jueves, 8 de agosto de 2013

EL ROSTRO DEL TERRORISMO


Contrario a las acusaciones de apología o embellecimiento del terror, el logro de la revista Rolling Stone al publicar en su portada el rostro de Jahar, en palabras de J.P. Sottile, ha sido forzar al público a darle una mirada, ha sido incitar a todo el mundo a examinar el por qué este muchacho de carácter afable, muy querido y que parecía occidentalizado, se convirtió en violento en su país adoptivo. Quizás el verdadero temor radica en que Jahar y otras personas como él no están simplemente motivados por algo tan fácil de entender y desestimar, como “pura maldad”.


EL ROSTRO DEL TERROR


Para un público atemorizado que por primera vez experimentó en carne propia los horrores del terrorismo el 11/9, la aparición del rostro de Dzhokhar Tsarnaev, uno de los dos hermanos chechenos acusados de la explosión en la maratón de Boston, en la portada de la pasada edición de la revista Rolling Stone, fue algo inconcebible, un acto de chocante insensibilidad y falta de respecto a la memoria de la víctimas y de sus seres amados. La furia del público se centraba en el retrato de Jahar que, contrario a sus prevalecientes estereotipos, rompía con la imagen convencional del clásico terrorista difundida por todos los medios después de los ataques del 11/9. No era la imagen espectral de Osama bin Laden o la imagen trillada del cruel dictador, Saddam Hussein, asociadas siempre con el mal. Era la de un joven perfectamente adaptado al estilo de vida de la mayoría de jóvenes adolescentes norteamericanos y quien, según el excelente reportaje de la revista, gozaba de las simpatías y era muy querido entre todos sus compañeros de la escuela secundaria en la que estudiaba en Cabridge, Boston, Massachusetts.

La visceral reacción en contra de lo publicado por la revista Rolling Stone, por cierto una de las escasas publicaciones que combina el entretenimiento con excelentes reportajes de periodismo investigativo, como los de Matt Taibbi y del trágicamente fallecido Michael Hastings que causan el malestar y la ira de los detentadores del poder, va directamente al corazón de una interrogante por mucho tiempo dejada sin respuesta y que es central a la guerra contra el terrorismo:

¿Por qué?

¿Por qué nos atacaron? ¿Por qué nos odian ¿Por qué ellos se sienten amenazados por nuestras libertades?

Para un público ignorante, atrapado en la vasta red de la industria del infoentretenimeinto,  la reacción a estas interrogantes, ante la falta de respuestas adecuadas, no fue otra que recurrir como única explicación, a lo indiscriminado y perverso del “mal”. Según J.P. Sottile (Counterpunch) Es la única respuesta que llena el vacío de la disonancia cognitiva, entre causas y efectos y entre la verdad y sus consecuencias. La idea del mal funciona mejor ahí donde el entendimiento es elusivo. Florece donde la ignorancia persiste, particularmente la ignorancia deliberada. Muchas atrocidades tienen sus raíces en la disposición del espectador de hacerse de la vista gorda. Pero también ofrece un tentador mitigante cuando los “actos malvados” insinúan algo más complicado y profundo que lo indiscriminado y perverso. Es entonces que buscamos en la oscuridad por respuestas. En vez de respuestas fáciles batallamos por extraer alguna lógica de los escombros y del daño colateral.

Sin embargo, las explicaciones lógicas se fundamentan en la información y el contexto, aunque en el caso de la amenaza terrorista que ha calado muy profundamente en la psique del público estadounidense, estas explicaciones, desafortunadamente, han sido muy escasas o insuficientes desde que G.W. Bush por primera vez hizo uso de la frase “malvados”, proveyéndole, de paso, al abrumado y aterrorizado público de un mantra nacional para el confort.

Dicho en palabras simples y sencillas, el culpable fue el “mal”. Y la yuxtaposición inmediata  al “mal”, es por supuesto, el “bien”. Obviamente, los Estados Unidos representan el bien, especialmente si el mal busca destruirlo. Por lo tanto no debe haber ninguna duda de que la guerra contra el mal está totalmente justificada. Una “guerra justa” no es simplemente una guerra, es el derecho concedido por Dios al afligido.

La simple y fácil yuxtaposición del mal vs el bien funcionó con mucha eficacia, para una población tristemente desinformada de la complicada génesis del fundamentalismo islámico. El “rostro del mal” se ajustaba perfectamente con Osama bin Laden, su barba larga, piel oscura y su anacrónica vestimenta evocaban una tradición cultural profundamente arraigada, consagrada por la figura del  Ayatollah Khomeini y su revolución contra el Shah de EUA.

Sin escrúpulos o sentido de la ironía, el dolor y el sufrimiento soportado por el público norteamericano fueron inmediatamente aprovechados para potenciar otra tradición cultural de muchos años; el tenebroso dictador militar. Cualquier búsqueda por los sospechosos usuales debe incluir el rostro burlón y la baladronada militar de Saddam Hussein, quien al igual que Bin Laden estuvo al servicio de los EUA antes de ponerse en su contra. 

Cuando EEUU montó su campaña para llevar acabo su aterrorizante y destructiva guerra contra un pueblo, de inocentes espectadores en su mayoría, el rostro de Saddam Hussein se ajustó perfectamente a la narrativa de la guerra contra el mal, contra el “eje del mal” como lo propagaron sin cesar los medios de prensa. El público norteamericano en un 70% creía que Saddam Hussein era responsable por los atentados terroristas de septiembre 11.

El rostro de Saddam Hussein se ajusta a la narrativa, mientras que el de Dzhokhar Tsarnaev rompe con ella.

“Jahar”, como sus amigos y el entrenador de lucha dela escuela secundaria Cambridge Rindge and Latin, acostumbraban llamarlo, era un muchacho bello, un “joven americano normal” con quien todo mundo quería pasar un buen rato, presenta una imagen del todo diferente. La yuxtaposición de su rostro suave y seductor al lado de la frase resaltada en letras negras, “The Bomber” (El Bombardero) inmediatamente generó toda una oleada de indignación. La carencia total de la presencia del mal en sus ojos de cordero y la sospechosa falta de cuernos en su cabeza cubierta de cabello negro ondulado no encaja en la narrativa que impulsa la Guerra contra el Terrorismo.

Esta no era la imagen de Osama o de Saddam o inclusive la de Mohammed Atta, no era la foto de un prontuario o una instantánea tomada de un video borroso de yihadis. Esto era una prueba Rorschach nacional.

Aunque la misma fotografía fue publicada por el New York Times poco después del ataque y a pesar del hecho de que esta clase de yuxtaposición es algo habitual cuando se trata de examinar la desnuda y escalofriante brecha entre las apariencias y la realidad, muchos pusieron el grito en el cielo y la revista fue retirada de algunos puestos de venta.

Sin embargo, es en esa brecha entre apariencia y realidad donde debemos encontrar las respuestas a esos “porqués”. Pero la guerra contra el terrorismo no puede mantener esas brechas. La apariencia y la realidad deben coincidir. Las decenas de niños asesinados por los misiles de los aviones a control remoto no deben de ser vistos o sus nombres dados a conocer. Los otros cientos de asesinados deben de ser categorizados como “militantes”, tan solo por ser individuoss en edad militar.

