viernes, 24 de febrero de 2023

Hacia dónde va la política exterior de Lula

 Aunque es evidente que Lula hará gala de elasticidad para mantener una política exterior de múltiples vectores, orientada a un equilibrio pasivo en medio de una transición caótica y complicada de un orden unipolar a un nuevo modelo de relaciones internacionales —multipolar—, sus primeros movimientos reflejan un marco de preferencias asentado más en Occidente que en Eurasia.

 

HACIA DÓNDE VA LA
POLÍTICA EXTERIOR DE LULA



Misión Verdad

El día de ayer, jueves 23 de febrero, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución dirigida a condenar a Rusia por su Operación Militar Especial (OME) en Ucrania, a pocas horas de cumplirse un año del lanzamiento de la misma a razón de la sistemática desatención de Washington hacia las demandas del presidente Vladímir Putin sobre la amenazante expansión hacia el este de la OTAN y el comportamiento cada vez más beligerante de Kiev en su ofensiva militar contra la población rusa del Dombás, región vinculada geográfica, lingüística y culturalmente con la Federación, que ha sido objeto de bombardeos, persecución y experimentos de apartheid desde 2014.

La resolución en cuestión, que contó con 141 votos a favor, 32 abstenciones y siete en contra, no es vinculante -es decir, no tiene efectos prácticos ni implica obligaciones- y debe verse como un acto simbólico de simulación para proyectar una imagen favorable hacia los esfuerzos de Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de escalar el conflicto con Rusia en el ámbito militar, pero también en el económico, financiero y energético.

Entre los países que se mostraron a favor de la resolución hay que destacar el voto afirmativo de Brasil. El gobierno presidido por Lula Da Silva fue el único miembro de los BRICS en apoyarla, acción que fracturó el posicionamiento común de abstención en el bloque multilateral en la votación.

No se trata de un aspecto menor, sobre todo si se tiene en cuenta que el consenso de neutralidad y no alineamiento ha signado la trayectoria de los BRICS en la arena internacional desde que inició la OME rusa hace un año.

Con esta posición, la plataforma ha ejercido un rol de equilibrio dirigido a fomentar el entendimiento entre las partes, manteniendo abierta la ventana de cooperación con Rusia en múltiples planos (negándose a suscribir los paquetes de "sanciones"), al mismo tiempo que da continuidad a sus relaciones con los países europeos que apoyan abiertamente a Ucrania.

Sin embargo, el voto afirmativo de Brasil a la resolución puede verse como la manifestación de una línea de acción geopolítica más amplia que va tomando forma durante esta primera etapa del gobierno de Lula, según la cual el eje de poder atlántico (Estados Unidos + Europa occidental) va sobresaliendo en cuanto a la jerarquía que le adjudica la política exterior brasileña.

En la declaración conjunta del mandatario brasileño y el presidente estadounidense Joe Biden en el marco de su primera reunión bilateral el pasado 10 de febrero, se advierte que los dos jefes de Estado "deploraron la violación de Rusia de la integridad territorial de Ucrania y la anexión de partes de su territorio como violaciones flagrantes del derecho internacional, y pidieron una paz justa y duradera".

Esta visión uniforme que pone toda la responsabilidad del escalamiento del conflicto en Rusia es, también, una muestra de que el presidente suramericano inclina su balanza de prioridades internacionales hacia los marcos multilaterales de asociación con Estados Unidos (desde el "cambio climático", la "protección de la Amazonía" hasta los "derechos humanos" y la "agenda de género"), en detrimento de un trato cuidadoso que preserve la posición unificada de los BRICS en el contexto de la guerra en Ucrania.

En este sentido, el voto de Brasil puede ser visto como un guiño de Lula hacia Biden, a modo de reconfirmación de las convergencias que se expresaron en su reunión bilateral y que se perfilan a marcar el signo estratégico de la geopolítica brasileña en los años por venir.

No obstante, tratando de cuidar las formas, en vista de que Dilma Rousseff acaba de asumir la presidencia del Banco de los BRICS, Brasil incluyó una enmienda en el proyecto de resolución para incluir un llamado "al cese de las hostilidades" y "la necesidad de alcanzar cuanto antes una paz general, justa y duradera", con lo cual buscó disminuir el ruido entre los miembros del bloque, pero sin que ello significara diluir del todo la alineación discursiva con el mandatario estadounidense.

Por otro lado, la votación de Brasil ocurre en medio de un nuevo periodo de intenso cabildeo por la ratificación del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur, una materia pendiente de resolución definitiva desde hace 20 años. Pese a la tensión histórica de las negociaciones, sobre todo alrededor de la industria cárnica en la cual Brasil seguro tendría la ventaja frente a los productores franceses, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermansproyectó que para julio de este año podría terminar de definirse el acuerdo.

Sumado a esto, los milmillonarios fondos europeos del Fondo Amazonía, retenidos durante la presidencia de Jair Bolsonaro, han comenzado a descongelarse progresivamente desde enero de este año.

En consecuencia, un Brasil más balanceado hacia Europa y Estados Unidos frente a la cuestión geopolítica más importante de los últimos años: la guerra en Ucrania, representa un impulso adicional para la agenda de Lula en materia comercial, medioambiental y multilateral enfocada en el eje atlántico.

Aunque es evidente que Lula hará gala de elasticidad para mantener una política exterior de múltiples vectores, orientada a un equilibrio pasivo en medio de una transición caótica y complicada de un orden unipolar a un nuevo modelo de relaciones internacionales —multipolar—, sus primeros movimientos reflejan un marco de preferencias asentado más en Occidente que en Eurasia.

La visita del presidente brasileño a China a mediados de marzo, donde se reunirá con el presidente chino Xi Jinping, será una nueva oportunidad para seguir evaluando estas proyecciones.




Publicado por La Cuna del Sol

jueves, 16 de febrero de 2023

Imperialismo woke

La diversidad es importante. Pero la diversidad, cuando carece de una agenda política que luche contra el opresor en nombre de los oprimidos, es un escaparate. Se trata de incorporar a un segmento minúsculo de los marginados por la sociedad a estructuras injustas para perpetuarlas.

 

IMPERIALISMO WOKE



Chris Hedge
Consortium News

El brutal asesinato de Tyre Nichols a manos de cinco policías negros de Memphis, Tennessee, debería bastar para hacer que implosione la fantasía de que la política de identidad y la diversidad resolverán la decadencia social, económica y política que asola a Estados Unidos. No sólo los ex agentes son negros, sino que el departamento de policía de la ciudad está dirigido por Cerelyn Davis, una mujer negra. Nada de esto ayudó a Nichols, otra víctima de un linchamiento policial moderno.

Los militaristas, los corporativistas, los oligarcas, los políticos, los académicos y los conglomerados mediáticos defienden la política de la identidad y la diversidad porque no hace nada para abordar las injusticias sistémicas o el azote de la guerra permanente que asola a EE UU. Es un truco publicitario, una marca, utilizada para enmascarar la creciente desigualdad social y la locura imperial. Mantiene ocupados a los liberales y a los educados con un activismo de boutique, que no sólo es ineficaz, sino que exacerba la división entre los privilegiados y una clase trabajadora en profunda penuria económica. Los que tienen reprenden a los que no tienen por sus malos modales, su racismo, su insensibilidad lingüística y su chabacanería, mientras ignoran las causas profundas de su penuria económica. Los oligarcas no podrían sentirse más contentos.

¿Mejoró la vida de los nativos americanos como resultado de la legislación que ordenaba la asimilación y la revocación de los títulos de propiedad de las tierras tribales impulsada por Charles Curtis, el primer vicepresidente nativo americano? ¿Estamos mejor con Clarence Thomas, que se opone a la acción afirmativa, en la Corte Suprema, o con Victoria Nuland, un halcón de la guerra en el Departamento de Estado? ¿Es nuestra perpetuación de la guerra permanente más aceptable porque Lloyd Austin, un afroamericano, es el secretario de Defensa? ¿Es el ejército más humano porque acepta soldados transexuales? ¿Se ha disminuido la desigualdad social, y el estado de vigilancia que la controla, porque Sundar Pichai -nacido en la India- es el jefe ejecutivo de Google y Alphabet? ¿Ha mejorado la industria armamentística porque Kathy J. Warden, una mujer, es la jefa ejecutiva de Northop Grumman, y otra mujer, Phebe Novakovic, es la jefa ejecutiva de General Dynamics? ¿Están mejor las familias trabajadoras con Janet Yellen, que promueve el aumento del desempleo y la "inseguridad laboral" para bajar la inflación, como secretaria del Tesoro? ¿Mejora la industria cinematográfica cuando una mujer directora, Kathryn Bigelow, realiza "Zero Dark Thirty", que es agitprop (popaganda) para la C.I.A.? Echen un vistazo a este anuncio sobre el reclutamiento publicado por la C.I.A. Resume lo absurdo de dónde hemos llegado.

