jueves, 5 de septiembre de 2013

¿QUÉ ES LA CLASE TRABAJADORA?


Este artículo fue escrito en 1987, como aportación al debate en Gran Bretaña. Es una síntesis de la introducción de Alex Callinicos a la obra The Changing Working Class, 1987. Apareció en castellano en la revista Socialismo Internacional , No 3 (enero/febrero 1995). Aún y el tiempo transcurrido, pensamos que puede representar una contribución relevante a los debates sobre el carácter de la clase trabajadora hoy, cuando la crisis económica vuelve a poner en el centro la cuestión de quién tiene la fuerza para hacer frente a la oleada de ataques sociales. Parte de la izquierda argumenta que la tradición revolucionaria y el marxismo quedaron superados porque respondían a condiciones y a realidades ya caducas. Se postula que la clase trabajadora se ha aburguesado, ha perdido su consciencia o, directamente, que ha desaparecido.

Como demuestra Callinicos, la clase productora no sólo sigue en pie, sino que su papel en el proceso productivo sigue siendo el mismo que analizó Marx. Pues el capitalismo es un sistema cuya dinámica se remonta a la vigencia de la acumulación y la explotación que la mueve; esa sigue siendo la relación fundamental entre capital y trabajo, no obstante su cambiante forma. La clase trabajadora no sólo existe sino que, como demuestran múltiples ejemplos en los últimos meses por toda Europa, tiene hoy un gran potencial de lucha.



¿QUÉ ES LA CLASE TRABAJADORA?


Por Alex Callinicos

¿Desapareció la clase trabajadora?

La cuestión de las clases sociales ha sido uno de los principales temas de debate político de la última década. Se ha planteado, sin embargo, de una forma paradójica: gran parte de la izquierda sostiene que, en general, los antagonismos de clase ya no constituyen la división fundamental de la sociedad y, en particular, que la clase trabajadora está en declive y no se puede esperar que juegue el papel de agente de la revolución socialista que Marx le asignó.

El telón de fondo de estos debates son las derrotas sufridas por el movimiento obrero desde finales de los años 70, sobre todo en Gran Bretaña y en Estados Unidos, pero también en el resto del mundo capitalista avanzado. La cuestión se planteó por primera vez durante el primer gobierno de Margaret Thatcher, con la publicación, en inglés, de un libro del escritor francés André Gorz. El menor número de huelgas, el aumento del paro y de los cierres de fábricas, junto con los avances electorales de los partidos conservadores, otorgaban credibilidad a la idea de que la clase trabajadora ya no representa una fuerza social y política.

Creo que es esencial cuestionar la idea de que los cambios ocurridos en la estructura social del capitalismo contemporáneo hagan necesario que las y los socialistas dejen de considerar la lucha de clases como el elemento indispensable para entender el capitalismo, y como el medio fundamental para remplazarlo por una sociedad sin clases.

Esta idea se ha propagado con relativa facilidad entre la izquierda, debido, entre otras razones, a la confusión reinante, incluso entre mucha gente de izquierdas, acerca del concepto de clase. Los conceptos de clase fundamentados en el sentido común que a menudo sirven para sustentar teorías sociológicas aparentemente sofisticadas, son un obstáculo para entender cuales son las divisiones reales en la sociedad. Que sean éstos los conceptos que prevalecen es reflejo de la influencia ideológica que ejerce la clase dominante sobre mucha de la izquierda.

Entre apariencia y realidad

Estos conceptos de sentido común se asemejan entre sí porque identifican las apariencias superficiales existentes en la sociedad con la clase social. Las apariencias más importantes son, probablemente, el estatus, la ocupación y los ingresos.

El estatus refleja, sobre todo, de qué manera las personas perciben su propia posición social y como la perciben los demás. Estudiar el estatus requiere dilucidar las sutiles diferencias en los niveles del prestigio social (entender su jerarquía y el esnobismo que éste conlleva).

Cuando se dice que Gran Bretaña es una sociedad “de clases”, en general, se piensa en el estatus (en la monarquía, en la aristocracia, en las relaciones forjadas en los colegios exclusivos, etcétera).

Hacer hincapié en el estatus significa centrarse en los estilos de vida de las personas y en sus pautas de consumo. En términos generales, desde 1945, los ingresos reales de los obreros manuales han aumentado significativamente. En ciertas cosas, las pautas de consumo de muchos obreros manuales y las de aquellos que tradicionalmente han sido considerados profesionales de clase media, han llegado a parecerse: miembros de ambos grupos tienen coche, compran en los mismos supermercados, viajan más, tienen hipotecas.

Pero las semejanzas han sido, a menudo, exageradas. Una definición de clase que exagere la importancia de las pautas de consumo probablemente conduzca a creer que los antagonismos de clase han desaparecido y que ha habido una fusión entre la clase trabajadora y la clase media. Después de la tercera derrota electoral consecutiva sufrida por el Partido Laborista británico en los años 50, quienes sostenían que la clase trabajadora estaba “aburguesándose” (tornándose clase media) se basaban en la mayor opulencia y en los cambios en el estilo de vida de los obreros manuales.

Las similitudes en las pautas de consumo, sin embargo, pueden esconder posiciones muy diferentes en la estructura general de las relaciones de poder y privilegio en la sociedad. En general, el estatus es, por definición, subjetivo y refleja las actitudes de los individuos hacía la sociedad y hacia los otros individuos. Por consiguiente, es poco útil para explicar los cambios sociales, sobre todo cuando éstos afectan a diversos grupos de personas que adoptan actitudes diferentes. ¿Cómo puede el concepto de estatus ayudar a comprender las razones que llevaron a los maestros y a las enfermeras (que se consideraban a sí mismos como “profesionales humanitarios”), a fines de los años 60 y en los 70, a aceptar una cada vez mayor participación en las organizaciones sindicales colectivas, en movilizaciones sindicales y hasta en huelgas? Se mire como se mire, no puede darse mucha credibilidad a un concepto de clase según el cual los Estados Unidos son una sociedad menos clasista que la de Gran Bretaña, debido a que en ese país los rituales de privilegio de los ricos y poderosos no son tan visibles, ni están tan desarrollados. El estatus es un concepto totalmente idealista que no sirve para analizar la sociedad.

La ocupación es otro factor que el sentido común identifica como útil para la definición de clase. En este caso, la clave para determinar la posición de clase del individuo es el tipo específico de trabajo que realiza. El mejor ejemplo de este enfoque son las investigaciones oficiales sobre la estructura social. En Gran Bretaña estas investigaciones utilizan la clasificación de las ocupaciones establecida por el Registro General, según la que se identifican amplias categorías ocupacionales tales como ocupaciones manuales y de “cuello blanco”. Gran parte de los datos empíricos sobre la clase social identifica a ésta con la ocupación. Este enfoque merece nuestra atención, entre otras razones, porque los estudios que lo adoptan tienden a identificar a la clase trabajadora con quienes realizan ocupaciones manuales. Debido a que, en las sociedades capitalistas avanzadas, el número de personas en ocupaciones manuales constituye una proporción cada vez menor de la mano de obra, puede fácilmente pensarse que la clase trabajadora está desapareciendo.

El definir la clase social según la ocupación tiene, por lo menos, el mérito de contemplar las realidades materiales del mundo laboral. No obstante, este enfoque obvia los antagonismos intrínsecos que enfrentan a los diferentes grupos sociales dentro del sector productivo. Es así que algunos expertos en Ciencias Políticas consideran que uno de los mayores éxitos de los 'tories' ha sido recabar el apoyo de los trabajadores manuales cualificados. Después de las elecciones de 1987, Ivor Crewe compiló las estadísticas acerca del creciente número de votantes del Partido Conservador entre este grupo de trabajadores: en 1974, 31%, en 1979, 45% y en 1987, 43%, lo cual daba al Partido Conservador una ventaja de 9 puntos sobre el Partido Laborista. La conclusión a la que llegó Ivor Crewe fue que: “Éste es el testamento más apabullante del Thatcherismo que pueda haber”. Pero la categoría de “trabajadores manuales cualificados” abarca a los capataces, a los trabajadores manuales autónomos y a los pequeños empresarios. Es decir que se sitúan en una única categoría a grupos de personas cuyos intereses son diferentes, e incluso antagónicos, a los intereses de aquellos trabajadores manuales quienes, independientemente de su nivel de cualificación, dependen de la venta de su fuerza de trabajo para su supervivencia.