Ahora imaginémonos como luciría la foto de un avión autopiloteado en la portada de Rolling Stone en Yemen, Paquistán o Afganistán. ¿Expresaría el público y los medios de comunicación la misma indignación al ver la inocua imagen de un avión auto piloteado, que no representa del todo la maldad de sus ataques sobre las vidas y las familias de esas personas?

Por otra parte, la gente en el mundo musulmán no tiene que lidiar con esas afrentas teóricas, ellos han estado viviendo en esa brecha por mucho tiempo. Ellos conocen de primera mano el papel desempeñado por los Estados Unidos en esa región, apoyando dictaduras  y regímenes sangrientos, golpes de Estado, y del insaciable apetito por el petróleo. Ellos saben del doble papel de EEUU en la guerra entre Irán e Iraq, del estrecho vínculo entre el poderío estadounidense y la represiva familia real Saudita, que fue el motivo inicial de Osama bin Laden para convertirse en un enemigo jurado de su antiguo patrocinador. En realidad, el poder imperial y corporativo de los EEUU ha sido experimentado en todo el mundo musulmán desde el final de la segunda guerra mundial. A esto hay que agregar los recientes abusos y tortura en Abu Ghraib y en Guantánamo, y la destrucción de Iraq. No hay duda que estos crímenes están en la mente de millones de musulmanes.

Y todos estos perturbadores detalles se fueron acumulando en la mente de un, en apariencia ambivalente Jahar. Aparentemente la tentación del consumismo y la reality TV no fueron suficientes para mantenerlo en la ruta de la completa “americanización”. En lugar de eso él fue radicalizó o, como también se menciona, se “auto radicalizó”.  Independientemente de si Jahar se convirtió el mismo en un monstro o fue influenciado por otros, la conclusión del reportaje de Janet Reitmans, en la revista Rolling Stone es que, el joven Dzhokhar Tsarnaev se extravió en la brecha entre realidad y retorica. Y aquí es exactamente donde permanece los EUA después de más de una década delos atentados del 11/9, y más de dos años después de que la revista Time publicó en su portada la fotografia de Osama bin Laden con “X” roja sobre ella. La imagen encaja con la narrativa, pero en vez de ser el punto al final de la oración, la guerra contra el terrorismo se alarga indefinidamente. Mientras el público norteamericano pondera el “por qué”, las guerras secretas arrasan Somalia, Yemen y África, mientras eso sucede, hombres inocentes sufren la indignidad de la tortura legalizada en el agujero negro  de Guantánamo y las libertades que “ellos” supuestamente odian desparecen bajo el poder de la política de seguridad nacional de Estado dependiente en el perpetuamiento de la guerra.

Contrario a las acusaciones de apología o embellecimiento del terror, el logro de la Rolling Stone al publicar el rostro de Jahar, en palabras de J.P. Sottile, ha sido forzar al público a darle una mirada, ha sido incitar a todo el mundo a examinar el por qué este muchacho de carácter afable, muy querido y que parecía occidentalizado, se convirtió en violento en su país adoptivo. Quizás el verdadero temor radica en que Jahar y otras personas como él no están simplemente motivados por algo tan fácil de entender y desestimar, como “pura maldad”.











Publicado por LaQnadlSol
CT., USA.

miércoles, 7 de agosto de 2013

LA CULTURA LIBRESCA


(…) Creo que la cultura libresca no sirve de mucho si no va unida a la cultura política. La demo¬cracia no es sólo un asunto de elecciones. Lo que vivieron muchos en América Latina fueron democracias donde mandaban oligarquías soberbias que contribuyeron al proceso de desalfabetización generalizado”. Yuri Herrera, escritor mexicano.


“LA CULTURA LIBRESCA NO SIRVE DE MUCHO
SI NO VA UNIDA A CIERTA CULTURA POLÍTICA”


Por Víctor Lenore. Madrid 06/08/13 · 6:32

Yuri Herrera vive actualmente en Nueva Orleans, ciudad, dice, “que tiene una herencia viva, que sigue creciendo”. Hablamos con este escritor mexicano de su país, de la información y su uso, y de literatura.

Es autor de tres novelas cortas y contundentes. La primera fue Trabajos del reino(Periférica, 2008), que explica desde dentro los conflictos del mundo de los narcocorridos. “Creo más en la precisión de las palabras que en la originalidad”, suelta para definir su estilo. Luego vino Señales que precederán el fin del mundo (Periférica, 2009), una exploración del concepto de identidad mexicana. “Creo que es absolutamente legítimo construir vínculos en los cuales nos podemos encontrar colectivamente, pero es algo que debemos de tener claro, que son construcciones culturales que no pueden ser rígidas, que no pueden quedarse estáticas porque invariablemente irán detrás de los acontecimientos. Podemos hablar de ciertos elementos como característicos de la identidad mexicana pero eso no necesariamente implica llevar camisetas de Pedro Infante o ser guadalupano, aunque sin duda incluiría tener cierta actitud frente a Pedro Infante o la Virgen de Guada­lupe”, apunta.

Su novela más reciente, La transmigración de los cuerpos (Periférica, 2013), transcurre entre epidemias y pequeñas lecciones sobre el funcionamiento del poder. “Pensaba en la epidemia de dengue, en la epidemia de la fiebre porcina, pero también pensaba en esa epidemia no declarada que es el miedo que nos tenemos los unos a los otros, el recelo, el odio. En términos poéticos, ésta es la epidemia de nuestro siglo”, explica. Cada vez más apoyado por la crítica, Yuri Herrera (Actopan, México, 1970) tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los grandes narradores de la literatura contemporánea en castellano. Estudió Ciencias Políticas, es doctor en Literatura Hispánica y en la actualidad es profesor en la Universidad de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos). Aquí ofrecemos un zapping de una hora de entrevista.

Información

Su última novela contiene una frase desarmante, que igual se puede aplicar a la trama que a la situación social que vivimos. Dice así: “En estos días siempre estamos caminando junto a un cuerpo tirado en la calle. Ya no es posible hacer como que no lo vemos”. Herrera explica el sentido: “A pesar de que hoy contamos con más información que nunca, nos comportamos como si no supiéramos nada. No creo que podamos ya fingir que no sabemos las cosas terribles que pasan al otro lado del mundo o en nuestra propia ciudad, de las que antes no nos enterábamos. Por otro lado, está la sobrecarga de información, que muchas veces nos insensibiliza. Es importante reflexionar en estas cuestiones. Creo que la cultura libresca no sirve de mucho si no va unida a la cultura política. La demo­cracia no es sólo un asunto de elecciones. Lo que vivieron muchos en América Latina fueron democracias donde mandaban oligarquías soberbias que contribuyeron al proceso de desalfabetización generalizado”.

Narcocorridos

“Existe el cliché de que es música al servicio de los narcotraficantes. En realidad, el corrido es una forma musical muy anti­­gua que podemos remontar incluso a los cantares de juglaría. En México fueron muy importantes en la revolución: las letras ofrecían narraciones alternativas que contrarrestaban la información oficial. Ahora, en las últimas décadas, el corrido ha vuelto a tener auge por el narcotráfico, pero es falso que la mayor parte de los escritores de corridos estén al servicio del narco. Hay algunos que sí, otros simplemente hablan del fenómeno y hay otros que hablan de las víctimas. Finalmente hay algunos –de estos se escribe poco– que han sido asesinados por no querer ponerse al servicio de los traficantes. Existe una tensión ahí entre quién te paga y lo que tú haces, que es común a muchos trabajadores sometidos a jefes que enloquecen por el poder. Los narcotraficantes son una figura extrema, pero el juego estaba inventado antes de que ellos llegaran”.

