miércoles, 9 de noviembre de 2022

La diáspora contra la diáspora

El odio es una fuerza que sabe cambiar de forma y que goza de capacidades de adaptación tremenda, de manera tal que su deriva toma forma de bucle, es inagotable y puede ir en cualquier dirección, en cualquier momento.

 

LA DIÁSPORA CONTRA
LA DIÁSPORA



Franco Vielma
Misión Verdad

¿Qué decir de las diásporas venezolanas en Estados Unidos? Para empezar, que no se puede hablar solo de una, sino de varias, muchas. No se puede hablar de estas como si fueran idénticas a las que han ido a dar a otros países, pues en este caso el viaje no es el viaje en sí mismo, es el destino. Este tema implica un punto y aparte.

El Darién dejó de ser noticia. Ahora será el lugar que siempre ha sido, de migrantes que van desde varios países latinoamericanos, donde algunos o muchos pueden morir, pero no nos enteraremos.

Las grabaciones de videos de TikTok desde el Darién ya dejaron de ser, pues quienes siempre cruzaron y seguirán cruzando, que no son venezolanos, no se molestan en grabarse y hacérnoslo saber. Ni nos enteraremos.

Las últimas medidas migratorias del gobierno de Joe Biden dirigidas a la migración venezolana, dieron al traste con una tétrica comparsa que ese mismo gobierno propició una vez que el Status de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) favorable a venezolanos, aupara una oleada rumbo a ese país bajo una falsa promesa de acogida. Pero además la migra se encargó de recibir y encarcelar migrantes, hasta que los gobernadores republicanos del sur "gustosamente" los llevaran a estados gobernados por demócratas.

Del Darién ya no hablamos, pero sí nos quedan las múltiples opiniones a favor y en contra de esa medida y la diáspora que terminó o en Times Square o en el Río Bravo.

Primera apreciación: todo lo que queda en el aire como objeto de ese "debate" da a pensar que hay venezolanos que se odian entre sí, que la inmensa mayoría de ellos, antichavistas, se odian entre sí.

"VENECOS" ACOMPLEJADOS

¿Han visto el video de unos venezolanos obreros "pobres pero en Estados Unidos", que se comen una hamburguesa de McDonald's de 1 dólar en un parque en su rato de descanso alardeando de su status? Hay un TikTok de un carajito delivery que supuestamente va a repartir en un Mercedes Benz. Hay otro caso de un venezolano en Gringolandia que celebró que no dejaran entrar "la basura" a ese país.

¿Recuerdan el video de la señora (probablemente vivía en una casa de INAVI en Cabudare) que estaba enlodada en medio del Darién que dijo que Biden ya no los iba a dejar entrar porque encontraron escupitajos de chimó en Times Square y "qué pena con esa gente, Dios mío"? ¿Qué decir del video de la muchacha llorando porque no pudieron entrar "al país de las hamburguesas"?

Bueno, casi todo el mundo sí logró ver el video de Yoaibimar "la tierrúa en niu yol", la misma que salió con su hijo discapacitado, que se hizo viral, más que por la misma puesta en escena, por las reacciones que generó. Nunca un video recibió tantos comentarios de parte de l@s chic@s Visa venezolanos. Nunca jamás.

Una imagen fresca es la de un grupo de venezolanos tratando de cruzar el Río Bravo con una bandera tricolor, siendo recibidos a perdigones, para luego correr de vuelta al agua y al lado mexicano.

Solo dos veces en la historia reciente se han visto banderas venezolanas cruzar (o más bien intentando cruzar) una frontera para terminar humilladas en una escena de derrota televisada y ampliamente difundida. El día en que venezolanos intentaron entrar con "ayuda imaginaria" en los puentes entre Colombia y Venezuela, y este hace días, entre México y Estados Unidos.

La triste épica es la misma. Venezolanos tratando de tomar algo a la fuerza guiados por un ímpetu político y/o personal, pero humillando una bandera que solía cruzar fronteras solo para derrotar a España y fundar naciones.

Fijémonos en lo que nos han querido convertir. Esto empezó desde el robo de Capriles a la gorra tricolor de 8 estrellas de Chávez y evolucionó a ser la gorra opositora. Pero pasó a ser símbolo de la identidad migrante. Inclúyanse también en este pack los bolsos tricolor que deberían estar en hombros de un carajito estudiando en Venezuela.

Nótese que los que migraron con la gorra comenzaron a odiar a los de los bolsos tricolor, porque los segundos seguramente son más pobres (o aparentan serlo) que los primeros. El odio comenzó a tomar forma política cuando se comenzó a decir que esos venezolanos pobres (con bolsito tricolor) que afuera vomitan la serpiente contra el país o contra Maduro, supuestamente "son chavistas". Pero no nos caigamos a mentiras, no son chavistas un carajo.

Poco generó tanta indignación entre la diáspora como cuando le tomaron una foto al famoso bolso escolar frente a la Torre Eiffel en París.

Las redes se volvieron un campo de fuego cruzado indiscriminado. L@s chic@s Visa, versus los que cruzaron el Darién, venezolanos blancos mayameros, versus venezolanos negros en un refugio para indigentes en Nueva York, pero más allá de ellos, venezolanos en Colombia, Perú o Chile, versus venezolanos en Estados Unidos.

No olvidar que muchos que se fueron rumbo al corazón del imperio vía Darién ya estaban fuera de Venezuela. Así que no huían de la "crisis humanitaria" chavista, sino que se iban de las "prósperas" economías vecinas, y que cualquier intento en cruzar una selva llena de sádicos, narcos, paracos, cocodrilos y afines, es mejor que el "tablas en la cabeza" back to home.

No olvidar que si un venezolano "negrito" con "pinta de reguetonero" (eufemismo policial para "malandro") es visto en algún lugar del "país de las hamburguesas", podría ser "un bochorno, Dios mío", pues qué irá a pensar esa gente civilizada de la primera potencia mundial.

Miremos a fondo, que el nudo central y sentimental de toda locura está en lo acomplejada y ridícula que son las diásporas venezolanas, entre ellas la única en toda la historia que transmitió su paso por el Darién. Pero también la que vive en "los yunaited", la que no logró entrar, todas, incluida la que regresa a Venezuela en un vuelo desde México por el Plan Vuelta a la Patria, pero que ya no tiene internet y por eso no lo publica.

Los que ya vivían en Gringolandia son más insólitos. Para poner solo un ejemplo, hablo del complejo de creer que unos "negritos de Petare" van a "afear" la cosa en Nueva York.

Amigos y amigas que siguen leyendo, en Nueva York hay gente que se caga dentro del tren del Metro. Las ciudades de Estados Unidos están abarrotadas de carpas en plena vía pública y refugios abarrotados de personas sin hogar e indigentes.

En Estados Unidos hay "calles de drogas", o donde hay cientos de "zombies" a simple vista en un espectáculo degradante y tolerado. Estados Unidos es el país sede del estilo rapero y centro de referencia de la imagen "urbana" que ha uniformado a un segmento del hampa a escala global. Y para ponerlo más preciso, Estados Unidos es la capital mundial de lo chabacano, del mal gusto, de gente ridícula, que conviven en tensas relaciones sociales por su diversidad racial. Allá viven las Kardashians. Dense cuenta.

Entonces, para ser honestos, un "negrito de Petare" ni se va a notar entre millones y millones de estadounidenses e inmigrantes coloreados y uniformados con la usanza urbana gringa que impuso la globalización.

Pero para ponerlo en perspectiva profunda, no es el "negrito", es el clasismo, el racismo, el complejo, la atorrancia.