Para que esta amplia categoría sea útil es necesario establecer cuales son los diversos grupos que la constituyen, ya que es probable que éstos difieran mucho en su conducta social y política.

Algo similar ocurre con la categoría “trabajadores de cuello blanco”. ¿Qué tienen en común el consejero delegado y el personal auxiliar administrativo de una gran empresa?

Este es un tema importante debido a que el incremento de la proporción de trabajadores de “cuello blanco” en la población activa se ha visto acompañado por un aumento de la actividad sindical de estos sectores. En el período posterior a la derrota de la gran huelga de los mineros en 1985, los maestros y los funcionarios se opusieron más activamente a las políticas del gobierno, encabezado por Margaret Thatcher, que grupos de trabajadores manuales con una tradición de mayor militancia, tales como los trabajadores de la industria mecánica o de la automovilística. En palabras del marxista estadounidense Stanley Aronowitz, “la etiqueta ‘cuello blanco’ presupone que existe una diferencia esencial entre la estructura laboral de la fábrica y la de la oficina. Se trata de una categoría derivada de la ideología social y no de las ciencias sociales”. Toda clasificación de la mano de obra por tipos de ocupación esconde los conflictos fundamentales que existen en la sociedad capitalista.

El tercer concepto de sentido común identifica la clase por los niveles de ingresos. A menudo, esto conduce a esgrimir argumentos sorprendentemente ingenuos y torpes, tales como que el aumento del nivel de vida socava la militancia de clase. Es así que Gavin Kitching declaró hace poco tiempo que salarios brutos de sólo 30.000 pesetas [180 euros] por semana para un trabajador manual, y de 24.000 pesetas [145 euros] para un trabajador no manual representan “una significativa participación material en el sistema” (!).

En 'Trabajo asalariado y capital', Marx argumenta que el análisis de clase no contempla los niveles absolutos de ingresos sino los ingresos relativos que son los que reflejan cual es la distribución de la riqueza en la sociedad. En 1985, por ejemplo, los ingresos semanales de una familia perteneciente al 10% de las más pobres en Gran Bretaña eran de 10.000 pesetas [60 euros], mientras que los de una familia perteneciente al 10% de las más ricas eran de 84.000 [506 euros]. La “participación material en el sistema” de estos dos grupos es, claramente, muy diferente. Los conflictos de intereses, que se derivan de esta situación, quedaron reflejados en el período de 1979-1985. En esos años, los ingresos netos de un quinto de los asalariados mejor pagados aumentaron 11,6%, en tanto que un quinto de los asalariados peor pagados sufrieron un recorte de 2,9% en sus ingresos netos.

Sin embargo, incluso la distribución de los ingresos no es una guía perfecta para entender las razones del conflicto de clases. Los ingresos relativos de un individuo no explican de qué manera accede a su proporción del producto social. Hay, en primer lugar, una diferencia fundamental entre diferentes tipos de ingresos, y sobre todo, entre los salarios y los beneficios. Un gran accionista de una empresa cuyo salario son los dividendos que recibe de los beneficios obtenidos por la empresa, y un trabajador manual semicualificado, viven en mundos diferentes. Incluso entre los asalariados hay diferentes posiciones de clase. El trabajador manual, cuyo salario es alto gracias a la organización sindical en la fábrica, es un empleado; también lo es el licenciado universitario que ocupa un puesto directivo, y cuyos altos ingresos reflejan su posición en la jerarquía por encima de los trabajadores manuales y del personal auxiliar administrativo. Pero, ¿pertenecen a la misma clase?

Marxismo y lucha de clases

Para responder a esta pregunta hay que abandonar los tres enfoques de sentido común que hemos señalado. En los tres casos se considera la estructura social como una escalera en la que los diferentes grupos sociales tienen una posición social, por encima o por debajo de los otros grupos, según su estatus, ocupación o ingresos (algunas ambiciosas teorías sociológicas consideran que los tres factores juntos son determinantes). El marxista estadounidense Erik Olin Wright sostiene que los conceptos de clase que se basan en estas “detalladas diferenciaciones son ‘estáticos’”. Wright agrega que: “tales conceptos pueden servir para clasificar a las personas en términos de la distribución de las recompensas materiales que reciben, pero no son válidos para identificar a las fuerzas sociales dinámicas que determinan y transforman esa distribución”.(1)

La teoría marxista de las clases sociales, por el contrario, es parte de un intento más amplio dirigido a entender los procesos a través de los cuales los seres humanos construyen y transforman las sociedades en las que viven. Los cambios históricos dependen del desarrollo de las fuerzas productivas, de los medios materiales de producción y del elemento humano que las pone en marcha para satisfacer las necesidades sociales. Las relaciones de producción y las relaciones sociales que los seres humanos establecen a partir de ellas estimulan o restringen el crecimiento del poder productivo de las personas.

La sociedad de clases surge cuando una minoría adquiere un control suficiente sobre los medios de producción como para obligar a los productores directos (esclavos, campesinos o trabajadores) a trabajar no sólo para si mismos, sino también para la minoría explotadora.

De esta concepción de la historia se desprende que la posición de clase de las personas está determinada por el lugar que ocupan en las relaciones de producción. La mejor definición de clase que adopta este enfoque es la del historiador marxista Geoffrey de Ste Croix:

La clase (que es esencialmente una relación), es la expresión colectiva de la explotación, de la manera en que la explotación está enraizada en una estructura social. La explotación es la apropiación por parte de unos de una porción del producto del trabajo de otros…

Una clase (una clase específica) es un grupo humano que dentro de una comunidad se identifica por la posición que ocupa en el sistema general de producción social. Este grupo se define, sobre todo, por su relación con las condiciones de producción (fundamentalmente por su grado de propiedad o de control de los medios de producción y del trabajo productivo) y por su relación con las otras clases.(2)

La definición marxista de la clase social tiene una serie de características que la diferencian de otras definiciones.

En primer lugar, se define a la clase social como una relación. La posición de clase del individuo depende de su relación, como miembro de un grupo social, con los otros grupos sociales y no, como sugieren los conceptos de sentido común mencionados anteriormente que se basan en otros factores (en el estatus, la ocupación, etc.), de la posición que ocupe el individuo en la jerarquía social.

En segundo lugar, esta relación es antagónica: la clase dominante minoritaria que controla los medios de producción se beneficia de la plusvalía del trabajo los productores directos. Por consiguiente, el concepto de clase es inseparable del de lucha de clases, una lucha que enfrenta a explotadores y explotados. En tercer lugar, la relación antagónica se desarrolla en el proceso de producción: la explotación y la lucha de clases son el resultado de los intentos realizados por la clase dominante para controlar los medios de producción y el trabajo mismo de los productores directos.

Por último, la clase es una relación objetiva. Al contrario de lo que sostienen quienes se valen del estatus para definir la clase social, ésta no depende de actitudes subjetivas por parte del individuo. La clase depende de la posición que ocupe el individuo en las relaciones de producción, independientemente de sus opiniones al respecto. Aunque un obrero de la industria automovilística considere que pertenece a la clase media, no deja de ser un asalariado explotado por el capital.

