martes, 1 de mayo de 2012

POR QUÉ LOS GUATEMALTECOS SOMOS ASÍ…



INTRODUCCIÓN

El hecho de que ilustres guatemaltecos, pero que viviendo en el extranjero hayan tenido la agudeza intelectual para definir al guatemalteco con todos sus aciertos y desaciertos, no hace más que  validar lo dicho por un reconocido columnista nacional de que, a Guatemala se le conoce viviendo en el exterior, eso; porque se perfilan puntos de comparación, se valoran nuestros aciertos y se tipifican nuestros errores o limitaciones.  A lo anterior habría que sumar las apreciaciones de personas de otras nacionalidades, como sucede acá en los EE.UU, quienes al dedillo perciben las falencias del guatemalteco que se mueve por estas latitudes. No falta quien nos señale de brutos, sin educación, poco instruidos, regalados (nos dejamos explotar fácilmente) serviles, peleoneros, arrastrados y… párele de contar. Pero quizás el rasgo más desalentador y el que caracteriza en buena medida a todos los guatemaltecos es la carencia de una identidad nacional sólida y concreta. Creo, y no sé si me equivoque, que a lo largo de nuestra historia, los guatemaltecos hemos sido incapaces de encontrar o hacer funcionar ese mecanismo que accione el “gatillo” de nuestra identidad. Hasta aquí no he podido encontrar esa frase, ese concepto que concretice la experiencia, el espíritu del ser guatemalteco o de eso que algunos llaman guatemalidad. De ahí se desprende el que muchos no queramos ser indios, neguemos (en no pocos casos) a nuestra patria y tratemos de apropiarnos de aspectos propios de otras culturas a las que percibimos como superiores a la nuestra. Preferimos el hablar con acento mexicano, colombiano, hondureño, puertorriqueño y hasta creemos que hablamos perfecto inglés, cuando en verdad apenas lo macheteamos. Los descendientes de guatemaltecos nacidos aquí no saben nada de Guatemala, no les interesa; son americanos y no hablan español por que se avergüenzan o simplemente no les gusta que sus complacientes padres le hablen en su lengua materna. No queremos ser guatemaltecos, nos desdeñamos, nos disgregamos (somos los menos organizados) nos explotamos, somos los primeros en subirnos en el carrusel del consumismo desaforado y le apostamos con vehemencia al Barcelona o al Real Madrid. Quizás todo esto tenga que ver o sea el producto de las carencias democráticas de un sistema político-económico injusto y de una sociedad excluyente y  corrupta hasta el tuétano que por siglos le ha negado a la mayoría de sus habitantes la libertad de expresarse libremente y que al contrario los ha eliminado o simplemente les ha condenado al exilio forzado o forcivoluntario. Las remesas son muy valiosas para la economía nacional, más sin embargo, hay quienes quieren negarle toda participación en los asuntos nacionales a todos aquellos que residen en el exterior. Ellos no son guatemaltecos, se fueron y dejaron de serlo. Triste la realidad (…) “de un bello y extraño país y su gente sin identidad nacional, desde la conquista española, generación tras generación, habitado por gente embrutecida por el alcohol y emocional e intelectualmente vacía”. Marvin Najarro


POR QUÉ LOS GUATEMALTECOS SOMOS ASÍ


Por Valentín Zamora


Con 56 años de ser guatemalteco  -y si acaso usted tiene la misma edad-  hay algunos rasgos comunes con que los llamados “chapines” nos identificamos y nosotros, por supuesto, los conocemos de tanto vivir con ellos o ellos con nosotros. En la segunda parte del siglo XIX, el padre de la novela guatemalteca, José Milla y Vidaurre, cuya obras literarias más importantes fueron escritas en su hacienda El Retiro, Quesada, Jutiapa; caracterizó de una manera pintoresca la personalidad del guatemalteco en su libro “Cuadros de Costumbres” como pazguato y muy apasionado por trabajar, con resistencia asnal. Marco Antonio Flores, novelista contemporáneo radicado desde 1970 en México, observó movilizarse a unos guatemaltecos de una familia rica en el D.F. y muy arrogantes en la ciudad de Guatemala quienes, ante la vida frenética y el tremendo fárrago de la metrópoli más grande del mundo lucían alelados, asustados y erráticos, todos hechos, como dice él en su peculiar lenguaje irreverente y lapidario; un patacho de mulas.

Otro novelista que vivió un largo exilio también en México, Mario Monteforte Toledo, decía que (…) los guatemaltecos, esta gente jala de los pies hasta bajarte a su tamaño. Te niegan, te regatean todo lo que haces, especialmente si está bien hecho. Les ofende la inteligencia; debes ser listo pero no tanto, informado pero no mucho… Aquí sospechan que todos somos delincuentes, sinvergüenzas mientras no se pruebe lo contrario y a veces aunque se pruebe. Las leyes, los requisitos en los negocios o los bancos están hechos para pícaros.  Todo esto acaba por humillar y lo hace a uno sentirse despreciable”. Pero el escritor que mejor definió la personalidad cangrejística del guatemalteco fue Luis Cardoza y Aragón  -para variar exiliado en México-,  cuando la distancia y tiempo le permitió ver mejor a sus paisanos. Dijo: “Donde dos guatemaltecos se reúnen a hablar de política, surgen tres partidos políticos”. Ese problema de la disgregación, de la vocación por dividir (como el Diablo y no de sumar como Dios) se manifiesta hasta en los últimos rincones del país. Hay aldeas que quisieron hacerse municipios y rompieron con su autoridad municipal y sus paisanos, dando como resultado que después de ser la mejor aldea del municipio, terminó siendo el peor municipio del país, es decir, el más atrasado, pues la infraestructura que poseía esta comunidad rural estaba bien para su condición de aldea, pero no para una cabecera municipal. Pero todo mundo feliz con la desunión, dándole a la aldeíta tintes ridículos de vida urbana y teniendo como alcalde una especie de reyezuelo que ejerce soberanía sobre unas cinco novillas, una piara de cerdos vagabundos y unos cuantos caballos famélicos, desnutridos, que van contando sus pasos y durmiendo por el camino.