"BUENOS CONTRA MALOS"

El imaginario antichavista hecho diáspora estadounidense, o aspirante a ello, hace nuevamente alarde de esa lógica binaria que impusieron en Venezuela desde los "mejores" tiempos del oposicionismo político. En aquellos tiempos, era "la clase educada y pensante del país" versus el "chavismo criminal y chabacano".

La lógica hoy entre esas diásporas es de "buenos contra malos", "gente bien", contra "gente mala". Los que ya estaban adentro versus los que llegan o quieren entrar. Los que "se portan bien" versus "los que se portan mal".

Pero esa es una disputa endeble, sin ánimos de generalizar, pues colocan a ese "lumpen" migrante como la gente "mala" que quiere ingresar, así sea ilegal, mientras que hay otros venezolanos que "han hecho las cosas bien", tratándose de papeleo.

Es como si hablaran de "gente honesta" para referirse a tantos venezolanos que han ingresado a Estados Unidos en años anteriores, bajo la condición de "perseguidos políticos" y "refugiados", cuando sabemos que 99% de ellos emplearon la categoría de la "persecución política" para bypassear el sistema migratorio estadounidense, ganar preferencias y tener una Green Card, sin ser objeto de presión alguna, requerimiento de la justicia u objeto de alguna amenaza a su vida en Venezuela. Son unos farsantes.

A los venezolanos con años en "el país de las hamburguesas" les irrita que un venezolano pobre y diezmado gracias a un bloqueo económico que ellos aplaudieron ingrese allá sin haber hecho el papeleo. Ellos llevan la "meritocracia" desde 2002 adonde van y sigue siendo el cristal con que siguen mirando todo.

A fin de cuentas, hablando de "gente buena", hay que mirar cómo se compone buena parte de la comunidad de venezolanos en Florida: banqueros prófugos, empresarios fuga divisas (estafadores del cadivismo), narcos, corruptos de las dos últimas repúblicas, "modelos" (o más bien prostitutas high class) y para colmo media Mesa de Unidad Democrática y los séquitos más allegados de Guaidó. ¿Pueden haber peores referentes hamponiles entre esa "gente de bien"? Al lado de ellos, cualquier "malandro" salido del Darién es un niño de pecho.

La lógica de "unos contra otros", "buenos contra malos", en suelo venezolano se fundaba sobre un país que no existía, pero que algunos sentían arrebatado. "Opositores decentes" versus "chavistas marginales". Pero fuera de Venezuela es una disputa desbocada, donde en términos reales concluye entre un gentilicio que tiene en común un desprecio por el chavismo que a veces es extensivo al país.

Pero el centro de esa disputa ya no es Venezuela, ahora es el "sueño americano", ese país y su "derecho a estar", el "derecho" de algunos a poseer una miga del sueño, el mérito, el logro. Es el discurso de "los que se pueden adaptar" y "los que no podrán". Otra vez el repetido discurso de "los formados" versus "los que tienen el rancho en la cabeza". Y por ahí se decanta esa narrativa.

Cuando l@s chic@s Visa culparon a los harapientos en el Darién de los cambios en las medidas migratorias, no se molestaron en afirmar que Trump, haciendo campaña política por las elecciones de medio término, afirmó que Maduro estaba "liberando presos de las cárceles para llevar violadores y asesinos" a ese país.

También obviaron que Marco Rubio señaló que la migración a Estados Unidos "era creada por Maduro para perjudicar" a su país.

A los venezolanos con visa poco o nada les interesa que los políticos gringos estigmaticen a su gentilicio y a ellos mismos, porque lo importante es el comentario descabellado antichavista en la ramplona campaña estadounidense.

Entre las diásporas hay escaso o nula reflexión sincera sobre si bloquear la economía venezolana tiene o no un vínculo con la migración fuera del país, aunque haya una matemática contundente. Venezuela dependía en más de un 90% del ingreso de divisas por vía del petróleo y el bloqueo a las exportaciones de crudo menguó enormemente la base de las finanzas públicas, donde dependía de todo, desde los servicios públicos hasta la nómina del Estado.

El propósito de bloquear a Venezuela era precisamente fabricar "gente jodida". Claro, había la esperanza de derrocar al chavismo, pero a fin de cuentas la "gente jodida" dentro y fuera de Venezuela es una colateralización de esa mal llamada "diatriba política" llevada a niveles aberrantes. En la oposición al día de hoy, nadie se hace responsable. Nadie dice "yo fui a pedir sanciones". Pero todos siguen explotando políticamente a la gente que jodieron.

Pocos han sido más usados que los migrantes. Los han explotado para todo, para sostener la narrativa del "gobierno interino", para pedir dinero a nombre de ellos, para alimentar mafias y fraudes, coyotes, comparsas, shows políticos, paremos de contar.

Otros que miran desde afuera al país, e incluso a sus iguales que están afuera, suelen hacerlo con desdén. No les importa la gente, les importa el "argumento" y fundar una supuesta "razón" política, un "sentido común". Les interesa la diatriba, el estigma, señalar, vilipendiar. ¿A quiénes? A todos "los demás". A quienes viven en Venezuela, a quienes migran si son "tierrúos", si son "malandros", si son "gente mala", si escupen chimó en Nueva York. Pongan miles de etcéteras.

Un segmento del país fue amaestrado para odiar automáticamente. Todas las derivas del trato de una diáspora contra otra es de odio con distintos tipos y niveles de matices.

Los estigmas, la instrumentalización y/o explotación de la gente jodida, la burla y la supuesta superioridad moral de unos frente a los otros, son expresiones de odio. El clasismo y el racismo son odio en su más pura denominación. Explotar la migración es otra forma de odio. El supuesto "sentido común" del mal llamado "debate" de los venezolanos afuera es viral y visceral porque permite desahogar el odio. Todo coincide en el odio.

La raíz del odio está en el propio antichavismo y la construcción de su subjetividad política. La oposición se hizo oposición gracias al vehículo del odio al chavismo, pero luego fueron contra sí mismos, dividiéndose, confrontándose entre sí, llegando al punto de pedir el bloqueo a un país entero aunque sus propios compañeros opositores, gente común, lo sufriría igualmente. Eso explica cómo unos "que llegaron primero" odian a "los otros".

El odio es una fuerza que sabe cambiar de forma y que goza de capacidades de adaptación tremenda, de manera tal que su deriva toma forma de bucle, es inagotable y puede ir en cualquier dirección, en cualquier momento.




Publicado por La Cuna del Sol

domingo, 6 de noviembre de 2022

¿Quién teme a las tropas estadounidenses en Ucrania?

Es casi seguro que la revelación de Washington sobre la presencia de tropas estadounidenses en Ucrania, no ha tomado a Moscú por sorpresa. Es muy poco probable que Rusia reaccione de manera impulsiva.

 

¿QUIÉN TEME A LAS TROPAS
ESTADOUNIDENSES EN UCRANIA?



M. K. Bhadrakumar
Indian Punchline

La Administración Biden, de manera inocua, le ha "notificado" a la opinión mundial que las tropas estadounidenses están efectivamente presentes en suelo ucraniano, en la vecindad inmediata de Rusia. Washington ha realizado un "suave aterrizaje", un alto funcionario del Pentágono, no identificado, hizo la revelación a la Associated Press y al Washington Post.

El funcionario ofreció la ingeniosa explicación de que las tropas estadounidenses "han comenzado a realizar inspecciones in situ para asegurarse" que Ucrania está "rindiendo cuentas adecuadamente" de las armas occidentales que ha recibido. Afirmó que esto formaba parte de una campaña más amplia de Estados Unidos, anunciada la semana pasada por el Departamento de Estado, "destinada a garantizar que las armas suministradas a Ucrania no acaben en manos de las tropas rusas, sus mercenarios u otros grupos extremistas".

