martes, 28 de julio de 2020

Lo de Estado fracasado es ahora poca cosa, ahora se trata de un país en el caos total

Quién lo diría. En cinco meses de pandemia este pequeño país llamado Guatemala, ha dejado de ser un Estado Fracasado para ser un país hundido en el caos, en la bancarrota total.


LO DE ESTADO FRACASADO ES AHORA POCA COSA,
AHORA SE TRATA DE UN PAÍS
EN EL CAOS TOTAL


Por Luciano Castro Barillas
Escritor y analista político

Quién lo diría. En cinco meses de pandemia este pequeño país llamado Guatemala, ha dejado de ser un Estado Fracasado para ser un país hundido en el caos, en la bancarrota total. Es el caso, sin apelar al pensamiento conservador, de un país sin orden y sin ley. El Estado en manos de los delincuentes, siendo el caso más destacado lo que sucede en el Congreso de la República dislocada, donde las bandas del crimen más diverso coinciden, se coluden, conspiran y sobre todo se distribuyen el poder. Ese es el lugar de lo inconcebible y de lo inimaginable. Donde lo sorprendente dejó de tener lugar porque todo es allí desbordado, desaforado y excesivo y real maravilloso. Escapa a toda lógica.

Y todo iba a pedir de boca para los sectores de la ultraderecha, pues después de echar a perder el esfuerzo de la comunidad internacional representada en la Comisión Internacional contra la Impunidad de las Naciones Unidas, CICIG, que ellos llamaban “intervención extranjera”, las puertas estaban de par en par para la corrupción y la impunidad.  El colapso de la comisión internacional significó el retorno inmediato, casi instantáneo, del crimen descarado de los poderes públicos del Estado donde el poder Ejecutivo ocupado por un histrión de escaso discernimiento y grande sometimiento al poder económico y al ejército, El Payaso Morales; rebasó los límites en todo, hasta el no va más de la descomposición social, incapacidad, entreguismo incondicional a los mismos poderes creyendo que podía seguir administrando la crisis permanente del Estado y la sociedad guatemalteca. No podía con su limitado cerebro ver que la pared se le venía encima.

Lo mismo sucede con el actual   presidente, Alejandro Giammattei, amo y señor de la prepotencia, la palabra gruesa, la incompetencia y la corrupción. Transfirió uno de sus ministros, por órdenes de él, no cabe duda, tres o cinco millones para el Hospital Militar donde no se ha atendido ni un solo paciente del coronavirus. Para ese tipo de transferencias financieras funciona muy ágil y eficientísima su maquinaria burocrática, menos para pagar el sueldo adeudado por cinco meses a los médicos que combaten frontal y valientemente ese microscópico ser que está causando la devastación en todo el mundo y por qué no decirlo destruirá a Guatemala.

La crisis permanente del Estado y la sociedad guatemalteca, una crisis de 65 años, ya nadie la puede manejar. Está fuera de control. Se necesita inequívocamente la refundación del Estado para crear nuevas estructuras sociales y nuevas relaciones sociales de producción. La gravedad de lo que pasa en el interior de la sociedad no la ven, o sencillamente la ignoran, porque todo cambio lo ven como impulso comunista, dado que poseen un pensamiento trasnochado, de prejuicio profundo, de tontera descomunal y enfermizo egoísmo. Ya no es asunto de ideologías como tanto les gustaba decir hasta hace poco. Ya no. Este país, sus estructuras sociales, su débil aparato económico, su Estado y sus estructuras legales, sus viejas ideas, y su sistema político está totalmente desacreditado. ¿Hasta cuándo prolongarán la agonía del pueblo de Guatemala y en qué momento se percatarán de su estulticia?

Con una caída del 9% de la economía -que es bastante alentador- pero que no es cierto, la vida social, económica y política se hace inviable. Por eso guatemaltecos lúcidos y responsables en los Estados Unidos hacen cabildeo con políticos democráticos para hacerles ver que estamos a las puertas de una auténtica catástrofe, donde ya no se podrán manipular o esconder sencillamente las cifras. Prevé el Ministerio de Salud para marzo de 2021 UN MILLÓN  DE CONTAGIADOS en este pequeño país. O sea un 12% por ciento de su población. Imagínese usted que los hospitales ya no tienen camas disponibles para los pacientes críticos con 45 mil contagiados y con dificultad para abastecerse de oxígeno por las trabas burocráticas. Con un millón de enfermos ¿qué se podrá hacer? Pues, sencillamente, nada. Morirán en las calles miles de personas y si lo visto en Quito o Guayaquil era un escándalo, lo que se verá en Guatemala será terriblemente espantoso. No es una especulación amarillista de periodismo barato. Son las proyecciones del Ministerio de Salud Pública de Guatemala.  El cambio político devendrá inevitable porque no hay colectividad humana que soporte semejante ruina.






Publicado por La Cuna del Sol

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