Regímenes coloniales

Los regímenes coloniales encuentran líderes locales dóciles -François Duvalier "Papa Doc" en Haití, Anastasio Somoza en Nicaragua, Mobutu Sese Seko en el Congo, Mohammad Reza Pahlavi en Irán- dispuestos a hacer el trabajo sucio mientras explotan y saquean los países que controlan. Para frustrar las aspiraciones populares de justicia, las fuerzas policiales coloniales de manera rutinaria cometieron atrocidades en nombre de los opresores. Aquellos que lucha por la libertad y pelean en apoyo de los pobres y los marginados suelen ser expulsados del poder o asesinados, como ocurrió con el líder independentista congoleño Patrice Lumumba y el presidente chileno Salvador Allende. El jefe lakota Toro Sentado fue abatido a tiros por miembros de su propia tribu, que servían en el cuerpo de policía de la reserva de Standing Rock.

Quien se pone del lado de los oprimidos, casi siempre acabará siendo tratado como los oprimidos. Esa es la razón por la cual el F.B.I., junto con la policía de Chicago, asesinó a Fred Hampton y casi con toda seguridad participó en el asesinato de Malcolm X, que se refería a los barrios urbanos empobrecidos como "colonias internas". Las fuerzas policiales militarizadas de Estados Unidos funcionan como ejércitos de ocupación. Los policías que mataron a Tyre Nichols no son diferentes de aquellos de las fuerzas policiales de las reservaciones y las coloniales.

Vivimos bajo una especie de colonialismo corporativo. Los motores de la supremacía blanca, que construyeron las formas de racismo institucional y económico que mantienen pobres a los pobres, se ocultan tras atractivas personalidades políticas como Barack Obama, a quien Cornel West llamó "una mascota negra de Wall Street". Estos rostros de la diversidad son examinados y seleccionados por la clase dominante. Obama fue preparado y promovido por la maquinaria política de Chicago, una de las más sucias y corruptas del país.

"Es un insulto a los movimientos organizados que estas instituciones dicen querer incluir", me dijo en 2018 Glen Ford, el difunto editor de The Black Agenda Report. "Estas instituciones escriben el guion. Es su drama. Eligen a los actores, las caras negras, marrones, amarillas y rojas que quieran".

Ford calificó de "representacionalistas" a quienes promueven políticas identitarias, que "quieren ver a algunos negros representados en todos los sectores de liderazgo, en todos los sectores de la sociedad. Quieren científicos negros. Quieren estrellas de cine negras. Quieren académicos negros en Harvard. Quieren negros en Wall Street. Pero es sólo representación. Eso es todo".

El daño infligido por el capitalismo corporativo sobre las personas que estos "representacionalistas" dicen representar pone al descubierto la estafa. Los afroamericanos han perdido el 40% de su riqueza desde el colapso financiero de 2008 debido al impacto desproporcionado de la caída del valor de la vivienda, los préstamos abusivos, las ejecuciones hipotecarias y la pérdida de empleo. Tienen la segunda tasa más alta de pobreza con un 21.7 por ciento, después de los nativos americanos con un 25.9 por ciento, seguidos de los hispanos con un 17.6 por ciento, y los blancos con un 9.5 por ciento, según la Oficina del Censo de Estados Unidos y el Departamento de Salud y Servicios Humanos. En 2021, los niños negros y los nativos americanos vivían en la pobreza con un 28% y un 25% respectivamente, seguidos de los hispanos con un 25% y los blancos con un 10%. Casi el 40 por ciento de las personas sin hogar del país son afroamericanos, aunque los negros representan alrededor del 14 por ciento de nuestra población. Esta cifra no incluye a las personas que viven en viviendas ruinosas y hacinadas o con familiares o amigos debido a dificultades económicas.  Los afroamericanos son encarcelados casi cinco veces más que los blancos.

Cínica superioridad moral

La política de identidad y la diversidad permiten a los liberales regodearse en una empalagosa superioridad moral mientras castigan, censuran y excluyen a quienes no se ajustan lingüísticamente al discurso políticamente correcto. Son los nuevos jacobinos. Este juego disfraza su pasividad ante el abuso empresarial, el neoliberalismo, la guerra permanente y la restricción de las libertades civiles. Evitan enfrentarse a las instituciones que orquestan la injusticia social y económica. Buscan hacer más apetecible a la clase dominante. Con el apoyo del Partido Demócrata, los medios de comunicación liberales, el mundo académico y las plataformas de medios sociales de Silicon Valley, demonizan a las víctimas del golpe de Estado corporativo y de la desindustrialización. Establecen sus principales alianzas políticas con quienes abrazan la política de la identidad, ya sea que estén en Wall Street o en el Pentágono. Son los tontos útiles de la clase multimillonaria, activistas morales que amplían las divisiones dentro de la sociedad que los oligarcas gobernantes fomentan para mantener el control.

La diversidad es importante. Pero la diversidad, cuando carece de una agenda política que luche contra el opresor en nombre de los oprimidos, es un escaparate. Se trata de incorporar a un segmento minúsculo de los marginados por la sociedad a estructuras injustas para perpetuarlas.

Un grupo de estudiantes a quienes impartí clases en una prisión de máxima seguridad de Nueva Jersey escribió "Caged" (Enjaulados), una obra sobre sus vidas. La obra se representó durante casi un mes en el teatro The Passage de Trenton, Nueva Jersey, donde se agotaron las entradas casi todas las noches. Posteriormente fue publicada por Haymarket Books. Los 28 alumnos de la clase insistieron en que el funcionario de prisiones de la historia no fuera blanco. Era demasiado fácil, decían. Era una farsa que permite a la gente simplificar y enmascarar el aparato opresor de los bancos, las empresas, la policía, los tribunales y el sistema penitenciario, todos los cuales contratan a personas con base en la diversidad. Estos sistemas de explotación y opresión internas deben ser atacados y desmantelados, sin importar a quién empleen.

Mi libro, Our Class: Trauma and Transformation in an American Prison, utiliza la experiencia de escribir la obra para contar las historias de mis alumnos y transmitirles su profunda comprensión de las fuerzas represivas y las instituciones que se alzaron contra ellos, sus familias y sus comunidades. Mi entrevista en dos partes con Hugh Hamilton sobre Our Class, puede ser vista aquí y aquí.

La última obra de August Wilson, "Radio Golf", predijo hacia dónde se dirigían la diversidad y las políticas de identidad desprovistas de conciencia de clase. En la obra, Harmond Wilks, un promotor inmobiliario educado en la Ivy League, está a punto de lanzar su campaña para convertirse en el primer alcalde negro de Pittsburgh. Su mujer, Meme, aspira a convertirse en secretaria de prensa del gobernador. Wilks, que navega por el universo de privilegios de los blancos, negocios, búsqueda de estatus y ser parte del club de golf, debe desinfectar y negar su identidad. Roosevelt Hicks, compañero de habitación de Wilk en Cornell y vicepresidente del Mellon Bank, es su socio. Sterling Johnson, cuyo vecindario Wilks y Hicks están presionando para que la ciudad lo declare arruinado y así poder arrasarlo para su multimillonario proyecto urbanístico, le dice a Hicks:

"¿Sabes lo que eres? Me llevó un tiempo darme cuenta. Eres un negro. Los blancos se confunden y te llaman nigger, pero no lo saben cómo yo. Yo sé la verdad. Soy un nigger. Los negroes son lo peor de la creación de Dios. Los niggers tienen estilo. Los negroes tienen ceguera. Un perro sabe que es un perro. Un gato sabe que es un gato. Pero un negro no sabe que es un negro. Cree que es un hombre blanco".

Terribles fuerzas depredadoras corroen el país. Los corporativistas, militaristas y mandarines políticos que les sirven son el enemigo. Nuestro trabajo no es hacerlos más atractivos, sino destruirlos. Hay entre nosotros auténticos luchadores por la libertad de todas las etnias y orígenes cuya integridad no les permite servir al sistema de totalitarismo invertido que ha destruido nuestra democracia, empobrecido la nación y perpetuado guerras interminables. La diversidad, cuando sirve a los oprimidos, es una ventaja, pero es una estafa cuando sirve a los opresores.

 

Chris Hedges es un periodista ganador del Premio Pulitzer que fue corresponsal en el extranjero durante 15 años para The New York Times, donde trabajó como jefe de la oficina de Oriente Medio y jefe de la oficina de los Balcanes para el periódico. Anteriormente trabajó en el extranjero para The Dallas Morning News, The Christian Science Monitor y NPR.  Es presentador del programa "The Chris Hedges Report".