En realidad, el presidente Biden, al haber declarado que no desplegaría "tropas" en el territorio de Ucrania bajo ninguna circunstancia, se está tragando sus propias palabras.  Siempre existe el peligro real de que el grupo de estadounidenses de viaje por Ucrania se vea sometido al fuego de las fuerzas rusas. De hecho, el despliegue estadounidense se produce en el contexto de los intensos ataques rusos con misiles y aeronaves no tripuladas que se están produciendo sobre las infraestructuras críticas de Ucrania.

En pocas palabras, consciente o inconscientemente, Estados Unidos está  escalando el conflicto. Hasta ahora, la intervención de Estados Unidos ha consistido en el despliegue de asesores militares en el mando militar ucraniano, el suministro de información de inteligencia en tiempo real, la planificación y ejecución de operaciones contra las fuerzas rusas y la autorización para que mercenarios estadounidenses lleven a cabo los combates, además del suministro constante de armamento por valor de decenas de miles de millones de dólares.

La diferencia cualitativa ahora es que la guerra por delegación puede convertirse en una guerra candente entre la OTAN y Rusia. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigu, ha declarado recientemente, en una reunión conjunta de los ministerios de Defensa de Rusia y Bielorrusia, que el número de fuerzas de la OTAN en Europa Oriental y Central se ha multiplicado por dos y medio desde febrero y podría aumentar aún más en un futuro próximo.

Shoigu subrayó que Moscú entiende perfectamente que Occidente está llevando a cabo una estrategia concertada para destruir la economía y el potencial militar de Rusia, haciendo imposible que el país lleve a cabo una política exterior independiente.

Señaló que el nuevo concepto estratégico de la OTAN sugería pasar de la contención de Rusia "mediante la presencia permanente" a la creación de "un sistema de defensa colectiva a gran escala en el flanco oriental", con el despliegue de tropas de los miembros no regionales del bloque en los países bálticos y en Europa Oriental y Central, y la formación de nuevos grupos tácticos de batallones multinacionales en Bulgaria, Hungría, Rumanía y Eslovaquia.

Puede que no sea una coincidencia que Washington haya reconocido la presencia de su personal militar en Ucrania, en un momento en el que los rusos han alegado la participación de la inteligencia británica en el reciente acto de sabotaje de los oleoductos Nord Stream, y en los recientes ataques con drones en la base de la Flota rusa del Mar Negro en Sebastopol.

Hay zonas grises, históricamente hablando, en la llamada "relación especial" entre Estados Unidos y el Reino Unido. La crónica de esa relación está repleta de casos en los que el perro pasea al amo en momentos críticos. La cuestión es que, curiosamente, sobre el ataque a Sebastopol, Moscú está señalando con el dedo a los agentes del MI6 más que a Kiev.

Originalmente, el cálculo de EE UU. y el Reino Unido fue empantanar a los rusos en Ucrania, e incitar una insurrección dentro de Rusia que se opusiera a la "guerra de Putin". Pero ha fracasado. EE UU. ve ahora como más de 300 000 exmilitares entrenados de Rusia están siendo desplegados en Ucrania para lanzar una gran ofensiva que ponga fin a la guerra en los próximos 3-4 meses.

Es decir, se está derrumbando el techo de todo el edificio de mentiras y propaganda engañosa que formaba la narrativa occidental sobre Ucrania. La derrota en Ucrania podría tener consecuencias desastrosas para la imagen y la credibilidad de Estados Unidos como superpotencia, no sólo en Europa sino en la escena mundial, podría socavar su liderazgo de la alianza transatlántica e incluso desactivar la OTAN.

Por extraño que parezca, sin embargo, Washington no puede pasar por alto que, incluso en esta coyuntura, Moscú está presionando a Kiev para que reanude el proceso de negociación. Por cierto, en un hecho significativo el martes, Ucrania dio garantías por escrito al centro de coordinación conjunto de Estambul (formado por Turquía, Rusia y la ONU) de que el corredor humanitario y los puertos ucranianos designados para la exportación de productos agrícolas, no serán utilizados para operaciones militares en lo sucesivo contra la Federación Rusa. Kiev aseguró que "el corredor humanitario marítimo sólo se utilizará de acuerdo con las disposiciones de la Iniciativa del Mar Negro y el reglamento correspondiente del CCC".

En retrospectiva, la Administración Biden cometió un terrible error al estimar que la guerra conduciría a un cambio de régimen en Rusia tras el colapso de la economía rusa bajo el peso de las sanciones occidentales. Por el contrario, incluso el FMI admite que la economía rusa se ha estabilizado.

Se espera que la economía rusa registre un crecimiento para el próximo año. La comparación con las economías occidentales, que se hunden en la alta inflación y la recesión, es demasiado evidente como para que el público mundial no la vea.

Basta con decir que Estados Unidos y sus aliados han agotado las sanciones para golpear a Rusia. La dirigencia rusa, por otra parte, se está afianzando al impulsar el cambio hacia un orden mundial multipolar que desafía el dominio mundial ejercido por Estados Unidos.

En esencia, es el propio sistema capitalista el responsable de esta crisis. Actualmente estamos sufriendo los efectos de la crisis más larga y profunda que el sistema ha conocido desde la repartición del mundo que tuvo lugar en la Segunda Guerra Mundial. Las potencias imperialistas se preparan una vez más para la guerra con el fin de repartir el mundo con la esperanza de salir de su crisis, al igual que se prepararon antes de la Segunda Guerra Mundial.

La gran interrogante es cuál va a ser la respuesta de Rusia. Es casi seguro que la revelación de Washington sobre la presencia de tropas estadounidenses en Ucrania, no ha tomado a Moscú por sorpresa. Es muy poco probable que Rusia reaccione de manera impulsiva.

La llamada "contraofensiva" de Ucrania se ha desvanecido. No ha logrado ganancias territoriales ni ningún avance significativo. Sin embargo, los militares ucranianos han sufrido miles de bajas y enormes pérdidas de material militar. Rusia ha logrado el control de la situación y es consciente de ello. A lo largo de toda la línea del frente, es evidente que las fuerzas rusas están tomando la iniciativa. 

Ni Estados Unidos ni sus aliados de la OTAN están en condiciones de librar una guerra continental. Por lo tanto, dependerá enteramente de las tropas estadounidenses que se mueven en las estepas de Ucrania, auditando el armamento de fabricación estadounidense, no meterse en problemas y poder sobrevivir. Quién sabe, el Pentágono puede incluso decidir elaborar un mecanismo de "reducción de riesgos" con Moscú, ¡como en Siria! 

Dicho esto, para ser exactos, desde la perspectiva rusa, la fiscalización del armamento estadounidense en suelo ucraniano puede no ser algo malo en sí. Existe un peligro real de que las armas suministradas por EE UU. lleguen a Europa y, como en la despampanante metáfora utilizada recientemente por Josep Borrell, jefe de la política exterior de la UE.,  conviertan ese hermoso y muy cuidado jardín en una jungla (como Ucrania o Estados Unidos).




Publicado por La Cuna del Sol

jueves, 3 de noviembre de 2022

Qué esperar de Brasil con la victoria de lula

Lula ha indicado que su administración será más centrista. El presidente electo parece estar buscando revivir el pragmatismo que encarnó durante su primer mandato, centrándose en la economía con el tradicional manual social del PT, que buscaría una mejora en las condiciones de desigualdad del pueblo brasileño.

 

QUÉ ESPERAR DE BRASIL
CON LA VICTORIA DE LULA



Misión Verdad

Los resultados electorales en Brasil dieron como victorioso a Lula da Silva, quien asumirá su tercer mandato presidencial con 50,90% de los votos, poco más de 2 millones de votos de ventaja sobre Jair Bolsonaro.

