martes, 9 de octubre de 2012

EL LÁTIGO DEL SUR…




INTRODUCCIÓN

Según información publicada por un diario guatemalteco desde el mes de mayo del presente año, bajo la dirección del cineasta y productor guatemalteco Eduardo Aguirre, se ha dado inicio al rodaje del cortometraje, El Látigo del Sur, que recrea la vida y las aventuras de un personaje de 21 años de edad quien de acuerdo a lo expresado por Aguirre existió en Retalhuleu en las décadas de los 60 y 70. Según la información la duración del rodaje será de 5 meses lo que nos hace pensar que el filme se estará exhibiendo muy próximamente. Vale la pena mencionar que el Banco Cinematográfico de México había proyectado llevar a la pantalla grande la vida del Látigo del Sur, lamentablemente el proyecto que contaría con un elenco encabezado por el actor Julio Alemán, no pudo llevarse a cabo.

En el relato que se presenta a continuación, extraído del libro, “Crónicas y tradiciones orales de Jutiapa”,  escrito por Luciano Castro Barillas, se presentan algunos detalles históricos así como rasgos personales de Benedicto González Ruano, El Látigo del Sur, nacido en la aldea Guacamayas, cantón Canoas, municipio de Jutiapa en 1931 en el seno de una humilde familia campesina. LaQnadlSol.






EL LÁTIGO DEL SUR

Elenco participante en el filme, El látigo del Sur














Luciano Castro Barillas

La balacera era nutrida y todos los vecinos del cantón El Porvenir del municipio de Tiquisate, Escuintla, estaban literalmente tendidos en el suelo. Las mujeres y los niños gritaban escondidos bajo las camas y las mesas ante las silbantes balas que iban de un lado a otro y acertaban en los espejos. Un tocadiscos que en ese momento sonaba a todo volumen voló en añicos entre los gritos de los soldados y policías de la Cuarta Zona Militar y el destacamento de la Policía Nacional que se esforzaban en tomar por asalto la casa donde  El Látigo del Sur resistía el ataque combinado de las fuerzas de seguridad. Las bajas de las autoridades empezaban a preocupar a los encargados del operativo ante la certera puntería del Látigo del Sur  que, virtualmente donde ponía el ojo ponía la bala, no en balde había sido uno de los mejores tiradores del Ejército de Liberación Nacional en 1954. Transcurridos diez minutos los tiros fueron haciéndose más esporádicos y le siguió un pesado silencio. La policía y el ejército se movían cautelosamente por la proverbial astucia de Benedicto y ya casi rozando con el cañón de sus carabinas y sub-ametralladoras las tablas de la casa, otros tres tiros poderosos salieron de la humilde vivienda y dieron de lleno en el rostro de los temerarios policías que se habían atrevido a desafiar al Látigo del Sur.  No teniendo opción, quienes seguían a los caídos de las fuerzas de seguridad dispararon al tanteo, acertándole a Benedicto tres tiros: uno en el pulmón derecho, otro en la pierna derecha y el tercero en la mano del mismo lado. Inmovilizado, el bandolero fue capturado herido a la una de la tarde siendo ingresado hasta las dieciocho horas en el Hospital de Mazatenango totalmente desangrado. Los médicos Armando González Quezada y Arturo García y García lo ingresaron al quirófano haciéndole transfusiones urgentes a causa de la herida sangrante que llevaba en el abdomen, sin embargo todos los esfuerzos fueron inútiles. Benedicto González Ruano, El Látigo del Sur, había muerto por la gravedad de sus heridas y la falta oportuna de atención médica. Los medios escritos y hablados de la capital se movilizaron a la ciudad de Mazatenango a cubrir la información. La parquedad de las autoridades fue rota ante la presión de los periodistas que demandaban libertad para poder informar a toda la ciudadanía. Jalapa, Jutiapa, Alta y Baja Verapaz, la ciudad capital y todo Escuintla no daban crédito a lo que escuchaban: el temible forajido estaba muerto. Trescientas mujeres se agolpaban en el anfiteatro del Hospital de Mazatenango reclamando el cadáver. Otros se dolían de la muerte del solidario delincuente que compartía con los pobres los frutos de sus fechorías. No así personas como el señor Clarence Lindwood Adams, superintendente de la United Fruit Company de Tiquisate, quien brindaba en ese momento de manera efusiva en rueda de amigos por la muerte del bandolero. Todos esos sentimientos encontrados de los ciudadanos tuvieron lugar a la muerte de Benedicto González Ruano, El Látigo del Sur, quien dejaba de existir el 8 de mayo de 1961 a la edad de treinta años.
               
