero? Solo que no parece muy sensato confundir realidad y deseo. Ni su fuerte crisis sistémica autoriza a vaticinarle un final cercano: a fuerza de haber protegido sus reservas naturales saqueando a otros pueblos, aún pudiera durar quién sabe cuánto, y —lo dijo un revolucionario a quien se ha querido silenciar, pero la realidad es más fuerte que tapabocas y tapapáginas—, en sus estertores pudiera ser todavía más peligroso que en sus años de mayor poderío.

Por lo pronto, la mujer que —como otro síntoma de cambio— se preveía posible primera presidenta de los Estados Unidos perdió en un pugilato de víboras, aunque en torno a ella se habían levantado expectativas infundadas tratándose de una intervencionista activa con vocación criminal: de la secretaria de Estado que fue habla a las oscuras su actitud en Libia, donde celebró grotescamente la ejecución del gobernante depuesto por la intervención de la OTAN, la que aplaudieron, dicho sea de paso, “izquierdistas” como el refutado por Boron.

A esa mujer la derrotó un yanqui varón, blanco, atorrante, millonario, fascistoide, de mal gusto visible en sus derroches de ostentación y hasta en su ridículo peinado. Un neroniano desde la médula. Ese negociante —de quien se ha dicho que triunfó electoralmente contra el establishment, cuando en el fondo apuntala lo más oscuro de este, y en lo más oscuro se afinca él, si es que hay en la política de aquella nación algo más claro que la maldad—, da continuidad a la era Bush, no a su contrapartida formal, marcada por la elegancia y el encanto engañosos, y llena también de genocidios internacionales y mentiras. Esta es la que personifica un Barack Obama a quien le regalaron prematura y desvergonzadamente el Premio Nobel de la Paz para que siguiera haciendo guerras auxiliado por tropas terroristas. Siria —Alepo en particular— es una prueba categórica, pero ni remotamente la única.

Al margen de matices personales puestos al servicio del imperio que los tres han representado o representan, Obama hizo, e Hillary Clinton habría hecho —lo hizo en sus anteriores funciones— y el tal Donald Trump hará lo que le permitan u ordenen hacer los dueños del país, y estos actúan según se acomoden o se revuelvan dentro de las circunstancias domésticas e internacionales. Hoy por hoy, entre dichos dueños predominan los mayores capos trasnacionales de la muerte: el consorcio bélico-militar.

Ya se va apreciando que, al menos en imagen, el burdo Trump es menos peligroso que Obama. En “Sí, Obama es mejor que Bush”, publicado a inicios de 2010, el autor del presente artículo sostuvo que Bush era peor, por más basto y también neroniano, que su elegante y elocuente relevo. Pero por ello este último resultaba más peligroso. Sus cualidades las ponía al servicio del mismo imperio, para hacerlo más llevadero y que se pudieran aceptar sus coyundas, sus ukases guerreristas, con menos complejo de culpa.

Damas de la “izquierda” europea suspiraban y se declaraban incapaces de ser críticas con respecto al encantador presidente —mucho más consumado actor que Ronald Reagan—, y políticos de esa misma “izquierda” aplaudían que la potencia estadounidense recuperase el liderazgo mundial que perdía con George W. Bush. A este algunos lo tenían por estólido, aunque —sin dejar de serlo— al parecerlo podía también ejercer dotes histriónicas.

El que Obama era más peligroso que Bush, y acaso el presidente más peligroso de aquella nación por lo menos de John F. Kennedy para acá, lo reiteró de distintos modos el articulista a raíz de los célebres y, a no dudarlo, importantes anuncios hechos simultáneamente en La Habana y en Washington el 17 de diciembre de 2014. No faltó entonces quien reaccionara azorado o colérico ante la “impertinente” reiteración, propia de aguafiestas. ¡Cómo no rendirse sin más ante “la bondad” expresada por el césar! No saldrá sobrando recordar que —como le dijo un torero a José Ortega y Gasset— “hay gente pa’to”, incluso para ilusionarse hasta la desmesura y dejarse engañar voluntariamente.