Por el contexto y los actores involucrados, esta es una elección histórica para el país sudamericano. Lula gobernará Brasil desde el próximo 1° de enero de 2023, luego de haber pasado por prisión en una conjura vía lawfare y salir, 580 días después, en libertad para arrancar una carrera política que parecía necesitar respiración artificial, y a la cabeza del Partido de los Trabajadores (PT).

El aún presidente brasileño, al cierre de esta nota, no se ha pronunciado sobre los resultados de este domingo 30 de octubre, si bien sus aliados políticos reconocieron la victoria de su antagonista, lo que le da poco espacio de maniobra para lanzar el anunciado reclamo de fraude, sin basamento real ni comprobable.

Los ojos de todo un continente estaban en el desenlace del sufragio presidencial brasileño porque da un vuelco definitivo al pregonado "segundo ciclo progresista", en un país que ha sufrido una continua crisis económica desde 2015, un golpe parlamentario en 2016 contra Dilma Rousseff (última representante del PT en ejercicios de gobierno), el encarcelamiento leonino de Lula y el auge del bolsonarismo como una opción política estable.

  1. POLARIZACIÓN Y GOBERNABILIDAD

Es cierto que el mapa electoral de este domingo 30 da cuenta de un panorama bastante definido en cuanto a la polarización se refiere. Básicamente, cada bando tiene sus bastiones en términos territoriales: las grandes ciudades apoyan a Bolsonaro (Belo Horizonte, Brasilia, Río de Janeiro), mientras que las vastas poblaciones del agro y el noreste brasileño hacen lo mismo con Lula.

Pero más allá de lo electoral, la polarización es un fenómeno que tiene claras invocaciones políticas y sociales que generan tensiones en y entre los poderes estatales, los grupos políticos y la población activa políticamente, tanto en Brasil como en otros países del mundo.

La composición del Congreso y el Senado se reparte con mayoría dominante por parte del bolsonarismo, representado por el Partido Liberal (PL), por lo que las alianzas serán determinantes para la gobernabilidad de la próxima administración de Lula.

Sin embargo, en el espacio parlamentario existe una representatividad de unos 30 partidos, sumamente fragmentada, que tiene al PL como real contraposición en tanto baluarte político, unificado, lo que jugará en contra del PT y la presidencia de da Silva que cuenta con 10 partidos aliados.

No en balde, el mensaje de Lula fue de reconciliación: "Voy a gobernar para 215 millones de brasileños y no solo para aquellos que votaron por mí", dijo, y remató: "No hay dos Brasiles. Somos un país, un pueblo, una gran nación".

Al tiempo que la mediática hace lo propio, la polarización no parece tener una reducción en su influjo en el futuro próximo, sobre todo en un Brasil donde los medios fungen como actores políticos y el bolsonarismo intentará capitalizar políticamente todo desafío negativo de la nueva administración.

El pragmatismo pudiera llevar a generar alianzas inéditas entre las rendijas de ambos bloques en el Congreso, pues hay grupos dentro de las coaliciones que a partir de enero de 2023 serán opositores y estarían dispuestos a negociar y ser cooptados por una que otra agenda del petismo, por ejemplo, alrededor de la reforma fiscal, la privatización de las empresas estatales y el gasto público.

Pero en el Senado, con la mayoría a favor de la agenda bolsonarista, pudiera impulsarse nuevos procesos de lawfare, sea contra funcionarios del Tribunal Supremo Federal con los que el actual presidente ha tenido enfrentamientos declarativos y judiciales, sea contra los líderes del PT. La historia reciente indica que esta última opción es probable junto con la campaña que se ha entronizado en los últimos años sobre la supuesta "corrupción" aún no demostrada de Lula da Silva durante sus dos periodos de gobierno consecutivos (2003-2011).

  • Por el contrario, Bolsonaro, ya desvestido de la inmunidad presidencial, podría enfrentarse a cargos por investigaciones en la malversación de fondos públicos, el robo de salarios de personal público y mala gestión de la pandemia del covid.

De igual manera, el gobierno petista va a tener que lidiar con estados gobernados por su principal rival político, en especial Sao Paulo (donde también ganó en balotaje Tarcísio de Freitas, exministro de Energía y Minas de Bolsonaro), quizás la entidad federativa más importante del país, por su inmensa capacidad industrial.

Desde que el PT tomó las riendas del gobierno en Brasil a comienzos del siglo XXI, no había habido un contexto como el actual en el que la polarización tuviera una contundencia tan rígida. Si bien la oposición al petismo ha tenido acentos derechistas y conservadores en el pasado, hoy se manifiesta de una manera coherente en el liderazgo de Bolsonaro y demás personalidades alrededor del PL, entre ellos destacadas figuras religiosas (protestantes y sectas afines) y personalidades de redes digitales.

  1. ECONOMÍA Y SOCIEDAD

El legado de Bolsonaro en la presidencia está marcado, sobre todo, por el hecho de que fallecieron más de 700 mil personas en Brasil durante la pandemia del covid, el peligro ambiental en la Amazonía y la miseria multiplicada entre la población.

Al menos 33 millones de ciudadanos brasileños están sumidos en el hambre, una cifra que Lula ha puesto en la mesa en cada debate y promesa electoral. Asimismo, 115 millones de personas luchan contra la "inseguridad alimentaria". Nada menos que 79% de las familias son rehenes de altos niveles de deuda personal.

La economía se ha estado recuperando lentamente de la caída pandémica, basada en el aumento de los precios de las materias primas durante 2022. Pero el historial económico a largo plazo de Brasil, especialmente desde la crisis de 2008, es de desaceleración del crecimiento del PIB y la productividad, aumento de la deuda pública y privada y, sobre todo, de extrema desigualdad en la riqueza y los ingresos.

Para tener una perspectiva: entre 2010 y 2014, Brasil ocupó el séptimo lugar entre las economías más grandes del mundo. En 2020, cayó al puesto 12. En 2021 llegó al puesto 13, según la calificadora de riesgo Austin Rating. La tasa de crecimiento tendencial ha ido cayendo, como bien lo demuestra el economista británico Michael Roberts.

Caída del PIB real de Brasil del año 2000 a 2022 (Foto: Archivo)

El economista marxista brasileño Adalmir Marquetti analiza la razón de por qué durante los gobiernos de Lula hubo un crecimiento tendencial:

"Los gobiernos del PT combinaron elementos del desarrollismo y el neoliberalismo en una construcción contradictoria, organizando una gran coalición política de trabajadores y capitalistas que permitió ampliar el salario real y reducir la pobreza y la desigualdad manteniendo las ganancias de los capitales productivos y financieros. La caída de la rentabilidad después de la crisis de 2008 rompió la coalición de clases construida durante la administración de Lula. El gobierno de Dilma Rousseff adoptó una serie de estímulos fiscales para la acumulación de capital privado con magro crecimiento económico. Después de su reelección, el gobierno implementó un programa de austeridad que resultó en tasas de crecimiento negativas. Con la profundización de la crisis económica y sin apoyo político, Rousseff fue destituida del poder".

La ruptura de la coalición política organizada por el PT y el liderazgo de Lula, cristalizada en el golpe contra Dilma en 2016, fue en parte un producto de esa caída en el crecimiento económico, a su vez consecuencia de la crisis de 2008 y la caída en los precios de las materias primas en la década de 2010. "La caída simultánea de la tasa de ganancia y la rentabilidad financiera fue el principio del fin de la coalición de clases construida por el gobierno de Lula", concluye Marchetti.

