sábado, 24 de marzo de 2012

Intelicidio

La inteligencia (del latín intellegentĭa) es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas. El diccionario de la Real Academia Española de la lengua define la inteligencia, entre otras acepciones como la "capacidad para entender o comprender" y como la "capacidad para resolver problemas". Pero como perfectamente observa Margarita Carrera en el siguiente artículo, todo indica que estamos presenciando, aun y con todas las invenciones de la más alta tecnología (ipads, ipods, laptops e books) producto de la creatividad humana y quizás como una consecuencia insospechada de tanta prolijidad, la aniquilación de la inteligencia o el intelicidio de la misma. Los libros han sido desplazados, la lectura, el análisis crítico y la síntesis se han vuelto irrelevantes en casi todas las sociedades de hoy en día. Guatemala, por supuesto, no es la excepción y eso es más grave aún para un país que necesita con urgencia estar al tanto de su reciente pasado histórico. 



INTELICIDIO
Por Margarita Carrera

Intelicidio (muerte de la inteligencia) es un neologismo establecido por Mario Roberto Morales en su discurso de ingreso en la Academia Guatemalteca de la Lengua. El punto central versa acerca de cómo la lectura está siendo rechazada en Guatemala y otras partes del mundo: “(…) Los jóvenes no pueden leer, les cuesta concentrarse más de cinco minutos en cualquier lectura y más les cuesta entender lo que leen, no digamos relacionarlo con lo que corresponde para sacar conclusiones. En suma, sufren una atrofia de la memoria y de la capacidad de análisis y síntesis: un genuino analfabetismo funcional”.

Tal verdad se puede comprobar con suma facilidad yendo a las universidades y hablando con los estudiantes que buscan, de manera desaforada, carreras que les ofrezcan cómo hacer dinero y pertenecer, en alguna forma, a las transnacionales que gobiernan el mundo. Para cimentar más aún esta postura ante la vida, están los mismos centros de estudio que rechazan las humanidades, únicas que les pueden proporcionar una visión más clara de la vida, una mejor comprensión de sí mismos, de su patria y de lo que los rodean.

No solo rechazan leer cualquier libro que los haga pensar, que los ayude a reflexionar sobre la esencia de la vida misma; también rechazan leer periódicos, en donde se da, en gran medida, la historia contemporánea.

Fuera de quién es Obama y del conflicto en Irak, apenas si conocen algo de lo que pasa en el mundo. Los que nacieron cómodamente durante la guerra sucia, o quiénes nacieron cuando ésta estaba punto de terminar, ignoran lo que Guatemala vivió durante más de 36 años. Me parece que no saben ni siquiera lo que es genocidio o qué significa; desconocen, también, quiénes son los que están inmersos en el poder, más aún cómo es posible que un Ríos Montt haya llegado a ser presidente del Congreso y las causas del porqué aún no es sometido a juicio con tantas abrumadoras evidencias.

“Esta merma en la capacidad analítica de millones de jóvenes en el mundo es resultado de un intencionado intelicidio perpetrado por el sistema educativo y financiado por las corporaciones transnacionales que promueven ´teorías´ pedagógicas y prácticas didácticas como la de ´aprender jugando´, ´estudiar divirtiéndose´, ´tecnología en el aula´ y otras cuya finalidad es crear adictos al consumismo hedonista de imágenes light”.

Y cada vez se inventan más distractores en los celulares que mandan y reciben “mensajitos” o en los juegos electrónicos que ofrecen las computadoras. Mientras existen niños que se mueren de hambre en medio de una Guatemala que fomenta la violencia y concede espacios a compañías mineras que explotan nuestra tierra, causándole daños irreparables, estos jóvenes  -ajenos a cuanto no les causa placer-  parecen totalmente insensibles. Ahí están sus casas, sus carros, sus trajes rotos a la moda y cuanto “chunche” que los identifique que están in.

La imagen visual lo suple todo. La comunicación se va reduciendo a palabras “clave” y a gestos. El lenguaje propiamente dicho, a lo Heidegger, va desapareciendo paulatinamente. ¿Para qué leer, si una imagen lo dice todo? Sin duda, como dice Morales, los jóvenes prefieren ver películas que leer libros. “El resultado es no solo la mencionada merma en la capacidad de memorización, análisis y síntesis, sino en el tartamudeo, la interjección (como los emigrantes latinoamericanos en los Estados Unidos que para recordar una palabra del olvidado español dicen amm) y la gestualidad como sustitutas de una expresión verbal empobrecida hasta la mudez”.

Los héroes para estos jóvenes no son quienes tengan talento, sino aquellos que logren ser empresarios, cuyo principal fin es hacer dinero. El idealismo que fomenta valores espirituales desaparece.

Al diablo con las utopías que persiguen un mundo mejor y más humano. De ahí que Guatemala  -y en el mundo entero-  los abismos que separan a ricos de pobres crece de manera desmesurada. ¿Cómo salir entonces del tercer mundo? Sin duda, no con la “mano dura”  ni la pena de muerte.






Publicado por La Cuna del Sol

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