domingo, 1 de diciembre de 2019

Dos estampas del racismo, xenofobia de mexicanos y la complicidad gubernamental

Los racistas y xenófobos mexicanos pretenden esconder sus crímenes de odio entre el mar de sangre que cubre el país y para ello cuentan con la complicidad, desidia o incompetencia de las autoridades.


DOS ESTAMPAS DEL RACISMO, XENOFOBIA
DE MEXICANOS Y LA
COMPLICIDAD GUBERNAMENTAL


Por Fabián Campos

Hace dos semanas tres migrantes hondureños viajaban a bordo de La Bestia. Los empleados del ferrocarril los convencieron de lo peligroso de mantenerse en el tren debido a los productos químicos que transportaban y se bajaron entre los municipios de Xaloztoc y Tzompantepec, en el estado de Tlaxcala. Su plan era esperar el siguiente tren y continuar su recorrido. Mientras tanto se resguardaron bajo un puente.

De entre la vegetación y al amparo de la noche empezaron a brotar sombras de niños, jóvenes y viejos. En un primer momento ello no les causó miedo. Podrían ser migrantes como ellos. De pronto empezaron los insultos. Alrededor de 50 personas los rodearon, los amarraron y amenazaban con quemarlos vivos, mientras grababan en video su “hazaña”.

Una patrulla de la Policía Estatal se acercó para averiguar qué pasaba. Al tratar de quitarles a los migrantes secuestrados se vieron superados por la muchedumbre, por lo que pidieron refuerzos. Otras dos patrullas fueron necesarias para disuadir a las personas congregadas y que les fueran entregados los migrantes. Se vio impedido el linchamiento, pero desde el interior de “Fuente Ovejuna” se escucharon alaridos que increpaban a los policías:

“¿De qué lado están? ¿Del de ellos o del de nosotros?”

Toussaint Serge, un joven haitiano que hace unos meses salió de su país huyendo de la violencia y la pobreza, para poder cumplir las reglas de migración de Donald Trump se tuvo que quedar a vivir en Tijuana a la espera de que sea estudiado su caso por las autoridades estadunidenses.

Migrante económico no puede sufragar en Tijuana una renta en un barrio seguro. Tuvo que escoger uno donde sus pocos ingresos, sumados a los de otros de sus connacionales, pudieran brindarle un techo y una dirección para recibir las notificaciones, Módulos de Otay. Barrio popular donde el agua llega pocas veces por semana y por “tandeo”. Pero la violencia sí es recurrente. Balaceras, muertos arrojados en las calles al amparo de la noche son las noticias que recorren sus calles todos los días.

El pasado 10 de noviembre, Toussaint Serge caminaba por una céntrica avenida de su “colonia”. El bullicio propio de la noche de un barrio popular se rompió de pronto. El estruendo de un balazo sobresaltó a los que junto con Serge terminaban un día más de trabajo y sobrevivencia. Pero el joven haitiano no sólo se vio sorprendido, un dolor agudo se le incrustó en el estómago. Con el susto en los ojos recorrió dificultosamente las calles que lo separaban de su “casa”. Un amigo lo llevó de inmediato a la Cruz Roja para que lo atendieran.

Los médicos, siguiendo su protocolo para heridos de bala, informaron de inmediato a las autoridades. Los policías que atendieron el reporte hicieron su informe. Una periodista que cubría la fuente inquirió al respecto. La respuesta fue la usual: habían desplegado un operativo, pero no habían dado con algún sospechoso.

Los racistas y xenófobos mexicanos pretenden esconder sus crímenes de odio entre el mar de sangre que cubre el país y para ello cuentan con la complicidad, desidia o incompetencia de las autoridades.

En el caso de Tlaxcala era un grupo organizado, que sabía el lugar donde podrían atacar migrantes, iban preparados para grabar su felonía y difundirla. Se trata de un crimen de odio. Pero es eso sólo, un crimen de odio en un territorio donde se comenten muchos más todos y cada uno de los días contra mujeres e indígenas. ¿Qué importa uno más? ¿Para qué investigar? Sobre todo cuando son cometidos contra esos seres invisibilizados por las propias autoridades que se resistían a aceptar la recomendación 98/2019 de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, bajo el argumento de que eran situaciones ocurridas bajo el gobierno anterior.

En el caso de Toussaint Serge, la mano que detonó el arma se perdió en la noche. La periodista completó su nota con otras informaciones sobre muertos y balaceras. La historia de xenofobia y racismo se perdió entre el papel de un informe burocrático más. ¿Qué importaba? Un negro más, un migrante ilegal más, en medio de reportes policiacos de instituciones que son incapaces de brindar seguridad a sus propios ciudadanos.

Las autoridades estatales no se ven presionadas por el nivel federal porque tampoco ellos están interesados en investigar el tema. Para Marcelo Ebrard, lo importante es detener a los migrantes centroamericanos. Darle muestras a Donald Trump que sabe honrar su palabra y que nos hemos convertido en su primera barrera migratoria. Esos crímenes de odio son, apenas, una nota más que se perderá en un país hundido en la violencia. Pero están dejando crecer un problema que, tarde o temprano, nos va a explotar en la cara.






Publicado por La Cuna del Sol

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