sábado, 4 de julio de 2020

De Felipao, el demonio, magistrados y otras abominaciones de Guatemala

Hablar de Felipao es muy dañino para la salud mental. Su aura e irradiación espiritual es tan negativa que pareciera que fuerzas profundas del averno, del mal, encabezadas por la codicia, se posesionan de tu ser y que obviamente están en pugna, contra la paz y el progreso social.


DE FELIPAO, EL DEMONIO, MAGISTRADOS
Y OTRAS ABOMINACIONES DE GUATEMALA


Por Luciano Castro Barillas
Escritor y analista político

Hablar de Felipao es muy dañino para la salud mental. Su aura e irradiación espiritual es tan negativa que pareciera que fuerzas profundas del averno, del mal, encabezadas por la codicia, se posesionan de tu ser y que obviamente están en pugna, contra la paz y el progreso social. Baste decir que es un sujeto que tiene una visión muy limitada del mundo, del hombre y de la vida y todo se reduce a un delirio de reconocimiento miserable que lo consigue transitoriamente a través del dinero y la instrumentalización del poder político en países como Guatemala, donde su democracia es tan frágil, como en los Estados Unidos, que los idiotas encuentran tierra fértil y comedida para florecer en un jardín del mal. Se debe indagar en su interioridad cavernosa y esquiva para que existan, para que sean posibles,  personas tan ahítas de individualismo, ansias de poder, riqueza y sobre todo figuración.

Todo lo que hay en este mundo es transitorio, tenemos al final la posesión de las cosas, no la propiedad. Todo es prestado y prestado lo tendrán nuestros hijos, nietos y bisnietos. La propiedad privada es un mito que lo hizo más creíble la acumulación del tiempo histórico. Por eso tienen estas ideas una tremenda fuerza instrumental, un gran poder de reificación en las mentes sencillas. Las siguen pregonando los grandes brujos de la posmodernidad en las aulas universitarias cuando insisten, entre otras cosas, en las fuerzas invisibles del mercado, el derrame de la riqueza y la economía social de mercado. Guatemala, definitivamente, está embrujada por estos eficaces reproductores de ideas peregrinas. Los devaneos judiciales de meretrices baratas no llevan a ninguna parte. El olor del El Chino Pobre y su mala cocina se esparce por todo Guatemala.

El sistema jurídico nacional del Estado se utiliza mucho, en exceso, pues existe un Estado sin fortaleza política, sin respaldo popular, con precario apoyo de un poder civil organizado al margen de la burocracia estatal, sin dirección y sin conducción, oscilando en el oportunismo de panza y a veces con razón por el hambre que se vive en Guatemala. Un Estado que va a la deriva, dando lugar a que sean los jueces los que resuelvan los conflictos políticos, con la certeza política, la confianza política, que engendrará la seguridad política y posición política firme y ética. Con la consecuencia en lo que se dice y con lo que se hace.

Guatemala y su pueblo es una nación coherente. Los que abundan en artificios verbales son aquellos que se creen más listos que los demás y que, sin embargo, tan intelectuales que son, que sigue diciendo el desfase por la desfase. La desfase de nuestra nación es la incongruencia entre las aspiraciones del pueblo y las aspiraciones de los politiqueros. Es el demonio que se posesiona de los presidentes de pacotilla (les falta mucho para ser los intelectuales que den, precisamente, dirección intelectual a una nación). Aquí solo tenemos cada cuatro años administradores de la crisis socioeconómica de la nación. Por eso los ciudadanos se quejan que ningún gobierno hace nada y que seguimos de mal en peor. Porque cada cuatro años el demonio nos envía pésimos administradores de la crisis histórica del país.

Ya no quisiéramos ver a los jueces dirimiendo las grandes decisiones políticas de nuestro país. Pero cada día estamos más lejos de ello cuando el presidente Giammattei responde a don Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas o al senador Leahy de los Estados Unidos, que requirieron su mediación en el pleito del poder judicial y legislativo y no erosionar aún más la débil democracia… El señor Giammattei se lava las manos, evade su responsabilidad como magistrado superior de la nación y afirma “que es respetuoso de la independencia de poderes públicos”. Pero la verdad que eso dice la teoría, la práctica es otra. Existe de manera real ligeras autonomías entre los tres poderes el Estado, no independencia, ya que, el camino recorrido por magistrados de cortes y diputados es la acción política.

Que mal entiende este pobre hombre su papel presidencial. Es él la fuerza mediadora y unificadora de todos los guatemaltecos, se llamen estos transitoriamente magistrados o diputados. Nadie puede trascender la nacionalidad, ni sus derechos individuales y sociales.  Ningún hombre sensato, de pensamiento estratégico profundo puede dejar de entender que las leyes están al servicio de los hombres y no los hombres al servicio de las leyes.  Guatemaltecos, por favor, ya no demos lugar a que proliferen en las esferas del Estado  leguleyos, sino  auténticos letrados, que el verdadero espíritu de las leyes los orienten en sus decisiones y que sepan fundamentar lo que resuelvan, sus fallos, en la fortaleza doctrinaria y técnica de nuestro sistema jurídico. Ya no más mediocres a la presidencia, por favor, que no nos digan cínicamente al final de sus patosos discursos: ¡Bendiciones, que Dios bendiga a Guatemala!






Publicado por La Cuna del Sol

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