Mujeres

“Me hicieron una encuesta en el suplemento literario Babelia sobre los cincuenta años del boom latinoamericano y tuve que decir que era un fenómeno que había excluido a las mujeres. Me parece algo evidente. Esta tarde en clase estuvimos El boom latinoamericano fue un fenómeno que excluyó a las mujerestratando una novela de Valeria Luiselli que se llama Los Ingrávidos. Me sirvió para explicar a mis alumnos cómo evolucionó el campo literario de las mujeres en México. Durante mucho tiempo eran excepciones: solamente publicaban aquellas cuyo talento y cuyas energías hacían imposible que fueran excluidas. En los últimos veinte o veinticinco años la situación ha cambiado radicalmente. Es curioso porque la mejora la trajo el mercado: hubo una serie de libros que se vendieron extraordinariamente y animaron a la industria a publicar a más mujeres. Pienso sobre todo en Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta, y Como agua para chocolate, de Laura Esquivel. Se les podrán hacer las críticas que se quieran, pero abrieron las puertas para muchas escritoras. Hoy tenemos bastantes mujeres publicando, pero siguen vivos ciertos recelos. Es más fácil encontrar espacios para un hombre que escribe mal que para un mujer que escribe igual de mal. Todavía falta mejorar, tanto en México como España”.

Procesos

“Vivimos un momento social complicado en América Latina. Soy muy pesimista en relación a México. Tenemos una clase política impermeable a la crítica. En todos estos años no han aprendido nada, tanto la izquierda como la derecha desaprovecharon las oportunidades para una buena transición. Además, cada vez de manera más cínica se abren espacios al narcotráfico dentro de las instituciones. Lo único que alivia mi pesimismo respecto a México es que un país siempre es algo más que su clase política, su clase empresarial o su clase criminal. Ahora estamos viendo surgir en México movimientos sociales muy interesantes. En el resto del continente, tenemos algunos ejemplos afortunados como lo que sucede en Uruguay, pero no hay mucha claridad sobre hacia dónde dirigirnos. Casos como Venezuela nos ponen a muchos en una situación difícil, por no decir imposible. Me resulta inaceptable que Chávez se reeligiera tantas veces y que se alimente tanto el culto a su personalidad. Por otro lado, tengo claro que la inmensa mayoría de las críticas al chavismo no tienen que ver con eso, simplemente están molestos con la eficacia de sus programas sociales. Pienso que la obligación de todos es señalar ambas cosas, aunque termines por no caer bien a casi nadie. La mayoría de periodistas y empresarios aceptarían encantados figuras autoritarias como las que dominaron América Latina no hace tantos años y que sólo favorecieron a las multinacionales”.

Nueva Orleans

"Es verdad que me interesaba venir a dar clase aquí. Es una ciudad extraordinaria: tiene una gran herencia cultural, pero no una de esas herencias que hay que proteger, sino una herencia viva, que sigue creciendo. Por supuesto, en el centro de esa herencia está la música: es algo que disfruto y es algo sobre lo que me gustaría investigar y escribir más. ¿Qué si la ciudad se parece a lo que muestra la serie "Treme"? Pues sí: se parece mucho. La gente de la serie han hecho un trabajo verdaderamente serio, a cada rato me los cruzo por el barrio, que es uno de los más viejos e históricos, lejos de la zona de la universidad. Tiene la política de contratar guionistas locales y no sé hasta qué punto es un defecto, ya que si no vives aquí te pierdes muchas cosas que dependen de pequeños códigos localesQuien ha visto "The Wire" sabes que lo que crea adicción es conocer el destino de los personajes, pero en el caso de "Treme" lo que engancha es la ciudad, que se ha convertido en protagonista". 










Publicado por LaQnadlSol
CT., USA.

lunes, 5 de agosto de 2013

RAMBO DE TURISMO


En días recientes se anunció la captura por parte de las Farc de un mercenario de los Estados Unidos, Kevin Scott Sutay, en el sur de Colombia. De manera inmediata, el Embajador de los Estados Unidos, Michael McKinley, sostuvo que este personaje es un ex militar que se “encontraba en el país como turista” cuando fue capturado, a lo que agregó que “es un ciudadano privado que nada tiene que ver con el conflicto”. El mismo Embajador reconoció que Kevin Scott Sutay fue miembro de las fuerzas armadas de los Estados Unidos entre el 2009 y marzo del 2013, y en su “hoja de vida” (o mejor “su hoja de muerte”) se destaca su participación en la guerra de Afganistán, donde se desempeñó como experto explosivistaviii.

Como debe descartarse la hipótesis de la ingenuidad, lo que puede concluirse es que este es un acto premeditado de provocación y de infiltración. Por esta razón, lo que allí ha sucedido no puede ser catalogado como un secuestro, como lo repiten como papagayos amaestrados los medios de desinformación de Colombia y el mundo.




RAMBO DE TURISMO POR 
SU PATIO TRASERO


Renán Vega Cantor


“Los marines solamente estamos realmente motivados dos veces. Una es cuando estamos de permiso.

La otra es cuando vamos a matar a alguien”.

Palabras de Randall Carter, Brigadier de los Marines en Irak, 2 de abril de 2004. Citado en Jeremy Scahill,

Blackwater. El auge del ejército mercenario más poderoso del mundo, Editorial Paidos, Barcelona, 2008. p. 161.

 Colombia es Pasión

Que se pudiera viajar libremente por Colombia fue de lo que más presumió el régimen criminal del uribismo y todos sus epígonos y en torno a ello se generó una campaña mediática con el lema “Colombia es Pasión: vive y viaja por ella”, con el que se anunciaba en tono triunfalista la “recuperación de la seguridad” en todo el territorio nacional, un eufemismo para ocultar la inseguridad que produce la terrible militarización de la vida cotidiana, en campos y ciudades. Hasta tal punto se impuso esta falacia en el imaginario de la gente común y corriente que, en un país con un puñado insignificante de terratenientes, todo el mundo alardea de poder ir a descansar a su finca, para huir del ruido y la miseria de las grandes ciudades.

Junto con esta propaganda mediática de consumo interno, también se pregona que el país es un atractivo para la inversión extranjera, porque se conceden todo tipo de prebendas y garantías a los capitalistas que quieran invertir en este lugar paradisiaco para los negocios, con salarios chinos y con una frontera abierta a la destrucción ambiental, como en el lejano oeste yanqui del siglo XIX. Con esto simplemente se ha querido legitimar la entrega de las riquezas naturales del país a las trasnacionales para que se las lleven sin ningún obstáculo.

La pretendida seguridad que convierte a Colombia en uno de los lugares más atractivos para el capital foráneo ha venido acompañada del incremento de la presencia militar de los Estados Unidos, hasta el punto que nuestro país es el portaviones terrestre más grande e incondicional con el que cuenta el imperialismo en América Latina, si se tiene en cuenta que tropas y asesores de aquel país se encuentran en más de 30 sitios del territorio colombiano.