Benedicto González Ruano nació en la aldea Guacamayas, cantón Canoas, municipio de Jutiapa en 1931 en el seno de una humilde familia campesina. Años atrás, la muerte trágica de su hermano mayor y la falta de castigo al responsable le hizo perder la credibilidad en el sistema de justicia. Creyó que era mejor la justicia por mano propia y en esa creencia, sutilmente, casi sin darse cuenta; traspasó el límite de la rebeldía y lo contestatario para entrar en el ámbito de la delincuencia. Su sociopatía expresada en un primer momento por el alcoholismo, al paso de los meses fue haciéndose más aguda. Pasó de traguitear para emborracharse todos los días. Se hizo poco su espacio rural, apareciendo en 1956 por el Barrio Abajo de la ciudad de Jutiapa. Benedicto era un mocetón como de un metro ochenta y cinco de estatura, parco en el hablar, de cejas tupidas, cabello ondulado, bigote grueso y tez blanca que decía llamarse Benedicto, quien al correr de los años sería temido y conocido en todo el territorio nacional como El Látigo del Sur. Benedicto empezó frecuentando la cantina “El Ultimo Adiós” de doña Susana Ramos, esposa de don Hilario Martínez, donde su hijo Neri solía entretenerse jaloneándole un apéndice que lucía como sexto dedo en su mano izquierda. O si no Benedicto se desplazaba al negocio de licores de doña Demetria Lemus ubicado en una calle aledaña al solar de la familia Sarceño García. Allí solía distraerse por las tardes bebiendo licor, no conociéndosele oficio alguno.
               
En esos días empezaron a darse algunos pequeños robos de frenos, sillas de montar, herrajes o jergas en la posada de don Vicente Alay y las sospechas recayeron sobre el joven forastero sin ocupación conocida. Como era un mozo apuesto no tardó mucho tiempo para que una jovencinta de esos años llamada Marta Chinchilla se enamorara de Benedicto y creciera el amor como la espuma en una incontenible vorágine sentimental. Benedicto buscando la cercanía con la jovencita optó por alquilar un cuarto en el mesón “Chinchilla” propiedad de doña Lola Chinchilla, lugar donde solía guardar sus pocos enseres en una maltratada valija de suela. Por esos años y a unas cuantas casas del mesón solía venderse comida en casas particulares, lugares donde Benedicto compraba sus platos de comida. Adquiría los tamales de doña Tona Gudiel comiéndolos a solas en su cuarto o en el mejor de los casos en la acera de la pensión. Tenía predilección por la exquisita chanfaina de doña Pía Gudiel entre cuyas viandas exquisitas se podía elegir también las tortitas de carne de cerdo o bien la carne en pinol con recadito amarillo. A cuestas con su alcoholismo era frecuente ver a Benedicto acompañar las suculentas comidas tradicionales de entonces con un octavo de guaro marca “Pato” que lo conducía inevitablemente a reposar a la dura cama del mesón. Así, en esa rutina, se le agotó su segundo espacio.
               
Sin saber exactamente cuándo, desapareció y jamás se le volvió a ver por el actual barrio Latino, recordándose como su acción postrera el haberse desempeñado como ayudante del dentista del barrio, don Juan Martínez, que con tenaza de herrar caballos en mano y debidamente amarrado y embriagado el paciente sacaba dientes y muelas podridas entre los más escalofriantes alaridos que se tenga noticia en la historia de los tratamientos dentales de nuestra comunidad. Don Juan Martínez, dicho sea de paso, era un virtuoso componedor de huesos rotos y sus entablillados con cajuelas de Amatitlán eran tan efectivos que no hubo persona que no se recuperara de los más severos traumatismos óseos, por supuesto tratado con la debida brutalidad y con la compañía de un improvisado enfermero poseedor de dos formidables manos, cual tenazas hidráulicas, de formidable potencia. Benedicto González Ruano era capaz de inmovilizar con sus manos a los pacientes menos colaboradores, cuando los sobaban por un esguince o les ajustaba los huesos fracturados.
               