 

Publicado originalmente por ScheerPost.com




Publicado por La Cuna del Sol

lunes, 6 de febrero de 2023

"Nuestras reivindicaciones son ahora políticas"

Hablar de campesinos o indígenas en Perú bajo este régimen dictatorial de terror equivale a ser considerado terrorista. Todos los organismos gubernamentales están coludidos y no tenemos a nadie que nos proteja o garantice nuestros derechos.

 

"NUESTRAS REIVINDICACIONES
SON AHORA POLÍTICAS":
ENTREVISTA SOBRE PERÚ CON
LOURDES HUANCA ATENCIO



Elisa Fuenzalida
Counterpunch

El levantamiento campesino en Perú ha logrado lo que parecía imposible: que la izquierda y la academia se hayan quedado mudas. O al menos eso parece, ya que sus análisis han sido silenciados por el clamor popular indígena, que ha organizado delegaciones de los cuatro "suyos" (1) de Perú en "La Toma de Lima", como se ha denominado la marcha hacia la capital.

Pocos sospechaban que la destitución de Pedro Castillo era algo más que una crisis política en términos partidarios.  Más bien, era el comienzo de un cataclismo simbólico e histórico, que amenazaba los cimientos mismos del pacto colonial aún vigente en el país que es visto en el extranjero como la tierra de la cumbia electrónica, los pueblos mágicos y los retiros de Ayahuasca.

La historia comienza con una campaña electoral fuertemente marcada por la violencia racista dirigida en contra de Castillo, campesino y maestro rural originario de los Andes del Norte. Insultos como "burro", "bruto", "analfabeto" y "bestia", entre otros, tienen una genealogía claramente situada en la tradición de las haciendas, auténticos feudos bajo el control de una oligarquía blanca hasta su expropiación durante la Reforma Agraria de 1969. Desde entonces, los intereses coloniales-racistas se han ocupado de mantener la narrativa del indígena tonto, en el mejor de los casos ingenuo, que desperdicia el potencial capitalista de la tierra y no sabe qué hacer con la libertad.

Lourdes Huanca Atencio, presidenta de la Federación de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Originarias y Asalariadas del Perú (FENMUCARINAP), se encuentra actualmente en Europa, solicitando el apoyo y la solidaridad de la comunidad internacional.

E.F.: ¿Qué motiva esta gira?

L.H.A.: He venido a denunciar la militarización de nuestro país, porque nos están matando uno por uno. Nuestro derecho a la protesta está siendo brutalmente violado. Se ha llegado a un punto en el que ya ni siquiera podemos caminar libremente. Hablar de campesinos o indígenas en Perú bajo este régimen dictatorial de terror equivale a ser considerado terrorista. Todos los organismos gubernamentales están coludidos y no tenemos a nadie que nos proteja o garantice nuestros derechos. La policía y el ejército nos disparan a quemarropa; el legislativo y el ejecutivo dan órdenes juntos. Los pronunciamientos de la Iglesia son tibios.

¿Cuál es la situación de los derechos humanos?

Esto empezó antes de que el presidente fuera elegido, cuando, durante la campaña, la prensa le dedicó todo tipo de insultos racistas. Nosotros, hombres y mujeres del campo, sentimos esos insultos como si fueran también para nosotros, ¡porque lo eran! Desde la destitución de Castillo, la respuesta a nuestra protesta pacífica ha sido sanguinaria. Sesenta muertos y en aumento, más de mil heridos, detenciones arbitrarias, desaparecidos, violencia sexual y tortura. Además, tenemos pruebas de que el ejército infiltra agentes en las manifestaciones para generar todo tipo de disturbios y, así, criminalizarnos. Tenemos congresistas exigiendo: "Fusilen a los terroristas". La policía nos grita: "¡Cállate, indio!" Estamos en manos de un gobierno genocida y racista. No hay garantías para la vida de los indígenas.

¿Qué intereses hay detrás de estas acciones?

Los de las grandes corporaciones transnacionales, las mineras, los oligopolios. Este año es crucial para ellos en cuanto a la renovación de los contratos de concesión sobre la explotación extractiva de nuestros territorios. En la región de Puno hay litio, lo que llaman oro blanco. Antes de que se produjera esta masacre, el embajador de Estados Unidos habló con el Ejecutivo y con Dina Boluarte. Inmediatamente después de esta reunión, se declaró el estado de emergencia.

Pensaron que como Pedro Castillo era de origen campesino, no sería difícil quitarlo de en medio. Creen que la paupérrima educación que nos han reservado nos ha hecho sumisos, pero se han equivocado. No vamos a retroceder. Lo único que les queda es matarnos.

¿Cuáles son las demandas?

Son claras: destitución de Dina Boluarte, libertad para Pedro Castillo, justicia para los más de 60 manifestantes asesinados, cierre del Congreso e instalación de la Asamblea Constituyente Plurinacional y Paritaria. Los gobiernos anteriores han intentado acallar nuestras demandas de justicia con escuelas y carreteras. No es suficiente. Ahora nuestras demandas son políticas.

¿Qué significa una Asamblea Paritaria Plurinacional?

Hay una diferencia abismal entre lo que nosotros consideramos "buen vivir" y lo que se considera desarrollo en la capital. Para nosotros, lo más importante es la tierra, las semillas y el agua. La Asamblea Plurinacional es respeto, es participar en los procesos de deliberación política desde el pleno reconocimiento de nuestro valor y legitimidad política. En cuanto al aspecto de la paridad, queremos que las mujeres sean consideradas agentes dentro de esta construcción.

¿Cuál es el estado del proceso de articulación entre las diferentes comunidades, sindicatos, asociaciones y colectivos campesinos e indígenas?

Entablamos este diálogo hace año y medio -desde que el presidente Castillo asumió el poder- siempre con el objetivo de trabajar en una nueva Constitución. La articulación es un proceso y un proyecto. No es fácil, pero cada vez estamos más cerca de alcanzar un consenso. Pero no sólo con ellos: también necesitamos el apoyo de la academia; de los intelectuales.

Muchos en estas comunidades, tanto académicos como activistas de izquierda, podrían tener la tentación de querer intervenir en los procesos de deliberación campesina. Algunos, a día de hoy, siguen pensando que su papel es guiarlos. Ya ha ocurrido antes...

Defenderemos nuestros derechos y exigiremos respeto. Hay momentos en los que seremos abiertos y receptivos y momentos en los que alzaremos la voz, como lo estamos haciendo ahora. Respeto a los intelectuales si ellos me respetan a mí, pero muchos tienen que deshacerse de la necesidad de protagonismo. No tienen las respuestas a todo. Pero no perdemos la esperanza. Tenemos grandes aliados como Héctor Bejar y dentro de algunos sectores del feminismo.

¿Qué tareas surgen de todo esto?

Cuando hay un terremoto, las paredes se caen. Se cae el tejado. Pero luego viene la calma, y a partir de ahí, la oportunidad de construir algo mejor; de poner unos cimientos muy fuertes para que la nueva casa sea resistente. Lo más difícil será abandonar el legado de la derecha neoliberal, que siempre antepone lo individual a todo. Tenemos que corregir mucho y volver la mirada hacia lo colectivo.

¿Estamos al principio de una revolución anticolonial?

Absolutamente. El miedo se acabó.

 

Notas.

1. Los suyos (en quechua: suyu, "nación, parcialidad, región") eran las cuatro grandes divisiones territoriales del Imperio Inca, en las que se agrupaban sus diversas provincias o huamanis (en quechua: wamani). El conjunto de los cuatro suyos era conocido como Tahuantinsuyo (Tawantinsuyu), que significa los cuatro suyos juntos, o las cuatro Naciones. Actualmente, los migrantes son considerados el quinto suyo.

 

Esta entrevista se publicó originalmente en Arts of the Working Class.

 

Elisa Fuenzalida es investigadora y trabajadora cultural.




Publicado por La Cuna del Sol

jueves, 2 de febrero de 2023

América Latina no debe involucrarse en el conflicto Rusia-Ucrania

Los países de la región deben rehusarse a crear el precedente de que, ante la eventualidad de un conflicto, la OTAN pretenda hacerse de su armamento para conseguir sus objetivos contra alguna nación. Más todavía si ello implica ceder en sus facultades y apresto operacional-militar.

 

AMÉRICA LATINA NO DEBE INVOLUCRARSE
EN EL CONFLICTO RUSIA-UCRANIA



Estados Unidos ha emprendido una estrategia a gran escala en los países integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), instándoles a deshacerse de las armas que adquirieron en la era soviética o en la era de la Federación de Rusia, para enviarlas a beneficio de Ucrania.