Y junto con el Plan Colombia, las bases militares, los aviones de guerra , los drones y todo tipo de instrumentos para matar también nos llegaron los Rambos, es decir, los “matones profesionales” Made in USA. La propaganda oficial del régimen se exalta la presencia de militares y mercenarios –¡perdón contratistas! – como imprescindibles para resguardar la seguridad de los colombianos. Y vaya seguridad que nos proporcionan como se evidencia con una serie de hechos que vale la pena recordar.

Violaciones de los marines y pornografía infantil

En el departamento del Tolima, en límites con Cundinamarca, se encuentra el caluroso pueblo de Melgar, localizado a escazas dos horas de Bogotá. A pocos kilómetros de distancia se localiza la base militar de Tolemaida, donde se encuentra un contingente de militares y mercenarios de los Estados Unidos. El 27 de agosto de 2006 dos de estos militares salieron de esa base y se dirigieron a Melgar, obligaron a ingerir licor a una niña de doce años, a la que luego raptaron e introdujeron en un vehículo con placas diplomáticas de los Estados Unidos, la llevaron hasta las instalaciones de la Fuerza Aérea, allí la violaron y la filmaron. Después de consumado ese atroz delito, la niña fue encerrada en el cuarto de uno de los agresores y luego fue sacada de las instalaciones del batallón en la misma camioneta diplomática y tirada en la calle, al frente de la iglesia de Melgar. La madre de la niña se atrevió a denunciar el hecho, por lo cual sufrió amenazas y atropellos que la obligaron a abandonar su casa y a convertirse en otra de las miles de desplazadas que deambulan en la ciudad de Bogotái.

Este no es ningún hecho aislado, puesto que en el año 2006 se denunciaron 26 casos similares en la Comisaria Familiar de Melgar y en el 2007 otros 13 casos. Aparte de violar a las niñas y a las jóvenes del lugar, militares de los Estados Unidos han hecho videos pornográficos que han dado a conocer públicamente. Una de las niñas filmadas, de 16 años de edad, se suicidó poco después de enterarse que aparecía en uno de estos videos pornográficos, que fue grabado por un sargento activo del Ejército de Colombia y un exmilitar de los Estados Unidos que formaba parte del Plan Colombiaii.

Por supuesto, los soldados de los Estados Unidos gozan de inmunidad (es decir, impunidad) de tipo diplomático, lo que impide que siquiera sean demandados en instancias judiciales del país, y sin ningún recato siguen cometiendo crímenes de este tipo, tanto en Colombia como en otros países. No sorprende que uno de los militares estadounidenses le hubiera dicho a la madre de la niña que comentamos en este vergonzoso episodio: “Sí la violé. ¿Y? ¡Demándeme!… a nosotros no nos pueden hacer nada”iii.

Guardaespaldas de Obama en juerga sexual en Cartagena

Un segundo hecho que produjo algún revuelo mediático aconteció en abril de 2012 en el marco de la Cumbre de las Américas que se realizó en Cartagena. En esa ocasión, una docena de los quinientos guardaespaldas de Barack Obama, se vio involucrada en un hecho típico de imperialismo sexual –un término usado para referirse a los desmanes de los marines yanquis en Filipinas-, en el cual consiguieron a veinte trabajadoras sexuales las llevaron a los aposentos del Hotel Caribe, disfrutaron de una noche de juerga, pero al otro día se negaron a pagar lo que correspondía por el servicio. Este hecho cotidiano en el comportamiento de los militares, mercenarios y agentes secretos que se encuentran en Colombia no se hubiera conocido, si no es porque lo realizaron guardaespaldas de Obama, en el contexto de la Cumbre de las Américas en Cartagena.

A raíz de este acontecimiento, se pudo establecer que en cada una de las giras que realiza Obama o algún funcionario de alto rango del gobierno de los Estados Unidos, el “servicio secreto” se transforma en el “circo secreto” que opera de noche y al cual todo se le permite todo tipo de tropelías en los países a donde lleguen, entre ellas sus intrépidas “conquistas” sexuales, a punta de dólares. Esto es tan evidente y tolerado que el senador Joe Lieberman apuntó, no sin cierta dosis de cinismo, que “si uno de los agentes (Arthur Huntington, de 41 años, casado y con hijos) no hubiera discutido con una de las mujeres sobre cuánto le debía, el mundo no lo habría sabido, pero ahora el mundo lo sabe y por eso la reputación del cuerpo depende de esta investigación”iv.

El revuelo que causo el escándalo mediático intentó ser disimulado por parte de funcionarios de Washington con el argumento que en verdad lo que les preocupaba era que las trabajadoras sexuales de Cartagena hubieran sido utilizadas como señuelo por “enemigos de los Estados Unidos” para tener acceso a información secreta. Afortunadamente, acotó uno de estos personajes, “es irónico que nos sintamos aliviados al comprobar que eran simplemente prostitutas” v, con lo que se demuestra el valor que los funcionarios del imperio le atribuyen a los seres humanos del mundo periférico, todos y todas consideradas como puros sirvientes, en el caso mencionado como sirvientes sexuales.

La DEA en la “Zona Rosa” de Bogotá

La penetración de los organismos militares y de agencias de espionaje de los Estados Unidos alcanza tales niveles, que se ha naturalizado su presencia en nuestra vida cotidiana, como se demuestra con lo acontecido hace pocas semanas en Bogotá, en la denominada “zona rosa”, un sitio de diversión de la clase media y de la “gente bien” de la capital del país. El 20 de junio, un agente de la Agencia Antinarcóticos de los Estados Unidos (DEA) murió luego de subirse a un taxi en donde intentaron someterlo a lo que en la jerga delincuencial de la ciudad se conoce como el “paseo millonario” -una práctica cotidiana que se vive en este país desde hace muchos años y que consiste en robar a los pasajeros- y que no genera ninguna noticia cuando lo sufren anónimos ciudadanos. Pero en este caso el hecho trascendió porque el involucrado era Terry Watson, quien según informes oficiales del propio embajador de los Estados Unidos fue “víctima de un atraco”, cuando se encontraba en una “misión especial”, sobre la que no proporcionó detalles.

Inmediatamente después de conocido el deceso del agente yanqui, el Director de la Policía Nacional ofreció una recompensa de 50 millones de pesos (unos 25 mil dólares) a quien diera información para capturar a los responsables. Y al otro día, Juan Manuel Santos lamentó la muerte del miembro de la DEA –lamento que nunca se ha escuchado cuando se trata de la muerte de un campesino en El Catatumbo, en El Cauca o en cualquiera otra región del país. Como algo raro en este país, con una celeridad pasmosa a las pocas horas del suceso, la policía reportó las primeras capturas y 72 horas después afirmó que se había esclarecido el crimen. Como un muerto del imperio vale más que cualquier muerto de la periferia, y además debe demostrarse quiénes son los que mandan y quiénes son los súbditos, el gobierno de los Estados Unidos ordenó que fueran extraditados a los Estados Unidos los presuntos responsables de la muerte del agente, sin ningún juicio previo en Colombia, a donde seguramente van a ser juzgados y condenados los colombianos a los que se inculpa de ese delito.