Benedicto se largó a la Costa Sur -a Tiquisate, Escuintla-  comenzando allí sus correrías ya de una manera más amplia y, digamos, profesional. Robó para él inicialmente y después para los más necesitados de su solidaridad, por lo que la fama de buen ladrón empezó a difundirse y ganarle simpatías entre los sectores populares puesto que a sus asaltos les daba un tinte de caballerosidad. Pedía disculpas por el susto cuando ocurría un asalto a mano armada o bien elaboraba una lista de lo robado, en el caso de que se dieran sustracciones nocturnas ajenas a su acción e intentaran culparlo. De esa manera y sintiendo como propia la explotación de que eran objeto los trabajadores de la United Fruit Company de Tiquisate, asoló a los terratenientes de la zona, entre otros al norteamericano Clarence Lindwood Adams, superintendente de relaciones sociales de la frutera el cual empezó a colaborar con las fuerzas de seguridad y a conspirar para capturar al ya popular forajido. El Látigo del Sur amplió su teatro de operaciones a la Alta y la Baja Verapaz, Jalapa, toda la Costa Sur y la ciudad capital, integrando una gavilla de diez y doce elementos diestros en el manejo del revólver y el arma blanca. Las fuerzas de seguridad se mantenían en el máximo estado de alerta esperando en cualquier momento saber de un nuevo golpe del Látigo del Sur, cuya audacia los ridiculizaba a cada paso. El escurridizo delincuente se escapaba de cuanto cerco policial se le tendía y las consejas populares empezaron a aflorar, al punto de afirmar que Benedicto poseía pacto con el diablo, es decir, que no se comía su tortilla sola.
               
Familias menesterosas recibían de las pródigas manos del bandido dinero o abundantes víveres y así empezó a crecer la leyenda del Látigo del Sur que hacia 1960 había trascendido las fronteras patrias en una mezcla de admiración y temor por el bandolero. El tema de conversación obligado entre los vecinos eran las hazañas de Benedicto González Ruano, implacable con sus enemigos y bondadoso con los necesitados. Pero el principio del fin de Benedicto empezó a gestarse conforme crecía su fama a causa de una debilidad aún más fuerte que el alcohol: las mujeres.
               
La noche del 7 de mayo y al amanecer del otro día su suerte estaba echada. La policía le había rastreado y ubicado. En combinación con elementos militares de la Zona Militar de Mazatenango cercaron varios cientos de metros a la redonda del vecindario popular. A las doce horas, cuando Benedicto estaba almorzando un sabroso caldo de jaibas, mojarras y camarones -que era su platillo predilecto-  en el interior de la vivienda con una de sus mujeres preferidas; las fuerzas de seguridad tomaron por asalto la residencia construida de tablas con una nutrida granizada de balas. El Látigo del Sur resistió durante diez minutos el asedio, después de los cuales fue sometido por las fuerzas de seguridad por una herida mortal en el pulmón que se expandió con orificio de salida en el abdomen. Un muslo le sangraba abundantemente, asimismo su mano derecha, que le imposibilitó seguir disparando su arma. Fue trasladado hasta las seis de la tarde a Mazatenango donde ingresó en estado agónico y totalmente desangrado, ya sin posibilidad alguna de sobrevivir. Solo su fuerte naturaleza le había permitido resistir durante cinco horas una constante hemorragia que al final acabó con su vida. Así fue el fin del Látigo del Sur, mezcla de bandido y héroe que en la década de los sesenta sembró el temor y la admiración entre los guatemaltecos.
               
El señor Clarence Lindwood Adams fue posteriormente ultimado por un miembro de la banda. Su nombre: Emilio Portillo Retana, de cincuenta y cinco años de edad, originario de la aldea Contepeque, municipio de Atescatempa, Jutiapa.
               
