martes, 31 de julio de 2012

POR QUÉ LES LLAMAN CHOLERAS[1]




Por Luciano Castro Barillas

Ese era el nombre de un ensayo esclarecedor escrito por un historiador guatemalteco hace unos veinte años, calculo;  cuyo nombre no recuerdo, pero al intentar recuperar algo de lo escrito sé decir que las familias criollas de Guatemala durante los años avanzados de la colonia española (1750) incorporaban en condiciones de semiesclavitud para el servicio doméstico de las familias bien a jovencitas indígenas o mestizas agraciadas  -de preferencia- y que tuvieran la suficiente pericia en las labores domésticas de lavado sin deshilar, planchado sin quemar, pernada sin gritar (derecho del señor feudal de desvirgar a las doncellas que iban a contraer matrimonio) y sumisión absoluta sin rechistar, ni paular ni maular. Eso sí, tenía que ser muchacha de comprobada devoción y estar dispuesta todos los domingos a escuchar misa como acompañante de las damiselas hijas del patrón. Esas mengalas o muchachas de adentro, como todavía estilan decir las viejas fufú de rancias prosapias oligarcas y podridos abolengos, debían vestir como les era propio, para no andar de igualadas con las señoritas refinadas a quienes servían de acompañantes: una sola trenza o coleta indígena, blusas de vivos colores bordadas a mano y amplias faldas al ojo del pie, para que la gruesa pantorrilla de la mujer nativa no fuera motivo de lascivia entre los honorables caballeros y fantasías concupiscentes de obispos y curas. Había muchas mengalas alrededor de la capital como pueblos mestizos o indígenas, tal sería el caso de Chinautla, Morán o Jocotenango. Pero ninguna mengala gozaba de tan extendida reputación como las campesinas de la comarca del Chol, Baja Verapaz. Reunían todas las condiciones que esperaba un criollo de una trabajadora doméstica. De allí que las mengalas más buscadas para los trabajos de casa eran las choleras, término que con el paso de los siglos fue deshistorizándose e incorporándose al corpus general de guatemaltequismos. Este acuñamiento en el habla popular guatemalteca de un vocablo que en su momento no era peyorativo, sino gozaba de prestigio social entre empleados y empleadores; fue evolucionando poco a poco a una posición indigna, despectiva y lamentable: ser cholera  significaba estar ubicado en el escalón más bajo de la escala social o ser la base de la pirámide de Kelssen. Cholera o cholero nadie quería o anhelaba ser, pues hasta la fecha, para deslegitimar el esfuerzo laboral humilde del migrante, las personas acomodadas o alienadas dicen: “Se fue a cholerear a los Estados Unidos”, palabra que de ser sustantivo común evolucionó a verbo. En fin, acaso sea éste el origen de la palabra cholera; es posible y de suyo interesante. Y entretanto no hayan investigaciones en este sentido el aporte de este investigador seguirá siendo válido y cautivante, al menos para nosotros los guatemaltecos, tan acostumbrados a escuchar la susodicha palabreja.



[1] Choleras es un término despectivo usado en Guatemala para designar a las empleadas domésticas. También se les llama sirvientas, no sirvientes.










Publicado po LaQnadlSol
CT., USA.

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