Esta exigencia que, entre paréntesis pone de presente nuestro carácter de una neocolonia en la que manda el embajador de los Estados Unidos, como cualquier virrey, indica el grado de dependencia de la mal llamada justicia colombiana, como lo registra sin eufemismos una noticia de prensa, que en otros tiempos no dejaría de causar estupor, por su descaro: “Un gran jurado federal del estado de Virginia acusó a seis ciudadanos colombianos por el secuestro y posterior asesinato de un agente de la DEA en Bogotá el mes pasado durante un intento de robo, informó el Departamento de Justicia de EE.UU”. En la misma noticia se agrega, que, léase bien, Eric Holder, el mismísimo Secretario de Justicia y Fiscal General de los Estados Unidos –no de Colombia donde se cometió el delito- señaló en forma textual: "Estamos dando un paso importante para garantizar que los presuntos responsables de su asesinato sin sentido comparezcan ante la Justicia", la de Estados Unidos, por supuesto que es la única válida para ellos. Para darle el tono de superioridad que no puede faltar en el caso de los Estados Unidos, el Fiscal General remató diciendo que "el agente especial Watson era un valiente servidor público que dedicó su vida a la protección del país que amaba. Era un héroe, en todo el sentido de la palabra, al que nos han arrebatado demasiado pronto”vi. ¡Que la divina providencia nos libre de este tipo de héroes!

Este hecho confirma la dependencia absoluta del Estado colombiano con respecto al de Estados Unidos, como se evidencia con varios elementos que deben recalcarse: uno, que un delito común y frecuente en Bogotá, en la que diariamente se realizan decenas de “paseos millonarios”, en los que nunca se captura a los responsables, se haya clarificado en una forma tan rápida y la policía –que en forma frecuente está involucrada en ese y otros delitos- haya sido tan efectiva; dos, que la investigación haya sido coordinada en forma directa por la DEA en Bogotá y Washington, como si estuviéramos no en Colombia sino en territorio de los Estados Unidos; tres, que los señalados como responsables del homicidio sean acusados directamente desde los Estados Unidos, se ordene su extradición y el Estado colombiano lo vaya a aceptar y que pronto los entregue en manos de la “justicia yanqui”, en violación flagrante de la legislación vigente, que indica que un delito como el “paseo millonario” debe ser tramitado en el país y los culpables deben pagar su pena acá y no en una cárcel del extranjero. En estas condiciones, es bueno recordar que hasta el momento después de muchos años de haber vuelto a imponer la extradición ningún ciudadano de los Estados Unidos que haya matado colombianos, tanto en suelo de su propio país o en el nuestro, ha sido extraditado a Colombia. Tampoco han sido extraditados los funcionarios de la empresa bananera Chiquita Brands, financiadores y responsables directos del asesinato de miles de colombianos por parte de sus paramilitares y que fueron condenados por una corte federal de los Estados Unidos a pagar una multa de 25 millones de dólares al fisco de ese país, por patrocinar grupos paramilitares. Y tampoco sorprende que en Colombia la Fiscalía los haya exonerado por los mismos delitosvii.

Sobre el suceso reciente del agente de la DEA es importante hacerse una serie de preguntas elementales, que, sin embargo, aquí nunca se formulan por parte de los periodistas de los medios de desinformación masiva: ¿Qué hace un agente de la DEA en Bogotá o en cualquier lugar del país? ¿Cuántos agentes de la DEA hay en todo el territorio colombiano? ¿Cuál es la misión secreta que estaba realizando un individuo de larga trayectoria, que incluso estuvo presente en Afganistán, donde se dice que realizó “tres misiones” con éxito?

Rambo de turismo en la selva



Todo lo antes mencionado nos sirve de contexto para referirnos a un caso que sucede en este momento, sobre el cual la desinformación da la vuelta al mundo. En días recientes se anunció la captura por parte de las Farc de un mercenario de los Estados Unidos, Kevin Scott Sutay, en el sur de Colombia. De manera inmediata, el Embajador de los Estados Unidos, Michael McKinley, sostuvo que este personaje es un ex militar que se “encontraba en el país como turista” cuando fue capturado, a lo que agregó que “es un ciudadano privado que nada tiene que ver con el conflicto”. El mismo Embajador reconoció que Kevin Scott Sutay fue miembro de las fuerzas armadas de los Estados Unidos entre el 2009 y marzo del 2013, y en su “hoja de vida” (o mejor “su hoja de muerte”) se destaca su participación en la guerra de Afganistán, donde se desempeñó como experto explosivistaviii.

En la información que se ha dado a conocer se afirma que, tras su reciente retiro de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, el exmilitar inició una gira por todo el continente latinoamericano que comenzó en México y continuó por América Central hasta llegar a Colombia, a donde se internó en territorios del sur del país, en una zona selvática del Departamento del Guaviare, un candente teatro de guerra. Si este es el escenario geográfico al que llegó Kevin Scott Sutay, resulta un poco cándido –por decir lo menos- el cuento que circula sobre sus andanzas por Colombia, que citamos en forma directa:

“Comenzó su viaje en México. El 8 de junio estaba en Panamá desde donde tomó un avión a Bogotá. En la capital permaneció dos días y desde allí tomó un bus que lo llevó a San José de Guaviare, en donde se hospedó en el hotel Las Palmas. Equipado con un morral con poca ropa y una cámara fotográfica, se quedó una semana visitando los alrededores de la capital de Guaviare.

Su presencia no pasó desapercibida y a pesar de su escaso español logró hacerse entender por los lugareños. Allí conoció al pastor evangélico Norberto Mendoza quien lo hospedó durante dos días en su vivienda. Sutay le contó que quería viajar hasta algunos de los resguardos indígenas y que planeaba caminar hacia el municipio de El Retorno.

El pastor, así como las autoridades locales, le informaron que esa travesía era extremadamente peligrosa no sólo por las complejidades propias de la selva, sino porque en la zona había presencia de dos frentes de las Farc. El joven le respondió que por haber sido marine estaba entrenado en técnicas de supervivencia y que lo único que necesitaba era un machete, que procedió a comprar en el pueblo.

Los policías del lugar hablaron con él, al igual que el personero, entre otros, para intentar persuadirlo. Todo fue en vano. A lo único que accedió fue a firmar y a poner su huella en un documento en el que consta que fue ampliamente advertido de los riesgos.

En la mañana del 20 de junio se despidió de su amigo el pastor y se tomó algunas fotos, las cuales fueron reveladas en exclusiva el jueves pasado por Semana.com. Unas horas más tarde, cuando caminaba cerca de la vereda Puente Tabla se encontró con la guerrilla y hasta ahí llegó la aventura de este joven e ingenuo exmarine”ix.

Por lo pintoresca y poco verosímil, la noticia merece algunos comentarios. Estamos hablando de una persona con experiencia militar en un escenario como el de Afganistán, que se retiró hace escasos tres meses –según lo dice el Embajador de los Estados Unidos- y no hace décadas y que llega a meterse, cual mansa oveja, a una de las zonas más conflictivas de Colombia y persiste en su actitud de irse selva adentro, a pesar de que un “pastor protestante” y la policía del lugar le advierta del riesgo que corre al proseguir su pretendida aventura. Realmente este cuento solamente lo pueden creer los guionistas de Hollywood, o los periodistas colombianos, que cada vez se diferencian menos. Que se inventen otra película de vaqueros, porque nada cuadra en este cuento tan reforzado.