Es cierto que ha habido una cierta recuperación económica desde el año pasado en Brasil, pero la inflación creciente (6,85% anual) y las perspectivas económicas del año que viene no parecen favorecer a un contexto de gobernanza por parte de la administración de Lula similar al de sus dos anteriores gobiernos.

Roberts es tajante en cuanto a la prospectiva económica de Brasil:

"El FMI pronostica un crecimiento del PIB real de solo 1% para Brasil el próximo año. Al mismo tiempo, más de la mitad de la población de Brasil permanece por debajo de un ingreso mensual per cápita de R$ 560. Reducir este nivel de pobreza por debajo de 25% requeriría una productividad cuatro veces más rápida que la tasa actual. Y no hay perspectiva de eso bajo el capitalismo en Brasil".

Sin embargo, el presidente electo declaró que, para sus planes de gobierno económico, plantea una nueva relación comercial con potencias del Atlántico Norte como Estados Unidos y la Unión Europea: "No nos interesan los acuerdos comerciales que condenen a nuestro país al eterno papel de exportador de materias primas. (…) Para que dejen de ver a nuestro país como una fuente de lucro inmediato y depredador, y pasen a ser nuestros socios en la recuperación del crecimiento económico, con inclusión social y sostenibilidad ambiental".

Para llevarlo a cabo, Lula ha indicado que su administración será más centrista. El presidente electo parece estar buscando revivir el pragmatismo que encarnó durante su primer mandato, centrándose en la economía con el tradicional manual social del PT, que buscaría una mejora en las condiciones de desigualdad del pueblo brasileño.

  1. BRASIL, EL IMPERIO Y LA MULTIPOLARIDAD

Lula fue uno de los fundadores de los BRICS en 2006 y ya ha manifestado que desea insistir en nuevos relacionamientos multilaterales, como una reforma a la dinámica del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Al mismo tiempo, el próximo gobierno brasileño tiene la intención de "ampliar la cooperación" con Estados Unidos.

Habría que destacar el hecho de que Bolsonaro jugó para el bando estadounidense en las relaciones internacionales hasta que, producto de la guerra en escalada de Washington y la OTAN contra Rusia (y China), se sentó también a participar en los foros geopolíticos y geoeconómicos del bloque multipolar en asunción. De la misma manera, pero arropado por un estilo ya reconocido en el máximo líder del PT, Lula buscaría balancear sus relaciones con uno y otro bloque.

Sin duda, Brasil volverá a enfocarse en sus relaciones con Sudamérica, teniendo en cuenta que sus aliados más cercanos se encuentran en la región y gobiernan en diferentes países, como Argentina, Chile y Colombia, y en menor medida Cuba y Venezuela. Esto inclina mucho más la balanza a una especie de "segundo ciclo progresista" en la región, donde podrían activarse mecanismos de integración sobre todo desde el lado económico, comercial y financiero.

  • Recordemos que Lula está promoviendo la idea de crear una moneda única en América Latina, una que remite al SUCRE, propuesta del presidente Hugo Chávez en el marco de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

La conexión globalizada entre países ha creado una compleja red de cadenas de suministros donde Brasil es un factor fundamental en este lado del mundo. Reino de materias primas, como productos del petróleo y la agroindustria, este país seguirá fortaleciendo su músculo exportador que tiene a China como principal socio (con 67,9 mil millones de dólares en exportación), muy por delante de Estados Unidos (con 21,9 mil millones de dólares) y Argentina (con 8,57 mil millones de dólares).

Con Bolsonaro estas relaciones tuvieron su cauce regular, sin problemas políticos de ningún tipo, a pesar de las presiones (fallidas) de Washington para que el Palacio de Planalto condenara a Rusia por sus acciones militares en Ucrania. Eso sí, con Donald Trump, la relación de Brasilia con Washington era mucho más fluida por afinidades ideológicas y políticas que con la actual administración demócrata, que saluda con entusiasmo un nuevo gobierno del PT.

Pero con Lula, de acuerdo a lo dicho durante la campaña electoral, habrá un mayor afinque en la participación brasileña en los BRICS (que en 2023 muy probablemente se expandirá con nuevos miembros, tal vez entre ellos Arabia Saudí, Argentina e India) y una profundización en la relación con China, punto crucial de la política exterior del petismo desde el primer gobierno de da Silva.




Publicado por La Cuna del Sol

sábado, 29 de octubre de 2022

Un nuevo mundo tenebroso

La demorada Estrategia de Seguridad Nacional de Biden, es el tipo de trivialidad que disfraza el peligro y tiene un precio.


UN NUEVO MUNDO TENEBROSO



Patrick Lawrence
Consortium News

La administración Biden -perdón, la administración Biden-Harris, por favor- al fin ha publicado su Estrategia de Seguridad Nacional, un documento que todos los presidentes deben publicar según una ley aprobada hace cuarenta y tantos años.

Se supone que estos documentos deben informarnos a nosotros, el pueblo, cuál es el plan, cómo se propone nuestra república abrirse camino en el mundo durante los cuatro años que el nuevo ocupante de la Casa Blanca residirá allí. 

Les tomó bastante tiempo: ya ha pasado casi la mitad del mandato de Biden, y sus asesores políticos han retrasado repetidamente la publicación de estas 48 páginas. Ahora que se han publicado, no puedo decir que les culpo. A mí tampoco me gustaría poner este embrollo en papel.

"Desde los primeros días de mi presidencia, he sostenido que nuestro mundo se encuentra en un punto de inflexión", comienza el texto que aparece sobre la firma de Biden.

"La forma en que respondamos a los tremendos retos y a las oportunidades sin precedentes a las que nos enfrentamos hoy determinará el rumbo de nuestro mundo y repercutirá en la seguridad y la prosperidad del pueblo estadounidense durante las próximas generaciones."

Hay que decir "Amén". Esto es una descripción exacta de nuestras circunstancias. Pero este es el problema de la nueva ESN. Es un gesto de asentimiento a nuestro tiempo de cambios trascendentales, pero es la obra de una administración evidentemente incapaz de conducir los asuntos de la nación en el exterior de una manera que sea totalmente diferente.

Estos documentos pretenden indicarle a los estadounidenses y al mundo hacia dónde nos dirigimos y asegurarnos que hay manos firmes en el timón. Yo no me siento tranquilo. Me siento asustado.

El liderazgo de Estados Unidos -y esto va más allá de las variadas ineptitudes del régimen de Biden- es sencillamente incapaz de dejar de lado su adicción a la primacía mundial y su búsqueda obsesiva de la misma incluso cuando el poderío de la nación está en declive.

Dos temas

Son dos los temas que definen la actual ESN. En primer lugar, el documento reconoce la necesidad de cooperar multilateralmente para abordar cuestiones de carácter transnacional. El cambio climático es el principal ejemplo en este sentido; otros incluyen los retos sanitarios mundiales, la delincuencia internacional y la variedad de crisis económicas transfronterizas que vemos con frecuencia en la actualidad.

Magnífico. Estos problemas son fáciles de resolver. Ninguno presenta un desafío al poder de EE UU., por su puesto.

Es el segundo tema el que debe preocuparnos. Aquí nos encontramos en el muy familiar territorio del antagonismo entre las grandes potencias, la "competencia estratégica" y la obligación de Estados Unidos de liderar el mundo en una confrontación casi bíblica entre democracia y autocracia. Todo esto es lo que Biden y su equipo de política exterior repiten a cada momento, nunca con ningún efecto persuasivo.

"El orden basado en normas", como era de esperar, hace su destacado acto de presencia.

"Nos asociaremos con cualquier nación que comparta nuestra idea fundamental de que el orden basado en normas debe seguir siendo el fundamento de la paz y la prosperidad global".