Wright lo resume así: “las clases en la teoría marxista (...) se definen por la posición que ocupan en las relaciones sociales de producción, la producción se considera, sobre todo, un sistema de explotación”.(3) Con esta definición de clase social se puede analizar mejor los procesos mediante los cuales los seres humanos transforman la sociedad. En otras palabras, la concepción marxista de las clases forma parte de una teoría dinámica. Su objetivo no es etiquetar las posiciones existentes en unas jerarquías sociales inmutables, sino comprender como las relaciones que mantienen grupos humanos con las fuerzas productivas y con otros grupos, les otorgan el poder para, colectivamente, escribir la historia.

El antagonismo fundamental que rige las relaciones entre las clases en la sociedad capitalista es el que existe entre el capital y el trabajo asalariado. Este antagonismo se deriva de la extracción de la plusvalía del trabajador en el proceso de producción. En 'El Capital' Marx explica que la clase trabajadora está compuesta por aquellos que, al carecer del control de los medios de producción, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a la clase capitalista que es la que posee los medios de producción. La cuestión ahora es saber si las transformaciones del capitalismo, en el siglo que ha transcurrido desde la muerte de Marx, hacen que el antagonismo de clase en la estructura social del mundo moderno, entre el capital y el trabajo asalariado, sea cada vez menos relevante.

Hay dos temas de suma importancia para tratar esta cuestión. Primero, desde el comienzo del siglo XX, se advierte una tendencia a largo plazo al incremento del número de trabajadores de “cuello blanco”, y a la disminución del de trabajadores manuales en la composición de la mano de obra. ¿Significa esto que se hay producido un aburguesamiento (es decir, un aumento de la clase media)?

Nosotros sostenemos que, una vez establecido que el lugar que el individuo ocupa para definir cual es su posición de clase, es necesario distinguir entre tres grupos de trabajadores de “cuello blanco”: 1º, un grupo minoritario de estos trabajadores que son miembros asalariados de la clase capitalista y que participan en la toma de decisiones de la que depende el proceso de acumulación de capital; 2º, un grupo mucho más amplio de trabajadores con altos ingresos, la llamada “nueva clase media”. La mayoría de estos trabajadores desempeñan cargos directivos o de supervisión, y ocupan una posición intermedia entre la clase capitalista y la clase trabajadora. 3º, el resto de los trabajadores de “cuello blanco”, la mayoría, que desempeñan cargos administrativos auxiliares, y cuyo control sobre su propio trabajo es tan limitado como el de los trabajadores manuales y sus ingresos, a menudo, más reducidos. La conclusión fundamental a la que llegamos mediante este análisis es que el aumento de este tercer grupo representa una expansión, y no una disminución, de la clase trabajadora.

Otro tema que ha incidido en la discusión acerca de la naturaleza del trabajo de “cuello blanco” es el de la “desindustrialización”. ¿Han desatado las continuas recesiones económicas que se han producido a nivel mundial, desde principios de los años 70, un proceso de “desindustralización” que esté eliminando a la clase trabajadora de Occidente?

La clase trabajadora vive y lucha

La distribución ocupacional específica de la clase obrera siempre ha reflejado la estructura de acumulación de capital. En los tiempos de Marx, el grupo mayoritario de trabajadores asalariados lo constituían los sirvientes domésticos. Incluso en el sector industrial, la manufactura mecanizada, método capitalista por excelencia de producción a gran escala mediante la utilización generalizada de maquinaria, que Marx analizó a fondo en el primer volumen de 'El Capital', estuvo poco extendida durante gran parte del siglo XIX. Este método lo utilizaban, sobre todo, las industrias más avanzadas de la época, en particular la industria algodonera de Lancashire. Raphael Samuels observa que: “gran parte de las empresas capitalistas en el sector manufacturero, así como en la agricultura o en la minería, se organizaban con tecnologías manuales más que con las de energía a vapor”. La producción mecanizada no se generalizó durante el período de la Revolución Industrial, sino después, a finales del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, con el desarrollo, especialmente en los Estados Unidos, de la producción en cadena.

La clase trabajadora nunca ha tenido una estructura ocupacional fija, sino que ésta ha cambiado conforme han cambiado las necesidades de la acumulación de capital. Las crisis pueden considerarse períodos de reorganización y de reestructuración durante los que se abandonan los sectores ineficientes, se absorben y los capitales más eficientes ocupan su lugar. La clase trabajadora misma participa en este proceso en el que desaparecen ciertos trabajos y se crean otros. Con frecuencia, se deduce que estos cambios significan la destrucción de la clase obrera, en lugar de interpretarlos como una reorganización que responde a los cambios producidos en el sistema capitalista. En la crisis actual únicamente se ha producido una nueva reorganización de la clase trabajadora. Es particularmente importante acabar con el mito, ampliamente propagado por comentaristas burgueses de los que se hacen eco sectores de la izquierda, de que una brecha profunda e irreversible está abriéndose entre un “núcleo” de trabajadores permanentes y privilegiados y una “periferia” de trabajadores eventuales y a tiempo parcial, identificados como la nueva “clase de servidores”.

Siempre habrá quien lo proclamará, en periodos en que la clase trabajadora misma está a la defensiva, que se está produciendo la desaparición de esta. Tales argumentos los esgrimen quienes pretenden justificar su propia capitulación política ante el orden existente. Thomas Cooper, uno de los líderes de los Cartistas, el primer gran movimiento trabajador [en Inglaterra] que se produjo entre los años 1830 y 1840, dijo en 1872 que el gran boom económico de mediados del siglo XIX había transformado completamente a la clase trabajadora:

Cierto es que antaño, en la época de los Cartistas, miles de trabajadores de Lancashire iban cubiertos de harapos y que, a menudo, muchos no tenían que comer. Pero su inteligencia se demostraba por doquier. Se veían grupos de trabajadores debatiendo la importante doctrina de la justicia política según la cual todo adulto, en su sano juicio, debería tener, derecho al sufragio en la elección de los hombres que debían establecer las leyes que los gobernarían; o se debatía con suma seriedad acerca de las enseñanzas del socialismo. Grupos así ya no se ven en Lancashire. Pero si se ven trabajadores bien vestidos, con las manos en los bolsillos, que hablan de las cooperativas y las acciones que en ellas poseen, o de las cajas de ahorro para la construcción de viviendas.(4)

Para entonces, Thomas Cooper había dejado de ser parte del movimiento obrero revolucionario y había abrazado el liberalismo gladstoniano(5). La mezcla de nostalgia y auto complacencia con la que Cooper describe la muerte de la clase trabajadora es idéntica a la que utilizan publicaciones de la izquierda actualmente. Ahora se dice que los temas de conversación son las acciones en la compañía de telecomunicaciones de Gran Bretaña, o los videos, mientras en los años 50, los sociólogos y el ala derechista del partido laborista dieron gran importancia a la compras a plazos y al incremento en el número de coches en propiedad. A menudo han sido los mismos trabajadores supuestamente “opulentos”, producto de un periodo de restauración, los que se han convertido en líderes de un nuevo resurgimiento de la lucha de clases. La “aristocracia obrera” de Cooper (los mecánicos cualificados de la era victoriana en Inglaterra), se transformó a principios del siglo XX en la vanguardia del movimiento obrero organizado y militante. Otros movimientos obreros más avanzados existían entre los obreros de la industria del metal en Petrogado, Berlín y Turín. En los años 30 y 40, los mecánicos semicualificados de las nuevas fábricas de automóviles y de aviones estructuraron la poderosa organización de representantes sindicales que entre 1970 y 1974 derrotó al gobierno conservador de Edward Heath.