El asunto es todavía menos creíble si se recuerda que en forma frecuente "El Departamento de Estado recuerda a sus ciudadanos el peligro de viajar a Colombia”. De esta forma se inicia un comunicado del gobierno de Obama en donde se brindan instrucciones a sus ciudadanos si vinieran a este país y se dice que si bien “la embajada no posee información específica y preocupante sobre amenazas en contra de los ciudadanos americanos, recomendamos ser precavidos y estar vigilantes”. En forma concreta, les recomienda a sus connacionales no utilizar buses intermunicipales y no viajar "fuera de áreas urbanas por la noche"x. Si estas advertencias son hechas a ciudadanos comunes y corrientes de los Estados Unidos, es de suponer que en el caso de un ex soldado recientemente retirado del servicio, luego de haber peleado como Rambo en Afganistán, se le redoblan las advertencias. Si eso es elemental, por qué un individuo con tales antecedentes aparece de súbito en una zona de guerra en el sur de Colombia y se introduce en un territorio en donde hay frentes de la insurgencia, como cualquier persona lo sabe.

Como debe descartarse la hipótesis de la ingenuidad, lo que puede concluirse es que este es un acto premeditado de provocación y de infiltración. Por esta razón, lo que allí ha sucedido no puede ser catalogado como un secuestro, como lo repiten como papagayos amaestrados los medios de desinformación de Colombia y el mundo. Tal es la brutalidad mediática que ciertos literatos –que se supone deberían ser personas sensatas, con distancia crítica frente a cualquier hecho- han llegado a decir, como lo hace Juan Gabriel Vásquez, que “las Farc secuestran a un norteamericano y luego dicen que lo van a soltar como gesto de buena voluntad”xi.

En qué país vive un individuo que puede decir tamaña estupidez -la misma que se pregona desde el Ministerio de Defensa y repite la mayor parte de “opinadores” de escritorio-, que no tiene la más mínima idea de lo que es una guerra y lo que representa en estos tiempos de bombardeos aéreos, guiados por satélite, la infiltración de un espía en las filas de la insurgencia. Columnistas como este, que son casi todos los que escriben en la “gran prensa” de este país, con su crasa ignorancia, su mala fe y su analfabetismo político –el peor de todos los analfabetismos como lo afirmó Bertold Brecht- poco aporte le hacen al conocimiento y resolución de los grandes problemas del país –como el de la guerra-, en un momento en que se requiere mesura, en lugar de decir cuanta torpeza sin fundamento se les ocurra.

Al parecer todos estos “ilustrados” comentaristas creen en la leyenda hollywoodense de Rambo, en la que se nos muestra, según la primera película de 1982, a un ex soldado de los Estados Unidos, que viene de una guerra –la de Vietnam- y que deambula pacífica e inocentemente por el mundo y se ve obligado a defenderse por los ultrajes recibidos, que es exactamente el mismo guion que se nos ofrece en este momento en Colombia. En la vida real, e incluso en la historia fílmica, rápidamente esta imagen de Rambo desapareció para dar paso al héroe de los Estados Unidos que enfrenta a malvados y comunistas, y los derrota en forma espectacular, por aquello que siempre ganan los “buenos”.

Todo este asunto sirve para develar que Rambo está en Colombia, pero no desde hace pocas semanas, sino desde hace varias décadas. Y Rambo sí que aplica al pie de la letra el lema uribista: “Colombia es pasión: viaja, mata, tortura y masacra por ella”.

Notas:

vi
. EE.UU acusa a seis colombianos por la muerte de un agente de la DEA en Bogotá, en http://globovision.com/articulo/ee-uu-acusa-a-seis-colombianos-por-la-muerte-de-agente-de-la-dea-en-bogota


viii. EE.UU., preocupado por bienestar de estadounidense (en) poder de las Farc, en http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/eeuu-preocupado-bienestar-de-estadounidense-poder-farc-articulo-435326

ix. El marine (r) gringo que se fue selva adentro, en http://www.semana.com/nacion/articulo/el-marine-r-gringo-selva-adentro/352255-3

x. Estados Unidos advierte a sus ciudadanos sobre los problemas de seguridad en Colombia, febrero 21 de 2012, en http://www.larepublica.co/economia/estados-unidos-advierte-sus-ciudadanos-sobre-los-problemas-de-seguridad-de-colombia_2133

xi. Juan Gabriel Vásquez, “Instrucciones para tragar sapos”, El Espectador, julio 25 de 2013.

Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia.  Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su último libro publicado es Capitalismo y Despojo.










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domingo, 4 de agosto de 2013

THIS AMERICAN LIFE Y EL GENOCIDIO EN GUATEMALA


Dada la colaboración y defensa de Ríos Montt por parte de Reagan, conjuntamente con la investigación de un juez guatemalteco que encontró la “suficiente evidencia que ligaba a Ríos Montt con la masacre de Dos Erres” (Reuters, 5/21/12), uno esperaba que un aclamado programa de radio hiciera esta obvia conexión en el transcurso de la transmisión del episodio de una hora de duración titulado, “¿Qué pasó en Dos Erres?” (This American Life, 5/25/12).
En vez de transmitir la realidad –que los Estados Unidos estuvo activamente implicado en las décadas del terror de Estado en Guatemala (Extra!, 5/1/99), o que los kaibiles fueron armados y entrenados por los EEUU y sus aliados- Ira Glass, se dedicó a enmarcar la participación del gobierno de los EEUU como la de un espectador negligente cuyo pecado fue únicamente su renuencia a denunciar las atrocidades.



EL PROGRAMA DE RADIO “THIS AMERICAN LIFE” Y
EL GENOCIDIO EN GUATEMALA
El papel de Washington es una historia que no vale la pena relatar


Por Keane Bhatt
FAIR, agosto 01, 2013

En el anochecer de diciembre 4 de 1982, el presidente Ronald Reagan le informó a los reporteros reunidos en una base de la Fuerza Aérea en Honduras que acababa de tener un “provechoso intercambio de ideas” con Efraín Ríos Montt. El general militar guatemalteco era el más reciente en una serie sucesiva de dictadores apoyados por los EUA que han gobernado el país desde el derrocamiento orquestado por la CIA del presidente democráticamente elegido, Jacobo Árbenz Guzmán en 1954.

“Sé que el presidente Ríos Montt es un hombre de gran integridad personal y dedicación”, Reagan prosiguió, “Sé que él quiere mejorar la calidad de vida de todos los guatemaltecos y promover la justicia social. Mi administración hará todo lo que pueda para apoyar sus esfuerzos progresistas”. En una sesión de preguntas y respuestas, Reagan desestimó las acusaciones sobre violaciones a los derechos humanos cometidas por Ríos Montt y sus militares: “Francamente me inclino a creer que ellos están siendo calumniados”, declaró Reagan.

Tan solo dos días después, en el anochecer de diciembre 6, un grupo de 20 kaibiles -comandos elite del ejército guatemalteco- iniciaron una operación militar que diezmó a los habitantes de la remota aldea de Dos Erres en la región de Petén. El asesinato de más de 250 personas es tan solo el indicio del salvajismo: En cuestión de horas, los kaibiles violaron niños (Pro Publica, 3/25/12), forzaron el aborto al saltar sobre el abdomen de mujeres embarazadas (Inter-American Court of Human Rights Judgment, 11/24/09) y lanzaron al menos a 67 niños en un pozo en donde murieron (Seattle Times, 8/10/11), esto entre otras atrocidades.