Claro que para Cuba era y sigue siendo un desiderátum, y merece que este se haga realidad plena, verse libre del bloqueo, que se le devuelva el territorio de Guantánamo ocupado por los Estados Unidos hace más de un siglo y que —como parte de una normalización de relaciones que permanece fundamentalmente en el digno reino de lo utópico, aunque no sea imposible lograrla— cesen prácticas discriminatorias, aberrantes, como la denominada ley de ajuste cubano. ¿Quién pudiera negar que ese desiderátum es digno y justo?

Pero Obama fue sincero hasta la desfachatez en sus declaraciones: había que cambiar la táctica contra Cuba, porque el bloqueo no la había doblegado, ni siquiera aislado, y sí aislaba a los Estados Unidos en la América Latina y el Caribe. También lo fue en hechos: de su visita a La Habana —donde entró de chistoso en los hogares del país por la televisión nacional, que asimismo difundió su imagen mientras disfrutaba, en el Gran Teatro, de una concurrencia que él, a juicio no solo de este articulista, no merecía— partió a Buenos Aires, para reforzar modos de reatar a nuestra América y seguir intentando neutralizar a Cuba.

Díganlo, si no, hechos como, entre otros, los vistos en la propia Argentina y en Brasil, y en Venezuela, donde si el gobierno constitucional y progresista se ha mantenido contra vientos y mareas feroces se debe a un hecho fundamental: es fruto de lo mucho y bueno sembrado por el bolivarianismo chavista, capaz de resistir brutales embestidas a pesar de ingratitudes, traiciones y, sobre todo, maniobras de la oligarquía interna aupada por el imperialismo y sus servidores internacionales. Lo que allí las fuerzas de la reacción buscan no dista de lo que buscaron y en 1973 consiguieron cruentamente en Chile.

Si maniobras y mentiras de Obama en el plano mundial son, para quienes quieran ver, palmarias, con respecto a Cuba —es decir, al levantamiento del bloqueo y a la normalización de relaciones entre ambos países—, el presidente imperial saliente deja la realidad no tan lejos de donde estaba aquel 17 de diciembre. Incluyendo el establecimiento de embajadas en las cuales la del imperio estuvo asimétricamente sin embajador durante un largo trecho, los pasos positivos son harto insuficientes. Diversos observadores aprecian una realidad: el gobernante que en campaña electoral abogó, para su propia nación, por un cambio que no llegó a definir en qué consistía, y tantas promesas incumplió, no usó todas las prerrogativas a su alcance a para normalizar las relaciones con Cuba.

Lo que pudiera ocurrir a partir de ahora queda aparentemente en manos del nuevo césar. Pero sería otra muestra de ingenuidad atribuirlo todo al papel desempeñado por individuos, sean estos lo importantes que puedan ser. Si se trata del imperialismo, la vida confirma que lo determinante radica en la naturaleza voraz, belicista, de un sistema que, como los que le han precedido, tendrá su final. Y solo dejando de existir podrá renunciar a su esencia.

Para un pueblo que debe seguir resistiendo, y vencer, para salvar su soberanía, su existencia como nación, su derecho a labrarse el presente y el futuro, ni imperialismo ni antimperialismo son accidentes. Y el antimperialismo es una opción que no cabe confundir con una servilleta que se usa a la mesa y luego se tira como algo inútil.


Tampoco el imperialismo es recuperable, aunque disfrute de ciclos de adaptación para conservar su poder. Oponérsele no es resultado básicamente de prédicas, por muy elevadas que estas sean, sino consecuencia de la naturaleza de un sistema contra el cual se yergue la ética. El Martí que enseñó: “Ver en calma un crimen, es cometerlo”, fue el iniciador del antimperialismo que, abrazado por líderes como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Antonio Guiteras y Fidel Castro, arraigó en la mayoría del pueblo cubano.






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martes, 3 de enero de 2017

La malicia de un perdedor: ¿Qué hay detrás de los ataques de Obama contra Putin?

No es de extrañar que el presidente de Estados Unidos esté atacando públicamente a Putin, insultándolo a él ya su país. No es de extrañar que la prensa tradicional esté en armas. ¿Cómo podría este «país más débil... más pequeño» ser más astuto que el todopoderoso Sr. Obama y el gran hegemón estadounidense?


LA MALICIA DE UN PERDEDOR: ¿QUÉ HAY DETRÁS DE
LOS ATAQUES DE OBAMA CONTRA PUTIN?