Es imposible pronosticar qué formas adoptará el nuevo resurgimiento de las organizaciones, de las luchas de la clase trabajadora. No obstante, es indudable de que la lucha de clases se acentuará. Las profundas contradicciones en las que se debate el capitalismo mundial desembocarán, inexorablemente, en convulsiones sociales. Sin embargo, no es seguro que el resultado de las luchas sea la derrota del capitalismo. Eso dependerá de cuales sean las políticas que tengan influencia en el movimiento obrero cuando se de el enfrentamiento. Es también indudable que la socialdemocracia derechista, para la que la lucha de clases no es ni posible ni deseable, conducirá al movimiento obrero a nuevas derrotas, si mantiene su predominio entre los trabajadores.

Por consiguiente, a través de nuestro análisis llegamos a una simple conclusión práctica: es esencial que exista una organización socialista revolucionaria, que considere las luchas colectivas del movimiento obrero como la base para la derrota del capitalismo y para la construcción del socialismo, a fin de salir de la crisis actual.









Publicado por LaQmadlSol
CT.,USA.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

HENRY KISSINGER


“Controla el petróleo y controlarás a las naciones; controla los alimentos y controlarás a la gente”


HENRY KISSINGER: “SI USTED NO PUEDE ESCUCHAR
LOS TAMBORES DE GUERRA ES PORQUE ESTÁ SORDO”


Por  Alfred Heinz

SÁTIRA ACERTADA: Kissinger, el más famoso practicante -entre los vivientes- del uso del poder en las relaciones internacionales.

NEW YORK, USA. En una extraordinaria admisión del ex Secretario de Estado de  Nixon, Henry Kissinger, revela lo que está pasando actualmente en el mundo, particularmente en el Medio Oriente [SÁTIRA ACERTADA]

Hablando desde su lujoso apartamento en Manhattan, el anciano estadista, quien cumplirá 89 años en mayo, es muy frontal en su análisis de la actual situación en el foro mundial de geopolítica y economía. 

“Los estados Unidos están haciendo que China y Rusia muerdan el anzuelo, y el clavo final en el ataúd será Irán, que es, por supuesto, el objetivo principal de Israel. Le hemos permitido a China aumentar su poderío militar y a Rusia recuperarse de la sovietización, les hemos creado una falsa sensación para que fanfarroneen, todo esto provocará que su caída sea más rápida. Nosotros somos como el tirador con experiencia que reta al novato para que saque su pistola, y cuando lo trata, bang, bang. La guerra que se viene será tan severa que únicamente una superpotencia puede ganarla, y esa superpotencia somos nosotros, amigos. Esta es la razón por la que la UE está corriendo para formar un súper estado ya que saben lo que viene, y para sobrevivir, Europa tendrá que ser un solo Estado muy cohesionado. Su urgencia me dice que ellos saben muy bien que la hora de la verdad se aproxima. ¡Oh, como he soñado que llegue este momento tan agradable!”

“Controla el petróleo y controlarás a las naciones; controla los alimentos y controlarás a la gente”

Luego después, Míster Kissinger agregaría: “Si usted es una persona común y corriente, entonces prepárese para la guerra y váyase para el campo y establezca una granja, pero tiene que tener armas con usted, pues las hordas de hambrientos estarán al acecho. Además, aun y cuando las elites tendrán asegurados sus refugios, ellos tienen que ser tan cuidadosos, como los civiles durante la guerra, pues sus refugios podrían no ser tan seguros.

Después de una breve pausa para poner en orden sus ideas, Míster Kinssiger, continúo:

“Le dijimos a los militares que, por sus recursos energéticos, tendríamos que apoderarnos de siete países en el Medio Oriente, trabajo que ya casi han completado. Todos sabemos lo que pienso de los militares, pero esta vez tengo que decir que han obedecido las órdenes hasta sus extremos. El último obstáculo en el camino es Irán, que realmente inclinará la balanza. ¿Cuánto tiempo pasaran Rusia y China observando cómo hacemos la limpieza? El gran oso ruso y la hoz china despertaran de su letargo y este será el momento cuando Israel tendrá que pelear con todo su poderío militar y matar a tantos árabes como pueda. Con suerte y si todo sale bien, Israel se convertirá en el dueño de la mitad del Medio Oriente. En la última década hemos entrenado muy bien a nuestros jóvenes en videojuegos de guerra, fue muy interesante ver el nuevo juego Call of Duty Modern Warfare 3, el cual es la imagen exacta de lo que se avecina en un futuro no muy lejano con toda la programación que se anticipa. Nuestros jóvenes en los EUA y Occidente están preparados porque han sido programados para ser buenos soldados, carne de cañón, y cuando se les ordene salir a las calles para combatir a esos locos de los chinos y russkies, ellos obedecerán las órdenes. De las cenizas, nosotros construiremos una nueva sociedad, habrá una sola superpotencia y ella será el gobierno global. No se olviden, los Estados Unidos tiene las mejores armas, tenemos el material que ninguna otra nación tiene y cuando llegue el momento adecuado vamos a introducir esas armas en el mundo”.

Fin de la entrevista. Nuestro reportero es sacado de la habitación por el guardaespaldas de Kissinger.



Traducido del inglés por Marvin Najarro










Publicado por LaQnadlSol
CT., USA.

martes, 3 de septiembre de 2013

SAR, LA RDA Y LAS DICOTOMÍAS


Sí Santiago, ya sabemos que el mundo árabe es muy complejo y los occidentales (y por lo visto también los gobiernos progresistas latinoamericanos) somos muy tontos y cortos de entendederas para poder analizar la realidad de Oriente Medio con tu clarividencia. Pero me resulta sospechoso que hasta tres distintos partidos comunistas sirios, condenen de forma unánime la injerencia extranjera. Yo cuando no lo tengo claro pregunto a los míos. Quizá saben lo que se les viene encima (ya te dije que es fácil hablar de intervenciones humanitarias cuando los pepinos no caen sobre tu casa) y no exigen una condena previa al régimen de Al Assad para poder condenar la intervención, cosas de la urgencia. El tiempo corre en su contra e insisto, los pepinos van a caer sobre sus casas, no sobre la tuya.




SANTIAGO ALBA RICO, LA RDA Y
LAS DICOTOMÍAS



Por  Nega (LCDM)   
La Haine

Algunos apuntes sobre la guerra en Siria, las primaveras árabes y los polémicos escritos de SAR

En 1989 caía de muro de Berlín. En Wall Street corría el champaña entre risotadas, permanentes con laca y pellizcos en el trasero a las secretarias, el llamado mundo libre sigue padeciendo la resaca de aquella fiesta. Por su parte un amplio sector de la izquierda también abrió botellas de champaña; otra sigue sin parpadear desde entonces, paralizada por el susto y huérfana de referentes reales. Si hoy evocamos la RDA como concepto político, éste suscitaría posiciones encontradas (y enconadas): mientras algunos enfatizarían los logros en vivienda, educación y sanidad, otros nos recordarían a la Stasi y la falta de libertades individuales, eso tiene poco de misterioso. Lo verdaderamente interesante es quién matiza las cualidades y quién los defectos. Si somos el padre de una familia desahuciada y puesta de patitas en la calle por un banco privado, quizá veamos con mejores ojos a un país que nos garantiza el trabajo y la vivienda. Si somos un escritor de éxito, un médico o un catedrático en la universidad quizá valoremos más la cuestión de las libertades individuales y opinemos que un país bajo la lupa de la Stasi es un verdadero infierno.

Es lógico: al tener cubiertas las necesidades básicas (materiales), hace que aspiremos a copar otro tipo de necesidades más elevadas como la libertad individual (inmaterial). Cuando Beatriz Preciado dice que no hay que cortar cabezas y reniega de la violencia política para hacer la revolución, también es comprensible. Desde muy jovencita estudió en colegios privados, en liceos y en el extranjero, lo cual nos invita a pensar que nunca le ha faltado un techo, comida u otro tipo de necesidades materiales. Es comprensible que se centre antes en la cuestión de género que en la de clase o económica. Quizá un transexual sin trabajo y recién desahuciado que no da clases en la Universidad de París, opine que sí que hay que cortar cabezas. Al final todo es cuestión de prioridades porque como nos contaron hace algunos años los barbudos padres del marxismo: las condiciones materiales determinan la conciencia. Luego claro, está la alienación. Y la propaganda de masas. Con Siria ocurre parecido.