Pero allí no queda todo, si quiere usted conocer la personalidad del chapín del siglo 21 váyase usted a los Estados Unidos y verá, entre otras cosas, las siguientes características de nuestros compatriotas. Bueno, para empezar no le gusta ser indio. La diputada Bac por Alta Verapaz, para su apellido no parezca tan nativo le agregó la letra k, y ahora luce un germanizado Back. Otros que se apellidan Batén y son ahora Batten o Cotón como Nineth Montenegro que lo escribe Cotton. Todas y todos con el trabe de no querer ser indio, porque según dicen los racistas guatemaltecos, (…) ser indio es lo peor que uno le puede pasar. En esa línea de subestimaciones conocí un capataz en el condado de Camarillo, California, indígena de baja estatura, fuerte, como dios maya cincelado en un solo bloque de piedra, de una belleza sin igual: dientes hermosos como granos de maíz, ojos rasgados negrísimos y brillantes de semilla de chicozapote, piernas y pies rotundos de músculos vibrantes y un cabello negro, lacio y reluciente como la pez, sin embargo, este indígena hermoso físicamente tenía el cerebro revuelto por el racismo y la exclusión. Podía matarte si por un descuido se te olvidaba que él no se llamaba ya Pedro Pinzón. Había dado por llamarse Pirer Pínson, decisión que tomó sin preguntárselo a un maestro de literatura o gramática inglesa o haber llevado con un abogado un juicio de jurisdicción voluntaria para cambiarse de nombre.  Divulgó su nuevo sustantivo propio entre los trabajadores que tenía a su cargo, con riesgo de hacerte acreedor a su malquerencia si cometías el lapsus lingüi de nombrarlo como realmente se llamaba. El guatemalteco migrante desinformado se avergüenza de ser guatemalteco, como se avergüenza de sus pies indígenas que son rotundos, cuadrados y de dedos como bolillos de marimba. Es insolidario con las más humildes que él y servil con los acomodados. Pero su mayor debilidad es su familia. Las remesas fluyen a tal ritmo en el área rural que de hecho hay “viejos” que no lo son, pues a raíz de estos dólares que no los ganan pero sí de los que disponen, hay actualmente una masa de holgazanes en las rancherías que ya se les olvidó sembrar en un tiesto hasta una mata de cilantro. Y las mujeres de los ausentes hacen lo propio: despilfarran el dinero que les envían sus esforzados maridos comprando botas de piel de astracán en estos terribles calores tropicales, claro, sin que pase por su mente adquirir un libro, los cuales odian y no compiten con sus pantallas planas de 36 pulgadas.

Para concluir, decía un guanaco: “Los chapines son calladotes pero pícaros. Nosotros los guanacos sólo somos bulla”. En fin, vaya usted a saber querido lector, cuando de cierto hay en lo dicho por personas célebres y por el ciudadano común y corriente que tuvo la suerte o la mala suerte de ser guatemalteco.

Yo, personalmente, creo que a los guatemaltecos los ha afectado la falta de democracia, tantas dictaduras de liberales y conservadores que les vedaron el derecho a expresarse y sentirse satisfechos con su tierra natal. A ser más abiertos, pues como dijera don Rafael Arévalo Martínez, cuando se vivían los años oprobiosos de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, donde cualquier persona podía ser oreja; “en Guatemala hasta los borrachos son discretos.


La colonización, el maltrato de siglos a manos de conquistadores, criollos, oligarcas y abusivos gobernantes doblegaron en buena medida nuestro espíritu, nuestro sentido de independencia. Le dieron palos a nuestra rebeldía, practicaron con generaciones completas la emasculación y nos volvieron murmuradores, solamente, ante quienes nos oprimían. “Solo la boca nos quedó –dijo don Lencho Polainas, viejo zamarro de Jutiapa- , pero cerrada”. Es un pueblo enfermo, no cabe la menor duda, con un solo lampo de luz: la florida primavera democrática de Arévalo y Arbenz. De allí, solo oscuridad.









Publicado por Marvin Najarro
CT., USA.

3 comentarios:

Dorian Carlos Juarez dijo...

Que articulo mas interesante, complejo y profundo. Algo que hace que el guatemalteco no tenga identidad es la falta de cultura y amor por la lectura el guatemalteco promedio no lee, aparte del amor al prójimo y a uno mismo. Muy buen articulo.

Jenniffer Alvarado dijo...

Yo personalmente me siento orgullosa de ser Guatemalteca de que sangre chapina corra por mis venas, soy mujer de maíz, nacida en mi hermosa Guatelinda, pero es innegable el hecho de que muchos compatriotas se avergüenzan de sus raíces y como vos bien decís esto se debe en gran parta a la falta de cultura y educación pero cabe mencionar que stos valores se inculcan desde el hogar.

Anónimo dijo...

Me encantó este artícuto, tiene mucho de verdad. Sin embargo estamos cambiando, y estamos en la lucha. Saludos.