Por Michael Jabara Carley

Las relaciones entre el presidente ruso Vladimir Putin y el presidente estadounidense Barack Obama están envenenadas e irremediablemente dañadas. Por lo tanto, es bueno que Obama abandone el cargo el 20 de enero. Por su puesto que las malas relaciones entre Estados Unidos y Rusia, no son nada nuevo. Desde la guerra anglo-americana contra Irak en 2003, las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se han ido cuesta abajo. Para Obama, parece que todo se ha vuelto personal. El presidente de EE.UU a menudo actúa como un adolescente petulante, celoso de un rival de la escuela secundaria. Es decir, el chico que hace todo mejor que él. El muchacho no lo soporta y no lo dejará pasar. Él desafía a su némesis en cada oportunidad sólo para perder una y otra vez. Eso tiene que ser duro para el ego. Entre Obama y Putin han habido muchos de esos encuentros. Tampoco ayuda el hecho que los caricaturistas occidentales muy a menudo ridiculicen a Obama como incompetente en comparación con Putin.

Consideremos las declaraciones de Obama en su última conferencia de prensa el viernes 16 de diciembre. "Los rusos no nos pueden cambiar o debilitar significativamente", dijo Obama: "Son un país más pequeño. Son un país más débil. Su economía no produce nada que alguien quiera comprar, excepto petróleo, gas y armas. No innovan ». Esto era insultar tanto a Putin como a su país, pero aparentemente no lo suficiente para Obama. "Ellos [los rusos] pueden impactarnos si perdemos el rumbo sobre quiénes somos. Pueden impactarnos si abandonamos nuestros valores. El señor Putin puede debilitarnos, al igual que está tratando de debilitar a Europa, si empezamos a aceptar la noción que está bien intimidar a la prensa, encarcelar a los disidentes, o discriminar a las personas por su fe o por su apariencia ».

¿De qué está hablando Obama? ¿Intimidar a la prensa? Los periódicos de Moscú y los medios televisivos están atestados de «liberales». Muchos rusos los llaman «quinta columnistas». Son <<personas con una visión del mundo más avanzada ‘que no toleran la’ propaganda rusa>>, según un colega en Moscú. Pero Putin los tolera y les hace caso omiso.

«Encarcelar a los disidentes... discriminar a las personas»? ¿En qué realidad alterna vive Obama? ¿No produce algo que la gente quiera comprar? Estados Unidos compra motores de cohetes que ahora no produce en casa. Tal vez los estadounidenses, bromeó un comentarista ruso, pueden usar trampolines de alta tecnología para entrar en el espacio y prescindir de la tecnología rusa.

En una entrevista el otro día  con la American National Public Radio, Obama despotricó contra Putin. Debe haber sido un ensayo para su conferencia de prensa. <<Este es alguien, el ex jefe de la KGB>>, dijo Obama, <<quien es responsable de aplastar la democracia en Rusia... contrarrestar constantemente los esfuerzos estadounidenses de propagación de la libertad; actualmente está tomando decisiones que están conduciendo a una masacre en Siria». Qué hipocresía tan increíble; un verdadero disparate. Putin era un teniente coronel en la KGB, pero nunca su jefe, y ciertamente no ha <<aplastado la democracia en Rusia>>. Incluso trata a su oposición política con respeto en comparación a Obama que desestima al presidente electo Donald Trump como una especie de candidato manchurio de los rusos. Los rusos, según Obama, interfirieron en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, y ayudaron a derrotar a la demócrata Hillary Clinton. Ellos hackearon el disco duro del Comité Nacional Demócrata y pasaron miles de correos electrónicos a WikiLeaks, aunque, según otros, un indignado miembro del equipo de Clinton filtro la colección de embarazosos correos electrónicos. Obama ha desechado esa posibilidad. Los rusos ejecutaron el hackeo, insiste, y Putin debe ser considerado como personalmente responsable.