Esta operación transcurre en el marco de la guerra proxy de la OTAN contra la Federación, y ha implicado despachos de armamento a Europa del Este sin comparación desde la Segunda Guerra Mundial.

Desde que inició la Operación Militar Especial (OME) rusa, Ucrania ha empleado principalmente armamento que le fue entregado de la era soviética y en tiempos de la Federación (hasta 2014, cuando sobrevino el golpe del Maidán). También se han defendido con arsenal producido por su industria militar.

Asimismo han usado pertrechos entregados por países OTAN de manufactura rusa una vez inició la OME en 2022, esto por su compatibilidad con el armamento ucraniano y congruentes con la pericia de las tropas ucranianas.

Recientemente, Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido y Polonia han cruzado la llamada "barrera psicológica", la cual implica el envío de tanques de diverso tipo para pelear contra Rusia, evocando elementos de la segunda gran guerra.

Sin embargo, la entrega de equipos de infantería mecanizada a Ucrania es señal inequívoca de que Europa ya no cuenta con grandes cantidades de vehículos de combate rusos. Ya fueron entregados a Ucrania y machacados por Rusia. Conviene agregar que Ucrania contaba con más de 2 mil tanques activos al iniciar la OME.

Este importante movimiento de armas rumbo a Ucrania habría vaciado a Europa de los sistema de armas rusos de vieja y reciente data, creando una condición favorable para los fabricantes occidentales, especialmente Estados Unidos. Washington ha prometido sustituir las armas de origen ruso entregadas a Kiev, y entregar a cada país equipos similares de fabricación estadounidense.

WASHINGTON TOCA LA PUERTA A AMÉRICA LATINA

La jefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, pidió a los países latinoamericanos ceder su equipamiento militar ruso a Ucrania. La generala adelantó que ofrecen reemplazar las armas por equipamiento estadounidense.

En dichas declaraciones, y no de manera accesoria, la alto mando militar fustigó la creciente "influencia" de Rusia y China en la región, enviando un tiro por elevación a los países de la región e instándolos a tomar partido.

Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Nicaragua, Bolivia, Cuba, México y Venezuela son países que poseen armas rusas. Venezuela es el que más posee en la región, con equipos de diversas gamas en los ramos de artillería, infantería, infantería mecanizada, defensa aérea (en todos los niveles), equipos de comunicaciones, sistemas de posicionamiento geográfico y aviación militar.

Con su solicitud, Washington prevé cabildear en su "espacio de influencia" y desplegar en la región el esquema que han aplicado en Europa. Pretenden vaciarla de armas rusas, aislando a Rusia del mercado de armas latinoamericano y garantizando la posición de ventaja de los estadounidenses como principal proveedor de armas.

De manera adicional, promueven una fisura en las relaciones de los países latinoamericanos con Rusia.

El canciller alemán Olaf Scholz tuvo una reciente visita a Argentina, donde el tema fue abordado. En rueda de prensa conjunta, el presidente argentino Alberto Fernández indicó que "Argentina y América Latina no están pensando en enviar armamento a Ucrania ni a ningún otro lugar en conflicto".

Pero las gestiones de Berlín como intermediario de la solicitud de Washington también tuvieron un punto de parada en Brasilia. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva rechazó la solicitud del gobierno de Alemania para hacer un envío de municiones de tanques para que luego estas sean trasladadas a Ucrania.

"Lula dijo que no, argumentando que no vale la pena provocar a los rusos. Brasil mantiene una postura de neutralidad por motivos económicos, rehusándose a participar en las sanciones contra Rusia", informa el medio Sputnik. El mandatario tomó dicha decisión durante una reunión con los jefes de las Fuerzas Armadas de Brasil, así como con el ministro de Defensa, José Múcio.

Por su parte, el presidente colombiano Gustavo Petro aseguró que no enviará armas a Ucrania. Señaló que la Constitución ordena la paz. Es importante resaltar que Colombia es "socio global" de la OTAN, un aliado estratégico no miembro de la organización atlantista.

Petro agregó que el material bélico ruso en manos de Colombia tiene problemas por no contar con servicios (por razones de medidas coercitivas contra Rusia). Dijo que este "quedará como chatarra en Colombia".

"No estamos con ninguno, estamos con la paz, por eso ningún arma será usada en ese conflicto", zanjó.

POR QUÉ AMÉRICA LATINA NO DEBE CEDER ARMAS RUSAS A UCRANIA

Estados Unidos lidera desde la OTAN una cruzada para propiciar la inseguridad internacional, y pretende colocar a América Latina como un foco acelerante de la inestabilidad prolongada.

En primer lugar, la peligrosa solicitud que Estados Unidos hace a los países latinoamericanos implica que estos participen en el conflicto ruso-ucraniano de manera indirecta.

La OTAN está promoviendo la ampliación del radio de países involucrados en la guerra subsidiaria que libran contra Rusia empleando su largo brazo de influencia y dando forma a una guerra de categoría intercontinental, cuestión que puede agravar las condiciones de seguridad internacional.

En segundo lugar, el aliento al conflicto mediante la entrega de armas a Ucrania solo prolonga la guerra, lo cual implica el alargue de la inestabilidad en las cadenas de energía y materias primas. Esto ha tenido un impacto claro en los precios de los combustibles y, en consecuencia, sobre los sistemas de costos para la producción de alimentos. Este ítem concierne a la región.

Países como Brasil, México y Argentina, con amplio desarrollo de los cultivos mecanizados, cuentan con una demanda muy alta de combustibles y fertilizantes, que en el caso de algunos casos, como Brasil y Argentina, son adquiridos desde Rusia.

Hay razones claras para que estos países no arruinen su relación con La Federación Rusa ni colaboren en la prolongación de la guerra.

En tercer lugar, la solicitud pública de entrega de armas a Ucrania exhibe un rasgo del estilo de imposición y tutelaje típico de Washington, pues demanda a los países en la región latinocaribeña ceder integralmente en sus capacidades de defensa.

Esto no supone únicamente la entrega de parte de su arsenal. En realidad, implica el desplazamiento del armamento ruso de la región.

Han aplicado la vía de las sanciones contra Rusia luego de la OME en Ucrania, con el fin de intentar detener su industria militar. De ahí que hay países (como Colombia) que han admitido las consecuencias de las medidas antirrusas sobre sus sistemas de defensa.

Estados Unidos se impone como suministrador principal y esto implica grandes riesgos para la seguridad de cualquier país. Según datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés), Estados Unidos se mantuvo en 2021 como el mayor proveedor de armamento y formador internacional de fuerzas armadas de América Latina.

El caso más claro señala a Venezuela, país que, por el cambio de orientación de su política de gobierno, no contó con los servicios de la empresa estadounidense Lockheed Martin para los aviones caza F-16 por la sola discrecionalidad de Washington. Desde el año 2003 y hasta el año 2006, el gobierno del presidente Hugo Chávez denunció un "embargo de armas" no declarado y, así, la República Bolivariana adquirió luego los caza Su-30 de fabricación rusa, al considerar que su aviación militar se encontraba en situación vulnerable.

En conclusión, los países de la región deben rehusarse a crear el precedente de que, ante la eventualidad de un conflicto, la OTAN pretenda hacerse de su armamento para conseguir sus objetivos contra alguna nación. Más todavía si ello implica ceder en sus facultades y apresto operacional-militar.

En el marco de una política de seguridad regional, los países latinoamericanos y caribeños más bien deben articularse soberanamente contra las políticas de restricción de los servicios a armamento de manufactura rusa, actuando en beneficio de sus sistemas y no permitir una caída de sus capacidades.




Publicado por La Cuna del Sol

viernes, 27 de enero de 2023

Por qué importa la historia: la izquierda y Ucrania

El capital estadounidense tenía cerca de mil millones de dólares invertidos en Rusia cuando los bolcheviques pusieron el mundo patas arriba al llevar a cabo una revolución para gobernarse a sí mismos. Los industriales estadounidenses (y alemanes), convencidos de que eran ricos porque eran genéticamente/racialmente/moralmente superiores a los trabajadores, imaginaron que una revolución obrera exitosa pondría a los inferiores a cargo de sus superiores (era la lógica).

 

POR QUÉ IMPORTA LA HISTORIA:
LA IZQUIERDA Y UCRANIA



Rob Urie
Counterpunch

Cuando el presidente de EEUU, el racista, segregacionista, eugenista y demócrata liberal Woodrow Wilson envió soldados de la Fuerza Expedicionaria Americana a "negociar" las repercusiones de la Revolución de Octubre en la URSS en 1919, las Guerras Indias en EEUU aún estaban en marcha, la esclavitud acababa de ser abolida y el final inconcluso de la primera guerra imperialista global -la Primera Guerra Mundial- estaba preparando una secuela -la Segunda Guerra Mundial-. El hecho de que la visión del mundo que Wilson tenía en 1919 constituyera la base de la ideología fascista alemana una década más tarde nos permite comprender cómo echan raíces las ideas de la clase dominante.