Cuando no es tu ciudad sobre la que van a caer los Tomahawks teledirigidos con precisión quirúrgica (aunque luego siempre caen sobre viviendas, escuelas y hospitales) es muy fácil envalentonarse y pedir una intervención humanitaria que ponga fin al régimen asesino de Al Assad, sólo hay que escuchar al PSOE, adelantando en belicosidad a sus homólogos del Partido Laborista británico. También es muy fácil caer en la equidistancia y no posicionarse ni con los sirios ni con los norteamericanos. Obviamente mi modelo no es el de Al Assad, pero si nos ponemos tiquis miquis ni siquiera lo es el cubano, ni el bolivariano, ni el de Allende, ni el de la China de Mao, ni el Vietnam del tío Ho, ni el soviético de Lenin, Stalin o Gorbachov, ni el del Frente Popular en España: todos están llenos de innumerables defectos y errores. Pero frente a Estados Unidos o cualquiera de sus perros falderos de la OTAN, los defenderé con uñas y dientes.

Los antiguos nativos americanos practicaban canibalismo y se comían el corazón de sus adversarios (en esto coincidían con los rebeldes sirios) mediante sacrificios y ofrendas a sus dioses, obviamente no eran mi modelo, pero no por ello los tengo que equiparar a los conquistadores españoles: usureros codiciosos, asesinos en masa y fanáticos religiosos. Obviamente no es lo mismo hacer sacrificios humanos a los dioses que exterminar una raza entera y saquear un continente. Nunca es lo mismo. Con Siria ocurre parecido: muchos desde la izquierda, están equiparando a los nativos americanos (Al Assad) con los conquistadores (EE.UU y el imperialismo). La parábola viene como anillo al dedo.

Decía Howard Zinn que en un tren en marcha no se puede ser neutral y nada simboliza mejor un tren en marcha que una guerra. En una guerra puede que no haya buenos y malos, pero siempre hay unos menos malos que otros, siempre. Los norteamericanos bombardearon Dresden y por tanto eliminaron el bombardeo sobre ciudades como crimen de guerra para no verse juzgados. Deleznable, pero pese a ello, ¿alguien se atrevería a negar que los menos malos en la Segunda Guerra Mundial eran los aliados? ¿Alguien se atreve a equiparar el bombardeo de una ciudad con los hornos crematorios? Y sí, pese a que lo de Dresden fue un crimen horrible, en algunos países es delito hacer esa equiparación. Podríamos ir más allá y enseñar los dientes para ponernos del lado de la víctima del holocausto y afirmar que de víctimas inocentes nada, que mientras el país entero olía a judío incinerado todos hacían como que nada ocurría, nos grita un joven estudiante alemán en la película 'El Lector'. Como sucede con las víctimas del imperialismo, hay crímenes de primera y de segunda división, obviamente no es lo mismo matar a una persona, que entrar en una escuela y matar a 50 niños. Las dos cosas son horribles, pero no es lo mismo, de ahí que nos dotemos de un complejo marco jurídico que penaliza los distintos tipos de atrocidades y crímenes. Igualmente no es lo mismo matar rebeldes en una guerra civil (aquí en España sabemos de eso) que mandar portaaviones a la otra parte del mundo para intervenir en esa guerra. ¿Todavía nos creemos el cuento de gastar millones de dólares por puro altruismo democrático? Altruismo democrático eran las Brigadas Internacionales, no Estados Unidos librando guerras en nombre de la democracia y los derechos humanos. Es obvio, pero vivimos tiempos esquizofrénicos en los que cabe resaltar y matizar lo obvio.

Dice Santiago Alba Rico que lo más urgente es clarificar quién utilizó las armas químicas. ¿Este señor es el mismo que escribió 'Dejar de pensar'? Cada día me cuesta más creerlo. Carece de todo sentido que el uso de esas armas químicas por parte del régimen se produzca en plena visita de los inspectores de la ONU y con la guerra prácticamente ganada por parte de las fuerzas de Al Assad. No sólo quiere pintar a los dirigentes sirios como la viva encarnación del mal, además también quiere hacernos creer que son gilipollas y están deseando dar una excusa para que Estados Unidos y su corte de bufones falderos acuda a arrasar el país. Algunos hablarán de guerra civil, pero cuando uno de los bandos está formado por mercenarios a sueldo financiados por potencias extranjeras no es una guerra civil. Que los llamados rebeldes están financiados por la OTAN y Arabia Saudí es un hecho consumado.

Por otra parte y respecto a la cuestión de las armas químicas, todo parece conducir a una operación encubierta de los servicios secretos norteamericanos y británicos. Incluso agencias de noticias poco sospechosas de estalinismo como la norteamericana Associated Press apuntan a que fueron los rebeldes  (suministrados por Arabia Saudí) los que emplearon ese tipo de armas químicas de forma negligente. Lo que le puedo asegurar al señor Alba Rico es que fueron los americanos en Faluya y los israelíes en Gaza los que, a ciencia cierta, utilizaron fósforo blanco y otras armas químicas. De hecho todavía en Irak continúan naciendo niños con terribles malformaciones y el número de soldados americanos en la reserva con distintos tipos de cáncer continúa creciendo debido al uso de este tipo de armamento. Hay gente que no aprende de la lección de Irak, ni de la de Afganistán, de la de Egipto, de la de Libia... y les gusta tropezar con la misma piedra infinitas veces, haciendo uso de una incomprensible memoria selectiva ya que, algunos no nos olvidamos, ni de las famosas armas de destrucción masiva, ni de que Sadam tenía capacidad para lanzar un hongo nuclear, ni de que el ejército había desenchufado las incubadoras en Kuwait...

También me acuerdo del hundimiento del Maine, del hundimiento del Lousitania, del «incidente» del golfo de Tokkin, de Nicaragua es un país comunista a escasas millas de Texas y una seria amenaza que puede invadirnos... ¿Por qué tengo que pensar que un mentiroso compulsivo que ha mentido al mundo y a su pueblo para participar en innumerables conflictos bélicos no vaya a mentir ahora? Lo que hace Alba Rico (y su coro de fieles guardando reverencia con una disciplina que aterra) es sencillamente legitimar la agenda imperial.

«Las versiones moderadas de la ideología de los derechos humanos, aquellas que no necesariamente proponen la guerra pero que alientan la intervención, tenga el aspecto que tenga, en diversos países del Tercer Mundo o que denuncian constantemente lo que allí sucede, deberían igualmente ser motivo de crítica. Efectivamente, al insistir sobre ciertos aspectos e ignorar otros, crean una imagen distorsionada del mundo que favorece a la versión dura de la ideología de los derechos humanos y desdeña la oposición a las guerras imperiales.

(...) Cada protesta relativa a la violación de los derechos humanos en el extranjero refuerza, aunque sea involuntariamente, la buena conciencia occidental ('en nuestros países, al menos, esos derechos son respetados')». [Jean Bricmont en 'El imperialismo humanitario']. O lo que viene a ser lo mismo, nos plegamos a la agenda imperial porque denunciamos regímenes cuando Estados Unidos decide que son malos. ¿Dónde estaba 'Viento Sur' e Izquierda Anticapitalista cuando Gaddafi recibía la llave de oro de la ciudad de Madrid en 2007? ¿Dónde estabas tú? ¿Dónde estaba tu colega Ignacio Ramonet? Lo que sí dijiste mientras caían las bombas —y es literal— fue: «No es la OTAN quien está bombardeando a los libios sino Gaddafi». Ver para creer.