¿Dónde está la evidencia? En Moscú, un enojado Putin desafió a Obama mostrar la evidencia o callarse. Esto es algo muy difícil para Obama. Los rusos, dice, <<constantemente están contrarrestando los esfuerzos estadounidenses para propagar la libertad>>. Uno se pregunta dónde tendría lugar. En Ucrania, donde los Estados Unidos y la Unión Europea apoyaron y dirigieron el golpe de estado contra el gobierno ucraniano elegido democráticamente? ¿O en Siria, donde los Estados Unidos y sus vasallos regionales y de la OTAN llevan a cabo una guerra de agresión contra el gobierno legítimo en Damasco, apoyando a los terroristas yihadistas? ¿Contra cuántos gobiernos democráticos o movimientos políticos que han contado con el apoyo popular, ha complotado o destruido Estados Unidos desde 1945? La lista es larga, incluyendo la elección presidencial rusa de 1996.

Durante su entrevista con NPR, Obama tocó directamente la cuestión de Siria. La liberación del Este de Aleppo de la ocupación de Al-Qaeda y otros yihadistas ha enfurecido a occidente. Para la eterna vergüenza de Francia, la Torre Eiffel se oscureció para dolerse por la derrota de Al-Qaeda. Los medios tradicionales (MSM) están en armas. Rusia, Irán, Hezbolá, las milicias palestinas e iraquíes han ayudado al ejército árabe sirio a limpiar Aleppo de terroristas yihadistas y frustrar a Estados Unidos y a sus vasallos. Esto es lo que irrita a Obama, el ser superado por un hombre inferior a él y un país inferior a los Estados Unidos. ¡Qué deplorable es hablar de la liberación del Este de Alepo como «una matanza en Siria».

Las frustraciones de Obama comenzaron hace varios años. ¿Recuerdan en 2013, cuando el gobierno estadounidense inició una campaña de propaganda sobre las armas químicas sirias y advirtió de <<líneas rojas>> que no se podían traspasar? Al parecer, el gobierno de los Estados Unidos estuvo a punto de lanzar ataques aéreos masivos contra Siria. Putin intervino y el gobierno sirio renunció a sus armas químicas, eliminando el pretexto estadounidense para la intervención. La prensa escrita tuvo un día de campo mostrando como Putin ayudaba a Obama a salir del atolladero de su propia creación. Mientras tanto, Putin continuó instando a la cooperación ruso-estadounidense contra los yihadistas en Siria, tratando de alejar a Estados Unidos de sus ruinosas políticas. En vano. ¿Quién actuó entonces con mayor habilidad política, Putin u Obama?

Frustrado en Siria temporalmente, Estados Unidos abrió un nuevo frente en la frontera sur de Rusia en Ucrania. Apoyó el golpe de Estado en Kiev y se hiso de la vista gorda ante la vanguardia fascista, que mantuvo en el poder a la nueva junta ucraniana. <<Los fascistas son sólo unas pocas manzanas podridas>>, dijeron los funcionarios en Washington, pensando que la OTAN había logrado una gran victoria al conseguir poner sus manos sobre Sevastopol para poder echar a la flota rusa del Mar Negro, fuera de su tradicional base.

Tenemos que darle crédito a Obama; él era ambicioso, aspirando a un gran premio y a la humillación de Rusia y de su presidente. De nuevo, se vio frustrado no tanto por el presidente Putin, sino por el pueblo ruso de Crimea que movilizó inmediatamente sus unidades locales de autodefensa respaldadas por <<gente amable>>, infantes de marina rusos estacionados en Sebastopol, para expulsar a los ucranianos con apenas unos disparos. Organizaron un referéndum para aprobar la entrada en la Federación Rusa. La reunificación fue rápidamente aprobada por una gran mayoría y celebrada en Moscú. Putin pronunció un discurso notablemente sincero, explicando la posición rusa. «La OTAN sigue siendo una alianza militar -dijo- y estamos en contra que una alianza militar este instalándose en nuestro patio trasero o en nuestro territorio histórico. Simplemente no puedo imaginar que viajaríamos a Sevastopol para visitar a los marinos de la OTAN. Por supuesto, la mayoría son chicos maravillosos, pero sería mejor que ellos vinieran a visitarnos, ser nuestros invitados, y no al revés>>.

Todo pasó tan rápido, Obama debió de mirar, atónito, balbuceando con airada frustración el haber sido superado por los rusos de Crimea que después de todo sabían una cosa o dos sobre «innovar» y defender su tierra. Los rusos en el este de Ucrania también resistieron, tomando las armas para defenderse contra los batallones fascistas de Kiev.