Como resultado de la popularidad del Látigo del Sur el cineasta Carlos Romero de la empresa fílmica Tecún Umán Films, con un capital de sesenta y cinco mil quetzales, emprendió el proyecto de filmar la película pero la autorización para la realización del proyecto cinematográfico fue denegada por el Ministerio de Educación, según dictamen emitido el 11 de septiembre de 1968 que decía: (…) los actos de venganza, robo y otros, eran contrarios a la moral y educación de la juventud”. Como resultado de lo atractivo que resultó para la industria fílmica la vida del Látigo del Sur, el  Banco Cinematográfico de México dirigido en esos años por Rodolfo Echeverría Alvarez -hermano del que después fue presidente de México, Luis Echeverría-  autorizó la financiación de la película llegándose incluso a integrar el elenco de actores. Julio Alemán iba a personificar al Látigo del Sur, acompañado de Rodolfo de Anda, Emilio El Indio Fernández, los actores guatemaltecos Antonio Almorza, Augusto Monterroso, Claudio Lanuza; asimismo las actrices también guatemaltecas Alma Delia Fuentes, Mariela Peña y Ana Berta Lepe. Los periódicos mexicanos El Heraldo y Novedades emitieron comentarios favorables al proyecto que lamentablemente nunca pudo realizarse. Por último hay que destacar lo siguiente: se compuso un corrido con el nombre del bandolero.










Publicado por Marvin Najarro
CT., USA.

22 comentarios:

Anónimo dijo...

La historia de Benedicto Gonzalez Ruano es unica.Yo soy oriundo de Canoas y les puedo decir algo que la autora de mis dias me comento ya hace varios años,que Latigo del Sur todos le temian,hasta la propia familia,mi madre fue una de ellas...para mi es un privilegio compartir esta historia porque Latigo del Sur fue,es y sigue siendo parte de familia...aun tengo Tios que aun lo recuerdan...

Anónimo dijo...

Yo soy d una aldea d A.mita Jutiapa:Y mi papá y abuelo,me contaban la historia d "El Latigo del Sur"pues ellos eran d Canoas municipio el progreso Jutiapa.Mi abuelo era tio d Benedicto,pues era primo d su mamá q también era González y muy amigo d Bernave Ruano su padre.

Anónimo dijo...

Anonimo:Yo soy de Tiquisate y yo era todavia muy pequeño cuando escuchaba a mi papá hacer comentarios hacerca de Benedicto R.,y todavía en este tiempo sigo haciendo a veces comentarios de el.Cuantos años pasaron ya.

Anónimo dijo...

comparto con el Lic. Elfego Diaz que la historia de Guatemala esta en deuda con Benedicto Ruano. yo particularmente creo que Benedicto inicio el movimiento revolucionario en Guatemala.

Anónimo dijo...

Fausto Luccero ha escrito sobre Benedícto Ruano un cuento que se llama Capa Negra. Ya lo conoceremos. Todo jutiapaneco debe conocer el libro del Lic Elfego Diaz que se titula "El Látigo del Sur" es un esfuerzo serio por dar su lugar en la historia a Benedícto Ruano González.

Edwin Porras dijo...

Buen día, es muy interesante este historial y sus comentarios, mi abuela materna (Lorenza Vda. de Gonzalez) en Asunción Mita, Jutiapa cuidaba y alimentaba eventualmente a su Sobrino Benedicto Ruano Gonzalez y yo lo vi de niño unas dos veces, ademas el trió de los murciélagos (Chapin) también el compuso una canción que fue popular. En Prensa Libre existen varios artículos y buenas anécdotas.

Edwin Porras dijo...

Buen día, mi abuela materna (Lorenza Vda. de González) de Asunción Mita, Jutiapa era tía de Benedicto Ruano, él llegaba a esta casa muy eventualmente y allí lo conocí cuando yo era un niño, lo recuerdo y se parecía mucho al Cantante Vicente Fernandez, lo vi unas dos veces. En Prensa Libre existen varias publicaciones sobre su vida, recuerdo que leí varias. El trió los Murciélagos (Chapin) le compuso una canción y fue muy popular.Felicitaciones por este articulo bastante completo, quiza el mejor de todos que he visto por su veracidad, pues conozco varias historias verdaderas por medio de sus familias.

Anónimo dijo...

Mi madre era oriunda de canoas y ella me relataba que tenían que esconderse cuando Benedicto llegaba a caballo y El les decía porque se escondían,mi madre era prima.

Anónimo dijo...