Dos Erres fue tan solo una entre las más de 600 comunidades asoladas por el ejército en la campaña de tierra arrasada durante el breve periodo de 17 meses de Ríos Montt. Al igual que su predecesor, el general Lucas García, él presidió sobre una estrategia para derrotar al insurgencia izquierdista del país, mientras que al mismo tiempo destruía su “mecanismo de apoyo civil”, lo anterior  según documentos de seguridad nacional descubiertos por el periodista investigativo Robert Parry en la Reagan Library (Consortium News, 5/11/13).

Dada la colaboración y defensa de Ríos Montt por parte de Reagan, conjuntamente con la investigación de un juez guatemalteco que encontró la “suficiente evidencia que ligaba a Ríos Montt con la masacre de Dos Erres” (Reuters, 5/21/12), uno esperaba que un aclamado programa de radio hiciera esta obvia conexión en el transcurso de la transmisión del episodio de una hora de duración titulado, “¿Qué pasó en Dos Erres?” (This American Life, 5/25/12).

Ira Glass, el anfitrión del programa This American Life, quien conjuntamente con el productor del programa recibieron el Peabody Award por el episodio, pareció indicar al inicio del programa que en verdad contextualizaría la atrocidad para sus 1.8 millones de oyentes cuando presumía de su experiencia en la materia:

Ok, antes de que nos metamos de lleno en esta historia, haremos un pequeño repaso histórico. Ahora, yo era la clase de persona insufrible, una persona políticamente correcta quien en los 1980 estaba obsesionada con América Latina. Pronunciaba Nicaragua, “Neek-ar-ah-wah,” y ciertamente fui a Nicaragua por un mes durante el quinto aniversario de la revolución Sandinista. Viaje en Guatemala durante la guerra civil. Ustedes, sin embargo, serian lo que llamamos una persona normal y no harían nada de esto.

Pero el repaso histórico de Glass para “la gente normal” fue desinfectado de toda mención, en absoluto, del abrumador involucramiento de los EEUU en los crímenes contra la humanidad en Guatemala.

La evidencia pública disponible de ese involucramiento, sin embargo, es abundante. Como se reportó en ese momento, Reagan, a pesar de una prohibición del congreso (New York Times, 12/19/82) persistió en su esfuerzo por proveer apoyo material a Ríos Montt. Por más de dos años, los Estados Unidos suministró al ejército guatemalteco aproximadamente $15 millones en equipo y vehículos, mientras que coordinaba asistencia adicional y entrenamiento a través de Israel y Taiwán, la CIA también retuvo  a  comandantes militares de alto rango en su nómina de agentes pagados (New York Times, 5/16/13).

Jessie Garcia, el Boina Verde de los EEUU quien había arribado al país meses antes de la masacre de Dos Erres, fue autorizado para enseñar a los cadetes militares guatemaltecos “todo lo que nuestro ejército tiene en su arsenal”, incluyendo, de acuerdo al reportero investigativo Allan Nairn (Washington Post, 10/21/82), “emboscadas, espionaje, armas de combate, artillería, blindaje; patrullaje, demolición y tácticas de asalto en helicóptero”. En resumen, García proveyó de experiencia en “como destruir poblados”

El sargento de kaibiles, Pedro Pimentel, sentenciado en el 2012 a 6,060 años de prisión por su participación en la masacre de Dos Erres (Guardian, 3/13/12), fue invitado a servir como instructor en la Escuela de las Americas (el infame centro de entrenamiento militar de los EEUU para las fuerzas de seguridad Latinoamericanas), inmediatamente después de la masacre de 1982. La escuela había entrenado a Ríos Montt en 1950, y en 1985 entrenaría al actual presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, quien como Kaibil, probablemente cometió atrocidades (ProPublica, 5/25/12; SOA Watch; Democracy Now, 4/19/13).

Pero ni siquiera una vez, en la narración de lo sucedido en Dos Erres por el programa This American Life, fueron mencionadas las palabras “Reagan”, “Árbenz”, ““School of the Americas” o “CIA”. En vez de transmitir la realidad –que los Estados Unidos estuvo activamente implicado en las décadas del terror de Estado en Guatemala (Extra!, 5/1/99), o que los kaibiles fueron armados y entrenados por los EEUU y sus aliados- Ira Glass, se dedicó a enmarcar la participación del gobierno de los EEUU como la de un espectador negligente cuyo pecado fue únicamente su renuencia a denunciar las atrocidades.

“Los oficiales de la embajada escucharon una gran cantidad de reportes sobre el ejército masacrando  aldeas completas en todo el territorio guatemalteco, los cuales fueron desestimados por ellos, dijo Glass –hasta que, “ante las presiones del Departamento de Estado en Washington” ellos fueron a “corroborar si las historias eran verdad”. La acusación más fuerte de This American Life contra los EEUU es que, a pesar de años de repetidas masacres después de Dos Erres, “los EEUU sabían a cerca de eso pero se mantuvo de brazos cruzados”.

Algunos podrían argumentar que el programa, el cual pone gran énfasis en narrativas personales, está justificado en excluir el contexto político de su episodio de 60 minutos sobre la masacre. Pero This American Life, al promover el falso argumento de que los EEUU simplemente se “cruzó de brazos”, ignora el reportaje de su propio asociado, Pro Publica, sobre la colaboración de los EEUU con los Kaibiles en la Escuela de la Américas (5/25/12).

Una de las personas entrevistadas por Glass en el estudio –Kate Doyle del National Security Archives- al ser contactada por teléfono dijo que ella y Glass habían tenido una amplia discusión en la cual ella había resaltado el papel activo de los Estados Unidos en el conflicto de Guatemala. El programa, al final, sacó al aire únicamente un segmento grandemente reducido de lo conversado con Doyle, el cual excluyó ese contenido.

Con extraordinaria continuidad, algunos meses después, This American Life (1/4/13) se trasladó de Guatemala a Honduras, sacando al aire un segmento de media hora titulado “Some Like It Dot”[1]. El episodio exploró el concepto de las ciudades chárter –porciones de tierra a ser cedidas a inversionistas internacionales para ser transformadas en ciudades autónomas, con sus propias fuerzas policiales, códigos laborales, impuestos, reglas de intercambio comercial y sistemas legales. El anfitrión del programa  entusiastamente transmitió la idea como una solución a la “corrupción, el caos y la violencia” en Honduras.

En ningún momento This American Life mencionó el derrocamiento en el 2009, del líder de izquierda y presidente del país, Manuel Zelaya quien había sido democráticamente elegido y que dio lugar a que se abrieran las esclusas a un enorme incremento en la corrupción, caos y violencia (Nation, 5/22/12). Tampoco el programa tomó nota que su entrevistado, Octavio Sánchez, el hondureño que actúa como el principal promotor de las ciudades chárter, había sido uno de los que promovió el coup d’etat  en contra de  Zelaya en un artículo de opinión en el Christian Science Monitor (7/2/09). En su lugar, This American Life presentó a Sánchez, jefe de gabinete del actual presidente Porfirio Lobo, como el idealista “soñador nacional”.