A diferencia de la teoría política liberal, en la que las personas desarrollan sus opiniones de forma aislada, Wilson era en gran medida una persona de su clase económica y de su época. El capital estadounidense tenía cerca de mil millones de dólares invertidos en Rusia cuando los bolcheviques pusieron el mundo patas arriba al llevar a cabo una revolución para gobernarse a sí mismos. Los industriales estadounidenses (y alemanes), convencidos de que eran ricos porque eran genéticamente/racialmente/moralmente superiores a los trabajadores, imaginaron que una revolución obrera exitosa pondría a los inferiores a cargo de sus superiores (era la lógica).

Desde entonces, una extraña selectividad se ha apoderado de los historiadores occidentales, según la cual se imagina que la historia rusa y soviética comenzó con la Revolución de Octubre (1917), mientras que más de dos siglos transcurrieron entre la Revolución estadounidense (1777) y el momento en que se imagina "moralmente" que comenzó la historia estadounidense (1945). La historia ahora excluida incluye tres siglos de esclavitud y el exterminio de la población indígena de lo que hoy es Estados Unidos mediante genocidios intencionados y no intencionados.

Esta historia de posguerra incluye la destrucción parcial o total de Corea, Vietnam, Laos, Camboya, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras, Afganistán, Irak, Irán, Siria, Yemen y Libia por parte de los estadounidenses. De estas naciones, sólo las que se liberaron del yugo del imperialismo estadounidense prosperan hoy en día. Los niños refugiados que siguen llegando a Estados Unidos desde Honduras, los "ilegales", son en su mayoría huérfanos que huyen de la violencia política que se desencadenó cuando los liberales estadounidenses apoyaron un golpe de Estado de derecha en 2009.

Gráfico: las naciones productoras de petróleo que actualmente son, o han sido recientemente, objeto de operaciones de cambio de régimen por parte de EEUU tienen todas grandes suministros de petróleo y gas que los estadounidenses quieren controlar. Por lo tanto, no es de extrañar que la primera medida adoptada por los estadounidenses tras el inicio de la Operación Militar Especial de Rusia fuera hacerse con el control de los oleoductos y gasoductos. Fuente: https://worldpopulationreview.com/country-rankings/oil-reserves-by-country

¿Por qué los liberales estadounidenses apoyarían un golpe de Estado de derecha en Honduras cuando el liberalismo es de "izquierda"? La pregunta más informada históricamente es: ¿cuándo no han apoyado los liberales estadounidenses a regímenes y gobiernos autoritarios y represivos? Hasta la llamada "guerra contra el terrorismo", las guerras liberales se llevaron a cabo contra gobiernos de izquierda. En las ocho primeras guerras mencionadas, los estadounidenses utilizaron todas las herramientas a su disposición para aplastar gobiernos de izquierda (reales o imaginados). El punto aquí es que la presunción moral liberal sólo funciona una vez que la historia ha sido borrada.

El vínculo del liberalismo estadounidense con "la izquierda" es reciente. Por definición, históricamente, la "izquierda" era anticapitalista, ya que surgió de la crítica de Marx al capitalismo. Como revolucionarios anticapitalistas, los bolcheviques eran de izquierda. Woodrow Wilson, y más tarde los nazis, aspiraban a liderar una derecha capitalista internacional. Más recientemente, la Federación Rusa abandonó el comunismo antes de su creación. El interés de la Izquierda en la Rusia contemporánea viene de la lucha contra el neocolonialismo. Los nuevos wilsonianos de la administración Biden pretenden un cambio de régimen allí, o acabar con el mundo en el intento.

Irónicamente (no), un artificio similar se esconde detrás de las argumentaciones contrapuestas sobre quién empezó la actual guerra en Ucrania. Los estadounidenses sostienen que la guerra no fue provocada, borrando así la profunda e intrincada historia de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia que la precedieron. Por el contrario, las argumentaciones rusas se vinculan a acciones y políticas concretas de los estadounidenses, que son libres de caracterizarlas como quieran. En términos prácticos, los rusos plantearon puntos de negociación mientras que los estadounidenses mantienen que no hay nada que negociar. Son los estadounidenses los que hasta ahora se han negado a negociar.

La cuestión primordial es entonces cómo se resuelve la guerra y las persistentes preocupaciones de seguridad rusas que la motivaron. Una derrota para Rusia implicaría un cambio en su liderazgo político (cambio de régimen) y el control efectivo de Estados Unidos sobre Rusia y la región. Este es el tipo de amenaza existencial que motivaría tanto a los dirigentes como al pueblo de Rusia a luchar hasta el amargo final. La muy probable partición de Ucrania dejaría a Estados Unidos lanzando ataques de la CIA y aliados contra Rusia cada poco, incluso si se ha llegado a un acuerdo. Esto es un problema.

Uno podría imaginar que ya que los estadounidenses -la CIA, el MIC (Complejo Industrial Militar), la industria del petróleo y el gas, Wall Street, y Big Tech querían esta guerra con Rusia, que existe un plan para ponerle fin. En caso que se haya olvidado, ninguno de ellos, excepto los rusos, son conocidos por su capacidad para pensar estratégicamente. Durante las últimas cinco décadas los EE UU. han sido sistemáticamente desindustrializados sin ningún plan aparente sobre lo que el pueblo estadounidense podría hacer para ganarse la vida. ¿Recuerdan cuando Estados Unidos externalizaba su producción militar a China? La misma gente sigue dirigiendo las cosas.

Desde el lanzamiento de la SMO rusa (Operación Militar Especial) en febrero de 2022 hasta el presente, el autoproclamado liderazgo de la izquierda estadounidense ha reiterado el argumento central del Departamento de Estado / CIA de que las soluciones diplomáticas a la crisis estaban disponibles para los rusos, pero no las tomaron. Con la reciente revelación del ex presidente francés Francois Hollande de que el Acuerdo de Minsk fue un fraude diplomático destinado a ganar tiempo para que los estadounidenses armaran y entrenaran a los militares ucranianos para atacar a Rusia, esta posición ya no es viable. Este tipo de duplicidad por parte de los estadounidenses puede parecer inteligente hasta que se considera la cuestión de cómo terminará la guerra.

La caracterización de las negociaciones de Minsk como poco serias por parte de Hollande, confirma las cínicas interpretaciones de los comentarios análogos de la ex canciller alemana Angela Merkel sobre las conversaciones. A instancias del mismo gobierno estadounidense que derrocó al presidente debidamente elegido de Ucrania en 2014 para nombrar un nuevo gobierno más a su gusto, franceses y alemanes dieron crédito a unas negociaciones falsas entre rusos y ucranianos aliados de Estados Unidos que nunca tuvieron por objeto resolver las diferencias políticas.

De vuelta en los EE UU., la izquierda liberal parece ignorar los hechos fundamentales de la crisis, ya que sigue insistiendo en que el presidente francés Emmanuel Macron estaba en el proceso de negociación de un acuerdo para evitar la guerra en Ucrania cuando el presidente ruso Vladimir Putin declaró que "tenía que ir a patinar sobre hielo", terminando la llamada. Aunque los treinta años anteriores de garantías de mala fe por parte de los estadounidenses de que la OTAN no sería utilizada para acorralar militarmente a Rusia, justificarían de alguna manera que Putin desestimara las palabras de Macron, tanto Merkel como Hollande sellaron el acuerdo con sus revelaciones sobre Minsk.

Cuando era Gobernador de Nueva Jersey, Woodrow Wilson también firmó un proyecto de ley que convertía en ley la esterilización forzosa de los "mentalmente incapacitados". Y en términos que aún resuenan hoy en día, Wilson creó el Comité de Información Pública (CPI), la primera agencia oficial del gobierno encargada de crear y difundir propaganda estatal al servicio de la promoción de las guerras estadounidenses. Si esto se parece al programa fascista alemán que le siguió, usted está en lo cierto. El republicano Herbert Hoover estaba ocupado intentando alimentar al mundo mientras Wilson acumulaba puestos de trabajo en el gobierno para los blancos.

Esta cuestión de la "izquierda" y la "derecha" tiene una historia ajena a la política electoral estadounidense. Woodrow Wilson era todo aquello a lo que los liberales modernos dicen oponerse. Sin embargo, la ciencia progresista estaba ahí para apoyar el "racismo científico" de Wilson, como la eugenesia. Y su evidente aversión clasista a los bolcheviques se parece bastante a los implacables desplantes liberales que denuncian la depravación moral de los trabajadores estadounidenses que fueron arrojados al vertedero por la desindustrialización. El racismo de Wilson tenía el imprimátur de la respetabilidad burguesa cuando lo expresaba.