Mi madre era prima de Látigo del Sur,mi madre era de canoas

Anónimo dijo...

gracias por ese reportaje, la verdad cuantas veces al escuchar a mi papá y mis tíos hablar del Látigo del Sur (ya que mi padre era oriundo de Siquinalá escuintla) y contar sus hazañas con lujo de detalles a nosotros de patojos se nos iba la imaginación y en mas de un juego de ladrones y policías cualquiera de mis primos decían que querían ser el látigo del sur, para robar al terrateniente y darle al necesitado... Cabalmente también comparto el comentario de que el fue el iniciador de la revolución en Guatemala, ojala y algún día se haga realidad la película...

Anónimo dijo...

Estuve leyendo el principio de la historia y puedo decir que a Benedicto Ruano lo mataron no en el Barrio el Porvenir que es la zona 2 de Tiquisate sino en la Zona 1, en la casa de Don Tomas Mejia, (Don Kuku) que era el fabricante de dichos refrescos, que esta ubicada en 8va. calle a la vecindad de la casa de Don Micho Ruiz, yo tambien era vecino y tambien era patojo pero me recuerdo de ese fatidico dia, tambien les puedo contar que el se escondia en una casa de la vecindad o sea dos casas de donde lo mataron, la casa era donde esta ubicada la residencia de la Señora Ana Pedroza, me gustaria porder seguir contando de esta historia pero por ahora creo que es suficiente.

Anónimo dijo...

Vale la pena que los maestros nos interesemos en conocer esta historia y el MINEDUC promoverla. Ojalà nazca otro làtigo pero no solo sea del sur sino de toda guatemala.

Anónimo dijo...

Yo soy sobrina d Látigo del sur originaria d Guacamayas lugar dond l nació he disfrutado mucho acerca d la historia q m han contando mis padres acerca d mi tio ya quisieramos n stos tiempos otro hombre como LATIGO DEL SUR y su nombre es Benedicto Ruano Gonzáles hijo d Bernabé Ruano e Isabel Gonzáles

Fausto Reyes dijo...

El uno de noviembre recién pasado, la tumba de Benedicto, el cementerio general de Mazatenango, estuvo llena de muchas flores que le llevaron sus amigos y simpatizantes. Unos meses antes Fausto Luccero, invitado por la Universidad de San Carlos, había disertado sobre la vida de ese legendario personaje y aprovechando la oportunidad los invitó para que visitaran su panteón el día ocho de mayo, cuando se conmemoraría un aniversario mas de su heroica caída; desde entonces alumnos y maestro visitan su tumba y le rinden honores a este valiente defensor de los humildes y desvalidos. No es ninguna sorpresa, entonces, que su tumba, el día de los Santos Difuntos, fuera visitada por mucha gente. La televisión local grabó y publicó un reportaje del personaje, invitando al Lic. Elfego Diaz y al poeta y escritor Fausto Luccero. Allí dijo el poeta Luccero que "Que Benedicto es de los muertos que nunca mueren" parafraseando al Comandante Tomas Borge Martínez, al referirse al Comandante Carlos Fonseca Amador. Todo el pueblo de Guatemala y los oriundos de Jutiapa, especialmente, tenemos la obligación de conocer la vida y la obra de Benedicto, para honrar su nombre y para que pase a ocupar el lugar que le corresponde en la historia reciente de nuestro país.

Anónimo dijo...

Yo tambien soy sobrina de Benedicto Ruano. Mi hermana me acaba de contar sobre el.

Anónimo dijo...

yo lo vi en persona yo tenia 9 del salir de la cantina el sol en un caballo negro

Fausto Reyes dijo...

"El día de su muerte" obra escrita por el escritor Fausto Luccero, vale la pena leerla para conocer un poco más la vida y obra del legendario Látigo del sur.

Luis F. Guzmán R. dijo...

Y donde encuentro "El Día de su Muerte"?

Anónimo dijo...

Yo soy de Canoas también y mi papá me llevaba a la casa de mi tío Berna. Está bonita la historia pero el es Ruano González no González Ruano como dice la historia

edgar dijo...

Mi papa era familiar cercano al latigo del sur... nacido en canoas juan paredes ruano...Mi padre me contaba historias de este robin hood Guatemalteco...

Anónimo dijo...

Linda historia son originaria de del canton canoas guacamayas

Anónimo dijo...

Hola soy nieta de el látigo del sur mi madre aura estela era su hija nos constaba la historia de el látigo del sur mi abuelo cuanto me uviera gustado poder conocer a mi abuelo