Así pues, un simulacro de cooperación, que ni siquiera es eso cuando desafía el papel tradicional que Estados Unidos se asigna a sí mismo. Esta es la tragedia que todos estamos condenados a compartir, la configuración de un nuevo mundo tenebroso, y espero que Biden se equivoque cuando dice que esto se mantendrá durante "generaciones".

Se pretende que los dos temas de la ESN semejen líneas paralelas, cuidadosamente trazadas para conducirnos hacia un futuro sólido. Pero no es así. Son perpendiculares entre sí y no pueden conducir a ningún lugar más que a un mayor desorden del que ahora nos acosa.

En un excelente artículo en Responsible Statecraft, Marcus Stanley, ofrece un severo diagnóstico de la nueva ESN. "Es sorprendentemente esquizofrénica", escribe, "alternando -a veces casi frase por frase- entre ambiciosas promesas de liderar la cooperación global para abordar los retos transnacionales, y describiendo un mundo de rivalidades casi inextricables".

El Dr. Lawrence tiene una opinión diferente. El superego colectivo de Washington entiende que una nueva época ha arribado en la historia humana. Pero su superego está atascado en una etapa obsesivo-compulsiva, aferrándose obsesivamente al poder que ejercía en las décadas posteriores a 1945 como un niño con una manta de apego hecha jirones. Este documento es el ego tratando de traducir la irracionalidad del id en una versión pulcra de la razón.

No es posible.

Provocar a China  

La administración Biden intentó esta rutina con los chinos unos meses después de la toma de posesión. Como todo el mundo sabe, el Secretario de Estado, Antony Blinken, y el Asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, dejaron saber a los chinos que Estados Unidos cooperaría con ellos en algunas cuestiones, competiría con ellos en otras y se enfrentaría a ellos como adversarios estratégicos en otras.

Los chinos replicaron que no estaban de acuerdo con nada de esto a la primera oportunidad que tuvieron, en aquel absurdo pero revelador encuentro en Anchorage, en marzo de 2021. En retrospectiva, fue la decisión más inteligente que pudo tomar Pekín.

Biden, en cuatro ocasiones distintas, ha declarado abiertamente que la política Sobre Taiwan, imperfecta pero no obstante útil, llamada "ambigüedad estratégica" ha muerto. Según Biden, Estados Unidos se ha comprometido a defender militarmente a Taiwán en caso de que China ejerza su derecho legal de reintegrar la isla a la nación china.

Las provocaciones estadounidenses sobre esta cuestión -visitas de congresistas, sobrevuelos de la Fuerza Aérea, los llamados viajes de "libertad de navegación" por el estrecho de Taiwán- son casi con toda seguridad más constantes ahora que durante los años del ex Secretario de Estado, Mike Pompeo, quien fue el que puso de moda la provocación en el otro extremo del Pacífico.

En cuanto a la competencia en el plano económico, la recién anunciada ley que regula las exportaciones de alta tecnología a China, es un esfuerzo totalmente indigno para impedir que los chinos completen el clásico ascenso en la escala de desarrollo que todas las naciones aspiran a realizar.

El informe del New York Times sobre este tema contenía un par de citas escogidas de ambos bandos que evaluaban el asunto.

Liu Pengyu, en nombre de la embajada china en Washington, declaró al Times que Washington pretende "utilizar su pericia tecnológica como ventaja para frenar y suprimir el desarrollo de los mercados emergentes y los países en desarrollo. Estados Unidos probablemente espera que China y el resto del mundo en desarrollo permanezcan para siempre en el extremo inferior de la cadena industrial".

Si no podemos competir con ellos, en otras palabras, los sofocaremos. En cuanto a las políticas degradantes, esta es una de las peores.

A este respecto cabe señalar que: cualquier esfuerzo de cooperación en cuestiones transnacionales queda anulado, imposibilitado, por el supuesto pensamiento paralelo de que Estados Unidos debe seguir siendo el hegemón mundial indiscutible. El tema uno y el tema dos sólo pueden coexistir en teoría, no en la práctica.

No olvidar la retórica

¿Recuerdan toda la retórica durante la campaña de Biden para la presidencia en 2020? Primero será la diplomacia, decían sus responsables políticos, la opción militar una alternativa final cuando se hayan agotado todas las demás opciones. Prometieron restablecer el acuerdo que rige los programas nucleares de Irán y dejar de suministrar armas a los saudíes en su guerra contra Yemen. Como nos recuerda Marcus Stanley, el hombre que llevó la cartera de Ucrania como vicepresidente de Barack Obama se comprometió a "una relación estable y predecible con Rusia".

La retórica, como debería ser evidente ahora, era solo eso. Y esto es todo lo que constituye la nueva ESN. Se basa en generalidades y en una abyecta falta de sinceridad del tipo que Biden siempre ha esperado que los estadounidenses olviden en muy poco tiempo. Poco más puedo encontrar en este documento.

Sí, se dio la retirada de Afganistán el año pasado, algo bueno. Pero entendámoslo por lo que fue, y lo que no fue. Fue la retirada de un imperio de una guerra de dos décadas que nunca pudo ganar. Nada más cambió, ni un solo principio de los objetivos globales del imperio.

En cuanto a la rutina de demócratas vs autoritarios, la ESN tiene esto que decir:

"Algunas partes del mundo se encuentran inquietas por la competencia entre Estados Unidos y las mayores autocracias del mundo. Comprendemos estas preocupaciones. Nosotros también queremos evitar un mundo en el que la competencia se convierta en una arena de bloques rígidos. No buscamos un conflicto ni una nueva Guerra Fría".

Lo siento, pero no es así: hay que estar con los chinos y con otros países no occidentales, cuando -seamos francos- el mentiroso más implacable que ha ocupado la Casa Blanca en la era de la posguerra (e incluyo a Richard Nixon) se conduce de esta manera.

Esta administración ya ha consolidado la nueva Guerra Fría que el Estado Profundo ha anhelado desde la caída del Muro de Berlín. Biden y el circulo de amateurs que le rodean estarían perdidos sin sus bloques rígidos, que es el único principio organizativo lo suficientemente sencillo que pueden entender.

No esperaba mucho más de esta ESN mientras esperábamos su ya demorada publicación. Pero, sin embargo, es angustioso verlo ahora en papel. Eta es nuestra repulsa manifestada ingeniosamente. Este tipo de discurso, nos daremos cuenta, si no es que ya lo hemos hecho, disfraza el peligro y tiene un precio.




Publicado por La Cuna del Sol

jueves, 20 de octubre de 2022

Marco Rubio: el padrino de Miami al que temen en la Casa Blanca

Rubio, en un acto electoral con vistas a las elecciones congresionales del próximo 8 de noviembre, efectuado en el "Museo Americano de la Diáspora Cubana de Miami", acaba de afirmar que la única razón por la que la administración Biden no ha regresado a las políticas de Obama hacia Cuba es porque "le tiene miedo al exilio cubano de la Florida".

 

MARCO RUBIO: EL PADRINO DE MIAMI
AL QUE TEMEN EN LA CASA BLANCA



Iroel Sánchez
Misión Verdad

"Soy un hombre lleno de miedo, no puedo dormir sin ayuda química, estoy solo y he perdido la confianza en todo el mundo que camina sobre la tierra. Siempre desconfío de que me puedan vender o de que se acerquen a mí y me hagan daño".

Así ha dicho el escritor Roberto Saviano sobre lo que ha sido su vida después de desafiar a la mafia napolitana con su libro Gomorra. Ni el éxito comercial, ni vivir con escolta, ni los premios recibidos le han permitido escapar al miedo. "El dinero sirve para los abogados, porque estoy en querellas con Salvini y Meloni", dice el escritor italiano, que denuncia el uso de la prensa local para crear un clima enrarecido contra él. 

