sábado, 28 de abril de 2012

UN MODELO DEGRADANTE DE FORMACIÓN MILITAR…




INTRODUCCIÓN


Esta entrevista fue realizada en 1987 por el periodista guatemalteco José Eduardo Zarco, de conocida familia conservadora y propietaria de uno de los principales periódicos del país (Prensa Libre). Fue autorizado a visitar la llamada Escuela de Adiestramiento y Operaciones Especiales Kaibil situada desde su fundación, en 1975, en la aldea La Pólvora, municipio de Melchor de Mencos, departamento del Petén. La escuela kaibil es conocida con el nombre de El Infierno Kaibil. De dicha visita surgió una serie de ocho artículos publicados por el periódico de su propiedad, el sexto de los cuales detalla el llamado “destazamiento de la mascota”. Esta entrevista La Cuna del Sol la hará por entregas, dada su extensión, en conmemoración de un aniversario más de la muerte de monseñor Juan Gerardi, ejecutado por esta clase de personas a los dos días de haber entregado el documento del proyecto Recuperación para la Memoria Histórica. El asesino material, por cierto, era de la aldea Río de Paz, municipio de Quesada, Jutiapa; quien por némesis divina, fue decapitado por pandilleros a raíz de un motín en la cárcel donde estaba recluido, jugando después de consumado el hecho un partido de fútbol con su cabeza -como el más terrorífico balón-, en tanto la policía tomaba el control del penal. Luciano Castro Barillas.









UN MODELO DEGRADANTE
DE FORMACIÓN MILITAR

Tercera Parte y final


Conclusiones cualitativas y cuantitativas sobre estos comportamientos aberrantes.

Sin perjuicio del análisis pormenorizado que más adelante efectuaremos sobre estos comportamientos militares a la luz de nuestro modelo, ya desde ahora, sin entrar aún en nuestro modelo analítico, cabe extraer las siguientes conclusiones sobre este tipo de conductas aberrantes:


1. No puede decirse que la antropofagia y sus derivados formasen parte de los mecanismos sistemáticos de la represión desarrollada por el Ejército de Guatemala durante los años del conflicto. Sí puede afirmarse, en cambio, que este fenómeno se dio como  subproducto de una determinada formación y como consecuencia directa de una educación militar concebida para la máxima violencia y la más extrema crueldad.

2. En el aspecto cuantitativo, estos comportamientos aberrantes  (antropofagia en sus diferentes variantes y derivaciones)  pueden considerarse estadísticamente poco significativas, muy bajos en porcentajes relativos, pero no tan escasos en términos absolutos, pues ahí está la variada casuística que acabamos de ver. Pero más que su cuantía numérica importa su extrema gravedad moral, no ya desde una perspectiva cristiana  -que también condena rotundamente estas crueldades-  sino desde una simple ética universal. Sólo una grave degradación moral puede conducir a un Ejército a este tipo de extralimitaciones, con independencia de sus creencias religiosas o de su total falta de ellas, y de que se trate de un conflicto interno o internacional.


3. La antropofagia, en las formas aquí registradas, reviste un carácter predominantemente simbólico: se muerde, o se mastica, o se traga, un fragmento del cuerpo de la víctima  -o se bebe una porción de su sangre-  como afirmación suprema de la absoluta superioridad del victimario sobre ella, afirmando, al mismo tiempo, la radical inferioridad de la víctima, reduciéndola al nivel de un animal cuya carne expuesta puede ser extraída, cortada y comida, y su sangre derramada y bebida. En otras ocasiones se acentúa esa superioridad y ese desprecio, obligando a la víctima a comer sus propios miembros amputados.

4. Es obligado señalar, en los comportamientos aquí registrados, un fuerte ingrediente racista, ya que este tipo de acciones no se dieron en el marco de la represión urbana, sino que prácticamente siempre fueron perpetrados en el ámbito rural y contra la población indígena, cuya vida y cuya integralidad física fueron despreciadas por el Ejército en un grado difícilmente comprensible, con formas de la más gratuita y abyecta crueldad.

5. Resulta evidente que la formación impartida, tanto en la escuela de kaibiles como en los ya mencionados cursos de entrenamiento de los reclutas, y de capacitación de los instructores y subinstructores responsables de la formación del soldado, incluyeron ciertos tipos de prácticas que, con el pretexto de lograr su “endurecimiento”, degeneraron en un alto grado de deshumanización y de grave perversión de la moral militar, aniquilando, hasta niveles catastróficos, ese principio básico de humanidad que debe regir la conducta de los militares, incluso dentro de los terribles escenarios de cualquier guerra.

6. Esta deshumanización se tradujo no sólo en esta serie de casos registrados de antropofagia y coprofagía (no habituales, aunque sí muy graves) sino también, y esto es lo fundamental, en miles de casos (no ya frecuentes sino absolutamente habituales y sistemáticos) de atroces violaciones de derechos humanos,  incluyendo las más abominables formas de muertes, mutilaciones y torturas, fenómeno de gravedad incomparablemente superior por su enorme extensión e inmensa crueldad. Factor categórico y central, del cual los casos registrados de antropofagia y coprofagía no fueron más que manifestaciones episódicas, dentro de un fenómeno de degradación moral de enorme amplitud y profundidad.

7. Para hundirse en esa degradación ni siquiera resultó necesario que todos los centros de enseñanza del Ejército de Guatemala impartiesen estos tipos de instrucción, y es seguro que en aquellos años existían en él otros centros académicos ajenos a estos métodos.










Publicado por Marvin Najarro
CT., USA. 

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