En el documental Harlan County, USA, se muestra como en la década de 1970, los mineros del carbón de Kentucky conocían y utilizaban la teoría política de izquierda en su lucha. Lo que unía a los trabajadores industriales de EE UU. con los manifestantes contra la guerra era que ambos habían sido arrojados a la trituradora de carne del imperialismo capitalista. Los mineros del carbón morían en las minas y los manifestantes antiguerra eran enviados a matar, y posiblemente morir, en una guerra de la que no querían ser parte. En otras palabras, el lado del poder estaba con la guerra y con los rompe sindicatos.

Si esto se interpreta como que lo que estaba en juego en ese entonces era diferente de lo que es ahora, eso depende del lugar que uno ocupe en el orden social. El servicio militar obligatorio en Estados Unidos terminó a principios de la década de 1970 en favor de un servicio militar económico en el que los "voluntarios" pobres han sustituido al ya escaso número de burgueses urbanos que luchan en las guerras estadounidenses. Como resultado de la posición en la que Ucrania ha sido colocada por los estadounidenses, el pueblo ucraniano existe ahora junto a los pobres y oprimidos del mundo como reclutas voluntarios y no voluntarios en una guerra estadounidense. Esto, mientras los estadounidenses y sus propios líderes políticos les dicen que son el pueblo elegido para luchar y morir en beneficio de las grandes corporaciones y el control oligárquico. Así es como "la izquierda" termina abogando por las políticas de la derecha neoliberal como la ACA (Affordable Care Act).

La afirmación de que no existen "distinciones" está relacionada, mientras se desconoce, con el hecho de que cualquier resultado estadístico puede ser revocado redefiniendo las variables. La gente a la que no le gusta una determinada conformación de los hechos utiliza el proceso de fabricación de los mismos para crear otra. Los liberales estadounidenses están actualmente aliados con los nazis de la Segunda Guerra Mundial en Ucrania porque los rusos no son los nazis. Los rusos étnicos que eran ucranianos antes de que las regiones "separatistas" se separaran no son nazis, son rusos étnicos. Por lo tanto, ¿la izquierda estadounidense se alió con los autodenominados nazis para hacer qué? ¿Para liberar nazis?

No se trata de minimizar la difícil situación de los ucranianos que están siendo utilizados como peones de la política exterior de EE UU., algunos de buena gana, otros no. Revisando la lista previa de naciones que Estados Unidos ha destruido desde la Segunda Guerra Mundial ¿Cuáles se beneficiaron al ser destruidas por los estadounidenses? Ninguna. Y con los nazis y la guerra nuclear de nuevo en la mezcla, ¿qué seguridad se ha obtenido para el pueblo de los EE UU. de esta historia? Pasar de una matanza desquiciada a otra sólo puede explicarse racionalmente a través del poder económico que se consolida al hacerlo.

De hecho, Estados Unidos podría haber dado a los rusos las garantías de seguridad que pidieron antes del inicio de la guerra sin costo alguno. Si las condiciones eran respetadas por los estadounidenses, pero no por los rusos, se podría haber llegado a un acuerdo internacional sobre que los rusos eran los culpables del conflicto. Recordemos que el presidente estadounidense Joe Biden pasó tres meses intentando en vano convencer al primer ministro chino Xi Jinping de que el ataque ruso contra Ucrania "no había sido provocado", mientras que Xi tenía ante sí las pruebas de que sí había sido provocado.

¿Cómo imaginan los lectores que Xi ve ahora a Biden? Lo más probable es que sea como a un charlatán sin luces que no sabe distinguir sus propias patrañas de la realidad. Además, el liderazgo político estadounidense ha sido tan malo durante tanto tiempo por una razón. El capital, en forma de oligarcas y corporaciones, dirige el país. No ha habido un servicio militar obligatorio en EE UU. desde la guerra de Vietnam por una razón. La política exterior estadounidense es un plan de negocios, no una estrategia nacional. Si Biden et al se imaginan que pueden levantar un ejército, eso es un experimento social que cuenta con apoyo aquí. Aquí es donde los partidarios de la guerra pueden inscribirse para luchar.

Para los interesados en poner fin a la guerra, el primer paso es superar la propaganda profundamente desconsiderada que Estados Unidos ha estado difundiendo sobre su propia historia y sus políticas. Una vez más, no hay forma de resolver la crisis hasta que se obligue a los estadounidenses a sentarse a la mesa de negociaciones. Al igual que la guerra de Estados Unidos en Irak, que se vendió con mentiras y engaños, existe una historia entre estadounidenses y rusos que debería resolverse. Pero los estadounidenses no van a hacerlo voluntariamente. Joe Biden no tiene que rendir cuentas por los ucranianos muertos. Y dada la desindustrialización, hay poco que hacer en la ruta estadounidense hacia el futuro sin una política industrial. El Green New Deal era una política industrial.

Contar con la clase política estadounidense para trazar un rumbo hacia el futuro ignora que tanto los oligarcas como las corporaciones dirigen el país, y que se trata de las mismas personas que pensaron que aprobar el TLCAN y desregular Wall Street eran grandes ideas que han funcionado bien. Al parecer, la administración Biden considera que la guerra contra Rusia forma parte de un "pivote" hacia algún futuro nebuloso. Aunque no se sabe hasta qué punto la posición de la administración es un teatro geopolítico, tampoco se puede ocultar el desastre en que la clase política ha convertido a Estados Unidos.

No es necesaria la virtud para encontrar una solución política a la guerra. El 'mundo' existió durante miles de años antes de que la idiotez desinformada de la moralización liberal se imaginara como 'política'. La ironía es que (la moralización) es política, sólo que no es una 'política'. El Dr. Martin Luther King abordó la diferencia en "Carta desde la cárcel de Birmingham". Aunque la clase liberal simpatizaba con el Movimiento por los Derechos Civiles, no tenía nada que ver con él. Esto significaba que el marco temporal liberal era infinito, mientras que el de los verdaderos activistas de los Derechos Civiles podía medirse en días, semanas y meses.


Rob Urie es artista y economista político. Su libro Zen Economics ha sido publicado por CounterPunch Books.




Publicado por La Cuna del Sol

viernes, 20 de enero de 2023

Un think tank rearma la "hoja de ruta" de EEUU contra Venezuela

A falta de una política delineada o específica en términos oficiales de Estados Unidos respecto a Venezuela, este documento pareciera aproximarse, más que cualquier otra cosa, a eso: un documento oficial sobre los posibles pasos realmente concebidos y existentes de Washington respecto a Venezuela.

 

UN THINK TANK REARMA
LA "HOJA DE RUTA" DE
EEUU CONTRA VENEZUELA



Misión Verdad

Las jornadas de protestas docentes estas semanas se dan en un clima donde, a la par de la presión inflacionaria de inicios de este 2023, parecieran empalmar con un tipo de movilización que ha venido paulatinamente expresándose, a nivel nacional, con gremios y otros actores "visibles" de la "sociedad civil", teniendo como trasfondo los avances y tensionamientos alrededor del proceso de diálogo gobierno-oposición en México.

En medio de esto, el colapso definitivo del "proyecto Guaidó", el ajuste de cuentas de Voluntad Popular con el G3 y la pérdida de iniciativa de las oposiciones en general, parecen obligar a una corrección del enfoque sobre Venezuela. En esta oportunidad, el intento de enmienda no proviene de los círculos de toma de decisión tradicionales de la Casa Blanca o del Departamento de Estado, sino de aparatos intelectuales bien engranados a los pasillos de poder de Washington como el influyente Wilson Center.

¿CRISTALIZACIÓN OFICIAL DE LA ESTRATEGIA?

El Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson, habitualmente referido como Wilson Center, publicó en diciembre de 2022 su informe "Venezuela en 2023 y más allá: trazando un rumbo distinto".

Producto realizado por el Grupo de Trabajo para Venezuela dentro del Programa para Latinoamérica, el informe lo firma el académico estadounidense Are Loewenthal como resultado, según afirma, de "discusiones virtuales en grupo, entrevistas al grupo en su conjunto o miembros individuales llevadas a cabo con actores y expertos venezolanos, un número de papers anteriores, y el intercambio extensivo de perspectivas entre nosotros" (pp.3-4), refiriéndose a la lista de nombres que acompañan al documento.

Co-firmado por 19 signatarios (incluyendo su autor), el informe consta de 28 páginas y 17 apartados donde se esboza lo que, en sentido estricto, es la visión del think tank radicado en Washington D.C. sobre el establecimiento de una estrategia y ruta de acciones a seguir para la resolución del "conflicto venezolano".