El libro de Saviano es una investigación periodística, pero hay muchas películas, series y libros de ficción sobre la mafia, desde clásicos como El Padrino y Los Soprano, hasta esas que te dan la impresión de haberlas visto o leído antes por repetir caminos muy trillados con poca complejidad psicológica y pobreza argumental. En las mejores y las peores, hay siempre constantes que caracterizan el género: el chantaje como método de control social, que convierten el miedo a desafiar a los capos en la base del funcionamiento de un barrio, una ciudad, un territorio o un negocio. 

Así vemos cómo los lazos entre economía, política, comunicación, justicia y violencia física van estrangulando el alcance de quienes pudieran constituir voces disidentes en una comunidad. Lo que resulta insólito es que ese miedo sea proclamado a los cuatro vientos y con él se justifique una postura presidencial del país más poderoso del mundo como acaba de hacer el senador estadounidense por la Florida, Marco Rubio, con el presidente Joe Biden.

Rubio, en un acto electoral con vistas a las elecciones congresionales del próximo 8 de noviembre, efectuado en el "Museo Americano de la Diáspora Cubana de Miami", acaba de afirmar que la única razón por la que la administración Biden no ha regresado a las políticas de Obama hacia Cuba es porque "le tiene miedo al exilio cubano de la Florida". Recibiendo allí el apoyo de organizaciones vinculadas históricamente a terrorismo y la violencia política como la Brigada 2506, protagonista de la fracasada invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, y de personas como Orlando Gutiérrez Boronat que llama reiteradamente a la intervención militar estadounidense en Cuba y con vínculos notorios con el Osama Bin Laden del Hemisferio Occidental: Luis Posada Carriles, fallecido en su cama de Miami sin que las autoridades estadounidenses lo molestaran por sus crímenes, incluyendo la voladura en pleno vuelo de un avión de pasajeros con 73 personas a bordo. 

Han pasado varios días desde las ofensivas declaraciones de Rubio y ni desde la Casa Blanca ni desde el Partido Demócrata ha existido la menor respuesta, confirmando el viejo dicho de que el calla, otorga. Hasta ahora 63 años de miedo, con no pocas víctimas mortales, con cancelaciones de empleo y amenazas de todo tipo, han convertido a los políticos y los medios de comunicación de Miami en un coro prácticamente unánime con respecto a Cuba, pero nunca había existido un planteamiento tan explícito que, sin embargo, no fue recogido por uno solo de los representantes de los medios de prensa presentes en el acto de respaldo a Rubio, pero del que quedó constancia en la grabación de video del mismo difundida a través de Internet.

El clásico caso del perro que muerde al hombre esta vez no fue noticia.


La llamada mafia cubano-americana tiene un larga lista de acciones terroristas en territorio estadounidense, cuya manifestación más reciente fue un ataque con un disparo de un fusil de asalto a la embajada de Cuba en Washington en 2020, pasando por el asesinato de diplomáticos cubanos acreditados ante la ONU y del excanciller chileno Orlando Letelier, más una lista no pequeña de personas residentes en Miami, New Jersey y Puerto Rico que han sido víctimas de la violencia armada por ser proclives a un cambio en las relaciones con La Habana.

Pero la intervención de ese sector extremista, fabricado y financiado por el propio gobierno estadounidense, es como un Frankenstein que se vuelve siempre contra sus creadores. Por citar solo algunos ejemplos: desde el asesinato de los hermanos John y Robert Kennendy, el escándalo de Watergate que costó la presidencia a Nixon, la crisis migratoria del Mariel que se la arrebató a Carter, el escándalo Irán-Contra que desacreditó a Bush Padre, la crisis migratoria de los balseros y el caso del niño Elián que pusieron a correr a Clinton, hasta los "ataques sónicos" a diplomáticos estadounidenses en La Habana, ahora desmentidos por la CIA, pero que han hecho gastar cientos de millones en investigaciones e indemnizaciones al gobierno federal.

Esos "ataques" nunca probados sirvieron al gobierno de Trump para complacer a políticos como Marco Rubio y dar atrás al deshielo iniciado por Obama en las relaciones con Cuba que, como dice con razón el senador por la Florida, el presidente Biden no ha retomado, al mantener al pie de la letra las políticas de Trump hacia la Isla.

Es sabido que el control mafioso cubano-americano sobre el voto en el estado de la Florida dio la "apretada" victoria a Bush Hijo sobre Al Gore en las elecciones presidenciales del año 2000 y que el jefe de la campaña electoral Demócrata en aquella ocasión, Ron Klain, actual jefe de gabinete de Biden, quedó traumatizado para siempre, al extremo que se cuenta en Washington que el Señor Klain no quiere escuchar hablar del menor contacto con Cuba y le pasa algo parecido a lo que le sucede a Roberto Saviano, pero sin el valor de reconocerlo.

Así que pareciera que no es miedo sino terror lo existente en el equipo de Biden hacia lo que Rubio llama "exilio cubano", y no es más que la maquinaria mafiosa que controla la expresión política en el Sur de la Florida.

El 23 de febrero de 2019, en medio de una borrachera de euforia, y tal vez algo más, que terminó en sonoro fracaso, al frente de un intento de invadir Venezuela por el fronterizo puente de Cúcuta desde territorio colombiano, y en compañía de los hoy desacreditados Iván Duque y Sebastián Piñera, Marco Rubio, al mejor estilo de Al Capone, tuiteó un amenazante mensaje al presidente cubano Miguel Díaz-Canel: "Te vemos pronto", escribió.

En Cuba nadie le hizo caso, han pasado tres años y medio y Gustavo Petro reanudó relaciones con Venezuela, y ahora el New York Times dice que Washington debe reconocer a Nicolás Maduro, pero parece que en la Casa Blanca sí que le temen al Padrino de Miami.


Iroel Sánchez es editor y periodista cubano. Trabaja en la Oficina para la Informatización de la Sociedad Cubana. Fue Presidente del Instituto Cubano del Libro. Mantiene el blog de análisis e información La pupila insomne.

Este artículo fue publicado originalmente en Al Mayadeen en Español el 17 de octubre de 2022.




Publicado por La Cuna del Sol

sábado, 15 de octubre de 2022

Reducción de la producción de petróleo: una tormenta perfecta en la política exterior estadounidense

Las malas relaciones de la administración Biden con los países productores de petróleo tendrán importantes ramificaciones políticas y económicas para Occidente.

 

REDUCCIÓN DE LA PRODUCCIÓN DE PETRÓLEO:
UNA TORMENTA PERFECTA EN LA
POLÍTICA EXTERIOR ESTADOUNIDENSE



MK Bhadrakumar
The Cradle

El viejo adagio dice que una buena política exterior es el reflejo de la política nacional. En este sentido, se está gestando una tormenta perfecta en el frente de la política exterior de Estados Unidos, provocada por la decisión de la OPEP del 5 de octubre de reducir la producción de petróleo en 2 millones de barriles diarios.

Por un lado, esto hará subir el precio de la gasolina para el consumidor nacional y, por otro, pondrá en evidencia el desequilibrio en las prioridades de la política exterior de la administración estadounidense.

En su nivel más obvio, la maniobra de la OPEP confirma la creencia de que Washington ha perdido su influencia con el cártel de países productores de petróleo. Esto se atribuye al deterioro de las relaciones de Estados Unidos con Arabia Saudí durante la presidencia de Joe Biden. Pero, fundamentalmente, ha surgido una contradicción entre los intereses de Estados Unidos y los de los países productores de petróleo.