Eso fue demasiado. Putin se convirtió en enemigo de Obama. El presidente estadounidense contraatacó con sanciones económicas, que sus vasallos europeos respaldaron rápidamente. Cuando el vuelo MH17 de Malasia Airlines, fue derribado sobre el este de Ucrania, Obama y la UE acusaron inmediatamente a Putin de ser responsable sin una pizca de evidencia. De hecho, la evidencia disponible apunta a la junta de Kiev como el culpable, pero la prensa tradicional no prestó atención. Se encargó de orquestar una campaña de propaganda que condujo a sanciones más duras contra Rusia con la intención de sabotear su economía rusa y quebrar su gobierno.

Una vez más Obama y sus consejeros calcularon mal. El gobierno ruso instituyó sus propias sanciones contra la UE, y buscó otras fuentes de suministro o sustituyó las importaciones extranjeras por productos rusos. <<Podemos prescindir de las manzanas polacas y del queso francés>>, pensó la mayoría de los rusos. Los <<liberales>> se pusieron de mal humor por la pérdida de su queso camembert, pero eso es un pequeño precio a pagar por la independencia rusa. Obama fue superado de nuevo por los rusos que, el insiste, no pueden innovar. En cuanto a la UE, sufrió enormes pérdidas económicas debido a las sanciones, por órdenes estadounidenses, en un ejemplo clásico de dispararse en el pie. Se está convirtiendo en un hábito; la UE ha renovado nuevamente sus sanciones contra Rusia.

Mientras la crisis ucraniana se prolongaba, Obama tuvo que volver su atención a Siria. En el otoño de 2015, Putin ordenó a las fuerzas aeroespaciales y navales rusas intervenir en nombre del fuertemente presionado gobierno sirio que pidió ayuda contra la invasión yihadista respaldada por Occidente. Lentamente el curso de la batalla empezó a cambiar. Otra vez, Obama fue cogido desprevenido; una vez más, el plan de Estados Unidos para derrocar al gobierno sirio fue frustrado por el enemigo de Obama. Estados Unidos intentó falsas treguas para permitir que sus mercenarios yihadistas se rearmaran y reabastecieran. Al principio, los rusos parecían no captarlo, aceptando las propuestas estadounidenses como genuinas. Tenían que aprender de la manera más difícil, pero lo hicieron al final. La liberación del Este de Alepo, aunque eclipsada por la pérdida simultánea de Palmira, es otro golpe a las políticas de Obama ya su frágil ego.

No es de extrañar que el presidente de Estados Unidos esté atacando públicamente a Putin, insultándolo a él ya su país. No es de extrañar que la prensa tradicional esté en armas. ¿Cómo podría este «país más débil... más pequeño» ser más astuto que el todopoderoso Sr. Obama y el gran hegemón estadounidense?

Al igual que la URSS, Rusia siempre ha tenido que emprender una politique du faible, las políticas de un pobre, sin tener nunca los abundantes recursos de los adversarios occidentales. A tiempo los rusos aprendieron a innovar. El zorro tiene que avanzar en un mundo lleno de lobos peligrosos.


Lo que Obama debe odiar más que nada es que Putin haya expuesto ante el mundo el apoyo estadounidense a Al-Qaeda y el Estado Islámico. ¿Quién en realidad es el responsable de la <<matanza>> en Siria? Obama lo llama luchando por la democracia. "Democracia de los bombardeos aéreos", replicó burlonamente  Putin en una ocasión. << ¿Se dan cuenta de lo que han hecho? >>    Preguntó Putin en la ONU en 2015,  estremeciendo a la prensa tradicional. Obviamente no, a juzgar por las declaraciones de Obama de los últimos días. Él sigue siendo el adolescente obsesivo con dudas sobre sí mismo, e incomprensiblemente, contra un verdadero estadista. Gracias a Dios Obama está a punto de salir de la Casa Blanca. No es demasiado tarde. El famoso comentario de Olliver Cromwell en 1653 al Rump Parliament parece apropiado. «Ustedes se han sentado durante demasiado tiempo sin utilidad alguna en tiempos recientes... yo digo que deben irse; y que nos liberemos de ustedes. En nombre de Dios, ¡váyanse!».






Publicado por La Cuna del Sol
USA.