El Wilson Center es financiado por el Congreso estadounidense y es miembro integral del complejo del sistema educativo y red de centros de estudios del gobierno, cuyo nombre honra al expresidente norteamericano Woodrow Wilson.

Este think-tank también recibe un profuso financiamiento de las corporaciones del Fortune 500. Su lista de donantes está constituida por individualidades (la madrina de la doctrina del R2P, Anne Marie Slaughter), instituciones del Poder Ejecutivo (el Departamento de Estado), embajadas (como la de Qatar), hasta imperios empresariales de la talla de Amazon, Chevron, PepsiCo, Northop Grumman, ExxonMobil o JP Morgan Chase, según su registro de patrocinantes de 2021.

El dato en sí ya nos dice de forma contundente cuál es el esquema de intereses alrededor de la presunta "resolución" del "conflicto venezolano". Pero algo pudiera otorgarle aún más valor político y peso operativo a la entidad. A falta de una política delineada o específica en términos oficiales de Estados Unidos respecto a Venezuela, este documento pareciera aproximarse, más que cualquier otra cosa, a eso: un documento oficial sobre los posibles pasos realmente concebidos y existentes de Washington respecto a Venezuela.

Otro elemento a destacar, que establece otro significante en relación al lenguaje alrededor del informe en sí y lo que dice propiamente, es el tipo de autor principal. Abraham Loewenthal es un animal político-académico profundamente engranado en el sistema think tank-establishment académico y político-corporaciones.

Su profusa hoja de vida incluye prácticamente todas las universidades de "peso" dentro del sistema (Harvard, Oxford, Brown, Princeton), así como de la red de centros de estudios y think tanks (CFR, Brookings Institution, Inter-American Dialogue). Es, también, miembro del Consejo de Investigación del Foro Internacional de Estudios Democráticos del National Endowment for Democracy, la NED. Se especializa, entre otros campos, en globalización, gobernabilidad, América Latina y, con particular énfasis, en transiciones de gobiernos autoritarios hacia la democracia.

De este modo, como hablante principal (mas no el único), el lenguaje político y su sistema de señales queda claramente establecido. Y, de forma indirecta, el documento puede alcanzar un rango de oficialidad que difícilmente lo harían otros papeles de trabajo.

  • Dato extra: Antony Blinken también es miembro del Wilson Center.

EL CONTENIDO

La premisa esencial del trabajo radica en que no existe otra vía para salir del "callejón sin salida" de la cuestión venezolana que no sea a través de un proceso de negociación, uno mediante el que se labren acuerdos que toquen "los intereses tanto del gobierno venezolano como de la oposición democrática" (p.4), advirtiendo que no se trata de fórmulas mágicas que resolverán los "resentimientos profundos entre venezolanos" o que garanticen una recuperación económica inmediata (p.5).

Por otro lado, el papel de trabajo señala que el nuevo objetivo de la oposición ya no es buscar el cambio de régimen acelerado sino que, tutelado por Estados Unidos, se presenta como una oposición que busca atender y resolver las "emergencias humanitarias", los derechos humanos, "la reconstrucción de la economía" y, en especial, un aspirado marco de gobernabilidad y consenso rumbo a unas elecciones (presidenciales, regionales y municipales, en 2024 y 2025) que sean "justas" y "monitoreadas internacionalmente", tal como afirma el documento del Wilson. El think tank se refiere como "la oposición" exclusivamente a la Plataforma Unitaria.

En esa medida, Loewenthal et al aseguran que cualquier escalada de "medidas coercitivas" no solo no se justifican, sino que "endurecerían las hostilidades" (p. 11). Igualmente, desde Estados Unidos, apuntan la necesidad de crear un apoyo bipartidista que definitivamente se aleje de la máxima presión para, en cambio, "alentar negociaciones, construir coexistencia, proteger los derechos humanos, facilitar una gobernabilidad democrática efectiva y promover la recuperación económica" (p.15).

Ya en este punto, si le agregamos además la implosión definitiva de la "estrategia Guaidó", Estados Unidos parece oficializar, en materia de formas, el final de la lógica operativa que signó los años de confrontación directa de la administración Trump.

Se puede afirmar que es un reconocimiento indirecto de una sucesión de fracasos que obligan al reconocimiento del Gobierno Bolivariano, y al presidente Nicolás Maduro, como actores innegables e imposibles de esquivar. Sin embargo, hasta aquí pudieran identificarse las premisas más o menos amistosas o de "humanización" del adversario. Pero a pesar de los atenuantes, se puede detectar que el campo semántico de la lógica del cambio de régimen permanece.

Se ve, con toda claridad, en dos elementos: el primero es la caracterización de "la crisis" y del gobierno, y en segundo por el objetivo final de las negociaciones.

En el primer elemento, se trata de un marasmo cuyos únicos supuestos responsables han sido los gobiernos chavistas, donde es urgente el papel de una "robusta sociedad civil" que participe del proceso a distintos niveles y la supervisión de la "comunidad internacional" para poder "reinstitucionalizar" (p.6) el desorden de un gobierno y un grupo de poder "atrincherado" (p.11), que todavía al día de hoy, según el informe, cierra medios, comete delitos ambientales, viola derechos humanos, etc.

En el segundo, el papel de trabajo no logra disimular del todo que el objetivo fundamental es una "transición política" (p.5) con una "transferencia de poder" (p.2), y la "reconstrucción" (p.14) política y nacional, luego en la búsqueda de la superación de un "período traumático que le ha hecho mucho daño a Venezuela, desestabilizado la región y dañado a millones de compatriotas" (p.20), de acuerdo a los cánones habituales del catecismo liberal, codificado en el marco ideológico del Partido Demócrata.

Así, en lo primero, el informe no solo recomienda, sino que ve conveniente que mientras continúe el proceso de diálogo y negociación, las "sanciones" no le sean levantadas a los principales actores políticos del chavismo y que, en caso de no avanzar, puedan rápidamente "reinstituirse" (snap back) a la hora de cualquier intransigencia, no sin antes recomendar mediante los actores internacionales en torno al diálogo un relajamiento aparente como "incentivo".

En ambos casos, ya en este punto, se puede afirmar que el informe abandona lo que pudiera tener de "novedoso" para reproducir los lugares comunes habituales, toda vez que lo aparentemente estratégico vuelve a ser sencillamente una serie de recursos tácticos de presión abierta.

Cualquier persona más o menos familiarizada con los métodos de resolución de conflicto entiende que una premisa esencial es que nadie "gane", y decididamente, este no es el caso: al menos como aspiración tiene un claro deseo de que una de las partes sea victoriosa.

Es, entonces, una discusión de método y formato, y no un cambio de paradigma en las relaciones.

Por debajo de las aparentes preocupaciones humanitarias y bienestar societario, opera el objetivo político central, el cambio de régimen, empleando de forma manifiesta su palanca central: las elecciones. Para ello, será necesario contrapuntear parte del contenido con otros elementos visibles y verbalizados desde otras instancias.

LA "HOJA DE RUTA" SIN ENVOLTORIO CONCILIADOR

El cambio de aproximación y de forma en la relación Estados Unidos-Venezuela y, dentro de eso los elementos de forma que efectivamente se han modificado, pudiera decirse que en cierta medida antecede al informe del Wilson Center, que por más elocuente, descriptivo e intelectualmente acabado que puede ser, tampoco se puede asumir como el alfa y omega del "plan" de la oposición tutelada.

La noción de las elecciones, en primer lugar, las presidenciales de 2024 y, al menos en principio, las regionales de 2025 como el punto de inflexión y la ventana overton para, ahora sí, alcanzar el cambio de régimen puede verse también en otros lugares de enunciación en materia de opinión y también en políticas de instituciones del sistema estadounidense con mayor continuidad o no sujetas a las contingencias, que pudieran incidir en momentos en la rama ejecutiva.

El 15 de septiembre de 2022, Marcela Escobari, Administradora Adjunta para América Latina y el Caribe de la USAID, ofreció testimonio al Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano sobre el "caso" venezolano.

Luego de establecer el mismo cuadro habitual sobre la "crisis venezolana" donde destaca sin sorpresa la migración, el "autoritarismo", la poca libertad de prensa, la corrupción, la ineptitud y la represión, la funcionaria cierra con la forma en que la USAID apostará a la "transición democrática" en Venezuela.

Vale decir que el retrato (y las fuentes) tanto de Escobari como del informe del Wilson son en esencia lo mismo, con igual piso de datos para establecer el discurso y justificar las acciones a tomar. Sin embargo, no es lo único en que coinciden, más allá de que el estilo destemplado y apocalíptico de Escobari marca considerable distancia con el de Loewenthal en el documento hasta aquí reseñado.