Durante la intervención en Irak de 2003 el 'No a la guerra' fue gritado sin fisuras. Todos sabíamos que, evidentemente, Sadam Hussein no era ni mucho menos un modelo a seguir, pero ello no implicaba que no denunciáramos con vehemencia el imperialismo americano y sus intereses geoestratégicos en la zona, intereses que por cierto, no han cambiado. Uno podía gritar no a la guerra sin que se le exigiera condenar previamente que Sadam Hussein era un dictador. ¿Qué ha cambiado? La cosa se llama primaveras árabes.

La diferencia entre Irak 2003 y Libia y Siria recientemente, es la aparición de las primaveras árabes. Ocurre que hay personas que han visto revoluciones populares por encima de sus posibilidades y sí, revoluciones hay de muchos tipos: burguesas (francesa, americana) religiosas (Jomeini), separatistas/nacionalistas (Kosovo) y socialistas (URSS, China...) Por tu parte te empeñas en hablar de «revoluciones democráticas». Una revolución, sea del tipo que sea, siempre es democrática, puesto que se produce gracias a la implicación de mayorías sociales, lo contrario es un golpe de estado. Eso no significa que toda revolución vele por los intereses de las clases populares. La francesa sin ir más lejos, apartó a gran parte de la población puesto que apostaba en principio por el voto restringido en función de las posesiones materiales. Un comunista (como te autoproclamas en tus artículos) no cree ni comprende el concepto de revolución democrática puesto que la democracia es un sofisma y existe una dictadura de una clase sobre otra.

Perdóneseme el ponerme tan dogmático pero es que además y a lo largo de la historia, cada vez que se utiliza el concepto revolución democrática el resultado ha sido verdaderamente tenebroso para las clases populares. Revolución democrática es un concepto que le pega a Henry Kissinger, no a ti Santiago. Otra cosa es que, a modo de marketing/estrategia y para acercarnos mejor a las multitudes, exprimamos a nuestro favor el concepto democracia ya que otros como dictadura del proletariado, han sufrido demasiado desgaste y contra-propaganda imperialista. Pero cuando tú hablas de revolución democrática en los países árabes hablas de cualquier cosa menos de colectivizar los medios de producción.

Resulta muy reveladora la indulgencia con la que te refieres a verdaderos criminales de Al Qaeda (núcleo de los llamados rebeldes sirios) bajo el ambiguo epitafio de ‘islamistas radicales’. Lo que sea con tal de no rectificar y continuar con esa huida hacia delante en la que te estás viendo involucrado. Gente como Carlos Tena ya te ha sacado los colores, gran parte de la izquierda transformadora (a excepción de esos que sacan muy pocos votos pero tienen mucha propaganda en diarios sangrados por un ERE) está más que harta de tus opiniones sobre Oriente Medio. Construyes tu argumentario político en base a las mayorías sociales y en base a que los países árabes son muy religiosos, legitimando la realidad existente. Los comunistas no se conforman con la realidad existente, aspiran a transformarla.

En España una gran mayoría social vota al PP y al PSOE, además un 74% se declara católico. Me parece fantástico. Aspiro a transformar esa realidad, no a claudicar ante ella, que es ni más ni menos lo que tú haces cada vez que coges la pluma para hablar de los procesos y transformaciones que vienen dándose en el mundo árabe. Claro que justificas atrocidades políticas en base a la cuestión de las mayorías sociales cuando te interesa: obviamente (y los hechos lo están demostrando) una gran mayoría del pueblo sirio está con su presidente, pero por lo visto esa mayoría en este caso concreto no te interesa. Para justificar el islam político radical sí, para defender el único estado laico que queda en la zona no. Y te haces llamar comunista. Por cierto y otra más: ¿por qué ni una sola línea sobre los kurdos que viven en Siria y están están enfrentados a todas las facciones? Te repito que Al Assad no es mi modelo y si realmente apoyo y apuesto por alguien en el laberinto sirio es por esos kurdos, por minoritarios que sean.

Sí Santiago, ya sabemos que el mundo árabe es muy complejo y los occidentales (y por lo visto también los gobiernos progresistas latinoamericanos) somos muy tontos y cortos de entendederas para poder analizar la realidad de Oriente Medio con tu clarividencia. Pero me resulta sospechoso que hasta tres distintos partidos comunistas sirios, condenen de forma unánime la injerencia extranjera. Yo cuando no lo tengo claro pregunto a los míos. Quizá saben lo que se les viene encima (ya te dije que es fácil hablar de intervenciones humanitarias cuando los pepinos no caen sobre tu casa) y no exigen una condena previa al régimen de Al Assad para poder condenar la intervención, cosas de la urgencia. El tiempo corre en su contra e insisto, los pepinos van a caer sobre sus casas, no sobre la tuya.

Acabo de ver en un muro de facebook lo máximo: gente alegrándose de que la manifestación en Madrid contra la guerra ha sido muy minoritaria. Son los mismos que defienden tu reciente artículo ('Siria: la intervención soñada') y tus posiciones. Después de poner la noticia pegan tu artículo. ¿No te da vergüenza que gente que se alegra de lo minoritarias que son las manifestaciones del 'No a la guerra' en Siria suban tu artículo? Las llamadas primaveras árabes han abierto una fractura en la izquierda irreversible, aunque pensándolo bien, quizá ya estaba abierta: son los mismos que siempre ven reponedores y nuevos sujetos precarios pero nunca obreros, los que sólo tienen tinta en sus textos para los jóvenes con dos carreras y máster que emigran a Londres pero nunca para los abultan las cifras de fracaso escolar, los que siempre están con la acusación de estalinista en la boca, los que están obsesionados con reformular y reiventar hasta el infinito no se sabe bien el qué, los de los nuevos sujetos e identidades, los que siempre hablan de las monstruosidades de la URSS más que de las monstruosidades de Estados Unidos, los que hablan de paro, miseria y necesidad pero curiosamente ni ellos ni sus padres han padecido nunca ni paro, ni miseria, ni necesidad (por eso se les atragantan tanto los estrictos análisis de clase), los que celebraron la caída del muro porque entre otras cosas, nunca se vieron de patitas en la calle con su familia y tuvieron que elegir entre la libertad de tener un techo o la libertad de elegir entre veinticinco tipos de pasta de dientes.

Te aseguro que, cuando a principios de los años ochenta mi padre se vio con mujer y dos hijos en la puta calle, hubiera elegido la libertad de la RDA con un trabajo y un techo. Y sí, con Stasi, muro y todo. Y eso es así porque, aunque muchos vivan de degenerar el marxismo, las condiciones materiales continúan determinando la conciencia. Porque cuando la necesidad aprieta, uno se vuelve menos exigente, menos erudito, menos perfeccionista, pone menos peros.

Y eso es lo que hace esa izquierda trasnochada que hereda el piso de papi, esa izquierda que apoya a la PAH pero nunca sufrirá un desahucio: poner peros indefinidamente y dudar de todo hasta caer en un relativismo pueril que nunca condujo a nada. ¡¡De hecho hasta nos pides que hagamos análisis no ideológicos!! Peros a Cuba (es un modelo agotado que debe reinventarse), peros a los procesos bolivarianos (caudillismo, en Siria se equivocan, etc) peros a la RDA (no hay libertad individual). Se enredan en su limbo académico buscando ese modelo perfecto que nunca llegará, es decir, reducen el conflicto al 'O todo o nada', sabiendo que el todo es el modelo perfecto y no existe, y en la nada, que es lo que tenemos, sencillamente viven de puta madre. En esto coinciden con los estalinistas de Twitter, esos que matan el tiempo encumbrando un obrerismo de tipo dogmático y profundamente sectario y lo más cerca que estuvieron de un obrero fue cuando vieron 'Los Lunes al sol'. El neoestalinismo de redes sociales que se pasa la vida haciendo chistes sobre Trotsky y el alpinismo y el neotrotskismo NINI equidistante (del que probablemente sin quererlo te has convertido en gurú) que se pasa la vida denunciando el estalinismo, son dos caras de la misma moneda, ambos hijos de la revolución tecnológica y la expansión de las redes sociales: la repercusión de ambos en la vida social es completamente nula (y la nula respuesta a esta ofensiva neoliberal así lo corrobora).