Petrodiplomacia

Dicho esto, las contradicciones no son nada nuevo en la geopolítica del petróleo: las décadas de 1970 y 1980 fueron testigos de dos grandes "crisis del petróleo". Una fue fabricada, mientras que la otra fue una interacción de fuerzas históricas: la Guerra del Yom-Kippur de 1973 y la Revolución Islámica de Irán de 1979. En la primera, las naciones árabes convirtieron el petróleo en un arma y proclamaron un embargo petrolero a las naciones occidentales que se consideraba habían apoyado a Israel en la guerra.

El resultado fue que el precio del petróleo subió casi un 300% en menos de seis meses, paralizando la economía mundial. En Estados Unidos, el presidente Richard Nixon pidió a las gasolineras que no vendieran gasolina desde el sábado por la noche hasta el lunes por la mañana para hacer frente a la crisis, que afectó más a la industria que al consumidor promedio.

En 1979, la revolución iraní afectó las tasas de producción de petróleo y el suministro mundial se redujo en un 4%. Al cundir el pánico, la demanda de crudo se disparó y los precios se duplicaron con creces.

La insensatez de Biden

La administración Biden ha tomado riesgos innecesarios subestimando la importancia del petróleo en la diplomacia moderna, e ignorando que el petróleo seguirá siendo la fuente de energía dominante en todo el mundo en un futuro previsible, propulsando todo, desde los coches y la calefacción doméstica hasta los grandes titanes de la industria y las plantas manufactureras.

Incluso la transición estable a la energía verde a lo largo del tiempo depende en gran medida de la disponibilidad continua de combustibles fósiles abundantes y baratos. Sin embargo, el gobierno de Biden pasó por alto el hecho de que los que tienen reservas de petróleo poseen un enorme  poder sobre nuestros sistemas energéticos basados en el petróleo, mientras que los que compran petróleo son, por el contrario, terriblemente dependientes del mercado y de las relaciones diplomáticas que lo impulsan.

Las potencias occidentales son demasiado ingenuas para pensar que una superpotencia energética como Rusia puede ser simplemente "borrada" del ecosistema. Por lo tanto, una "guerra energética" con Rusia está destinada al fracaso.

Históricamente, las naciones occidentales han entendido el imperativo de mantener buenas relaciones diplomáticas con los países productores de petróleo. Sin embrgo, Biden ha abandonado toda cautela al insultar a Arabia Saudí, cuando previo a las elecciones presidenciales de 2020, prometió convertir al reino en un estado "paria".

A pesar de su publicitada visita a Jeddah en julio de 2022 para arreglar las cosas, los saudíes desconfían de las intenciones estadounidenses, y es poco probable que veamos una mejora en las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí bajo la administración de Biden.

La congruencia de intereses por parte de la OPEP para mantener los precios altos se debe esencialmente a que necesitan los ingresos extra para su presupuesto de gastos y para mantener un nivel de inversión saludable en la industria petrolera. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó en abril el precio de equilibrio del petróleo de Arabia Saudí -el precio del petróleo con el que equilibraría su presupuesto- en 79.20 dólares por barril.

Aunque el gobierno saudí no revela su supuesto precio de equilibrio del petróleo, un informe de Reuters sugiere que un nivel de precios preferido sería de entre 90 y 100 dólares por barril de crudo Brent, nivel que no tendrá un gran impacto en la economía mundial. Por supuesto, todo lo que supere los 100 dólares será una bendición.

Dictar quién puede y no puede vender petróleo

Mientras tanto, se está gestando una crisis "sistémica". Es natural que la OPEP vea con escepticismo las recientes medidas de Estados Unidos y la UE para reducir las exportaciones de petróleo de Rusia. Occidente racionaliza estas medidas con el objetivo de reducir drásticamente los ingresos de Rusia procedentes de las exportaciones de petróleo (lo que se traduce en capacidad de resistencia para luchar en la guerra de Ucrania).

La última maquinación del G7 para limitar los precios a los que Rusia puede vender su petróleo está llevando las cosas al extremo.

La OPEP considera que los topes de precios son un cambio de paradigma, ya que implícitamente desafía la supuesta prerrogativa del cártel de garantizar que la oferta mundial de petróleo se ajuste a la demanda, donde una de las medidas clave del equilibrio entre oferta y demanda es el precio. Podría decirse que Occidente está creando de facto un cártel rival de países consumidores de petróleo para regular el mercado del petróleo.

No cabe duda de que la maniobra de Occidente sienta un precedente: dictar por razones geopolíticas el precio al que un país productor de petróleo tiene derecho a exportarlo. Si hoy es Rusia, ¿quién puede asegurar que mañana no será Arabia Saudí o Irak? La decisión del G7 -si se aplica- erosionará el papel crucial de la OPEP en la regulación del mercado mundial del petróleo.

La OPEP contraataca

Por consiguiente, la OPEP con su reciente decisión de reducir la producción de petróleo en 2 millones de barriles diarios y mantener el precio por encima de los 90 dólares por barril, está presionando de forma proactiva. La OPEP estima que las opciones de Washington para contrarrestar a la OPEP+ son limitadas. A diferencia de lo que sucedía en el pasado, Estados Unidos no tiene hoy un solo aliado dentro del grupo OPEP+.

Considerando la creciente demanda interna de petróleo y gas, es totalmente concebible que las exportaciones estadounidenses de ambos productos se vean reducidas. Si eso ocurre, Europa será la más afectada. En una entrevista concedida al Financial Times la semana pasada, el Primer Ministro belga, Alexander De Croo, advirtió que, a medida que se acerca el invierno, si los precios de la energía no bajan, "nos arriesgamos a una desindustrialización masiva del continente europeo y las consecuencias a largo plazo podrían ser realmente muy profundas".

De Croo, añadió estas escalofriantes palabras: "Nuestras poblaciones están recibiendo facturas que son una completa locura. En algún momento, explotará. Entiendo que la gente esté enfadada... la gente no tiene medios para pagar". De Croo advertía sobre la probabilidad que se produzcan disturbios sociales y políticos en los países europeos.

Las repercusiones económicas y políticas

Sin duda, se trata de un cambio tectónico en la geopolítica que probablemente resulte más importante que el conflicto de Ucrania en la conformación del orden mundial multipolar.

Esta tormenta perfecta en la política exterior de Biden también puede repercutir en las elecciones de medio mandato de noviembre en EE UU. y dar lugar a una mayoría republicana en el Senado, lo que podría marcar el ritmo de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2024.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha declarado que Europa, al declinar el suministro energético ruso, se ha convertido en un mercado cautivo para las compañías petroleras estadounidenses, que ahora están "haciendo su agosto", pero cuyo elevado costo resta competitividad a la economía europea.

"La producción está colapsando. La desindustrialización se aproxima. Todo esto tendrá consecuencias muy, muy deplorables para el continente europeo durante probablemente, al menos, los próximos 10-20 años", declaró Peskov.

Por cierto, Rusia se posiciona como el país que más se beneficia con los recortes de la OPEP. La opinión de los expertos es que los precios del petróleo subirán de los niveles actuales durante lo que queda del año fiscal y el próximo. Es decir, Rusia no reducirá la producción mientras el precio del petróleo empezará a subir en los próximos meses.

Mientras los precios del petróleo suben, Rusia no tendrá que recortar ni un barril de su producción en tanto tenga un mercado lo suficientemente grande después de diciembre para vender el crudo que ahora va a Europa. Una vez más, Moscú reitera que no suministrará petróleo a los países que se sumen al tope de precios del G7. Al proceder de esta manera, Moscú responde con los mismos instrumentos no mercantiles de la administración Biden.




Publicado por La Cuna del Sol