En tal sentido, Escobari afirma que son tres áreas desde donde la USAID busca operar hacia la "transición democrática" en Venezuela, teniendo también como centro a las propias jornadas electorales de 2024 y 2025. Siguiendo el mismo y exacto camino, donde el mejoramiento de las condiciones electorales es un principio regidor, la USAID deja claro, primero, que apoyará a la oposición.

Según Escobari, las elecciones "subnacionales" (sic), es decir, las regionales de 2021, demostraron que según esa lógica es posible valerse del recurso del voto a pesar de no ser libres, según ella, para demostrar que sí se pueden alcanzar objetivos por la vía electoral.

Graciosamente también afirma que la oposición se granjeó una victoria abrumadora con las elecciones de enero de 2022 en Barinas, pero eso es apenas un ornamento.

Lo que sí importa de su afirmación es certificar que para Estados Unidos y la administración Biden, la doble derrota electoral en Barinas es la demostración definitiva y palmaria del modelo a seguir. Esto, en materia de opinión, ha sido más o menos una constante que se puede encontrar, por ejemplo, en el plano de la opinión desde los medios del corretaje estadounidense.

Este es el punto central, que debe complementarse con los otro dos que también establece puentes con el documento del Wilson. El apoyo a "medios independientes" y a la "sociedad civil democrática" como la vía para mantener marcado y denunciado al gobierno, y, en esa misma dirección, lo mismo con los "defensores de derechos humanos que documentan la represión".

El Wilson Center, por su lado, recomienda, variando un poco el enfoque, la importancia de que en principio el gobierno y la Plataforma Unitaria "diseñen y acuerden sobre los procesos que documenten violaciones sistemáticas a los derechos humanos, la supresión de las libertades democráticas y la grotesca corrupción", algo que, según recomiendan, debería hacerse en consultas "con activistas y defensores de derechos humanos tanto venezolanos como internacionales", así como las víctimas, sentando el piso para una presunta justicia reparatoria (p.17).

Para la USAID, que desde 2018, el año en que se abrieron las compuertas a través de la ONU a distintas modalidades de "ayuda humanitaria" como mecanismo en primer lugar de descompresión política, para septiembre de 2022 había anunciado el haber destinado 367 millones de dólares en "asistencia humanitaria adicional". En el mismo sentido, la NED declara, según su última rendición de cuentas (2021, en febrero publicarán la de 2022) haber destinado públicamente bajo sus estándares la abultada cifra de 4 mil 324 millones 293 dólares, toda vez que es un incremento de aproximadamente un millón de dólares respecto al año anterior.

Lo que pudiera establecer la interrogante de hasta dónde, en realidad, estos presuntos dividendos efectivamente están siendo destinados a asistir a personas en la precariedad extrema, en la inopia o la desesperación (que mucho tiene que ver con el también muy reconocido cuadro de depresión económica producto de las "sanciones") y cuánto, en realidad, se está destinando para el "robustecimiento" de esa "sociedad civil democrática", "defensores de derechos humanos" o "medios independientes".

Y aquí llegamos, en este momento de análisis comparado, a lo que quizás sea una de las premisas esenciales del documento del Wilson, que pasamos a citar in extenso:

"Parte de este esfuerzo [de construir condiciones para negociar y enrumbarse a la 'transición'] debería ser en diplomacia pública: no el abrir conversaciones confidenciales al ojo público, pero de proveer informes periódicos que construyan confianza en los negociadores [de la Plataforma Unitaria y el Gobierno Bolivariano] y su trabajo. La oposición democrática no debería perder de vista la probable utilidad de organizar manifestaciones de calle, no para derrocar al gobierno, sino para aumentar el apalancamiento de la oposición. Combinando presión y concesiones, en distintas maneras en momentos diferentes, a veces es una estrategia valiosa para las negociaciones" (p.19).

Esta afirmación, naturalmente, nos obliga a contrastar los eventos más o menos por acumulación que se vienen manifestando desde los gremios y otras instancias de organización por sector de la sociedad venezolana en los últimos días, ofreciendo una profundidad de campo a dichos movimientos y acciones.

Acciones que, sí, tienen como base elementos concretos y tangibles de la realidad, como el valor del salario y por consiguiente las dificultades económicas, en un marco internacional donde se han anunciado muchos posibles pasos en materia de avances desde el diálogo, entre ellos la liberación de una cifra importante de fondos secuestrados que deberían destinarse, de forma coordinada, para aliviar dificultades en materia de educación, salud e infraestructura de servicios.

Ya en este punto se puede establecer la conclusión preliminar que no es la situación humanitaria lo que moviliza todo esto, sino los cálculos políticos en función de una lógica táctica de smart power que combine concesiones reales con mecanismos de presión en el marco del contexto pre-electoral, en un momento en que las instancias partidistas convencionales se encuentran francamente en crisis y reorganización, incapacitados de construir directamente una agenda y un clima político.

La creación de un clima político no-orgánico demanda un tiempo de maduración, y la dispersión por rencillas internas y demás factores de implosión de la actualidad no pareciera facilitarle la unidad de mando, la construcción de acuerdos o la armonización en la ejecución de una agenda específica, como se pudo labrar, por ejemplo, a lo largo de 2016 con la primera mitad de 2017 con un clímax que alcanzó lo insurreccional.

Los propios análisis de situación de algunas firmas de oposición admiten en términos más amplios un clima general de desmovilización, algo que según afirma por ejemplo el politólogo Ricardo Sucre Heredia, permea a todo el escenario nacional, así se exprese de maneras distintas y el chavismo demuestre otros elementos más movilizados o movilizadores.

Se sustenta Sucre Heredia en los últimos estudios de opinión de Delphos y Datanálisis realizados a finales del año pasado. Con todos los sesgos a considerar en esta clase de estudios, sin embargo, admite pasajes como estos, tomado de su último informe del 16 de enero:

"Otro resultado es que bajó la disposición a protestar contra el gobierno y por los servicios públicos. En el primero, de 41% a 21% entre julio y noviembre de 2022, y en la segunda, pasó de 55% a 37% respectivamente que explicaría porqué salieron de las noticias las protestas por los servicios. Ya no suenan mucho. En general, la gente no quiere salir a protestar".

A la luz de esta muestra, tanto del análisis como de lo presentado en él a partir del estudio de Delphos, se puede ir planteando la pregunta de dónde se encuentran entonces los motores de calentamiento de la calle en los últimos días.

Desde mediados del año pasado, con las reacciones y protestas del "instructivo de la Onapre", se ha evidenciado una gremialización de los conflictos. Estructuras que en su mayoría han sido históricamente controladas por partidos o elementos de la oposición, hoy, al menos en teoría, al margen de las estructuras partidistas de la dispersa oposición.

El año 2014 inició con un escenario que en ese aspecto en particular resuena: los partidos, en líneas generales, en franca retirada luego de la derrota electoral de las municipales de finales de 2013, pero que por la baranda actores antipolíticos harto conocidos, junto a estructuras preparadas y entrenadas para la ocasión, como el "movimiento estudiantil", lograron instaurar la reconocida agenda de violencia y conflicto.

Independientemente de que el propio discurso alrededor del "qué hacer" opositor y de Estados Unidos en este momento en líneas generales se enfoca en las negociaciones de cara a la cita electoral, las manifestaciones gremiales (hoy en día docentes), al menos en principio y en su núcleo organizativo, parecen tener un grado de organización y método que rebasa el cuadro de acciones espontáneas.

En algunas regiones del país, donde parecieran tener mayor efecto movilizador, estos programas de acción fueron programados para acciones durante toda la semana, en varios municipios, con distintos grados de intensidad y alcance, y en la búsqueda de la constitución de comités de conflictos, en esta oportunidad "en todas las instituciones educativas", buscando acumular fuerzas y canalizar de malestar con perspectivas de base más amplia.

En estos tres niveles estudiados, el del think tank, el del organismo estatal estadounidense y el que se refleja de forma incipiente y aún algo disgregada en la calle, parecieran ir esbozando entre el piso doctrinario y la acción directa, el piso político o bien para ir engranando mecanismos de presión, o bien, quizás, con objetivos y fines no manifiestos, pero tampoco descartados en materia de conflictividad, todos, los tres analizados, con el fin "superior" del cambio de gobierno y de forma más ampliada, de régimen histórico y sociopolítico.

"Ninguna ruta está exenta de riesgos dentro de circunstancias tan conflictivas. Aún así los riesgos de explorar por completo un camino hacia la gobernabilidad democrática, la coexistencia respetuosa y la recuperación económica de Venezuela deberían tomarlas todos los actores relevantes, tras tantos años de polarización, represión y privaciones. El momento para un esfuerzo total para la negociación de soluciones a las múltiples crisis de Venezuela es ahora. Ese es nuestro mensaje central" (p.23), remata el documento del Wilson Center.




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