Mi papá no fue de esos privilegiados que durante el franquismo pudo estudiar una carrera; trabaja como una bestia desde los 15 años. Desde muy pequeñito me enseñó quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Quizá en ese modelo utópico y teórico con el que sueñas no las hay, pero en el mundo real, en el que mueren niños bajo las bombas, gobiernan las dicotomías. A veces hay que elegir, entre un modelo perfecto que nunca llega y te pone a vivir debajo de un puente o entre un piso y un trabajo asegurado bajo control de la Stasi. Entre vivir bajo la Sharia y bajo el ácido de tu marido que te compró por 10 cabras o ir a la universidad sin velo bajo el protectorado soviético (¿te acuerdas de Afganistán? muchas mujeres sí). Elegir entre un régimen laico que podremos transformar y perfeccionar o entre unos bombardeos que llevarán al país a la edad de piedra. Y tú, y los demás que se niegan a elegir dicotomías ¿sabes por qué lo hacéis? Porque nunca te has visto debajo de un puente desahuciado, ni nunca te han echado ácido en la cara después de comprarte por 10 cabras, ni nunca has visto tu país reducido a escombros. Otra vez: ¡son las condiciones materiales, estúpidos! que siguen determinando la conciencia.


Muy cierto es que el mundo ya no es bipolar, pero sí multipolar. Es tan sencillo como preguntarse qué dice mi polo de referencia (Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador...) Lo único que se te pedía era lealtad Santiago y la has vendido a fundamentalistas religiosos que comen corazones en directo y lapidan a mujeres que han sido violadas. Qué pena. Yo te admiraba.









Publicado por LaQnadlSol
CT., USA.

lunes, 2 de septiembre de 2013

ENTRE MARX Y EL OPIO DEL PUEBLO

Gorbachov puede tener su parte de culpa por la desaparición de la URSS, pero la implantación del más salvaje de los modelos capitalistas en Rusia es responsabilidad de Yeltsin. Fue él quien tuvo la «genial» idea de distribuir acciones en todas las empresas públicas del país entre el público.


RUSIA, ENTRE MARX Y
EL OPIO DEL PUEBLO


Por  Siamak Khatami 

Para la gente que no estaba familiarizada con el funcionamiento de una bolsa de valores en un país capitalista, una acción de una empresa era un trozo de papel sin valor, mientras que dos botellas de vodka sí que tenían un valor determinado que todos conocían.

Un famoso líder ruso una vez escribió que en cuanto se acerca la campaña electoral para el Parlamento en Rusia, «todos los partidos burgueses, todos los que mantienen los privilegios económicos de los capitalistas, se anuncian del mismo modo que capitalistas individuales anuncian sus productos. Miren los anuncios comer- ciales de cualquier periódico, y verán que los capitalistas piensan los nombres más fantásticos para sus productos, los cuales alaban de la manera más extraordinaria, sin detenerse en ninguna mentira o fabricación.... Los nombres de algunos partidos se han escogido explícitamente con propósito de anunciarlos más efectivamente, y sus `programas' a menudo se escriben solo para cegar al público».

Esta frase, aunque puede ser muy contemporánea, no es nada menos que escrita por Vladimir I. Lenin, el 10 de mayo de 1912, y reproducido en «Las Obras Completas de Lenin», publicadas por la Editorial Progreso, en Moscú, en 1975. En resumen, tanto los anarquistas como los bolcheviques estaban de acuerdo en que las elecciones en un sistema capitalista multipartidista, eran poco más que «el opio del pueblo», impidiendo que la gente se despertara y viera la verdadera situación que atravesaba el país, una situación en que todo el sistema político estaba diseñado por, y para el beneficio de, la burguesía y los capitalistas, y para perpetuarles a ellos en el poder.

Es diferente la situación de Rusia hoy? ¡No! Además, todos hemos oído las críticas que se hacen más a menudo de la situación en Rusia: Que Putin quiere concentrar todo el poder en sus manos, que hay un nivel de corrupción demasiado alto en Rusia, que no hay suficiente libertad de expresión en aquel país, que las diferencias entre clases han aumentado radical- mente, etc.

La vuelta de Rusia a las prácticas más salvajes del sistema capitalista, empezó con Yeltsin, el líder que, junto con Gorbachov, es considerado como uno de los dos responsables máximos del derrumbe de la antigua URSS. Destruyeron todas las bases que mantenían firmes el sistema soviético, sin que existiera absolutamente ninguna alternativa lista para sustituirlo. De ahí vino a existir un «agujero negro» tanto político como económico del que se aprovecharon los rusos que tenían acceso a dinero y poder para convertirse en oligarcas, y los capitalistas extranjeros, en su mayoría norteamericanos y europeos, para expoliar Rusia tanto como podían.

Gorbachov puede tener su parte de culpa por la desaparición de la URSS, pero la implantación del más salvaje de los modelos capitalistas en Rusia es responsabilidad de Yeltsin. Fue él quien tuvo la «genial» idea de distribuir acciones en todas las empresas públicas del país entre el público. ¿El problema? Que de una sociedad que apenas ha salido de un sistema socialista no se puede esperar que sepa del funcionamiento de una sociedad capitalista con un mercado desarrollado de valores.

Bajo estas condiciones, los que tenían más acceso a dinero y poder, las élites, los que ahora se conocen como oligarcas, se hicieron con todas esas acciones que se habían distribuido entre el público, ¡por precios que equivalían a poco más que el coste de comprar un par de botellas de vodka! Para la gente que no estaba familiarizada con el funcionamiento de una bolsa de valores en un país capitalista, ¡la impresión era de haber obtenido dos botellas de vodka gratis! Para esa gente, una acción de una empresa, era un trozo de papel sin valor, mientras que dos botellas de vodka sí que tenían un valor determinado que todos conocían.

Para las élites que se habían hecho con todos esos «trozos de papel sin valor», era solo cuestión de esperar un poco para que aquellas empresas empezaran a revalorizarse, y al cabo de poco tiempo, teníamos una sociedad rusa bajo el control de lo que ahora se conoce como un grupo de oligarcas. Pero ellos tampoco estaban solos -Yeltsin también dejó la vía completamente libre para los inversores extranjeros-, lo que significó que, más pronto que tarde, la economía rusa estaba bajo la dominación de dos grupos: de un lado, los oligarcas; de otro lado, el gran capitalismo internacional. Los dos grupos actuaban, y actúan, solo en beneficio suyo propio, lo que ha dejado una sociedad rusa radicalmente dividida, entre un pequeño grupo de élites y la inmensa mayoría de la gente que en vez de vivir, tiene que sobrevivir. La clase «media» brilla cada vez más por su ausencia.

El sistema de partidos políticos que ha emergido en Rusia después de la caída de la URSS también está hecho para servir los intereses fácticos dominantes de la nueva superestructura del poder que domina la estructura política del país. Hay un partido, que puede cambiar e incluso crearse cada ciertos años como «el vehículo de turno para ganar votos para los poderes fácticos». Luego hay una «oposición leal» a los poderes fácticos, cuyo elemento más conocido es el Partido Liberal Democrático, que ni es liberal ni democrático, sino fascista, racista y populista, y dirigido por Vladímir Zhirinovsky, que la manera más suave que tengo para llamarle sería con el término «desequilibrado».