This American Life también excluyó cualquier referencia al hecho de que después de nombrar a Sánchez, Porfirio Lobo, el líder post golpe de Honduras designó a Juan Carlos “El Tigre” Bonilla acusado de estar ligado en el pasado a los escuadrones de la muerte  (AP, 7/1/12), cuando era el jefe de la policía nacional. Y, naturalmente, el favorable tratamiento que sin respiro le dio el programa a las ciudades chárter, evitó mencionar la muerte al estilo de los escuadrones de la muerte del abogado de los derechos humanos Antonio Trejo, el oponente más importante de Honduras a las ciudades chárter (NACLA, 2/19/13).

Haciéndose eco del discurso presidencial de tres décadas atrás, Barack Obama se deshizo en elogios hacia Lobo después de reunirse con él  en octubre del 2011. Gracias al “fuerte compromiso con la democracia y liderazgo por parte del presidente Lobo”, dijo Obama –refiriéndose a un jefe de Estado que había asumido el poder a través de elecciones represivas y falsas celebrada bajo un régimen golpista –“lo que hemos estado observando es la restauración de las prácticas democráticas y un compromiso con la reconciliación que nos da una gran esperanza”.

Al igual que Reagan, Obama evitó mencionar el hecho de que su aliado había presidido sobre el asesinato rutinario de civiles por las fuerzas de seguridad del Estado, entrenadas y financiadas con millones de dólares de los contribuyentes de los Estados Unidos (NACLA, 5/8/13).

Al ignorar las décadas de involucramiento al más alto nivel del gobierno de los EEUU –desde Reagan hasta Obama- en las actividades de los regímenes más brutales de Centro América, This American Life deja a sus millones de oyentes desinformados del efecto, pasado y presente, del poder de los Estados Unidos. Si Ira Glass todavía concibe su programa como un medio para “proporcionar una perspectiva sobre este país que usted no podría obtener en otra parte”, él muy bien podría empezar por informarle a sus oyentes de su relación, con la aparente violencia sin sentido, en lejanos lugares en el extranjero (DePauw University News and Media Page, 4/15/02).

Al dejar a su audiencia despreocupada de las nefastas realidades de la política exterior de los EUA, This American Life puede muy bien ocuparse de la narración de historias cautivantes –pero estas no deben confundirse con el buen periodismo.



Traducción de Marvin Najarro


Keane Bhatt es un activista en Washington D.C, por la justicia social y el desarrollo comunitario. Su blog para NACLA, Manufacturing Contempt, da una mirada crítica a la representación del hemisferio por parte de los medios de comunicación corporatizados.



[1] Some like it dot: Expresión en inglés  que en muchos casos se refiere al gusto o preferencia que tienen algunas personas por objetos y/o artículos, como por ejemplo, ropa de vestir con diseños de muchos puntos. Para el caso del segmento radial, "Some like it dot", sobre Honduras, la expresión se refiere a la preferencia del Señor Octavio Sánchez por el desarrollo de una pequeña porción del territorio del país en una ciudad chárter, cuya localización fue llamada “the dot” (el punto), ya que sería como un punto en el mapa del territorio hondureño.










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sábado, 3 de agosto de 2013

“DOS FRENTE AL PELOTÓN”


Nacieron dentro de esa violenta supervivencia, crecieron abonados por la violencia del ambiente. Nadie les comprobó que la vida humana es un hermoso milagro lleno de dignidad y de esperanza. Nadie  -entre los seres que los rodearon siempre-  gozó de cierta comodidad indispensable para que el espíritu se amplíe. Nadie les dijo jamás   -con hechos, con la elocuencia callada de la verdad-  que ellos no eran bestias, que ellos eran parte de esa misma humanidad que llega a la Luna, que cura el cáncer y que ha evolucionado tanto desde la cueva y la piedra hasta la computadora y el sueño realizado. Venían de una vida en que la muerte está presente a todas horas, hasta confundirse con ella.


PENSANDO TONTERÍAS (II)

“DOS FRENTE AL PELOTÓN”


Por Manuel José Arce

Son dos hombres jóvenes. No han tenido tiempo para acumular experiencia, para asentar valores, para madurar conceptos vitales que normen su vida.

Sólo han tenido tiempo para deformarse. La justicia está cumpliéndose con su muerte. Las leyes así lo determinan y la sociedad debe hacer cumplir sus leyes para sobrevivir. Ellos están allí fatalmente en el final de la vida. Nadie puede pedir clemencia por ellos en ese instante tremendo. Ninguna voz puede alzarse ya. Solo las voces de mando y la descarga pueden tocar el silencio. Serán las últimas voces y los últimos sonidos que habrán de escuchar.

Faltaron a las leyes que aglutinan a los hombres en apretados números de convivencia. Cometieron un crimen execrable. Fueron crueles y malvados con un ser humano indefenso. Pagan con su vida el irrespeto a la vida. La ley es inexorable como ellos fueron inexorables con su víctima. Dieron la muerte y recibieron la muerte. No pidieron perdón y no recibieron perdón. Negaron la piedad y la piedad les fue negada.

Llegaron de tal manera a la muerte.

Venían de la vida cargada de frustraciones y miseria. Del barrio marchito de penuria. Habían tenido que pelear el alimento desde la niñez. Aprendieron que la existencia es guerra sin cuartel, en la que cada boca, cada semejante es un enemigo al que hay que arrebatarle el bocado vital e imprescindible.

Nacieron dentro de esa violenta supervivencia, crecieron abonados por la violencia del ambiente. Nadie les comprobó que la vida humana es un hermoso milagro lleno de dignidad y de esperanza. Nadie  -entre los seres que los rodearon siempre-  gozó de cierta comodidad indispensable para que el espíritu se amplíe. Nadie les dijo jamás   -con hechos, con la elocuencia callada de la verdad-  que ellos no eran bestias, que ellos eran parte de esa misma humanidad que llega a la Luna, que cura el cáncer y que ha evolucionado tanto desde la cueva y la piedra hasta la computadora y el sueño realizado. Venían de una vida en que la muerte está presente a todas horas, hasta confundirse con ella.

Eran prófugos de la condición indígena. Acosada por la miseria en el campo, su sangre emigró a la ciudad y se hundió en la miseria urbana. Quién sabe cuántas generaciones antes que ellos estaban en fuga con el hambre pisándoles los talones. La pobreza no es excusa. La miseria no tiene excusa.

En ellos no cabía nada más que el odio. Ahítos de hambre, nutridos de miseria, plenos de cotidiana mezquindad acumulada a lo largo de sus vidas, ya solo el odio podía caber en ellos. Y lo volcaron todo sobre una criatura que apenas iniciaba su vida. Se expresaron por medio del crimen.

Después, sobre sus almas oscuras, sobre sus cerebros envilecidos, se posaron como nítidas mariposas, la erudición de los científicos, la majestad de la ley, las togas, los libros y los microscopios. Luego, la voracidad del morbo colectivo, que devoró minuto a minuto las últimas horas de existencia.

La ley ha sido hecha para cumplirse y se ha cumplido.

El crimen ha sido castigado satisfactoriamente.

Es lo correcto.

Esos dos criminales ya no cometerán más crímenes. La sociedad se los ha amputado. Correcto.

Pero la miseria incubadora del odio sigue allí. La violencia madre sigue allí. Siguen los indígenas prófugos del hambre rural desembocando en el hambre urbana. Siguen creciendo niños en el aprendizaje de la ira y del odio contra la vida. Es decir, han sido destruidos dos productos. Pero la fábrica sigue en plena producción, a toda marcha…











Publicado por LaQnadlSol
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