El Partido Comunista de la Federación de Rusia, el heredero del Partido Comunista de la Unión Soviética, también sigue existiendo, pero las autoridades intentan por todos los medios marginalizarlo. Un intento en el que las potencias extranjeras y sus medios de comunicación también ayudan -todos esperaban, al principio, que el único apoyo popular del Partido Comunista viniera de un grupo reducido de viejos nostálgicos de la antigua Unión Soviética y, en cuanto fallecieran esos «viejos nostálgicos», el comunismo también iba a morir en toda Rusia-. Ahora ya vemos que no ha sido así -ni mucho menos-, y hoy en día hay muchos jóvenes rusos que se identifican como «rojos». Ese grupo también se ha convertido en una base firme de apoyo al Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR).

Ha sido una sorpresa agradable para mí ver el aumento de popularidad del PCFR entre la juventud rusa, porque creo que entre «el partido de turno sirviendo los intereses de los poderes fácticos», por un lado, y partidos sin importancia pero de corte liberal, o incluso partidos malignos como el Liberal Democrático, por otro lado, hace falta un partido como el PCFR como esperanza de que, en el futuro, las cosas puedan cambiar de verdad en Rusia, y que el país pueda reencontrar el sitio que tenía como gran potencia en el mundo y, a la vez, desafiar a las grandes potencias capitalistas.

Los propósitos del PCFR incluyen la nacionalización de los recursos naturales, la agricultura y la industria a gran escala en Rusia, convirtiendo el sistema en uno de economía mixta que, a la vez, anima el crecimiento de empresas pequeñas y medianas en el sector privado. Es lo que llaman un «socialismo moderno para Rusia».

El programa del PCFR incluye entre sus puntos principales los siguientes: Parar la paulatina desintegración de todo el sistema en Rusia, restaurando a la vez beneficios para familias numerosas, y mejorar el sistema de escuelas y viviendas públicas para familias jóvenes; nacionalizar los recursos naturales y los sectores estratégicos de la economía rusa; retorno a Rusia, desde bancos extranjeros, de las reservas financieras del Estado; terminar con el fraude en las elecciones; diseñar una serie de medidas para combatir la pobreza e introducir controles de precios sobre los productos básicos necesarios para vivir; devolver al Estado la responsabilidad en los sectores de vivienda, electricidad y agua, aumentar las viviendas públicas y parar los desahucios; priorizar la deuda doméstica sobre la deuda extranjera -con la dependencia sobre potencias extranjeras que conlleva-; basar la política exterior en el respeto mutuo entre países y una restauración voluntaria de la unión entre estados.

En el último punto que hemos mencionado, es obvio que el PCFR tiene una preferencia por recrear la Unión Soviética -aunque sea de manera voluntaria- entre los nuevos países que han emergido de la antigua URSS. En cuanto a una política exterior basada en el respeto mutuo entre países, para mí es obvio que eso es, precisamente, lo que quiere también Putin -y la causa de muchos de los conflictos con EEUU-, puesto que el Gobierno norteamericano quiere imponer su preponderancia sobre todos los demás países y solo quiere que todos los demás digan «sí, señor» a las «órdenes» del presidente de los EEUU.

Para que veamos un cambio de verdad en el escenario socioeconómico de Rusia, es necesario e imprescindible que tenga éxito un partido como el PCFR. De momento, ya ha travesado un camino significativo, desde un punto en el que todos los demás deseaban su eliminación total hasta un punto en el que incluso ha aumentado el número de escaños en las elecciones parlamentarias. El día que veamos el PCFR en el Kremlin, ese será el día que podremos celebrar la posibilidad de efectuar el cambio socio-económico que Rusia necesita.



Siamak Khatami es un politólogo y profesor universitario








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CT., USA.

domingo, 1 de septiembre de 2013

HUMANIDAD DESCARRILADA


En definitiva se descarrila una humanidad insensible que se empecina en construir un mundo cada vez más excluyente. Hace días conmemoramos el tercer aniversario de una de las tantas masacres de migrantes en Tamaulipas, hoy asistimos a otro de los muchos descarrilamientos de la Bestia y seguramente, y dado que, ya las cuadrillas reparan las vías para habilitar el paso, vendrán más y aquí en el país seguiremos de testigos mudos sin hacer nada, quizá oremos para que nuestros migrantes tengan buen viaje.


HUMANIDAD DESCARRILADA


Por Moisés Gómez (*)

SAN SALVADOR - El domingo 25 el tren mejor conocido como “La Bestia” se descarriló en la población de Huimanguillo, Tabasco; dejando -por el momento- al menos siete migrantes fallecidos y otras decenas de heridos. Los muertos eran oriundos de Honduras e iban montados sin más cabalgadura que su propia ropa. Armados únicamente con sus sueños y esperanzas los casi cincuenta mil indocumentados que cada año usan esta vía, van tratando de domar la bestia que en su panza lleva chatarra, cemento y cualquier otra materia prima o residuo que sirva para alimento de la “otra” Bestia mal llamada capitalismo.

Bien decía Bauman: “Los residuos son producto de esa necesidad de satisfacer deseos rápidos. Ese es el peligro del capitalismo y de la sociedad de consumo. La economía no tiene como objetivo satisfacer tus deseos. Su misión es aumentar tus deseos y eso conduce a la economía del desperdicio (wasteful economy). Esa es la forma en la que el capitalismo sobrevive”.

A pesar de todo los peligros que implica subirse y pactar con la Bestia de Ferrosur, ello tiene la ventaja que a los migrantes los lleva más lejos de la pobreza y de la violencia que cabalga por el triangulo norte y que los persigue ya dentro del territorio mexicano.

¿Qué fue lo que se descarrilo? Aparentemente fue una máquina y sus ocho vagones pero en el fondo lo que veo es que se descarrila la política migratoria mexicana incapaz de humanizar el flujo migratorio que alcanza hasta 140 mil indocumentados por año. Algo me dice que este accidente refleja el descarrilamiento de la política económica y social de los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador; que promueve un orden económico-social basado en el consumo excesivo que en su raíz cuenta con el seguro envío de remesas, o mejor dicho, “pobredólares” que los migrantes envían mes a mes a la región de Centroamérica.

En consonancia con la idea de Bauman, me decía una profesora de economía que los flujos de migración del sur al norte no son por sí mismos “contestatarios” o algo así como formas de “subvertir” al sistema capitalista sino que, según la economista, más bien son funcionales al capitalismo. Sin embargo con este descarrilamiento es obvio que algo no está funcionando dentro del sistema, mucha mano de obra barata no podrá llegar a su destino si las cosas siguen así. Para los Estados Unidos y su política migratoria basada en un enfoque de militarización de fronteras podríamos decir que este descarrilamiento está echando por el suelo, desde ya, la no nacida aún y tan desacreditada reforma migratoria.

Digo esto porque, según los senadores en su proyecto de ley S744 pretenden “sellar” la entrada de indocumentados por la frontera mexicana-estadounidense, para tal fin proyectan gastar casi 50 mil millones de dólares; decenas de economistas y tanques de pensamiento han dicho que esa medida iría contra la misma economía gringa que depende de mucha mano de obra que está “en tránsito” y que proviene de Centroamérica y México; los analistas de seguridad han concluido que pese a todo ese gasto no se lograría sellar la frontera y solo contribuirá, en cambio, a enriquecer a los contratistas de seguridad y grandes compañías que venden tecnologías (GEO Group, Raytheon, Northrop Grumman, Lockheed Martin y General Dynamics).

En definitiva se descarrila una humanidad insensible que se empecina en construir un mundo cada vez más excluyente. Hace días conmemoramos el tercer aniversario de una de las tantas masacres de migrantes en Tamaulipas, hoy asistimos a otro de los muchos descarrilamientos de la Bestia y seguramente, y dado que, ya las cuadrillas reparan las vías para habilitar el paso, vendrán más y aquí en el país seguiremos de testigos mudos sin hacer nada, quizá oremos para que nuestros migrantes tengan buen viaje.


(*) Columnista de ContraPunto










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CT., USA.